
En algún lugar de nuestro Olimpo, Lucas le presenta una batalla titánica al dolor y a la muerte. Una cohorte de médicos y enfermeras lo asisten y tratan de protegerlo, pero Lucas sabe que su lucha es la que se da en soledad.
A Lucas le han sugerido la visita y el consuelo de un sacerdote, del representante de algún dios que lo ayude a mitigar sus miedos y angustias y quizás, a prepararlo para un desenlace amargo.
Pero Lucas se ha negado. Ha rechazado la oferta porque es un Titán. Un Titán que, como Prometeo, no dudaría en poner en ridículo a Zeus para demostrarle que lo que hace es caprichoso e injusto.
Zeus castigó a Prometeo valiéndose de su inmortalidad. Lo ató al Cáucaso y envió cada día un águila que le comía el hígado, que volvería a crecerle la noche siguiente. Tal era la perversión de Zeus. Tal es la perversión de un dios que somete a Lucas a los dolores atroces de un cáncer intestinal a tan temprana edad.
Pero Lucas, como Prometeo, es un Titán inmortal y está esperando el paso del gran Hércules, de camino hacia el jardín de las Hespérides, para que mate al águila de un único y certero flechazo.
Lucas y yo creemos en otras divinidades: en su padre, en su novia Candela, en sus hermanos y sus amigos. Lucas y yo creemos que los dioses y titanes somos nosotros.
Lucas y yo creemos que Zeus está acabado y probablemente muerto.
A Lucas le han sugerido la visita y el consuelo de un sacerdote, del representante de algún dios que lo ayude a mitigar sus miedos y angustias y quizás, a prepararlo para un desenlace amargo.
Pero Lucas se ha negado. Ha rechazado la oferta porque es un Titán. Un Titán que, como Prometeo, no dudaría en poner en ridículo a Zeus para demostrarle que lo que hace es caprichoso e injusto.
Zeus castigó a Prometeo valiéndose de su inmortalidad. Lo ató al Cáucaso y envió cada día un águila que le comía el hígado, que volvería a crecerle la noche siguiente. Tal era la perversión de Zeus. Tal es la perversión de un dios que somete a Lucas a los dolores atroces de un cáncer intestinal a tan temprana edad.
Pero Lucas, como Prometeo, es un Titán inmortal y está esperando el paso del gran Hércules, de camino hacia el jardín de las Hespérides, para que mate al águila de un único y certero flechazo.
Lucas y yo creemos en otras divinidades: en su padre, en su novia Candela, en sus hermanos y sus amigos. Lucas y yo creemos que los dioses y titanes somos nosotros.
Lucas y yo creemos que Zeus está acabado y probablemente muerto.
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