viernes, 21 de agosto de 2015

Timetes el Débil



Vamos a postear poco y nada sobre Grecia para decir que lo que finalmente ocurrió, quizás también le pudo pasar a Varoufakis, ese personaje que suponemos ideológicamente un par de pasos a la izquierda de Tsipras.

Creemos que la explicación en el resultado es que nadie en Syriza entonces (y lamentablemente pocos HOY) entienden la verdadera naturaleza del adversario q enfrentaban.

Que no era un ministro de finanzas alemán discapacitado y perverso, tan perfecto para una película de Mel Brooks; el enemigo era (y es) el bloque de poder financiero que gobierna el planeta desde masomeno Reagan / Thatcher.

Cuando se enfrenta a esos muñecos uno tiene que estar dispuesto a jugar todas las cartas, sin escrúpulos. Ese purismo pan-europeísta, casi dogmático, ese "nuestro pueblo votó no al ajuste, pero si a la eurozona" sólo acusa hasta dónde llegan tus cartas. Y te auto-limita. Definir tus fronteras, en una negociación como esa, sólo sirve para abrir un flanco en tu defensa. Hasta allí te llevará el adversario.

Tanto Tsipras como Varoufakis insistieron con la tesis "no nos vamos del euro". Y lo siguen haciendo. El plan que Varoufakis mostró como su alternativa una vez renunciado, también se apoyó en la tesis "seguimos en la eurozona y repartimos papelitos".

Finalmente, quien verdaderamente los estuvo bluffeando durante todas las negociaciones fue Schauble (ese ministro inventado por Antonio Gasalla), que llegó al punto de "filtrar" que "su preferencia" era la salida griega (el temido Grexit), como diciendo "hasta eso tengo contemplado".

Acá seguimos pensando lo mismo: el mayor perjudicado en un escenario de divorcio entre Grecia y la Eurozona hubiera sido Merkel, quien no hubiera podido revertir el efecto dominó en la alicaída Europa mediterránea.

Quizás lo aprendimos de Néstor: cuando negociás con el mayor (y más perverso) poder de tu tiempo no hay lugar para pruritos ni purezas. Cualquier prejuicio, cualquier límite, cualquier non-plus-ultra que uno se imponga opera sólo como debilidad propia. Como esa debilidad que mostró Timetes, cuando cedió la puerta de Troya para la entrada del Caballo de Madera.