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jueves, 20 de enero de 2011

Aburrido? Agarra la play...



  • De las Tope&Quartet, las que más me gustaban eran las de autos.

  • Para mi cumple de 5 pedí el disco de Gaby, Fofó y Miliki. Mi tío no lo consiguió y me trajo El Libro Gordo de Petete. Esa vez Osvaldo cayó un par de peldaños, hasta que 10 años más tarde me llevó a debutar a un puterío lindísimo en la calle Santiago del Estero, en Mar del Plata (sí, mi tío creía que tenía que cumplir su deber de tío, y qué?).

  • Le devolví el favor después de otros 10 años, cuando lo invité al Super Domo a ver a Serrat. Saqué fila 6 y Osvaldo lloró toda la noche.

  • 10 años más tarde le tocaba el favor a él. Me falló, pero tenía buenos motivos: se lo había llevado la muerte unos meses antes.

  • Al Cerebro Mágico le agarré la mano en un día. Me aprendí cuál contacto iba con cuál y al día siguiente ya me aburría. Mi viejo debe haber gastado bastante y puteado un poco más.

  • Nunca tuve un Matchbox

  • Ni un Duravit.

  • Anteojito o Billiken?... Anteojito. La mejor página era la segunda, con notitas de color muy pelotudas que se suponía que eran "noticias infantiles". Mi viejo me lo traía una vez por quincena y era una fiesta.

  • Rasti o Mis Ladrillos? Rasti, porque venía con el motorcito eléctrico (yo nunca lo tuve, se lo mangueaba a Daniel, mi vecino).

  • Las pistolas a cebita te divertían un rato, pero no mucho.

  • Mis viejos estaban construyendo la casa y venía de cuando en cuando el camión con arena. En esa montaña de arena armábamos los juegos con soldaditos y un día hasta hicimos un volcán: agujero en la cima y adentro papel de diario en llamas al que le echábamos un poco de agua para que largase humo. Nos merecíamos la patada en el orto que nos colocó mi viejo.

  • Meteoro era el mejor dibujito y Heidi el peor, lejos. Pero la palabra “manga” no existía.

  • El Pocketeers era medio pelotudo, llegó con la importación de Martinez de Hoz: había uno solo piola donde había que mover un autito en un recorrido urbano. Hoy apenas puedo con mi celular.

  • Playmobil? Olvidate, carísimos. Mi mejor amigo de la primaria tenía los padres separados (todo un tema en esa época). El viejo vivía en Venezuela y venía dos veces por año. En una de esas visitas le trajo el barco pirata del Playmobil. Creo que al final de ese verano la madre me detestaba por hinchapelotas. Lo dejamos chiquitito.

  • Lego?!?! Vos estás en pedo…?

  • El olor del cuero del portafolio recién comprado era único. Todavía hoy, apenas lo huelo, voy transportado automáticamente a ese patio gigante de la Escuela 16, a armar un pan-y-queso para elegir los equipos y jugar al fútbol con una pelota de medias que en el corazón tenía una piña de pino. Los pinos eran otro aliado: sombra y perfume a resina.

  • En mi grado convivíamos todos: estaba Mabelita, la hija del empleado de la gomería, la misma ropita limpia y prolija todos los días. Y estaba el polaco Vojse (Wojsenchuk o algo así), al que lo dejaba la estirada de la madre en un BMW segunda mano y se volvía a la tarde solito en la kombi. Ir a la casa del polaco Vosje era una aventura: fue el primero que tuvo televisor color (antes del mundial 78) y el primero en comprar las boludeces que empezaron a llegar con la plata dulce . Pero lo que más tenía Vosje eran quilombos en la saviola y problemas de conducta: el padre no pintaba nunca y a la madre los patitos le fallaban. Me parece que venían de Buenos Aires escapándole a los acreedores. Gente rara.

  • Pero lo que más había en mi grado era clase media de esa argentina, tirando a baja. Mucha. Muchísima. A los milicos les pareció demasiada.



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