lunes, 17 de noviembre de 2014

Alma Mater


Este blog se está poniendo pesado, aburrido…

Un post a las mil y quinientas, y cuando viene, llega denso y aburrido…

Por ejemplo hoy, que le toca el turno a esa institución a la que le da lo mismo que en el gobierno esté un Kirchner, un Menem, un Alfonsín o un Videla. Inmutables ellos, se mantienen en su feliz autismo gracias a dos o tres recursos retóricos que arrastran desde principios del siglo pasado.

Nos referimos a nuestra prestigiosa e inmaculada Universidad. Ese bunker en el que tanto florecen el conocimiento racional como kioscos y fotocopiadoras.

Por supuesto que este post está dispuesto a bancarse todas las descalificaciones que ya vienen, empezando por "tibio", y seguramente terminando en reaccionario, burgués o mejor, facho.

Pero lo cierto es que ese parece ser el recorrido la institución en los últimos años se ha ido convirtiendo en todo aquello que combatió en 1918. Amparada detrás de su autonomía, el cogobierno y de una pretensa independencia institucional (todo muy elogiable), la universidad pública argentina no es más que un ancla obsoleta, desdibujada y malograda.

Para no detenernos en pareceres subjetivos, comencemos con preguntas. Y busquemos respuesta a las siguientes:
  •  Por qué los egresados en ciencias básicas y aplicadas (tooooodas, desde agronomía hasta meteorología) representan el 23% de los egresados universitarios?
  • Por qué los egresados en ingeniería representan el 11% de los egresados totales?
  •  Por qué el 39% de los egresados en ingeniería lo son en especialidades industrial, informática o civil, las que menos impacto tienen en el desarrollo científico y tecnológico?
  • Por qué un sector como el textil, que representa el 7% de la actividad manufacturera nacional, tenga una sola carrera de ingeniería en esa especialidad en el país, con un total de 0 egresados? 
  • Cuáles son los programas universitarios para promover las especialidades de ingeniería de interés?
  •  Piensan aportarle al complejo de Vaca Muerta, en el que vamos (todos) a invertir 5 mil palos verdes en los próximos 4 años, sólo 50 ingenieros en petróleo por año?
El grado de responsabilidad e importancia de los puntos nodales en los que se produce conocimiento nuevo y se multiplica conocimiento existente en nuestro desarrollo no puede ser más enfatizado. Es, virtualmente, nuestra cortada para acercarnos al pelotón de los que corren adelante. Es evitar la escalera que ya patearon desde el mundo desarrollado.

En manos de quiénes está? Qué nivel de compromiso y adhesión tienen quienes dictan sus políticas? Cuál, si existe, es la estrategia? Y todos saben que no estamos pidiendo rectores de La Cámpora.

Y para no tildar a este blog de rebo, falto de propuestas, tengan una a mano: sigan con los kiosquitos de psicólogos, contadores, arquitectos y politólogos que ya armaron y tan bien funcionan... y dejen todas las carreras en ciencias básicas, naturales y de la vida en manos del Ministerio de Ciencia y Tecnología; le harían un invalorable favor a la sociedad.

Como dije, este blog se anuncia tormentoso.
Sus preguntas aburren.

Mejor ir abriendo el paraguas.


sábado, 8 de noviembre de 2014

Sinapsis



A fines de junio de este año, cuando las perspectivas de recuperación de la actividad económica del segundo semestre se confirmaban pobres, el gobierno lanzó su enésimo programa contracíclico para tratar de sostener, desde el Estado, la actividad económica.

Decidió hacerlo apuntalando al sector automotor, al que el gobierno ha venido tratando con guante de seda a lo largo de toda su gestión en base a su pretensa importancia en la creación y multiplicación de fuentes de trabajo, para lo que delineó y lanzó ProCreAuto, un programa de incentivos para la adquisición de vehículos con plataformas fabricadas en el país.

Este programa no trajo novedades respecto de lo que nos tiene acostumbrado el kirchnerismo: tracción directa sobre la demanda por vía de fijación de precio y condiciones de venta. Una estrategia básica y sin mayores sofisticaciones que, por otra parte, no tuvo consensos garantizados con los grandes jugadores sectoriales que son las terminales automotrices, pero las niñas mimadas de la década ganada tampoco ofrecieron resistencia porque, pelados con peine, saben como re-encauzar esa demanda firme, fresca y adicional.

En efecto las terminales utilizaron todas sus tácticas e instrumentos habituales para convertir al Plan ProCreAuto en una suerte de campaña de invitación personalizada a potenciales clientes con altísima latencia de compra, que iniciaron su ronda de visita a las concesionarias para empezar preguntando tímidamente por “el autito del gobierno” y terminar firmando por el vehículo que mejor le cuadraba al Director Comercial de la concesionaria/terminal. De manera que el gran esfuerzo invertido desde la administración gubernamental terminó siendo una eficacísima y gratuita campaña publicitaria pública en favor de señores que, cuando hablamos de quid pro quo, tras 11 años no han mostrado un sólo acto de reciprocidad. Peor: azuzan el fantasma de las suspensiones, la reducción de turnos y el recorte de producción cada vez que los convocan a un encuentro en el edificio de Diagonal Sur.

Los paupérrimos resultados reales del ProCreAuto, además de la asignación de responsabilidades que los adjudicatarios hacen en Cristina y no en Rattazzi cuando no les entregan el autito, en términos cuantitativos son la confirmación de la falta de verdadero rigor por parte del gobierno para disciplinar actores que vienen mal acostumbrados desde los 90 (en particular de la Ministra de Industria, que parece socia en lugar de policía), como también de la comodidad con la que se mueve un sector automotor que funge de industria argentina pero que no es más que el engranaje de un amplio, robusto y complejo tejido productivo transnacional, con muy poco interés por atender demandas locales específicas.

Pero también debe resaltarse la patética falta de ideas en el diseño e implementación de políticas estratégicas, sea de localización de autopartes, de intensificación de desarrollos tecnológicos básicos, de promoción para la creación de los recursos humanos especializados que requiere el sector, o de la producción de conocimientos que esta industria demanda, políticas con las que la Ministra debería aburrirnos todos los días en los medios, mostrando pasos efectivos en el camino a la independización de las arbitrariedades de un sistema creado por y para las multis.

Lo hemos dicho en otras oportunidades en este mismo blog: el Ministerio que mayor jerarquía simbólica debería alcanzar en un modelo de desarrollo industrial como el propulsado por el Kirchnerismo es, justamente, el de Industria. Ni por asomo. Inclusive si nos pusiéramos a relevar los avances en cada una de las líneas directrices del Plan Estratégico Argentina 20/20 (es decir si decidiéramos jugar en la cancha de la ministra) sería goleada en contra.

Afortunadamente, Dios, que es argentino y generoso, envía un nuevo bondi que sin duda nos dejaría bien. Es imperioso subirse y hacerlo de manera inteligente.

[Abrimos aquí un paréntesis que creemos oportuno: es un dato histórico casi excluyente desde la Primera Revolución Industrial que sólo han ocurrido procesos de "catch up", de alcance y/o superación en la carrera por el liderazgo global durante las instancias de cambio de paradigma, una de las cuales anticipamos, está por ocurrir. Pensemos en cómo Alemania y Estados Unidos lograron alcanzar a la, en apariencia invencible Gran Bretaña del siglo XIX.]

El transporte vehicular va camino de un irreversible e inminente cambio de paradigma: en pocos lustros se dejará completamente de lado la termodinámicamente ineficiente y ambientalmente inviable motorización individual por combustión interna para pasar a vehículos potenciados por un único gran motor central que ya existe y se denomina Sistema Eléctrico Interconectado.

Se trata de evitar el rol de trailer y posicionarse en lugares de relevancia en el cambio que se avecina. De ser protagonistas del nuevo paradigma: juntar las neuronas que operan en nuestros salares, los más ricos del planeta en litio, elemento medular de la transformación, con las neuronas que operan en nuestro dinámico e hiperflexible tejido autopartista, con las que alojan capacidades de desarrollo para vehículos eficientes, pequeños y populares, que las tenemos: si podemos poner satélites en órbita geoestacionaria no hay dudas de que podemos diseñar, desarrollar y producir nuestros propios autos eléctricos, incluyendo en este desafío a nuestros hermanos estratégicos verde-amarelos, que no dejan de ser la cuarta potencia automovilística mundial.

Esta es la sinapsis que nuestros hijos y nuestros nietos nos reclaman, y es una formidable plataforma para, desde el kirchnerismo, hablarle a la sociedad durante 2015.

Confiemos en ella, confiemos en nuestro pueblo: es lo suficientemente maduro para distinguir con sólo pestañear entre las apuestas mediáticas de un Golden Gay Boy con dos novias y un sueño de nación común que proponemos tejer entre todos.

La sociedad está lista.
Lista para entender qué camino la invitamos a seguir.
Lista para ser seducida con proyectos que se construyen sobre lo que ya se puso de pie, que cimentan la autoestima y confirman la continuidad del horizonte social común.
Proyectos que con sólo revelarlos, automáticamente desintegran el discurso de candidatos buenos alumnos que leen el guión que recibieron desde Techint o desde la Embajada.

Es AHORA.
No sabemos cuándo pasa el próximo bondi.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Serrat es mi viejo


Ese catalán le cantaba en la cocina de casa, mientras mi vieja cocinaba y ofrendaba el perfume a cebollas y morrones dorándose en aceite, que llegaba hasta nosotros, todas las mañanas, cada mañana, esa que éramos cowboys, o la que éramos agentes secretos, o la que fuimos malditos soldados nazis.

Desde Radio Nacional, la única que existía en mi pueblo por aquellos años, Serrat embrujaba a mi vieja con frases como “esa muchacha típica”, o la engañaba como a una nena, diciéndole que se la llevaría con él de aquel “pueblo blanco”, o, mientras la seducía entre ollas y especias, se equivocaba y la llamaba “Lucía”. Creo que hasta la manoseaba de camino a la habitación.

Sus hijos parecíamos no darnos cuenta de que mi vieja engañaba a mi viejo cada mañana, cuando él se iba, a la vista de todos, con Serrat, en la mismísima cocina. Queríamos creer que esas lágrimas eran por la cebolla. Negadores, cuando era obvio que eran por “Penélope”.

Es que nosotros estábamos concentrados planeando nuestro próximo, definitivo y exitoso golpe: ralear el cerezo del vecino. Dejarlo sin una sola fruta. Y reventar del dolor de panza pocas horas más tarde. La planificación, la coordinación, la seducción del botín anulaba todas nuestras otras percepciones, y no nos dábamos cuenta que mi vieja tenía un affaire con el Nano.

El único hombre que alguna vez puso en duda ese amor casi incondicional de mi vieja fue Daniel Toro, que llegó a engañar a Serrat, que a su vez engañó a mi viejo, que estaba “Caminito de la Obra”, laburando. Pero fue efímero, sólo duró un verano. 

Y se portó como un caballero. Al despedirse le dejó como prenda de su pasión “Zamba para Olvidar”. Ella lo perdonó.

Creo que Serrat nunca se enteró. Siguió campeando, imperturbable, en esa cocina, en ese patio, en ese Sur enorme, salvaje y feliz.

Creo que mi viejo tampoco se enteró.


Con el tiempo, con los años, mirando las cosas desde otra altura, sus hijos supimos la verdad.

La que nunca es triste.

La que no tiene remedio.

Que Serrat nunca había engañado a mi viejo. 

Que Serrat ES mi viejo.

El día que caminé por Ciutat Vella, lo terminé de entender. Y de querer. 

Lo vi ayer en la tele. Ultimamente lo veo poco a mi viejo. Está grande, canoso, y entero. Dice las mismas, enormes, sencillas cosas que decía hace 40 años. La misma coherencia que aplasta. 

La risa por las mismas cosas. 

La preocupación por las mismas otras.

Su amor por Boca. O por el Barça (a veces me confundo).

Serrat, mi viejo, él, o ellos, siguen siendo esa enorme, inexpugnable montaña de sentido común.

De criterio.

De amor.

De sabiduría. La mansa sabiduría de un obrero 

(Ayer él, que es un obrero de las palabras, se preguntaba dónde quedó el orgullo de proclamarse obrero).

Hoy es ese insoslayable faro que me indica el puerto al que debo rumbear cuando la tormenta arrecia. Mi viejo me enseñó a ordenar las velas, a asegurar los cabos y las jarcias, a cuidar el rumbo. Y a ser siempre un caballero.

Cuando la mano viene dura, él siempre aparece, se sube a la cubierta, se acomoda con su guitarra en la barandilla de popa y entona "Aquellas pequeñas cosas". O me lleva de nuevo a aquel patio donde está "Mi niñez".

Todo se aclara. Nada puede ser más fácil.

Como les digo: mi vieja tuvo un amante. Mi vieja tiene un amante.


Con el que pronto cumplirán 50 años de secreto y pasión.


domingo, 26 de octubre de 2014

Delicias de fin de campaña

La revista Veja es un tradicional semanario de Editorial Abril que se distribuye en todo Brasil desde 1968. Es la revista política por excelencia en los hogares y los consultorios de dentistas verde-amarelos, y durante los últimos 12 años se ha convertido, junto a la gigantesca Red Globo, en la punta de lanza de los factores de poder brasileños contra los 3 gobiernos del PT.

Su línea editorial guarda un poquito más de recato que nuestra revista Noticias (al menos Dilma no ha sido dibujada teniendo un orgasmo o acusada de bipolar TODAVÍA), pero es una aceitada máquina de operaciones opositoras de una virulencia que nos suena familiar por estos pagos.

Veja sale los miércoles y en su edición del pasado 22 mostró en tapa un supuesto caso de corrupción del gobierno del PT, en la que un arrepentido que busca reducción de su pena sostiene que hubo un triángulo de transferencia de dineros con origen en Petrobras que pasaron a grandes empresas constructoras que a su vez lo usaron para donaciones al PT en la campaña presidencial del 2010. El delator alega que las constructoras disfrazaron la maniobra como legal para ocultar un fraude.

La tapa de la revista del miércoles 22, es decir la carnada de captar inocencias, es la que se muestra a continuación.

No es otra cosa que la vieja historia de destapar un caso de corrupción a semanas del final de campaña, buscando profundizar la erosión del prestigio de los candidatos que representan todo lo que los factores de poder brasileños quieren boicotear.

Hasta acá, nada del otro mundo, diría Fontanarrossa. Cuando decimos hasta acá, decimos hasta el viernes 24 pasado, a 48 horas de la fecha de las elecciones, cuando en una maniobra inédita en sus antecedentes (sólo quebrada frente a noticias de conmoción internacional o a un triunfo futbolístico mundial) la revista Veja saca una nueva edición en cuya tapa se observa un armado digital de las caras de Lula y Dilma con una acusación en rojo con letras negras: “Ellos sabían todo”, en obvia referencia a la denuncia de corrupción que la misma revista empujaba dos días antes.


La maniobra es tan grosera en la búsqueda de volcar votantes en favor del candidato del establishment, Aecio Neves, que las autoridades del PT decidieron no dejarla pasar. Y se presentaron ante el Supremo Electoral Federal en una acción de amparo urgente para pedir derecho a réplica en la versión online de la misma revista, a igual tamaño y en igual jerarquía que el capcioso título del viernes.

Tuvieron la suerte de ser recibidos favorablemente por el juez de esa instancia, que declaró la nota de Veja como “delito electoral” por encuadrarse como una acción encubierta a favor del resto de los candidatos (léase Aecio) sin consistencia de pruebas y sin espacio de defensa para los incriminados (Lula y Dilma) y dictó una manda para que tal derecho se ejerciera ayer sábado por la tarde. 

Recién esta mañana Veja publicó la nota emitida por Dilma Rousseff y reconoció su responsabilidad.
Mientras tanto el hashtag #VejaForaDaLei (Veja fuera de la ley) se convertía en trendtopic mundial desde ayer.


Por su parte el noticiero de horario central de TV Globo, el miradísimo JN (Jornal Nacional, la versión brasileña de nuestro TeleDiario) anoche presentó un especial de 7 minutos con estas denuncias, en tanto, blogueros y tuiteros favorables al candidato Aecio esparcían ayer a última hora por las redes sociales la información de que el garganta profunda del caso, Alberto Yourssef, había sido secuestrado e internado compulsivamente por la policía federal.

Interesantes lecciones que deja el proceso eleccionario brasileño, tanto para nuestra propia experiencia (para el salvaje poder local es mucho lo que está en juego, vayámonos preparando para este umbral de falsedades) tanto como para la mismísima Dilma, que ha tenido una actitud más que contemplativa y errática respecto de la concentración de poder mediático desplegada por estos gigantes mediáticos en su país, cuya principal tarea de los últimos años ha sido su incansable desgaste.



Preguntontas


Por estos días, en las pantallas de las diversas señales del Grupo Clarín, que resiste a la adecuación dictada por la ley más que de lo que resistió Terminator, se irradia un spot que es la respuesta corporativa a la decisión de la AFSCA de rechazar la propuesta de adecuación presentada por el Grupo.

El spot dura 2 minutos y pico y a lo largo del mismo el holding declara su rechazo a la decisión del AFSCA, utilizando duros términos y una semántica legalista que lo convierte en un spot sólo apto para legistas académicos, desde el punto de vista publicitario un desastre sólo comparable al balbuceo del colorado que los defendió durante la ya histórica Audiencia Pública citada oportunamente por la Corte Suprema.

Suena interesante darle una vuelta a esa pieza publicitaria y tratar de entender el revés de la trama, pues lo que recibe el televidente viene en su habitual formato de canción-del-corderito-huérfano-que-busca-un-alma-caritativa-que-lo-proteja.

Y en estos casos el abordaje económico de la cuestión resulta impiadoso. Veamos…

- Quién paga los costos de ese spot publicitario de 2 minutos y medio en la tanda de TN?

- Y no sólo los costos: quién asume el lucro cesante por reemplazar los ingresos de 2 minutos y medio de publicidad de clientes genuinos por un “institucional”?

- Los costos los asume el Grupo Clarín?

- Qué gana el holding velando lo que serán los intereses de los futuros dueños, si estos según los dictados de la ley deberán ser económicamente independietes y autónomos? Un súbito ataque de solidaridad?

- O será que la totalidad de los costos está asumida por alguno de los futuros dueños, independientes y autónomos?

- Con ese nivel de virulencia mediática contra la autoridad gubernamental de su sector arrancan los nuevos dueños su relación? 

- En tal caso, por cuál de ellos? Quién es esa almita caritativa que asume a costo propio la defensa de sí mismo, pero también la de sus futuros competidores?

- O será que TODOS los futuros dueños han logrado un acuerdo económico y estratégico cuyo efecto sea el spot que se presenta en sus pantallas?

- En tal caso, si los futuros dueños llegaron a ese nivel de entendimiento, la autonomía, independencia y búsqueda de la competitividad esperable se prefigura una incógnita de solución improbable, no?

O será que el actual Grupo Clarín convenció a sus futuros dueños de una acción conjunta, con el impacto mediático que tiene esta campaña?

O será que el Grupo y los futuros dueños son lo mismo y todo se decide en un cuarto piso?

O será que piensan que somos boludos?

No, no creo...


domingo, 19 de octubre de 2014

ARSAT 1: Satélite Caminodependiente


La pregunta que quienes hemos asistido por estos días al evento que enorgulleció a buena parte de la sociedad argentina (y al resto la mantuvo en respetuoso silencio), y por supuesto nos referimos a la puesta en órbita de nuestro primer satélite geoestacionario de comunicaciones, la pregunta clave ES, decíamos, y DEBE SER…

Por qué satélite sí y por qué aviones no?

Por qué satélite sí y por qué automóvil de diseño nacional no?

Por qué satélite si y por qué computadoras de diseño nacional no?

Pregunta de la que luego se desprenden otras, tan hirientes y tan contraindicadas para la autoestima como “cuál es la enorme diferencia tecnológica entre un satélite de comunicaciones y un avión, esa que nos inhibe de fabricar los últimos?”

Por qué se llega a coronar ese intrincado y sensible proceso de poner un satélite de esas características en órbita?

La respuesta es que se completa el camino y se cierra con éxito porque, aunque suene a verdad de Perogrullo, dicho camino se pudo recorrer en su totalidad.

Lo central desde el punto de vista de acumulación de conocimientos y activos científicos y tecnológicos para ubicarnos en las puertas de esta nueva etapa es que el camino que nos trajo hasta aquí se pudo realizar, con marchas y contramarchas, con velocidad para ejecutar y también con pausas para repensar, con debates y con dudas, pero siempre sabiendo que la mañana siguiente estaba ahí, disponible, para seguir mejorando lo conseguido y diseñando lo que faltaba.

La clave está en que ese proceso nunca se abortó.

Es la misma clave que conspiró contra otros proyectos que Argentina tuvo, aunque hoy parezcan irrazonables y hasta levemente paródicos: desde los años 50 nuestro país tuvo más de un proyecto de automóvil de diseño nacional (el Justicialista, Siam Di Tella, Rastrojero...) 
Y en esas mismas décadas se concretaba el diseño del prototipo del Pulqui, primer avión a reacción en Latinoamerica. 
Más tarde, en los años 70, existió por ejemplo Fate Electrónica, que inició su curva de aprendizaje con máquinas calculadoras y registradoras pero siempre tuvo como objetivo el diseño de una electrónica más compleja para concretar nuestras computadoras. 

Ninguno de estos tres esfuerzos, con los que se busca ilustrar las preguntas iniciales, vio coronar con éxito una etapa definitiva de escala piloto y mucho menos de producciones en serie.

Y el motivo es que se los abortó antes de completar etapas críticas.

La foto que ilustra este blog corresponde al primer automóvil diseñado y construido por la industria coreana en los años 50, el Sibal (Daewoo 1955). Obsérvelo, una “retro-ingeniería” del Jeep americano. No mucho que envidiarle a nuestro rastrojero de la IKA.

Hoy Corea disputa agresivamente el mercado norteamericano premium de camionetas utilitarias suburbanas (lo que aquí denominamos 4x4) con marcas locales y japonesas. Y nosotros tenemos balanza deficitaria de autopartes.

Qué pasó en el medio?

Corea incubó, defendió, protegió y finalmente, con éxito, desarrolló una industria automotriz propia, cuya tecnología le es un activo intransferible. Con muchos errores y regresiones en el camino, porque en ciencia y tecnología nadie nace sabiendo.

Argentina abortó aquellos impulsos iniciales. Y luego trasladó el poder de las decisiones en industria automotriz a multinacionales extranjeras. Que deciden qué, cuándo, dónde y cómo fabrican y qué cantidad de componente importado utilizan.

Algo similar se podría parangonar con la industria aeronáutica, esta vez no ya con Corea. Con nuestros hermanos brasileños: es difícil la historia contrafáctica, pero si se hubieran mantenido y defendido los avances en tecnología aeronáutica argentina hasta 1970, probablemente en lugar de una Embraer, 4 productora mundial de aviones, hoy estaríamos hablando de una EmARaer.

Recorriendo las oficinas y los pasillos de los edificios técnicos y de gestión de la empresa brasileña, uno escucha mucho acento argentino, che: son los viejos cuadros técnicos de nuestra fábrica de aviones en Córdoba que se vieron obligados a conseguir trabajo en el exterior; hoy peinan canas y ocupan funciones ejecutivas y de decisión estratégica en Sao José dos Campos. Allí donde el diablo nos cuenta nuestros pecados del pasado al oído.

La tecnología no es algo que se compra y se vende, como dicta la escuela neoliberal: es un complejo camino de aprendizaje sin maestros ni trayectorias seguras. 

Es el que recorrió INVAP a partir de que el accidente de Chernobyl, en 1986, pusiera en riesgo el futuro de su actividad principal, la nuclear. Hoy, 28 años más tarde y gracias a la defensa tenaz de lo logrado en tecnología aeronáutica, tenemos nuestro primer satélite geoestacionario de comunicaciones en el espacio.


Más que festejar el despegue, hay que festejar el camino que nos llevó hasta allí.

domingo, 12 de octubre de 2014

65 años


Escena. 

La belleza madura de Orietta conduce sutilmente a Jep, en la complicidad de la noche, hacia su casa. Detrás de la cadencia y la invitación de su cintura, nuestro hombre entra en su recámara. Otro nuevo fuego de vida, irrenunciable para él, que se tutea desde hace años con la belleza y la fragilidad femenina.

Vuelta de la escena. 
Él recostado, semidesnudo, relajado, manso, contra el respaldo de la cama. 
Ella, sentada en un borde, angustiada, ensaya una suerte de disculpa por un sexo quizás tibio, desapasionado.

Jep, cuya única certeza en la vida es ser un caballero, contendrá y reorientará con suficiencia a una mujer compungida por un sexo ávaro.
Cuando ella recupera el aliento y reordena deseos, vuelve a la provocación descuidada:
-sabías que me gusta tomarme fotos?
-no, no sabía. Ahora que lo sé, imagino que en algunas apareces desnuda…
-pues sí, quieres verlas?

Él asiente leve, casi imperceptiblemente con la cabeza. Con esa aprobación, Orietta abandona la habitación en busca de su computadora. Entonces Jep se levanta y camina hacia el apacible balcón nocturno. Enciende un cigarrillo y libera las dos enormes líneas siguientes:

-El más consistente descubrimiento que he hecho pocos días después de cumplir 65 años es que no puedo perder más tiempo haciendo cosas que no tengo ganas de hacer…

Orietta vuelve instantes después con sus secretos, pero Jep ya no está. No está en la cama. Y tampoco está en el balcón. 
Jep camina, vestido y tranquilo, por Piazza Navona, en un destino que lo llevará a su hogar.


Sirva como recuerdo neblinoso de una escena más de “La Grande Bellezza”, una película italiana que hace algunos meses ha logrado entrar en frecuencia con algunas de mis cuerdas íntimas. Un film que recomiendo.

Me encantaría decir que, habiendo llegado a la misma conclusión, siento que le gané a Jep por 22 años. Falsa ilusión: quien pone esas palabras en boca del gran actor Toni Servillo es el director, Paolo Sorrentino, sólo un año mayor que yo. Nunca gané nada.

Sorrentino ha hablado sobre su película. No siempre es algo bueno que los artistas expliquen su obra. Sobra con el ejemplo de Fito Páez. 

Pero este en un hombre prístino: 

“aparentemente en la película no hay destino, la gente flota sobre la vida. Aparentemente están siempre en el mismo lugar, están destinados a no ir a ningún lado. Sin embargo Jep, sin siquiera percibirlo, se mueve hacia un destino muy preciso. Una cita con el punto más alto de su juventud, de su adolescencia y de su pureza. Así que el destino son esos acantilados donde encontrará a esa joven mujer, el amor de su vida cuando era un hombre joven”.  

Sorrentino antes que un italiano, es un napolitano, un enamorado del vino, del cine de Fellini y del fútbol de Maradona. En un punto respeto esas elecciones. Y creo coincidir en la premisa puesta en boca de Jep en la habitación de Orietta.

Me permito agregarle a su luminosidad otra luz personal que también he encendido hace poco con una fuerza muda pero irreversible. 

Quizás esto agregaría Contradicto en el balcón de alguna habitación amigable.

-Mi segundo descubrimiento es que no puedo perder más tiempo con gente que no me habla con el corazón.

No sólo hablo de mujeres, de romances, de fotos sensuales en computadoras. Hablo de gente que cuando me hable, haga hablar a su corazón.

Hablo de suspender indefinidamente esa instrumentalidad tan funcional como vacía. Congelar los artilugios pletóricos de racionalidad, las frías carambolas a tres bandas hechas con sentimientos de otros. Hablo de poner las cosas en el orden cierto: el carro-mente detrás del corazón-caballos. Y de decirlo.

No sólo hablo de esas charlas cada vez más frecuentes y más profundas con mi hija, en las que termino confesándole lo feliz que me hizo verla crecer como lo hizo.

No sólo hablo de esas charlas que parecen la armonía de Bach, cuando hablo con mis dos grandes amigos del alma, aunque hayan pasado meses desde la última vez. Aunque sepa que nada concluirá hasta que Migue nos deje por un partido de fútbol. O hasta que Fer me haga ver que soy un obsesivo pelotudo.

No sólo hablo de esas charlas con mi amante, que se seca en secreto las lágrimas cuando parto, porque íntimamente sabe que el destino le jugo un mal truco con el reloj, y que nunca seré totalmente suyo. Pero sus lágrimas salen de su corazón.

No sólo hablo de mi padre, que no necesita todos mis cuidados, mis provisiones, mis homenajes. Pero los acepta en silencio, escuchándome con el corazón.

No sólo hablo de mi madre, a quien dos minutos después de cortar una larga y volátil charla telefónica vuelvo a llamar, ansioso como un chico que ganó un premio en una rifa de la escuela, y cuando me atiende, sólo le confieso que me olvidé de decirle lo afortunado que soy cada día de mi vida por haber heredado su sabiduría.

No sólo hablo de gente que voy cruzando en mi viaje, que me habla de su trabajo, de su arte, de sus pasiones aún por las cosas más nimias. Cuando lo hacen, se les escucha latir el corazón.

No sólo hablo de grandes científicos que, cuando juega la selección se ponen por encima de su ya sempiterno y raído guardapolvo una camiseta argentina y así pasean por los dominios de su reino-laboratorio.

No sólo hablo del humilde honesto operario que tiene que asentir cuando el jefe habla mal de la presidente, pero escucha por radio, sigilosamente escondido en el pañol, sus discursos en cadena. Porque creé que la señora le habla con el corazón.

No sólo hablo de las hermosas mujeres que quedaron atrás en mi vida. De las que me hicieron un hombre mejor. De las que me hablaron con el corazón. Y con algo más.

Se puede pensar que soy muy exigente. Que es muy difícil hablar todo el tiempo y a todos con el corazón. 

No lo creo. 

He visto odontólogos hablando con el corazón. He visto políticos hablando con el corazón. He visto administradores de consorcio hablando con el corazón. He visto abuelas hablando con el corazón.

Tome nota. Se les ve en los ojos. En el tono grave. En la comisura de los labios.

...

Yo no sé si estas premisas son muy tempranas.

Yo no sé cómo serán mis próximos 22 años, si es que están allí. Ni sé que diré en el balcón de una bella mujer pocos días después de cumplir 65.

Pero este es el único juego que estoy dispuesto a jugar.


Y el destino ya me ha entregado mis cartas.