domingo, 25 de diciembre de 2016

Tornillos sueltos



Qué es ese ruido? Qué es lo que está fallando?

Parece la correa de distribución. Pero no. Lo que está fallando es ese proyecto de izquierda progresista moderada filo-liberal, formateado a la sombra de El Fin de la Historia fukuyámico, en el que democracia y capitalismo se casan y viven felices para siempre, con pequeños ajustes en la tornillería, cambio de foquitos quemados y cambio de filtros cada 10mil kilómetros.

Esos ruidos y chirridos que se escuchan en las grandes democracias occidentales señalan que hay un daño mayor y que difícilmente podamos mantener la velocidad y el rumbo como si nada hubiese ocurrido.

Y, como suele ocurrir, cuando vamos a chequear los desperfectos confundimos síntomas por enfermedades. El problema para la izquierda progresista moderada parece ser Trump. El problema parece ser el UKIP británico. O el problema es la franchuta Le Pen. O el triunfo de la ultraderecha en Austria.

Son todos síntomas, pero ahí no está la enfermedad. El problema no está en las poleas ni en las correas de transmisión, que en esencia transmiten los daños y meten ruido.

El problema está en que las izquierdas progresistas moderadas que se autoproclamaban motores del proyecto, han sido intervenidas, cooptadas, infiltradas por un aceite trucho que les vendió el poder financiero en Wall Street. Ese aceite con alto nivel de acidez picó las piezas, las oxidó y las estropeó. El daño parece irreversible.

Así, las izquierdas progres moderadas propulsoras de ese modelo de convivencia pacífica terminaron imponiendo una agenda tan pero tan parecida a la de sus antagonistas que las diferencias sólo son perceptibles bajo el microscopio.

España no puede no gustarnos como ejemplo atroz. Veamos.

La diferencia ideológica entre el derechoso Partido Popular y el izquierdoso Partido Socialista Obrero Español es tan nimia que casi con naturalidad surgieron en sus extremos exteriores, expresiones que tratan de recrear una izquierda real (Podemos) y una derecha real (Ciudadanos). Notablemente, para consolidar el diagnóstico, la probabilidad de que un caso de corrupción financiera de los más graves y obscenos de la historia peninsular reciente, pueda corresponder a actores del PP (supondríamos a la derecha más amiga del poder financiero corruptor) o a actores del PSOE depende de la caída de una moneda.

Por caso el escándalo de las tarjetas negras de Bankia ensucia a Rodrigo Rato, miembro del PP y amigo de nuestro DeLaRua, mientras que casos como el Filesa o el AVE se asocian al PSOE. Y no alcanzan los dedos de las manos para enumerar casos de corrupción en autonomías y ayuntamientos en los que, a poco de tirar de la cuerda, uno termina encontrando miembros regionales de ambos partidos, hundidos en la mierda.

No es un accidente: el establishment mundial tuvo capacidad para infiltrar y dominar a los partidos del poder a escala global. También en Argentina. 

El menemismo no sería concebible sin la híper del 89, pero no sería posible sin personajes como Manzano, como Grosso, como Bauzá. Piezas de un motor partidario que fueron lubricadas con aceite de negocios fáciles y diezmos interminables.

Es en circunstancias como estas en las que se percibe y se diferencia con claridad a los verdaderos mecánicos de los chantapufis. Los mecánicos se toman su tiempo, analizan y tratan de llegar directo a la causa raíz del problema. Los chantapufis sólo te cambian lo que está roto y te mandan a casa, esperando que vuelvas dentro de un ciclo electoral para ofrecerte un repuesto igual al anterior, pero más caro, porque "este es alemán".

Trump es el síntoma. La causa raíz del problema es el titiritero Wall Street controlando desde las sombras los hilos de Hillary.

La contaminación financiera ácida que afecta al lubricante es silenciosa y opera solapadamente. Pocos actores a nivel internacional la han identificado y su prédica es, por supuesto, limitada. No alcanzarán 20 asambleas en Puerta del Sol, ni cien acampes en Occupy Wall Street, ni mil primaveras árabes: la diseminación de la falla es sutil y los medios de comunicación que deberían alertarnos son controlados por el vendedor del aceite. Cuando alguien rompe el molde, siempre hay una embajada de Ecuador para encarcerlarlo.

En nuestro camino a una inédita re-nacionalización, esta vez paradójicamente globalizada y con conflicto en ciernes entre China y EEUU, quedan todavía muchas cosas por romper.

Y por casa?

La descripción previa tiene tantos puntos de contacto con el escenario político local como grados de libre albedrío. Por ejemplo confirmemos que el gobierno de Macri es síntoma y no enfermedad: está allí por razones que lo trascienden y que no puede manejar, aún cuando algunos de sus protagonistas centrales no pueda disimular un cierto grado de soberbia y hasta escriban libros sobre la épica que significó ganarle al peronismo en elecciones limpias.

Aún más: los analistas medio pelo dicen que, inversamente a lo esperado, al gobierno le va mejor en política que en economía (una zoncera para coleccionar, pero usemosla también para poner ladrillos). Se debe a razones que son hijas del triunfo electoral.

Obtienen leyes que jamás hubieran imaginado negociar. Si suponen que se debe a sus capacidades artesanales en el Congreso se equivocan. La oposición realmente existente quedó congelada en un manequin challenge en el que ningún actor, ni siquiera CFK (mal que les pese a los troskirchneristas), tiene capacidad de juego sin que cada movimiento propio signifique entregar fichas al adversario: un loose-loose que ya lleva un año y que sólo podría disiparse con la potencia de las urnas (el potencial utilizado adrede: también podría ocurrir que las urnas del 2017 no digan nada sustancial al corpus peronista, y la letanía permanezca y viabilice un segundo mandato del peor gobierno de nuestra joven democracia, Dios nos guarde).

Que Macri es el síntoma, repetimos, habilita la analogía con nuestra primera descripción. Pero termina allí.

El kirchnerismo no fue esa izquierda progre moderada a la que se le caen los papeles del discurso y cuando los levanta, sólo leé notas al pie llenas de neoliberalismo. El kirchnerismo fue una izquierda populista inmoderada, ambiciosa y justa, pero provinciana y miope. A la que le sobró coraje para dar batallas innecesarias y le faltó excel para garantizarse supervivencia. 

Jugó un juego que entendió a medias. Y, en rigor, le fue bastante bien. Hasta perder por primera vez en la historia democrática con la derecha rancia en las urnas. También pueden vanagloriarse de eso si quieren.

Valiente y mezquina al mismo tiempo. Tanto, que su mezquindad la encerró en su propia isla y que su valentía la hizo quemar las naves, para luego nunca más poder salir a la mar.

La clave reside, insistimos, en dejar de preocuparse por los síntomas. Y atacar la enfermedad. Que no afecta ni al macrismo, ni a sus votantes, ni a sus aliados circunstanciales: afecta al peronismo. Mirarnos al espejo, explorar, entender y reconocer la derrota, y convertirla en victoria y en el plano secreto que nos lleve de vuelta al poder.


Está todo ahí, dicho y escrito. Sólo se requiere dejar de fungir colectivos, proyectos que son personales, reconocernos genuinamente en los pobres y los olvidados que decimos representar y bajar la cabeza y volver a tender lazos de franqueza y humildad con la sociedad. Que, como la vieja, siempre nos está esperando.

domingo, 30 de octubre de 2016

Fuego



Gobernó durante 23 años.

Y en la ciudad desde donde gobernó, no hay una sola plaza con su nombre.

No hay una calle ni una avenida con su nombre.

No hay una biblioteca ni un museo con su nombre.

Será que sufrimos un Alzheimer social? 
En tal caso, a qué se debería el privilegio de que tan bonita y arbolada avenida de Villa Devoto tenga el nombre de Salvador María del Carril, el hombre que azuzó y empujó al fusilamiento de un héroe de nuestra lucha independentista, uno que no la vivió con angustia? 
Nuestra ciudad olvida, pero como sospechábamos, de manera selectiva.

El nombre de aquel, pero esencialmente sus ideas y su concepción de nación, más que olvidadas, fueron meticulosamente arrasadas de nuestra historia.

146 después de su exilio, 122 años después de su muerte, se erigió un único, solitario monumento en su nombre. Arteramente ubicado en una plaza que lleva por nombre la fecha en que fue destituido.

Debieron pasar todos esos años para que un presidente de origen peronista y programa liberal pudiera emplazar allí un monumento. 15 años más tarde llegó una estación de subterráneo.

Hoy mismo podemos leer lo que leerá cualquiera de nuestros pibes al que le sea asignado un trabajo práctico sobre Juan Manuel de Rosas: "Rosas asumió su nuevo gobierno con la suma del poder público que utilizó para hostigar a sus disidentes fueran éstos federales o unitarios". Wikipedia, 2016. 
Así, tal como está transcripto. Sin comas, sin dudas, sin contrastes. Con toda la furia de nuestros burgueses más patéticos.

Sirva advertirlo: lo que condenó a Rosas al exilio de nuestra memoria y por lo tanto de nuestro presente, fue la interminable autocracia de 63 años con la que lo sucedió nuestra oligarquía de la bosta.

Durante esos años se cocinó ese monólogo pestilente e irracional con el que nuestros maestros, los maestros de nuestros maestros y los maestros de los maestros de nuestros maestros nos "forman".

Hace pocos días se cumplió el sexto aniversario del fallecimiento de Néstor Kirchner. La misma oligarquía, devenida ahora en tecnocracia de ineficaces, ha iniciado el despliegue que tan bien enseñó Bartolomé Mitre: nuestra historia se hace en las villas y en los montes, pero sólo se escribe en las mansiones.


La Historia, siempre tan artera, vuelve a ponernos frente a una responsabilidad moral: está en nuestras mentes, en nuestras manos y en nuestro corazón que Néstor sea desterrado a un olvido de 150 años o que sea recordado como el hombre imperfecto e intenso, el hombre de fuego que realmente fue.


domingo, 25 de septiembre de 2016

10 de marzo de 2010




La noche del domingo 28 de junio de 2009 fue amarga para el kirchnerismo.

Fue la noche de la derrota electoral de Néstor Kirchner frente a DeNarváez.

Algunos recordarán aquella madrugada en el Hotel Intercontinental.

Su primera reacción política tardó un día

perdedor de una elección, hizo lo que hace un peronista:

renunció al cargo del presidente del Partido Justicialista.

Menos de una semana más tarde, el sábado 4 de julio

Néstor bajó al llano y se mandó a una asamblea de CartaAbierta en ParqueLezama

la mayoría de los kirchneristas recuerdan aquella reunión

tono calmo, asunción de la derrota, esbozo de autocrítica.

Ahora un paréntesis y reencontrémonos la primera semana de febrero de 2010.

El 7 de febrero NK fue intervenido quirúrgicamente en la arteria carótida en Sanatorio Los Arcos

El 9 de febrero, dos días después de la operación se filtró una noticia desde la Terapia Intensiva del Sanatorio:

¿Bajar los decibeles? ¿Reducir el estrés? ¿Retirar el cuerpo de la contienda política? 

NO. La noticia era que NK volvía a la conducción del PJ

Un mes después, el 10 de marzo a las 22 horas, finalizada la reunión del Consejo Nacional del PJ en Resistencia, Chaco,

a un mes de su intervención quirúrgica

y exactamente 252 días después de aquella triste noche en el Intercontinental

Nestor hizo lo que un peronista con responsabilidad por un proyecto colectivo nacional y popular hace,

y se volvió a hacer cargo, con el acuerdo de todos los dirigentes presentes, de la conducción del partido.

3 días más tarde, las instrucciones para Accavallo, el intendente kirchnerista de Villa María,
eran que DeLaSota tenía que estar "adentro".

Y así con todos los que pudo.

El 14 de marzo, Néstor se hizo presente, junto a muchos otros en el Acto de Ferro, que muchos recuerdan como el punto de inflexión de la derrota de 2009 que nos llevó a la enorme, impresionante, victoria de 2011, ya sin su presencia física.

Muchos dijeron que la victoria kirchnerista de 2011 se debió a la muerte de Néstor; salames que no se dan cuenta que esa victoria no se hizo con su muerte sino que se hizo con su vida, con lo que tejió mientras estaba vivo.

Enfrentar la derrota, meter las manos en el barro y juntar todas las cabezas dispuestas a un país justo, libre y soberano. Las cabezas de los dirigentes y las del pueblo.

Ese domingo un amigo y periodista que fue "raleado" de los medios oficiales por encumbrados dirigentes de LaCámpora, @martinpique, publicó esta nota que describe maravillosamente la efervescencia que vivíamos en aquellos días felices

Por favor tómese unos minutitos para leerla:

Van más de 300 días desde la derrota electoral del 22 de noviembre de 2015.

Compañeros kirchneristas, no necesitan seguir las recomendaciones de Contradicto, ni las de Alejandro Dolina, ni las del pintor peronista Daniel Santoro, ni las del antropólogo Alejandro Grimson.

Alcanza con seguir los pasos del mismísimo Néstor Kirchner.

Todo lo demás, el empoderamiento, el antipejotismo, los pruritos progresistas y la nariz fruncida por el olor a transpiración y a choripán, son una sanata patética y peligrosa porque deja a esos que decimos defender en las fauces del neoliberalismo tilingo que nos gobierna.

El tiempo corre y los pobres, los invisibilizados, no pueden esperar.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Espérame en el cielo



El macrismo defaultea el presente. Esa es su marca de agua. Antes que gobernar, prefiere comentar que está gobernando. Porque gobernar implica una erosión a la que no está acostumbrado.

El anclaje del macrismo está en el pasado. Y en el futuro, simultáneamente. Viven allá. Y allá. El pasado es ese paraíso en el que el kircherismo era un infierno en el gobierno. El futuro será ese paraíso en el que el macrismo finalmente gobernará de una vez por todas esa Australia agroindustrial y de servicios en la que cualquier adolescente recién salido de la secundaria tendrá un lugar garantizado como empleado de un McDonalds o un call center, de manera que aprendan desde bien temprano en sus vidas que un self made man gaucho es, antes que nada, sobreviviente del capitalismo sin cepos.

Notablemente, cuando este gobierno ve sacudirse alguno de los pilares de su identidad, digamos por ejemplo 3 comentarios negativos en las redes sociales, dos tuits muy erosivos, a diferencia del resto de los mortales que sólo pueden fugar hacia adelante, tiene la opción de fugar hacia atrás. Eso explica por qué cuando el tarifazo pone a máximo el fuego conque hierve el malhumor social, la respuesta es el timbreo, ese pasado glorioso, que murió hace ya más de 300 noches.

Esta estrategia tiene una única gran dificultad: los anclajes de pasado y futuro están destinados a separarse, paulatina, irreversiblemente. El futuro nunca llega. Pero el pasado está cada vez más lejos. Y el PRO se convierte en el personaje de un dibujo animado que se estira, graciosamente, con música de fondo y risas. 

Y, Hooke lo permita, se estira. Y se tensa. Se tensa feo. Se ve en los humores crispados de su CEOcracia. Cuando el elástico está en su límite, las sonrisitas ganadoras de desdibujan, y el que le guiña el ojo a las chicas es Massa.

Las operaciones judiciales contra Cristina Kirchner son un intento de replicar una escenografía, cartón y madera, ahí atrás. Pero es escenografía y es cada vez más dificil ocultar terminaciones que no se hermanan, colores que no se complementan. Bonadío resultó ser tan mal escenógrafo como es mal juez. 

Entonces sólo cabe preguntarnos qué es el presente, qué lo materializa.

La respuesta es una y una sola, la misma de siempre. El presente, denso, tibio y maloliente, es de nuevo el peronismo. Puchero maldito del país barbecue. La Hidra de Lerna de la política argentina de los últimos 70 años, fija bulones y tirafondos al presente, recreando su propia identidad.

No es extraño, entonces, que los resultados contantes y sonantes de la cumbre davosiana sean paupérrimos en términos de anuncios de inversión pero exuberantes en términos de recado dejado por los amos de la globalización al cadete local: "Sólo pondremos el primer dólar cuando te construyas en el presente. Y sólo te consideraremos en el presente cuando controles al peronismo".

Una tarea nauseabunda la que le piden. Porque los mandantes no entienden que Macri y los suyos aborrecen al peronismo. Si les pidieran muerte y destrucción, incluso, sería más fácil.

Pero le piden que negocie, que pida y que conceda. A él. A quien los considera, sin contrastes, responsables de la decadencia argentina. El macrismo, que no es otra cosa que la oligarquía vacuna, no puede someter al peronismo por una simple razón: lo odia con un odio que anula cualquier estrategia.


Eso era lo sensual de Menem, oh Menem, lo que no pueden reeditar con el muchachito de ojos celestes posta: el menemismo controlaba al peronismo porque el menemismo era una hydra, otra más, del peronismo. Menem armaba el excel del peronismo en un rincón, y a ellos sólo les quedaba sacarse fotos con tapados, o mostrar el interior de casas que no eran suyas en José Ignacio, o coordinar y emprolijar el saqueo.

Cerremos esta nota, primera en meses en este blog, diciendo que si el macrismo defaulteó el presente, pues el peronismo, y en particular el kirchnerismo, defaultearon el pasado. Y el futuro.

Pero eso lo comentaremos más adelante. 

domingo, 5 de junio de 2016

Eufemismos y conspiraciones



Los posts anteriores tratan de revelar la médula de la estrategia en política económica del gobierno de la alianza Cambiemos. La veníamos anticipando hace un par de años. Desde el 10 de diciembre sólo hemos pasado de la anticipación a la descripción.

El plan de destrucción y pauperización de los tejidos intermedios de la sociedad está en escalada rampante: como un lobo salvaje en un jardín de infantes vienen a vengarse y destruir lo construido. Los urge una certeza impostergable: tarde o temprano llegará el infalible cazador, ese que siempre terminó poniéndoles bozal y cadenas, el peronismo. No será distinto esta vez. Aprovechan este interludio para sentirle el gusto a la sangre de las nuevas generaciones y cortar la inanición de más de una década.

Si se requiere conocer los detalles del salvajismo basta con leer diarios no oficialistas y ver los canales "no independientes", pero también sobra con ver cómo les explota en la boca el inconsciente a funcionarios oficialistas y operadores amigos: desde aquel "el modelo es India" hasta este "le decían a la gente que se puede vivir de esta forma eternamente".

En este blog no creemos necesario, a más de 6 meses de la derrota electoral del FPV, sumarnos al corso triste de denuncias, quejas, lloriqueos y mateadas en las plazas en que se ha convertido la oposición. Es obvio que estas expresiones adolescen del combustible principal de la acción política: voluntad y vocación de cambio.

Lo que queda del FPV tiene demasiadas reminiscencias con la mujer golpeada que no termina de abandonar al sádico, detrás de la vana ilusión de que modifique su actitud.

Y el principal anclaje a la inacción sigue siendo (y es natural y esperable que lo sea) la poderosa vinculación en el orden de lo emocional que CFK ha desarrollado con sus partidarios, la naturaleza filial del vínculo que grandes sectores del FPV crearon y mantienen con ella. Para muchos Cristina se ha convertido en la única hada madrina que los liberará de esta pesadilla neoliberal.

Como en un cuento infantil, poblado de buenos y malos, de fieles y traidores, Cris y los suyos vendrán a liberarnos para siempre. No pueden ver que una mayoría de criaturas del bosque prefieren que el Hada deje de hacer sus "milagros" por un buen rato.

Desde este blog hemos estado escuchando atentamente en las últimas semanas a referentes políticos y económicos del kirchnerismo más puro, más cercano a la ex presidente. Entendemos que así como 6 meses son suficientes para confirmar las líneas directrices de la mafia que nos gobierna, también lo son para leer e interpretar las razones de la caída popular.

El panorama es desolador: así como el macrismo no puede conjurar ese estigma de gobierno de clase, el kirchnerismo parece no haber entendido en absoluto las razones de su desastre. Sus usinas se han convertido en verdaderos ases en el manejo y direccionamiento de la autocrítica para terminar pegándole al gobierno (que es un rival facilísimo).

Para decirlo de una manera clara: si mañana la mañana le prestáramos la manija y libertad de acción a los cuadros kirchneristas que gobernaron, nos llevarían inevitablemente a las mismas condiciones de restricción externa de 2011/12.

Nos queda, íntimamente, una última, deseable teoría conspirativa; que, en un acuerdo secreto, tanto el gobierno de aquel momento como las fuerzas del candidato oficial Scioli se hayan puesto de acuerdo en términos que resonaran en la siguiente frecuencia: "Las conjuras a la restricción externa son dos: una virtuosa, mucho antes de que ocurra y una viciosa, cuando ya ocurrió. Es tarde para la primera, ya nos ocurrió: que la medicación amarga de la devaluación, la solución viciosa, la administre la derecha. Dejémoslos ganar y hacerle frente al muerto; volveremos con otro tipo de cambio y otros desafíos".

Si, en efecto e íntimamente, tanto sciolismo como kirchnerismo preferían una derrota honrosa, estuvimos, 51 a 49 a punto de cagarla. Lo que nos conduce a sospechar que no hubo tal secreta mesa de arena.

Y que los diagnósticos de referentes económicos y políticos del kirchnerismo no son una cortina de humo. En tal caso estamos al horno. Firmamos con las dos manos que no tienen, no tendrían en el poder, la más puta idea de cómo seguir.

Desde un análisis de largo aliento los corolarios son horribles: si nuestros Golden Boys de la heterodoxia, durante 40 años de hegemonía neoliberal y desde las catacumbas del neo keynesianismo, no han logrado encontrar la receta para mandar la restricción externa al fin de los tiempos, lo que viene es una larga sucesión de expansiones populares reiterativamente clausuradas por intervenciones reaccionarias que, argumentando "emprolijar" el desmadre populista, aprovecharán para robustecer sus cuentas en Panamá.

Este esquema tipo dientes de sierra importa un riesgo enorme y carísimo: el mayor perdedor del juego no es la derecha sino los buenos de la película: el populismo. Porque confirmaría lo que después de 4 décadas va camino de convertirse, en boca de cualquier pelotudo, en profecía autocumplida: "cada 10 años este país explota".

Y no hay nada peor que un pelotudo creyendo haber demostrado una tesis con su frase de cabecera: "no te dije?".

En efecto, si el populismo no diagnostica, receta y administra una solución adecuada en el camino al desarrollo, marchará irremediablemente en el camino contrario: ser "el arma estúpida de la izquierda inoperante".

Desde este blog creemos que la vacuna macrista no "prenderá": que nuestra sociedad ha creado suficientes  anticuerpos para identificar al virus de su autodestrucción y lo rechazará en breve.

Pero con igual énfasis creemos que, salvo cisnes negros, Cristina Kirchner no volverá al poder. Sin embargo creemos que su acción política es crucial para evitar una trayectoria que podría resultarnos tan nociva y perjudicial como el macrismo: hablamos de la oligarquía diversificada nuevamente enquistada en el poder; hablamos del muñeco Massa.

Nuestro futuro está en manos de CFK, pero de ninguna manera en el sentido kirchnerista que podría adoptar la frase sino, exactamente en el contrario: la oposición realmente existente ascenderá cuando ella descienda. 

Nuestras verdaderas posibilidades aumentarían si CFK siguiera una hoja de ruta basada en 
  1. resignar pretensiones personales o para los de su círculo cercano, 
  2. bajar al barro de la política partidaria, 
  3. operar colabora y cooperativamente con dirigentes con capital popular reconocido en la reconstrucción de una oposición de base amplia, obrera, peronista y acumulativa, 
  4. hacerlo generosamente, sin reserva de beneficios (que los tiene y le llegarán en catarata)

Los hechos están ahí para quien quiera verlos: un viaje, una intervención suya y algunas reuniones con compañeros en Buenos Aires en abril reconvirtieron el voto en favor del acuerdo con los fondos buitres en el voto en favor de la doble indemnización. Votaron las mismas manos. Y el lapso entre ambas votaciones, huelga decir que ideológicamente contrarias, fue de exactamente 48 días. 

Ese es el poder real del kirchnerismo. Extrapolarlo a un retorno al Poder Ejecutivo es, más bien, material para una novela de Isaac Asimov.


Y si desea confirmar cuán perdido está hoy el kirchnerismo, contraste la hoja de ruta arriba con ese delirio de atril que se llamó Frente Ciudadano.

lunes, 9 de mayo de 2016

Cooptaciones y Eufemismos



Decíamos en la entrada pasada que la ciencia económica más que una disciplina es un campo de batalla donde se dirimen las disputas por el sentido común que adquieren las investigaciones y, principalmente, sus corolarios y consecuencias.

En esa entrada hablábamos del proceso de enjuage y suavizado al que se sometieron los principios keynesianos. Por supuesto no es el único caso: en el curso del último lustro fuimos testigos de la aparición de la teoría de Piketty, que vino a desintegrar la tesis de Kusnetz que decía que en el largo plazo las sociedades tienen naturalmente a una distribución progresiva del ingreso. Con buena data y sesudo análisis Piketty demostró lo que todos sabíamos: la tendencia es hacia la concentración. A quienes nos interesa el tema nos llegó a apasionar el intento por "destruir" la tesis de Piketty; algunos lo hicieron frontalmente: Piketty puso mal una coma acá y un tilde allá. Otros fueron por la cooptación: es capitalismo es cíclico y las mediciones del francés no alcanzan.

En fin, como sea, hay entre estos procesos uno que nos interesa especialmente. En 1958, pleno apogeo de las teorías keynesianas y los estados de bienestar en los países centrales, un señor llamado William Phillips publicó un artículo que volvió a sacudir al mainstream económico.

Estudió 96 años de correlación en Gran Bretaña entre desempleo e inflación. Su hipótesis, que surge de un análisis extendido del modelo IS-LM, fue obvio: en las condiciones típicas del funcionamiento de un mercado de competencia, lejos de "efectos de borde" diferenciales, desempleo e inflación están relacionados de una manera intrínseca e inversa. Cuando aumenta la inflación, baja el desempleo. Y viceversa.

Su trabajo, condensado en la denominada curva de Phillips, pasó a ser parte de la infraestructura del pensamiento económico. Por supuesto su enunciación y efectos son totalmente adversos a las estrategias de los poderosos cuando, buscando disciplinar sociedades y naciones, presentan planes económicos que disfrazan como demandas por bajar la inflación, al que caracterizan como "el impuesto de los pobres".

De manera que la Curva de Phillips era un grano en el culo del poder desde el momento mismo de su presentación en sociedad. Y su destino estaba cantado: o demonizarla o recusarla. Ocurrió lo segundo. La crisis del petróleo de 1973 desencadena unas condiciones específicas: la economía global entra en recesión pero el crecimiento exponencial del precio del petróleo desata un derrame inflacionario sobre la totalidad de los bienes porque todos, de una manera u otra, tienen un contenido energético.

De manera que por un período de tiempo se da un efecto inédito en la economía mundial que hoy se conoce como "estanflación": inflación rampante y desocupación creciente. Alcanzó sólo con este set de condiciones espurias, gatilladas por un evento inaudito: la cartelización subrepticia de la oferta energética en el mundo.

Esta circunstancia permitió a los economistas del mainstream "librarse", por fin, de la Curva de Phillips. Desautorizaron su validez arteramente, una vez más. Es como decir que un auto de la Fórmula Uno no sirve porque no tiene cenicero. Una teoría  socio-económica no puede ser evaluada a la luz de condiciones excepcionales, si dichas condiciones no están previstas en las premisas del modelo en cuestión, toda vez que los agentes tienden a actuar distinto. 

Los profesores de economía ortodoxos que se ven en la "difícil, sucia" tarea de mencionar a la Curva de Phillips en sus cursos de Macroeconomía, lo hacen como refiriéndose a un capítulo cerrado (y preferentemente muerto) e invalidado.

Esto tiene, naturalmente, impacto directo sobre la Argentina de hoy y sobre nuestra realidad económica. El gobierno de Cambiemos ha puesto a la inflación en el centro de su agenda. Por supuesto no es inocente: disfrazada de una pretensión virtuosa de cuidar el bolsillo de la ciudadanía, la lucha contra la inflación esconde su verdadera naturaleza, detener el proceso de distribución progresiva del ingreso.

La economía argentina no ha sufrido recientemente ninguna perturbación que inhabilite la validez de la Curva de Phillips, que nos dice que hay una única verdad.

La INFLACIÓN se regula con una palanca que en el otro extremo dice DESOCUPACIÓN.
La virtuosa expresión "El gobierno quiere bajar la inflación" tiene en economía una lectura reversible y viciada, una cinta de cassette que se pasa al revés para escuchar al demonio de la realidad: "El gobierno quiere subir la desocupación".


Los despidos con que el macrismo despegó su gestión, sobre una importante masa de trabajadores estatales que fueron etiquetados perversamente como "ñoquis camporistas", fue el comienzo de su nuevo relato y una insoslayable señal al poder económico: si bien gravísima, su consecuencia más importante no serán los 50, 60mil despedidos y despedir gente ya no es una incorrección ni económica ni política. Empezó, desembozadamente. Todas las grandes empresas en Argentina están reduciendo planteles o su contracara, reduciendo salario real.

La disyuntiva será inevitable: es un hecho que la inflación bajará efectivamente en el ahora famoso #SegundoSemestre. Y también más allá. Sólo el patrulla perdida de Aranguren puede adversar con este hecho. En consonancia la desocupación subirá. IRREMEDIABLEMENTE.

Está en el ideario de este gobierno la repetición de un ciclo que ellos consideraron virtuoso y, a la luz de su pardigma, uno de los mejores ciclos del capitalismo vernáculo: el del menemismo 91-95. No lo confesarán. Pero ese es su sueño húmedo.

Enfrenta, eso sí, algunos problemitas. Por ejemplo no tiene el precedente de un ciclo de hiperinflación provocada, ese efectivo disciplinador social.

La repetición de ese ciclo es improbable porque después del menemismo 91-95 (y por lo tanto más fresco), en nuestra memoria social y política, están el 19 y 20 de diciembre de 2001. 

Precisamente de esta confrontación de modelos hablaremos en los próximos episodios.









domingo, 8 de mayo de 2016

Secuestros y Cooptaciones



Que la economía ha sido cooptada por los poderosos es algo que ya hemos reiterado en este blog. Siendo la ciencia que estudia cómo se cortan y distribuyen las porciones de la torta, era obvio que el mango del cuchillo tenía dueños garantizados.

Por supuesto que esta cooptación no podía ser perfecta: existen personas curiosas que no se conforman con que les cuenten un cuento pletórico de sentido común y deciden preguntar, preguntar y preguntar. Al final del camino los preguntones económicos se agrupan dentro de un colectivo sin límites claros denominado "economía heterodoxa" mientras que los que juegan en el equipo de los patrones reciben la etiqueta de "ortodoxos".

Ser economista ortodoxo no sólo tiene la ventaja de jugar en el equipo de las estrellas; además todos los medios de comunicación están a tu favor y cuentan con detalles tus jugadas exitosas, al tiempo que esconden tus fracasos.

Sin embargo la historia del pensamiento económico esconde anécdotas jugosísimas que ponen en evidencia con qué arte se ejecuta la manipulación de las investigaciones y los hechos que ponen en discusión al poder o bien se omitan, o bien se tergiversen.

Uno de esos momentos de la historia es el que describiremos a continuación.

John Maynard Keynes era un noble británico bien forrado, que frecuentaba las élites de la corte y el parlamento inglés, se codeaba con las minas más lindas y multiplicaba su fortuna en la timba de la Bolsa Londinense. Difícilmente se podría decir que JMK fuera un modelo de proto-marxista. Por el contrario era un tipo criado y fiel al capitalismo.

Pero también vivían en él algunas características de personalidad muy marcadas: era un tipo extremadamente ético, intelectualmente muy brillante y condenadamente curioso.

Digamos que antes de Keynes no existía la economía de países. No estamos diciendo que en rigor no existiera, sino que no era una algo que se tratara como una disciplina de ciencia social. Los países tenía cuentas, un presupuesto, ingresos y egresos que típicamente eran monitoreados y administrados por un Ministro de Hacienda. Hacienda se refiere a ese quehacer: controlar las partidas del presupuesto.

El mundo ya había tenido a Smith, a Ricardo, a Stuart Mill, a Marshall y sus marginalistas, sabía lo que era la economía. Pero cuando JMK publica en 1936 su libro "Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero" claramente los modelos económicos precedentes entraron en zozobra. Keynes lo sabía, y simplemente ninguneó que le estaba dando un golpe mortal al capitalismo victoriano conocido hasta el momento. Pero confiaba que su teoría podía colaborar en sacar al planeta de la crisis más profunda de la que se tenía registro. Sólo amparado por su honestidad intelectual le presentó sus ideas a quien más las necesitaba: el presidente norteamericano FD Roosevelt.

Como era de esperarse, el Poder necesitaba una urgente estrategia de control de daños científicos que pudieran emerger de la "Teoría General". Así, en septiembre de 1936 se convocó en Oxford a un Congreso de Econometría cuyo eje central era, naturalmente, discutir a Keynes.

En ese congreso hizo su aparición una terna (Harrods, Hicks y Meade) que presentaron una interpretación matemática de postulados centrales de la Teoría General. Había una cierta desesperación, siempre ocurre con las nuevas teorías, por leer a Keynes con los lentes de la teoría anterior. Y es esperable que la TG pusiera muy nerviosos a los economistas de la época: en sus 318 páginas no hay un sólo grafico, dibujito que ilustre la contundencia académica de la teoría; es un ladrillo de análisis, deducciones y corolarios en prosa.

De la terna anterior Hicks tomó el mando y escribió en abril del 37 un trabajo: "El Sr Keynes y los "Clásicos": una interpretación sugerida".

Este fue el proceso por el cual se intentó domesticar al indomable Keynes: Hicks crea lo que se llama el modelo IS-LM, acrónimo por inversión/ahorro/liquidez y dinero.

Paradójicamente, en las aulas de economía de todo el mundo, cuando se enseña la teoría keynesiana por default los profesores recurren a explicar el modelo IS-LM. Sinceramente hay implícito un engaño: ese modelo es la interpretación ortodoxa de la teoría keynesiana. A fuerza de repetirlo durante 80 años, muchos piensan que están enseñando a Keynes.

No deja de ser un dato que a nuestro modo de ver captura el estrés al que estaban sometidos los economistas que necesitaban entender a Keynes, que el gráfico del modelo IS-LM tiene insoslayables puntos de similitud con el gráfico más fuerte del que disponía la economía clásica: el del punto de encuentro de la oferta y demanda de un mercado que establece el precio y la cantidad de equilibrio de un bien determinado. Hasta en eso se notaba la necesidad de domar a Keynes.

En pocos años la economía ortodoxa logró un triunfo parcial: han posicionado a la teoría keynesiana como un caso especial, una excepción, asimilable a la frase "Economía de la Recesión". La historia y los hechos nos cuentan todos los días, especialmente en países con estructuras económicas como la nuestra, que es exactamente al revés: las condiciones que deben darse para el cumplimiento de las leyes básicas de la ortodoxia económica son un subconjunto de la economía keynesiana.

Este post buscando aclarar que ni a Keynes dejaron de tergiversarlo. En breve una próxima entrega donde miraremos otra tergiversación, pero esta vez mucho más cara a nuestra realidad, a nuestros derechos y a nuestro bolsillo. Ejecutada, como siempre, por los dueños de la pelota.


Hasta entonces.