jueves, 21 de febrero de 2013

Casetes y Tecnocracia


En este post de hace pocos días, nuestro colega y amigo Licenciado Baleno juntaba optimismo y esperanza. Me refiero al video, famosito ya, del discurso de la secretaria general de Unión Internacional de Juventudes Socialistas, Beatriz Talegón, en la última Internacional Socialista de Cascais, bellísima vila donde los portugueses hacen verano.

Baleno tiene buenas razones. Y aplaudimos ese espíritu. Pero nuestra piel cuarteada y los agujeros en las suelas de nuestras zapatillas nos llevan a otro lugar.

Beatriz Talegón se presenta al mundo, en el ágora de un socialismo de colesterol alto, y les dice que tiene un casete lleno de buenas canciones, mejores ideas, nobles intenciones y una versión inédita del Unicornio Azul de Silvio Rodríguez. Pero no lo puede hacer funcionar en ningún lugar. Porque no encuentra pasacasetes.

Algunos camaradas la miran y sofrenan la carcajada. Otros, azorados, se preguntan “adonde pretende ir esta chica?”. Los más jóvenes simplemente no entienden, nunca habían visto un casete en su vida.

Alguien tiene que explicarle a Beatriz Talegón que un lejano día, un 9 de noviembre de 1989 para ser exactos, los pasacasetes dejaron de existir. Y su casete, ese que corría entre izquierdas y derechas, ese que para ahorrar pila se rebobinaba con una Bic, ya es pieza de museo. No puedo querer mostrarle al mundo mi petit obra de arte, mi construcción de ensueño, por colectiva y social que sea, con un casete.


Esa manera de medir el mundo ideológico según el metro patrón nacido el 11 de setiembre de 1789 en la Asamblea Nacional Constituyente de Francia, la derecha y la izquierda, dejó de existir. Se entiende más la sonrisa de los Congresales en Cascais que la indignación de Beatriz.


Hoy los formatos digitales gobiernan el mundo. Todos son hijos de la Tecnocracia, esa reina que campea por los más extensos dominios jamás imaginados.

Zapatero era de izquierda.
Rajoy es de derecha.
España sigue igual. O peor.

Sarkozy era de derecha.
Hollande es de izquierda.
Hay matrimonio gay en Francia. Aleluya.

Blair era de izquierda.
Cameron es de derecha.
Inglaterra es y será de la Casa de Windsor y de las borracheras del Principe Harry.

Bush era de derecha.
Obama es de izquierda.
Guantánamo es de nadie.

Y el poder que emerge como inequívoco triunfante de lo que pasó hace casi 24 años es el poder Tecnocrático, que llegó para imponernos su sentido común invencible, armado de incontrastables teorías y leyes universales, listas para convertir las relaciones sociales y políticas en una enorme ecuación de múltiples variables que tienen una única solución: la que se dicta en la Basílica de Wall Street.

La Tecnocracia es la Iglesia de nuestra era. Y los Organismos Multilaterales son su Inquisición. Christine Lagarde, una suerte de Torquemada, que seguramente odia las imágenes de los chicos famélicos que ayuda a crear.

La Tecnocracia, en su abrumadora hegemonía, se convierte en verdad revelada que inunda el espacio común y rellena cada vacío, cada silencio. Porque es la dueña del sentido común.

La Tecnocracia es casi mágica: cuando está a punto de liberar sus dosis de mierda sobre un país o una región, mejor dicho sobre la clase trabajadora de esa región, inventa un eufemismo con el que nuestros semiólogos se mantienen entretenidos durante el lapso que dure su cagada, pletórica de desocupación, miseria y finalmente, de salvaje represión.

Así, su mejor regalo a la humanidad han sido las palabras mágicas:
- a la nueva colonización la llama globalización,
- a “te tengo en la mira” lo llama armas de destrucción masiva,
- a patear la escalera de las potencias en ascenso lo llama OMC, o CIADI, o BID
- a hacer volar por los aires regímenes enemigos (esos que hace minutos eran muy amigos) lo llama “incremento en el precio de los commodities alimentarios”

La Tecnocracia se ha dado el lujo de crear la MEJOR y MÁS FRUCTÍFERA crisis económica de la historia, que aunque permanezcan herméticamente ocultos, tiene ganadores felices: los tecnócratas.

Quién se opondrá a la tecnocracia? Quién será el gran desafiante que pueda, alguna vez, presentarle pelea? La izquierda? El socialismo? Esos señores de limousine y hotel world class en Cascais, que cuando tienen que descalificar a algún gobierno exitoso lo etiquetan de populista?

O serán los jóvenes indignados, ese 99%, acampando en las plazas de las grandes metrópolis escuchando el Unicornio Azul en un casete?

Eviten hacerme reír. Me duele la carretilla.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

no papi, los politicos tratando de ganar votos como sea, financiados por los ladri de Wall Street y/o la City
Confundir a un Rato con un tecnico es insultar tu inteligencia

saludos

ayj

Contradicto de San Telmo dijo...

"Los políticos tratando de ganar votos como sea..." es buenísima.

Gomeros tratando de ganar pinchaduras como sea...

Chinos de supermercado tratando de ganar hambrientos y sedientos como sea...

Traumatólogos ganando de ganar esguinzados como sea...

Blogueros tratando de ganar lectores al pedo como sea...

Lic. Baleno dijo...

Mi modestisima tesis es que no sera la indignacion apolitica la que consiga una mejor vida (o una menos peor). Salvo que Europa nos sorprenda con un nuevo Hitler, un nuevo Mussolini o un nuevo Franco... actores a los que en latinoamerica apelamos mucho pero... son todos europeos.

Anónimo dijo...

Que alcahuete que este Baleno de porquería. Siempre metiendo cosas "entre líneas" que hablan bien de su reina. Baleno señores, un bufón más de la reina.

Rodrigo Ariel dijo...

Los tecnócratas

La situación actual es de una complejidad distinta a encontrar atajos. El primero de ellos en el etiquetamiento, avalado por la idea ya expresada de que clasificar es esencial para el progreso científico en cualquier disciplina.

http://psicologia-terapias.blogspot.com.ar/2012/05/los-tecnocratas.html#.Uo_dudIz2Ao