sábado, 24 de enero de 2015

Futuro Potencial


50 minutos de reportaje realizados por quien podría ser Primer Ministro de España, el actual líder del partido Podemos Pablo Iglesias primero lejos en los sondeos peninsulares de las últimas semanas a quien podría ser Premio Nobel de Economía, nuestro últimamente iterativo Thomas Piketty, si la Academia alguna vez mostrara un buen timing para entregar un premio.

Si hoy hay una barricada real a la hegemonía neoliberal en Europa es esta. 

Pero por ahora sólo una barricada. 

El futuro todavía se escribe en potencial.   


jueves, 22 de enero de 2015

Humor y risas


Nancy llega a su trabajo con su hijo, Dardito. Hace ya unos cuantos años que trabaja como empleada doméstica en esa casa. Un cierto bienestar y una actitud relajada, que nadie parece saber cuando comenzaron, son el espíritu de todo lo que allí ocurre. Como el viejo y coqueto reloj de péndulo que preside el comedor y que Nancy limpia todos los lunes, extremando la delicadeza porque sabe que esa reliquia tiene valor para el patrón.

A pesar de tantos años de trabajo, a Nancy, que conoce y maneja como nadie el pulso de ese hogar, no deja de sorprenderla la enorme distancia que hay entre ese lugar y su hogar sencillo y lejano, allá en la periferia; una distancia mucho mayor de la que recorren el tren y el colectivo que toma cada día. Distancias que no sabe explicar, pero sí reconocer.

Por ejemplo la familia. La familia de su jefa es esa: Don Jorge, ella, Carlos, el hijo mayor y Andrea, la nena. Allí empieza y allí termina. Pero Nancy nunca sabe donde empieza y dónde termina su propia familia. Sus primos y sus cuñados, que llegan en goteo de Paraguay y luego se vuelven. O se van. A ese paraíso con escasez de albañiles que parece ser Barcelona.

O el almuerzo: que Nancy no imagina pueda completarse sin la presencia de todos. Sólo una desgracia o un imprevisto hacen que el sábado o el domingo no esten todos en su mesa. Y aquí, en la casa donde trabaja, en todos estos años nunca vio las cuatro sillas de la mesa ocupadas simultáneamente. Parece más un hotel que una familia, piensa Nancy.

Dardito está de vacaciones y en casa se aburre, entonces Nancy le pidió permiso a la Señora para traerlo, para que la acompañe, para que las horas de trabajo se hagan más cortas al lado de su benjamín y único varon. La Señora no tuvo problemas. Y hasta sugirió que si ayudaba, hacer algún mandado, limpiar y engrasar las bicicletas, ir al puesto de diarios por las revistas de moda de la Señora y los diarios del Señor, ella podía darle unos pesitos para “sus gastitos”.

Y así ocurre desde hace unos cuantos veranos. Dardito tiene unos meses menos que Carlos, el niño de la casa, pero más horas de vuelo: más pajaritos bajados con la honda, más tortazos con la bicicleta, más fogatas hechas en un baldío, más caramelos robados en la vitrina de un kiosco y ya es propietario de algún beso robado a Yenny, su compañerita de grado. A veces Nancy reniega, pero íntimamente sabe que Dardo es un buen chico.

Carlos, en cambio, es distinto. Alto, rubiecito, bonito, mañas para comer que Nancy conoce al dedillo, el mejor colegio de la zona, campeón de natación en el último intercolegial, habla en inglés y francés, un chico despierto. Pero no puede esconder la arrogancia que nace con las diferencias. A veces se ríe de Dardo, porque lo ve chusco, silencioso, indescifrable.

Dardo no tiene nada que ver con sus compañeros de escuela, cree Carlos. Esos que una vez se rieron de él porque llevó debajo del uniforme una camiseta de Messi, del Barcelona, regalo de su papá, y uno de los compañeros descubrió que no era la “original”, que era trucha. Se le rieron y lo verduguearon un rato largo; volvió a su casa en llamas, se la tiró con furia a los pies del Señor Jorge y se fue al cuarto indignado, tras un portazo. Nancy estaba ahí ese día. La Señora Rodríguez levantó la remera, lo miró al marido arqueando las cejas, y se la dio a Nancy con un susurro: “a Dardo le va a encantar”.

Durante la infancia, la amistad de Carlos y Dardito era bastante amena, pero al acercarse a la pubertad, las diferencias se ampliaron y la petulancia de Carlos hizo que las cosas fueran más ásperas. Hace un tiempo Carlitos, que tiene por hobby dibujar, dibujar y dibujar, dibuja a su hermana con cachetes inflados y pecosos, dibuja a su madre, dibuja a su padre, dibuja al cura del colegio, se enteró de que Dardito es devoto del Gauchito Gil, algo que seguramente heredó de su papá, a quien hace años que no ve.

Cuando Dardito tiene que tirar un tiro libre de los que le gustan a él, o entrar a un examen o presentarse ante su madre porque se mandó alguna macana, no piensa ni en Dios, ni en Cristo, ni en la Virgen ni en Papá Noel. Dardito invoca en una oración silenciosa y compungida “Gauchito, por lo que más quieras, por favor te pido, ayudame en esta”. Y parece que el Gauchito lo escucha, porque tan mal no le va.

Carlos se enteró de esta creencia inexplicable de Dardo, y más temprano que tarde se dio cuenta que en ese lugar el hijo de la mucama ofrecía un flanco. Ese inolvidable y caluroso verano que estaban en el piso de la cocina, mientras Nancy transpiraba detrás de la tabla de planchar, los dos dibujaban. Algo que entretenía más a Carlos que Dardo.

Estuvieron tranquilos y silenciosos un rato largo hasta que Carlos, el hijo del Señor Jorge y de la Señora, se levantó con su papel recién dibujado y lo miró a Dardo, que seguía dibujando avioncitos, con cierta sorna. “Mirá Dardo, mirá lo que dibujé”. Nancy se dio cuenta al vuelo pero no supo cómo evitar el terremotos que venía, ni tuvo tiempo para arriar velas. El dibujo de Carlitos era un Gauchito Gil visco y desgarbado, pero en cuatro patas, con el culo al aire y atrás un soldado de campaña con un rifle en una mano y una zanahoria en la otra. Dardito lo vio, Nancy miró a su hijo y supo que llegaba el final.

Dardo se levantó como una tromba, empujado por el Gauchito Gil y todos los demonios, le apuntó a Carlitos y le dio una derechazo en el ojo que lo sentó de culo en el canasto de la ropa.

La señora le dijo a Nancy que mañana el Señor Jorge quería hablar con ella.

---

No.

Yo no soy Dardito.

Pero tampoco soy Carlitos.

Don Jorge, sus amigos del club, sus socios, la Señora de la casa, sus amigas de la Beneficencia pueden horrorizarse y mostrarme un cartel que dice “Yo soy Carlitos”. Bien.

Pero yo no.

Cuando el humor y la ironía no se hacen con el poderoso.

Cuando, después de un chiste, no sabés si te van a pisar con el borceguí del Monarca

Y la risa busca la complicidad de los poderosos para mofarse del débil, no se llama más humor.
Se llama burla.

Yo no soy Carlitos.

O, contra lo que dicen por ahí

#JeNeSuisPasCharlie

Y parece que Francisco tampoco.



martes, 20 de enero de 2015

Los Desheredados


Hace unos cuantos años un economista nacido en lo que hoy sería Bielorrusia pero que a causa de la Revolución Bolchevique debió emigrar a Estados Unidos, de nombre Simon Kuznets, se dedicó a investigar la relación entre crecimiento económico e igualdad en las sociedades.

Para los años 60, y en base a estadísticas de varios países de diverso nivel de desarrollo, Kuznets desarrolló una teoría que le valió el Nobel de Economía de 1971 y cuyo corolario se plasma en una curva estilizada que lleva su nombre: la curva de Kuznets.

En un resumen excesivamente simplificado y banalizado como para dar lugar a agudos comentarios de los seguidores de este blog, digamos que lo que Kuznets postula es que en la medida que una economía crece a lo largo del tiempo (hipótesis que además requiere que el crecimiento económico supere al demográfico, lo que debería reflejarse en el crecimiento del ingreso per cápita de esa población), la desigualdad de esa población crecerá en primera instancia, dando lugar a un proceso social regresivo, y después de un tiempo manteniendo las condiciones, ese proceso se revertirá y la desigualdad comenzará a disminuir hasta llegar a un mínimo.

Si dibujáramos esta secuencia en un papel, la desigualdad tomaría la forma de una U invertida, que es el otro nombre con que se conoce a la curva de Kuznets, curva de la U invertida.

Los académicos kuznetsianos explican el proceso sobre la base del “sentido común” (ese que ellos mismos moldean). Veamos. Cuando ocurren cambios tecnológico significativos en una economía, lo que se llama un cambio de paradigma o una revolución tecnológica, es el capitalista el que se apropia inicialmente de los beneficios, en tanto que los trabajadores tienen que recorrer durante ese lapso una “curva de aprendizaje” de la nueva tecnología para poder tomar beneficios.

Dicha curva de aprendizaje no sólo tiene que ver con aprender las nuevas técnicas requeridas sino también modificar algunos aspectos demográficos, sociales, etc (el ejemplo canónico usado por Kuznets era, en una revolución industrial urbana, el tiempo que demoran los campesinos en mudarse a los conglomerados urbanos y convertirse en mano de obra útil para las fábricas incipientes).

Llegados a un punto la desigualdad llega a un máximo, y a partir de allí, en la segunda parte del proceso los trabajadores mejoran su bienestar y disminuye la desigualdad porque comienzan a tener un mejor poder de negociación para capturar los beneficios y la renta disponible: esto puede entenderse por vía de procesos como la sindicalización, la ejecución del derecho de huelga, etc.

Esta teoría de Kuznets fue cobijada desde su génesis por sectores del mainstream ortodoxo económico (lo que hoy llamamos neoliberalismo). No es para menos, su tesis central es absolutamente funcional a la inefable estrategia de la tecnocracia: para los trabajadores el paraíso siempre está adelante, esperando. Llegará con seguridad, pero más tarde, luego, cuando sea oportuno (y cualquier parecido con el Paraíso Cristiano o con las propuestas de Sturzenegger y Melconián es mera coincidencia).

“Ajustémonos ahora, que disfrutaremos después” es la frase que Kuznets le regala al neoliberalismo para que este, a cambio de un presente de látigo, nos prometa un futuro venturoso de zanahorias.

Para sustentar sus análisis, Kuznets usa datos y series existentes en diversos países entre 1870 y 1960. No hay malicia, son los datos de los que disponía.

Recordemos sucintamente: desde 1870 se dan en el mundo varias cambios tecnológicos significativos como son la revolución de la química originada en Alemania, la aparición del motor de combustión interna, el uso generalizado de la electricidad y las primeras formas de telecomunicación. Esos cambios se ven robustecidos y profundizados por las dos guerras mundiales, que sabemos qué efectos derraman sobre la tecnología. No obstante, los devastadores efectos de la segunda guerra mundial y la reconfiguración geopolítica del mundo al comienzo de la Guerra Fría hace que los gobiernos de los países pongan en marcha lo que se conoció como los Estados de Bienestar, que para fines de los años 60 estaban en su apogeo.

Esta es la teoría, este es el ícono que un visitante reciente a nuestro país, el profesor Thomas Piketty, DESTRUYE de manera CONTUNDENTE e IRREVERSIBLE en su libro “El Capital en el Siglo XXI”.

El francés que hoy está en boca de toda la disciplina económica global, observa que el período analizado por Kuznets corresponde a una selección demasiado sesgada y decide revisar dicha teoría: durante años se dedica a recopilar información que básicamente es la misma (series de renta versus igualdad) pero para un período mucho más extenso (en países empieza en el siglo XVIII) y por lo tanto su trabajo requiere una profunda y dedicada investigación en bases de datos antiguas y prácticamente intocadas como el impuesto a la renta en Inglaterra, Francia y Estados Unidos.

Los resultados son los que todos imaginamos: no hay tal cosa como una curva de U invertida en la distribución a largo plazo de la riqueza mundial. Por el contrario, hay un visible e incontrastable proceso de CONCENTRACIÓN del ingreso en los sectores más ricos y poderosos de las sociedades, que sólo encuentra alteración frente a situaciones excepcionales como pueden ser una guerra, un desastre natural o, principalmente, configuración geopolítica mundial que le demande al 1% más rico la urgencia de crear situaciones de bienestar específicas (ie Plan Marshall).

El libro de Piketty, cuyas críticas académicas a izquierda y derecha no han podido hasta el momento mellar la médula de su rotundo señalamiento, reafirma y confirma lo que Marx definía siglo y medio antes: lo que el capitalismo puro no ha podido resolver es el efecto concentración, del que tenemos registro y que nos acompaña desde tiempos de Cristo (ver Efecto San Mateo).

Los medios económicos opositores locales han tomado recortes de declaraciones de Piketty en su paso por nuestro país (cuando no) para dejar en sus lectores la sensación de que el francés vino a amonestar al kirchnerismo, en particular en referencia a las estadísticas del INDEC. No nos dejemos engañar: el profesor Piketty tiene muy claro que en nuestro país y en otros de la región se están dando esos procesos excepcionales y contrapuestos a la tendencia global de redistribución progresiva de la renta que él aplaude, inducida y disciplinada desde el Estado. Y lo alaba, como también ha remarcado positivamente la posición argentina en foros internacionales para limitar el poder de los fondos buitres, otros enormes jugadores en cuanto a concentración basada en crear dinero sólo del dinero.

A una visita significativa como esta sólo puede respondérsele estando a su altura: 2015 se presenta como un excelente año para re-imponer el Impuesto a la Herencia, derogado por ese miembro conspicuo de nuestro patético 1%, José Martínez de Hoz. Ojalá esa haya sido la charla que Thomas Piketty tuvo con Cristina el pasado sábado en Olivos.



*En la foto, El Bosnio, Maestro de Luz de la Mesa de Autoayuda y quien suscribe invitamos de manera fotogénica y amigable al visitante francés a olvidar todas esas ideítas progres, haciéndole una oferta que no podría rechazar.

martes, 6 de enero de 2015

Convergencia Mediática


La perspectiva de Ignacio Ramonet sobre lo que viene en comunicación masiva. Paso a la historia de la grilla televisiva, youtube, consumo diferido y a la carta, produ-consumers, etc.

Valen la pena los 42 minutos.

martes, 30 de diciembre de 2014

Ultimo Acto


Empieza 2015 y el calendario republicano marca el último año de mandato de Cristina F. de Kirchner; de no mediar tsunamis políticos naturales o provocados los ciudadanos enfrentarán en algunos meses en el cuarto oscuro tres opciones fuertes en las que encauzar sus preferencias de futuro.

Una es el neoliberalismo suavizado, pletórico de tecnocracia pero vacío de ideología, cuyo olor a década del 90 es por momentos indisimulable y sólo queda vagamente eclipsado por un cierto perfume a eficiencia y operatividad ejecutiva metrobusiana, que desaparece frente a cada tormenta intensa o a cada reclamo colectivo expresado en los parques indoamericanos y los hospitales psiquiátricos.

Otra cuya principal virtud hasta el momento ha sido una cuidadosa esloganización de la política que en aguas calmas de debate preelectoral (todavía en modo soft) ha soportado con cierta integridad los barquinazos del camino, pero en la medida que el fragor de la lucha política vaya tomando temperatura camino a octubre, no podrá evitar traslucir controversias significativas. En particular si la estrategia oficialista va a ser la de tensar la cuerda ideológica para convertir un triángulo en un segmento: pocos e incómodos lugares le quedarán a una construcción que reune ex funcionarios con anti kirchnerismo furibundo para ubicarse en un lugar redituable y ganador en la tensión que va entre kirchnerismo y neoliberalismo.

Si la opción macrista no tiene, ni le interesa, ningún arraigo con las mayorías trabajadoras que se reconstruyeron en la última década, la segunda opción presenta dificultades de convocatoria y permanencia: salvo sindicatos liderados por impresentables como el Momo Venegas o Luisito Barrionuevo, o transfugas como Hugo Moyano, es poco lo que el municipalismo expandido de Massa puede ofrecer como vinculación peronista con el mundo del trabajo.

Si a la primera opción podíamos etiquetarla como noventista, en la segunda podemos mantener ese estilo temporal y denominarla herminioiglesismo ochentista: un líder casi luderiano con poco control de sus comandantes, entre los que se encuentran algunos con irrefrenable tendencia a la quema de urnas.

A la vez que es muy difícil disimular las orejas de lobo que emergen por detrás de la blanca y suave lana que puebla la cabecita del cordero, y si hay algo que tiene las personas, incluso las que preferirían un ecosistema con menos crispación y más ancha avenida, es percepción: no hay asesor de marketing político que pueda refrenar prolongadamente la verdadera naturaleza de la bestia y la procesión dura 10 meses.

Queda por describir la opción oficialista, aunque es prematuro cualquier juicio hasta que la maduración de proceso de lugar al candidato definitivo, que emergerá de factores tales como la performance macroeconómica durante 2015, la capacidad de alianzas políticas de los precandidatos previo a las PASO y la capacidad de articulación simbólica de la líder.

No se trata de esquivarle el bulto a una definición de preferencias, que en este blog las tenemos, se trata de describir lo que hay y no lo que habría. Creemos que CFK también tiene sus preferencias in pectore, pero claramente el contexto y el escenario no son en nada propicios para una definición. Y no lo serán hasta bien entrados en la carrera a las PASO. Es más, podrían no serlo nunca.

Lo que está claro es que la de 2015 no es una elección presidencial más, sino la batalla final por el control del desarrollo nacional, por el rol del Estado en dicho desarrollo y por la capacidad de inclusión y ecualización social del modelo emergente.

Como ocurre a escala global el ágora política no es un territorio aséptico y neutral en el que se debaten de manera democrática variantes ideológicas. Es antes que nada el teatro de operaciones de los medios de comunicación tradicionales, que desde el siglo pasado se han convertido en la cabeza de playa por donde desembarcan las interpretaciones de realidad que el poder fáctico pretende convertir en sentido común (con muchísimo éxito, nobleza obliga).

Dichos medios de comunicación articulan su poder urbi et orbi sobre tres ejes ordenadores de realidad y satisfacción: corrupción, inseguridad e inflación. No es una elección inocente, son tres parámetros sobre los que el poder tiene un control casi pleno y los gradúa casi a discreción.

Un delito con aristas conmovedoras es sólo un delito, dos y luego tres en cadena nacional mediática son lo que conocemos como inseguridad. Delitos hay en todas las sociedades, en todas las épocas. Ordenarlos y coordinarlos en la grilla de novedades publicadas de manera que escandalicen cuando sea necesario es una estrategia premeditada.

Algo similar ocurre con la corrupción. Existió, existe y existirá. El impecable trabajo de convertir una coima (real o no, nunca quedaría claro) en corrupción generalizada es un trabajo de orfebre que merecería mayor reconocimiento: que Lanata no haya recibido todavía un Oscar es una injusticia universal que alguna vez deberá zanjarse.

La inflación viene con otra parametrización, pero fuerte control mediático. Un kilo de tomates que muestra un aumento de precios rampante por un cambio estacional pone en ridículo cualquier índice, tanto el del INDEC y el del instituto noruego de estadísticas. Nadie en el mundo cree en los índices de inflación que se publican en su país. Y, adicionalmente, el poder de erosión política de la inflación es mayúsculo.

Los tres se operan en dosis adecuadas sobre los mecanismos de selección de preferencias de los votantes que, como sabemos, no tienen el más mínimo interés en leer plataformas políticas ni creen en compromisos de campaña. Cartoneros, electricistas y doctores suma cum laude seguiremos votando a nuestros líderes con el meso-encéfalo, de la misma manera que elegimos jabón en polvo. Y somos testigos del desarrollo pleno de una operación a la que le faltan todavía algunos actos para la caída final del telón. Se trata de conectar elegantemente los vínculos de Cristina, de su familia, de Lázaro Báez y de cuanto integrante del gobierno que tenga un ticket de estacionamiento mal rendido, para luego echar a todos en una misma bolsa de mierda, tras lo cual no haya posibilidad de análisis riguroso sobre hechos, sino que predominen las percepciones.

Jueces que más bien parecen un dudoso cartel se reúnen y organizan almuerzos conspirativos a la luz del día para planificar su estrategia de ataque al PEN. Cualquier reunión con el 1% de carga simbólica en la que participe un miembro de tercera línea del ejecutivo sería tapa de matutinos sin dilación y con fuerte presencia de la palabra “embestida”.

Lo que eriza la piel de los pedestres sería el eventual éxito de la movida y para muestra basta un botón: detrás del mani pulite italiano vino el vaciamiento de la política peninsular en manos de una indefinible derecha al mando de un inefable Berlusconi. Nos estremece pensar lo que los gerentes mediáticos argentinos tendrían para ofrecernos si la opus magna de Magnetto y Mitre tiene éxito.

Por suerte la pugna real es por valores políticos que son claros a los ojos de la población, y esos valores no son los que mayor capacidad de centimetraje mediática ostentan.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Salmón Turco


El día anterior hay que comprar yogur natural (y, naturalmente, sin azúcar), digamos medio kilo. Si la consistencia es muy floja hay que buscar que sea firme, estilo yogur griego, casi una crema untable.

Surgen dos caminos. Hacer el yogur en casa o concentrar yogur comprado. El primer caso es otra receta que usté tiene que buscar en otro blog, acá no, pero cuando lo tenga hecho, en ambos casos se trata de pedirle una media de mujer tipo cancan en desuso a la compañera de vida o a la amante. Debe estar limpia (la media, la mujer no es imprescindible) porque le vamos a verter el yogur y la vamos a dejar atada de la canilla de la cocina colgada y goteando suero en la bacha durante por lo menos un par de horas. Tiempo suficiente para aprovechar que la dama se sacó las medias y puede tener ganas de seguir sacándose prendas y también tiempo para picar muy finito un manojo de ciboulette o, en su defecto, la parte de hoja verde de una cebolla de verdeo. También hay que picar muy finamente una cabeza de ajo, un manojo pequeño de nueces y dos o tres hojitas de menta fresca.

Todo este picado, junto a un par de cucharadas de aceite de oliva, otro par de jugo de limón y sal y pimienta a gusto, debe vertirse y mezclarse bien en un bol con el yogur que ahora es consistente. Toda la noche en la heladera el preparado. La compañera no, que se enferma o se pianta.

A día siguiente se prepara el salmón. En su sartén o plancha de confianza (todos tenemos un montón de ollas conocidas, pero sartenes amigas, una sola) sofritamos en buen aceite de oliva un poco de cebolla y pimiento morrón cortados en juliana (y eventualmente, si gusta, hongos tipo champignon). Fuego medio, después de la primera fritanga en temperatura puedo adicionar un poquito de agua (nunca antes, no es sopa) para que la cebolla y el morrón no se quemen, sino que se doren. 

Ahí llega el salmón, que si fue comprado en filetes de lomo se pone a asar con la piel hacia abajo durante un buen rato y no se requiere dar vuelta (si son rodajas no se lo voy a explicar). Es buena práctica cada tanto ir recubriendo el salmón con el sofrito para que vaya tomando ese sabor.

Cuando el salmón está listo no lo retire, ahí cubre con el yogur sazonado para que el conjunto tome temperatura, pero no por mucho tiempo, que apenas caliente.

Ya está listo para emplatar, puede adornar con un restito de ciboulette finamente cortado sobre el preparado. Esto lo puede acompañar con cualquier verdura de sabores alcalinos para compensar la acidez del salmón, hervida al natural: lo usual es papas, a mí me gusta con brócoli.


Fíjese @rinconet que estoy amigable y no le pedí que compre hojas de parra para sofritar con la cebolla y el morrón, antes de la entrada del salmón, como nos pide la gente.

sábado, 13 de diciembre de 2014

El Tornado no se detiene


El 10 de abril de 2010 publicábamos esto que, según este blog, es uno de los parámetros más eficaces para balizar nuestro camino a un desarrollo inclusivo y sustentable.

En ese momento hacía sólo 4 meses que se había instaurado la AUH, un tiempo estadísticamente pequeño para registrar su efecto en la DESEADA homogenización de ingresos de la población.

Hace pocos días la OCDE, ese club selecto de países desarrollados que también incluye algunos países modelo latinoamericanos (Chile y México), emitió un informe que tituló como "Tendencias en Desigualdad de Ingresos e Impacto en el Crecimiento Económico" y que contiene interesantes datos de lo que ha estado ocurriendo con la desigualdad en sus países en los últimos 30 años.

Inmediatamente recordamos nuestro viejo post y fuimos por una actualización, cartoneando los datos del segundo trimestre de 2014, que son los últimos publicados de la encuesta permanente de hogares, EPH.

Digámoslo claramente: el paradigma de la evolución económica para los dueños del mundo siempre ha sido el crecimieto. Ni la OCDE, ni el Banco Mundial, ni el FMI, ni ninguna orga multilateral jamás había prestado atención a lo que venimos remarcando desde este culo del mundo: condición necesaria (y remarcamos que no suficiente) para el desarrollo es la distribución progresiva del ingreso.

Las sucesivas administraciones de la letra K han tenido eso en claro y, a pesar de los insoslayables efectos de la crisis financiera de Wall Street en 2008 que el gran gendarme mundial ha sabido trasladar y reconvertir en otras crisis como la de burbuja inmobiliaria en España o de competitividad en Grecia, se mantiene con el rumbo firme y preciso que se demanda.

Para ilustrar las tempestades que venimos navegando, algunas viñetas del informe de la OCDE:

  • La brecha entre ricos y pobres es hoy la más alta de los últimos 30 años. Mientras la relación de ingresos entre el 10% de los hogares más ricos de los países de la OCDE frente al 10% más pobre era en los años 80 de 7 veces, hoy es de 9.5 veces.
  • La desigualdad no sólo se percibe cuando se la mide en los "hogares del extremo": también se mide en los hogares de los deciles intermedios, medidos por el índice Gini (100 absoluta desigualdas, 0 absoluta igualdad): en los '80 el Gini de la OCDE era de 29%, hoy es de 32%.
  • En ese período, Gini creció (aumentó desigualdad) en 16 de los 21 países de la OCDE, se mantuvo estable en 3 y mejoró en 2.
  • El estudio de la OCDE (64 páginas en inglés aquí) le pone cifras al impacto en el crecimiento que provoca esta desigualdad. Estima que a México y Nueva Zelandia le restó 10% de crecimiento en 30 años. Estima en 9% el golpe sobre Reino Unido, Finlandia y Noruega y entre 6 y 7% en EEUU, Italia y Suecia. 
  •  El efecto de los perjuicios de la desigualdad se hace patente en el 40% de los hogares más pobres, que es donde reside un motor central del crecimiento: el consumo. 
  • El estudio hace foco en las dificultades que la desigualdad impone a la promoción educativa de las clases pobre y la fuerte posibilidad de que se congele el efecto de ascenso social que dinamiza las sociedades.
Cositas con las que este humilde blog, decíamos, viene hinchando las pelotas hace tiempo. En cuanto a la evolución Argentina, los números retratados en el post de abril de 2010, comparados a los últimos disponibles, son los siguientes:
  • En 2003, por cada 1000 pesos promedio ingresados en cada hogar más pobre, el ingreso de uno más rico era de casi 28 mil pesos. El efecto post-crisis de convertibilidad nos ponía cerca de Haití.
  • Para 2010 esta proporcion había caído de 28 a casi 16 veces, apenas superior al de Estados Unidos (sí, Estados Unidos, 15,9 en 2010, la tan mentada sociedad liberal).
  • Para el segundo trimestre de este año esa proporción siguió cayendo, ahora de 16 a 13,2 (recordemos que el denostado promedio actual de OCDE es 9.5). Nuestra posición actual es levemente mejor que la de España (13.8 en 2011), que se viene desintegrando con los pasos del Gato con Botas.
Ahora bien: estamos diciendo que estamos mejor que esos países? No. No es necesario tergiversar estos datos de esa manera.

En primer lugar una mejor distribución del ingreso es condición necesaria pero NO SUFICIENTE para un desarrollo inclusivo. Y nosotros podemos decir que estamos en la senda correcta: necesitamos muchos años con los parámetros de igualdad social en este cimiento para que la dinámica interna de una sociedad se encauce. 

En este punto sólo se nos ocurre seguir colaborando con este proceso. Y ya que el kirchnerismo se ha caracterizado por la reinstauración de derechos y conquistas sociales, se nos ocurre sumar al menú una que está faltando, que ha sido muy poco mencionada y que no inocentemente fue volteada de nuestra legislación por Martínez de Hoz durante la dictadura: IMPUESTO A LA HERENCIA.

Se lo decimos con el tonito NelsonCastro: "pienseló, Señora Presidenta".