sábado, 16 de mayo de 2015

Te lloramos con gas pimienta



Es casi una ley natural que los grandes negocios sean manejados, gestionados desde un liderazgo único, centralizado.

Son poco frecuentes los ejemplos de fuentes de producción y obtención de recursos que alimentan simultáneamente a varias cabezas entre las que no hay consistencia en decisiones y estrategias.
Esto no significa que el vertido de esos recursos caiga en las mismas, únicas, manos: no estamos hablando de a quienes se derivan los recursos sino de quién los administra.

Con el fútbol (y con otras disciplinas deportivas en otras geografías) pasa lo mismo: un negocio brillante y de muy bajo costo converge hacia una conducción centralizada y única.

La función principal de Julio Grondona, su ausencia nos lo deja más claro que nunca, no era la de generar nuevos y más grandes negocios, para los que además tenía olfato y audacia, sino que su centralidad consistía en evidenciarles a los diversos actores, en particular a los presidentes de los clubes, que la clave para la sostenibilidad del negocio era apoyar un plafón mínimo de intereses comunes.

Grondona era, antes que nada, la mesa de arena de las discusiones y compromisos por el reparto. Pero también era garantía de cumplimiento de esos compromisos. Y disciplina para quien los desatendía.
Su ausencia puede verificarse en escenas que nos viene regalando el fútbol argentino en los últimos meses. Con él la foto del presidente de River mirando el clásico sentado en el piso de un vestuario nunca hubiera ocurrido. Y conste que no estamos asingnándole responsabilidades del particular a la dirigencia aurizazul ni tampoco lo contrario. Pero esa escena difícilmente hubiese ocurrido, al menos sin que al día siguiente ambos presidentes fueran  a comparecer, cola entre las patas, ante el señor del anillo famoso.

Por el momento el cuidado de la Pax Romana se ha transferido a la Conmebol, a falta de mejor referencia. Y esta traerá alguna forma de justicia, pero no la traerá en su forma superior, que es la política.

Entretanto se tejen escenarios para elegir al sucesor de Don Julio. Y aunque se lo prefigure un trabajo sencillo y un sitial de poder, es una delicada artesanía de costura diaria de intereses. Nadie que proyecte sus máximas preocupaciones en el rating del primetime podrá dar el piné.

Y una decisión significativa que pende de los futuros protagonistas es decidir qué tanto mal le hace la violencia al negocio. Siendo lo más objetivos posible, debemos reconocer que violencia y negocio han convivido hasta el momento sin que, en apariencia, haya ocurrido una erosión significativa de intereses.

Y aún si la decisión a futuro fuera la de deslegitimar la violencia y alejarla del deporte, sería una decisión relevante pero no definitiva. La violencia sólo puede ser erradicada de los espectáculos deportivos con una decisión meridiana desde el vértice de la política (teléfono, Cantero). Cuestión que el kirchnerismo que tantos logros tuvo, no acometió.


He ahí agenda para el candidato del FPV, ya que en esta materia el candidato de la derecha está hundido en la mierda.


miércoles, 13 de mayo de 2015

No country for old men

El 24 de marzo tuiteé esto



e inmediatamente a continuación esto


Las desprolijidades que viene haciendo Cristina, por ejemplo subirse al estrado de un acto y decir "baño de humildad" (enorme frase de temporada otoño-invierno pret-a-porter) pueden ser esas a las que el populismo choripanero y transpirado que viene gobernando a duras penas este país desde hace nada más que 12 años, pero en el fondo ratifican la lectura política de quien suscribe.

Mientras tanto, en los últimos 6 días hemos tenido que SUFRIR los efectos secundarios de la pasta base que consumen los operadores mediáticos (a los que la clase urbana ABC1 llama periodistas), por ejemplo 

LaNación



 Clarín


El Cronista



En los próximos días se acomoda la interna del FPV de cara a las PASO nacionales, y todo siguiendo la música de la directora de orquesta, que no escucha los sutiles y diplomáticos consejos de Contradicto sino que hace lo que hay que hacer: pone orden.

Pero esto no termina allí, los efectos de la droga que Magnetto y Mitre distribuyen entre sus círculos llegan a extremos como este

  
que lo único que demuestra es que no tienen la más incolora idea de lo que la realidad le marca todos los días frente a los ojos y no pueden ajustarse a un análisis por fuera del microclima de trasnoche alcohólica en alguna mesa de Palermo Hollywood.

Lo repetimos para quien no lo haya entendido: CFK conduce al FPV con un nivel de aceptación y robustez pocas veces visto en la política argentina reciente para un final de mandato y ese liderazgo garantiza una transición hacia la presidencia de Scioli* absolutamente ordenada y prolija. 

Le queda al futuro presidente elegir entre disciplinarse al norte nacional y popular cristalizado en los últimos 12 años o patear el tablero y quitarse el sayo kirchnerista, sabiendo que si elige lo primero su adversario será el poder concentrado que snifa lo mismo que vende, y si elige lo segundo tendrá enfrente a la líder política más sagaz y robusta del último siglo.

*Florencio desde estas páginas nuestro más contenedor y amigable abrazo por tu heroico papel como ánodo de sacrificio político del presente. La marcha de SanLorenzo kirchnerista te tendrá en sus versos como nuestro honroso Sargento Cabral.

Alegría compañeros, Cristina Conduce.

viernes, 1 de mayo de 2015

Un partido ahí, a la derecha


Materia para politólogos hechos y derechos, que los tenemos y buenos.

Desde acá, sólo por el olfato.

Creo que asistimos a un proceso inédito e inesperado en el escenario político argentino. Nuestra derecha, que durante 160 años gobernó desde algún tipo de violencia, al principio desde la coacción patronal del voto cantado y el documento en poder del capanga, luego con la violencia de los tanques en la plaza y los militares en la Rosada y finalmente con la violencia sanguinaria de torturas, secuestros y desapariciones, empieza a encauzarse y someterse al discreto encantamiento de las urnas.

Será que los globos amarillos, la música pegadiza, el bailecito de Mauricio son el preanuncio, la fiesta inaugural, de ese partido único de derecha que tardó 160 años y decenas de miles de hermanos argentinos muertos, desde Dorrego, pasando por los muertos de la Revolución del 90, la Patagonia Trágica, los fusilamientos en los basurales de José León Suárez, la Revolución Libertadora y la Revolución Argentina, hasta Julio López?

Pues en tal caso sería una de las mejores noticias desde el Juicio a las Juntas ponele, mejor que haber pagado la deuda externa, mejor que haber salido sanos y más o menos salvos del 2001, mejor que Yaciretá y Atucha.

Una derecha que le cree a la democracia, que se prepara para competir pacíficamente, que en lugar de mandar soldados a apretar el percutor manda juventudes NBS rubias y regordetas a apretar el persuasor, que arma focusgroups con la guita de los factores de poder, ponchadas de mangos para imprimir afiches prolijitos lindos amarillos Arial tamaño 128 que digan el nombre del candidato dos apellidos de ocasión, ese que va a salir en la tele con la cara del mejor yerno del universo, hablando con las abuelas que toman sol en la plaza y extrañan al Almirante, todos cansados de esta izquierda corrupta, populista y despilfarradora.

Que la derecha entre al redil, que se avenga a las reglas del juego democrático y que participe en paz es como decir que la hayamos domesticado. Haberla domado no es poca cosa.

Habremos creado un régimen competitivo e inmediatamente se harán presentes los efectos secundarios beneficiosos para la sociedad: tendremos un adversario contra quien disputar. Un adversario con argumentos, propuestas y mucha guita para someterlas a debate, para marcar agenda. De este lado tendremos que estar en forma para ganar democráticamente la discusión. Inteligencia, creatividad, audacia, es decir, estar a la altura del desafío. Entrenar. Eliminar grasa y crear músculo. Músculo pensante donde lidera el que tiene las mejores ideas y el que sólo sabe pegarle al bombo, le pega al bombo. La división del trabajo en política.

Habrá que aprender a perder. Y cuando eso ocurra, doblar los esfuerzos para ganar.

Habrá que elegir entre la tesis Brienza, tratando de entender y convencer al electorado, o la tesis seisieteochista con Cynthia García como la zorra que desdeña los votos-uvas porteños porque están verdes. No necesito decir de qué lado estoy.

En corolario, una derecha democrática nos hace bien a todos. A todos. También a los que estamos del lado contrario.

Solo hay que tomar algunos recaudos. Nosotros seremos el partido de la izquierda, del cambio, del progreso. Aún cuando a nuestro interior haya derecha. Está lleno de esos partidos en todos lados y todos los momentos: hay que estar atentos porque el poder fáctico los coopta. Con prebendas, con promesas, con cargos o, lisa y llanamente, con guita.

Ya nos pasó. El Coti Nosiglia y el Chupete Manzano eran lo más revolucionario, lo más sagaz y progre por estas pampas. Uno peronista y uno radical, lo que demuestra que el proceso es políticamente atérmico. Hoy, más que empresarios, más que dueños de medios, más que ricos, ambos son enormes, silenciosos (y temibles) operadores políticos. Ambos se convirtieron en instrumentos perfectos del vaciamiento de la política que vivimos en los años 90.

Y ahora le pasa a Europa: el instituido PSOE español, que supo ser una suerte de partido progre post-franquista, hoy no ve obstáculos para aliarse con la más rancia derecha que representa el instituido PP, en contra del instituyente que representan los chicos de Podemos.

Lo mismo que el socialismo francés de Hollande o el italiano del PD. Cooptados por la oleada neoliberal que los domesticó hasta convertirlos en frase monocorde que repite como un mantra: ajuste o caos, ajuste o caos, ajuste o caos…

No nos puede pasar esa cooptación. Y eso no significa, ni mucho menos, dar rienda suelta a esa suerte de policía política que en algún momento intentó desplegarse desde algunos lugares del kirchnerismo. La vacuna anti-cooptación se construye con debate, con discusión, por caliente que sea, sin chapear y sin tirarle a nadie los cargos por la cabeza.

El kirchnerismo mejora sustancialmente cuando Brienza se pelea con 6-7-8, que cuando todos asienten con la cabeza. El kirchnerismo tiene eso. Y en el partido opositor el dedito del patrón de estancia elige al sucesor. Sutiles diferencias que nos marcan el precio y el valor de la democracia.

Y que demuestran que Cristina entiende que es posible sucederse por un candidato que está a la derecha. Esta sociedad estaba tirando cascotes en diciembre de 2001 y hoy reclama el aumento del mínimo no imponible de ganancias. La pantalla cambió y  la sociedad se corre a la derecha. CFK creé que es factible acompañarla. Hacerlo sin dejar de tensar la cuerda de la redistribución progresiva del ingreso.

También habría que preguntarse cuánto le debe este nuevo escenario electoral a quienes militaron fervientemente las políticas de Memoria, Verdad y Justicia.

Mientras tanto, que sea Macri el sujeto fundante de este nuevo escenario es la paradoja que le reservamos como época a los libros de Historia bajo un texto como el siguiente: “El Partido de Derecha en Argentina fue fundado por un señor que no podía hilar tres frases seguidas, al menos sin que la cuarta fuera ‘necesito vacaciones’”.

Señales de un nuevo tiempo. Como la llegada de la primavera, empecemos a bajar de peso.

Y que gane el mejor.

jueves, 30 de abril de 2015

Caliente



milonga linda, chiquita
bien empilchada o rasposa

caliente como baldosa
que le da el sol de verano
caliente como aquel tano
que lo afanaron de bute

como al loco farabute
que dijo macho y dio el grito
caliente como Benito
pintando a Pedro Mendoza

caliente como leona
que le llevan los cachorros
cuando apuntados por chorros
los alza la policía

dijo alguien y sabía
sin ser muy inteligente
que la vieja siempre es vieja
cuando está el fierro caliente

Aníbal Troilo



miércoles, 29 de abril de 2015

Tu peronismo o el mío



Hizo una pausa, sus pupilas se dilataron, noté un extraño brillo en sus ojos.

Pareció que iba a reprimirse, pero no. Embistió. Y me preguntó "qué es el peronismo?"

No era un turista gordo, pelirrojo y de bermudas buscando una very typical impresion.

Tampoco era un chicanero gorila, hijo de gorila, nieto de gorila, listo para volcarme un balde lleno de menemismo en la cabeza.

Parecía una pregunta genuina que buscaba una respuesta genuina.

Estábamos solos en el estaño del aquel bar, y ya era madrugada. 

Toda su fragilidad y su belleza, esa vulnerabilidad que me anula, se hizo punto focal y me explotó en las pupilas. 

Intenté alguna evasiva. Pero no pude negarme, y respondí algo que recuerdo vagamente...

El peronismo?

No es una religión. Ni mucho menos un dogma.

No es una ciencia. Ni mucho menos una filosofía.

No es una marcha, ni dedos en V, ni una liturgia decadente.

El peronismo es una acción deliberada, como un tiro libre: primero pienso dónde y cómo la voy a patear; y después la pateo.

Primero pensar. Pensar significa entender. Comprender que lo más importante, lo más gratificante, lo más fructífero, lo más digno para un hombre es el trabajo. Entender eso. Nutrirse de eso. Profesarlo.

Y luego viene la acción. Una máquina implacable de trabajar. Y de generar trabajo. Para sí. Y para otros.

Un peronista es alguien cuyo objetivo, cuya meta, es trabajar. Y crear trabajo. Más trabajo. Más digno. Más amplio.

Un peronista verdadero se revuelve en su asiento cuando alguien, cercano o lejano, no tiene trabajo. Y va a hacer algo para que ese trabajo ausente, se haga presente.

Un tío que le consigue a su sobrino su primer trabajo genuino, por simple que sea, es peronista. Aún cuando sea el tío más radical de todos. 
No es lo mismo que el que le consigue un contratito o un curro. Ese no es peronista. A lo sumo demócrata progresista, pero no peronista.

El director del hospital, el gerente de empresa, el supervisor que recibe una orden de recortar personal y esa mañana tiene una gastritis, es peronista, aún cuando no lo sepa.

El funcionario que empuja un plan de viviendas es peronista. 

El sindicalista que lo piensa 7 veces y decide un paro, suspendiendo momentáneamente el trabajo para tener más y mejor trabajo, es peronista. 
Lo que explica porque para un peronista hacer una huelga es una de las decisiones difíciles. Uno ve a los pollos sobreros amenazando paros acá y allá con una liviandad insultante y se da cuenta de que no son peronistas. Un peronista va a retorcer los argumentos hasta que lo lleven al borde del abismo y ahí dirá: “si no nos dejan otra salida, tendremos que evaluar una huelga”. Es peronista, y aunque esté haciendo lo correcto, esa noche no duerme.

El Moyano que paraba con sus compañeros del MTA cuando la desocupación arañaba el 23% era peronista. El Moyano que para porque la crema del movimiento obrero paga impuesto a los ingresos no es peronista. Porque no existe ningún circunloquio explicativo que le permita justificar de qué manera, removiendo ese impuesto, habrá más trabajo.

Aunque Moyano me cante toda la marchita a centímetros de la cara, mi grito silencioso es más profundo: no Hugo, eso no es peronismo.

Peronismo es más laburo, más genuino y más estable en las ganas, en la mente, pero especialmente en las vísceras.

Esto permite ordenar los tantos de esa vieja disputa: aunque haya sido amo y señor del partido, Menem no fue peronista. No fue peronista por Tartagal, por Cutral Co, por Gregores, por los frigoríficos entrerrianos, por los pueblos sin ferroviarios y por 1 de cada cuatro laburantes poniendo un remis o un parripollo. 
Nestor sí lo fue. Exactamente por lo contrario.

Tanto es así, que cuando un peronista se queda sin laburo, va a visitar a su viejo amigo peronista. 
Y le cuenta que está sin laburo. 
Y al amigo peronista se le atraviesa el vermú en la garganta y le dice, no te preocupes porque hablo en la fábrica y en la semana te llamo. 
Y habla en la fábrica. 
Y en la semana lo llama. 
Esto ya lo sabía un viejo peronista, y lo firmaba diciendo que “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”. Era por esto.

Coincidamos en que los que le enseñan al hijo a abrir cerraduras ajenas o implementan un Megacanje millonario son los menos, los puntos fuera de la curva. 
Finalmente, a la mayoría de los hombres la falta de laburo se nos presenta como un enorme dilema al que intentamos ponerle fin con un nuevo laburo. Porque, como decía ese viejo, “peronistas somos todos” no?...


Iba yo irrefrenable por estos senderos cuando, sorpresivamente, ella se me acercó y sentí sus labios de fuego detener mis palabras. Con un beso como brasa. 

Que luego confirmó cerca de mi oído con un “peronistas son los buenos”.



jueves, 16 de abril de 2015

Una visita a Waterloo



Me presento, soy Miguel de la Barra.

Corre diciembre de 1829 y acabamos de llegar a Bruselas después de varias semanas en barco desde el puerto de Valparaíso.

Vamos camino a París, adonde me esperan el Canciller francés, para validar mis credenciales de embajador de mi país, Chile, y eventualmente me recibirá Carlos X, ese monarca de poderes cortos que hace lo que puede para gobernar una Francia que todavía experimenta réplicas del terremoto político de 1789.

Y como nuestro objetivo es vólatil e incierto, además de la evidente verdad de que no hay muchos favores que en las actuales circunstancias Francia pueda hacerle a Chile, me consuelo pensando en que no vale la pena apurar el paso y que mucho mejor está invertido el tiempo si aprovecho mi paso por este pueblo que funge de gran capital belga para acercarme a lugares que siempre quise conocer.

Les cuento que me gusta sobremanera la historia, y en particular la historia de un brillante estratega como Napoleón Bonaparte. No lejos de aquí, unas 5 leguas al sur yace el fatídico terreno en el que el Corso encontró el fin de su carrera militar, hablo de Waterloo. No puedo desaprovechar la oportunidad para conocer ese paisaje.

Estoy muy inquieto por ir y difícilmente esta noche pueda dormir. Pero debo hacerlo, ya que mañana tengo una cita muy temprana para recoger a quien será mi guía en este paseo, un hombre al que no conozco personalmente pero que fue compañero de armas de mi finado hermano. He tomado su sugerencia y haremos el trayecto a lomo de caballo; si bien puede ser un poco más lento que un viaje en calesín o sulky, no me molesta: al contrario me moviliza poder tener una larga conversación con quien será mañana mi lazarillo.

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El día está espléndido y después de dos horas y tanto de caminata, llegamos a las planicies de Waterloo. Hace casi 15 años en este lugar se decidía la suerte de la igualdad social en Europa.

Nuestro joven continente, América, creo que por fortuna adoptó la forma republicana prácticamente en cada región.

Pero déjenme contarles un poco de nuestro guía. Si bien ya tiene cincuenta y tantos, se muestra activo y vital. Su charla hasta aquí ha sido interesantísima y puedo entender porqué mi hermano estaba subyugado por él. Sus modales, aunque denotan la frugalidad propia de una formación militar, han sido amables y tanto él como su sirviente han estado todo el tiempo preocupados por nuestra comodidad. Y me sorprende la forma en que cabalga; arriba de su caballo parece tener 20 años menos, enhiesto y seguro. 

Una vez en las praderas de Waterloo vivimos una de las experiencias que mejor recordaré en la vida. Demostró conocer el desarrollo de la batalla de un modo tan claro y preciso que parecía haber estudiado a las batallas de Napoleón en el mismísimo terreno en el que ocurrieron. Con sus indicaciones y sus gestos entendimos perfectamente cómo Bonaparte planteó su primer ataque, que parecía conducir a una victoria segura y luego nos llevó a un suspenso inenarrable cuando, con un chasquido de los dedos y señalando una lomada, hizo aparecer al prusiano Von Blücher. 

Desde allí nuestro guía criticó con esmero y gran criterio los movimientos franceses. Era hermoso y emocionante oírlo explicar sobre el terreno a Napoléon, y hasta parecía interpretar por sí mismo y contarnos el hilo de pensamiento del genio francés. Nunca olvidaré aquellas horas.

Emprendimos el regreso a Bruselas al galope en aquella hermosa tarde de verano, con nuestro guía erguido y silencioso, unos pasos adelante. Parecía que el recuerdo de un pasado glorioso, completo de victorias pero también amargo lo envolvía.

Y sin duda, también alguna lágrima corrió por sus mejillas esa tarde. 


Creo que omití decirles su nombre, disculpen. Se llamaba José de San Martín. 



domingo, 12 de abril de 2015

Idiota por metro cuadrado



Últimamente aburren mucho, pero mucho, ciertos boluditos fuertemente demandantes de consumo irónico antiK que se creen dueños de una verdad oculta, la cual atesoran con celo y les sirve para definir en su favor el debate ideológico frente a cualquier interlocutor que apenas sobrevuele un argumento oficialista.

Esta suerte de sobrinos pelotudos del @CoronelGonorrea, que no sólo pueblan twitter sino el mundo real, creen que son los dueños secretos de una kriptonita a la que recurrirán para desintegrar automáticamente al montonero que ose enfrentarlos, convirtiéndolo en una estatua de sal del tío Cámpora. La chicana suele tomar la forma “sí, todo lo que quieras, pero cómo justificás el incremento patrimonial de Cristina del cuarentafogochasimatradumil por ciento, eh? ehhh?!?!?!?! no ves que son unos chorros???”

Asunciones. Un boludo de estos casi con certeza es porteño y, descartado, cacerolero. Sufre también de otros síndromes, como creer que Fernando Bravo es un gran periodista, pero eso son problemas congénitos que se tratan en otros blogs. Es decir que el tipo está invariablemente encuadrado en el ABC1 de la ciudad de Buenos Aires.

Permiso, sigamos generalizando. Digamos que este boludo es mando medio de una multinacional privada, le encanta escuchar a Lapegüe en FM100 y vive en un departamentito de 70 metros en el barrio de Belgrano, lugar desde donde el mundo se entiende con mucha mayor facilidad. Lo que nos interesa acá es su inmueble: admitamos por un segundo que en el 2003 este muñeco ya era propietario del mismo, que no es de esos que se lo compró “a pesar del” kirchnerismo.

Según funcionarios del gobierno de Macri, en particular de su Subsecretaría de Planeamiento Urbano, el caballero en cuestión era propietario de un inmueble valuado en promedio 724 dólares por metro cuadrado, con un dólar que en diciembre de 2003 valía 2,97 $arg/usd, es decir su inmueble valía cerca de 150 mil pesos (datos tomados de páginas 34 y 39).

Asumamos que mantuvo la posesión del departamentito hasta el presente y sin contabilizar todo lo que incrementó su patrimonio por otros ingresos y adquisiciones, según la estadística de operaciones de un conocido sitio de negocios inmobiliariosde Capital Federal, el precio de los departamentos por metro cuadrado en Belgrano está en la actualidad en 2498 USD/metro, con la unidad de dólar oficial valuada en estos últimos días en 8.80 pesos, es decir que ese bulincito hoy vale 1.54 millones de pesos.

Es decir que, sin que el salame hiciera en los últimos doce años otra cosa que criticar al gobierno y asegurar la propiedad del departamentito, su patrimonio ascendió de 150 a 1540 miles de pesos, un escalofriante 922%. 

Sí, leyó bien, sin moverse de la pantalla de TN nuestro salame creé que en el incremento patrimonial de CFK se encierra la quintaesencia del deterioro moral y político argentino que escandaliza a Kovadloff y a Nelson Castro.

Nota: ahora, si quiere, súmele los ingresos salariales de un presidente durante los últimos 11 y pico de años, más un sueldo de diputado (para CFK primero y luego para Néstor durante un lapso) y mantengámosle las manos atadas a Máximo para que no pueda perfeccionar ninguna venta ni contrato durante el período y vemos de que estamos hablando.