Voy a oficiar de “abogado del diablo”. Con objetivos no demasiado trascendentes, sino apuntando solamente a lo que tiene que ver con la decisión de AFA de no renovar su vínculo con Maradona (y algunas otras cositas, tal vez, conexas).
La Argentina quedó afuera del Mundial en cuartos de final. La campaña es aceptable, podríamos decir, pero no llega a buena. Un sorteo benéfico en primera ronda permite que el cálculo de puntajes y diferencia de gol nos ubique en un ficticio 5º puesto. Sumando más que equipos que terminaron por encima, como Uruguay. Pero bueno, el reglamento del Mundial es ese: vale más un empate en cuartos de final que ganar 4 a 1 en primera ronda.
Hasta ahí todo bien. Se perdió con Alemania, después de todo. El resultado, sin embargo, fue abultado. Y un poquito avergonzante para una selección como la Argentina (que no se comía 4 goles en un Mundial desde 1974, situación que derivó, en aquel entonces, en una revolución al interior de AFA).
En cuanto al “cómo”, coincido con los que dicen que no había argumentos futbolísticos suficientes para hacer una defensa cerrada de Maradona. Teníamos la posibilidad histórica de armar el mejor plantel (probablemente) de la historia argentina. Maradona, sin embargo, tuvo dificultades para forjar una idea propia de juego y sostenerla. Algunos de sus cambios de criterio desorientaron hasta al propio entrenador.
Maradona es Maradona, sin embargo, y a él siempre se le puede perdonar un poquito más. Lo que no se puede hacer es negar que se perdió y de una forma dolorosa.
Maradona, en cambio, optó por actuar como si se hubiera ganado. Y (peor) quiso obligar a los demás a que actuaran como si hubiera ganado.
Primero diciendo que tenía que consultar con su familia si seguía o no (debió haber puesto su renuncia a disposición, a mi modo de ver). Después, no atendiendo el teléfono de los que lo llamaban para charlar sobre su continuidad. O postergando reuniones para atender otros compromisos. Y finalmente, diciendo que si le tocaban al utilero y al masajista se iba, cosa que está perfecta, pero se lo debía comunicar primero a Grondona (que mal que nos pese es el titular de la AFA elegido casi por unanimidad), y después a sus amigos ocasionales que trabajan en los medios (y que, casualmente, son voceros de los enemigos de Grondona).
La verdad es que si alguien quiere mantener un mínimo de autoridad, en esas condiciones, no le queda otra que no darle continuidad al técnico.
Y es lo que Grondona decidió.
Se le achaca la forma. Se dice que debió haber respetado la trayectoria de Maradona, diciéndole la “verdad”. Que es una tomada de pelo que le haya cuestionado el cuerpo técnico entero (explícitamente incluidos el utilero y el masajista). Ahora, ¿por qué pedirle a Grondona que diga la verdad que nadie dice?
¿Por qué Grondona debía asumir directamente y a cara descubierta el costo político de echar a un Maradona que se echó solo? ¿Por qué darle pie a la masividad de los reclamos que se hicieron de todos modos (con poca trascendencia) frente a la AFA, con gente “autoconvocada”?
En este caso, Grondona desactivó la bomba política, haciendo política. ¿Tenía que hacerles un favor a sus detractores para dejarlos contentos ofreciendo su vulnerabilidad?
La decisión de no renovar el contrato de Maradona surgió del voto unánime del pleno del comité de AFA. Y esto da pie, lógico, a que se hable de actitudes genuflexas, del famoso y renombrado “sí julismo” que impera en AFA. Hasta donde yo sabía era un mérito del conductor forjar estructuras de poder férreas que le permitan mantener el poder. ¿Debería Grondona abstenerse de hacerlo?
Seguramente ahora va a empezar una casa de brujas periodística contra algunos dirigentes “genuflexos”. Los que hablan mal, se comen las eses, son desalineados: Noray Nakis, Savino, Meiszner, principalmente. Tal vez Luis Segura (que algo ya ligó).
Y algunos otros (como Raffaini, el de Vélez), ensayarán alguna declaración frente a los medios tomando distancia (aunque a la hora de la verdad votan igual que los otros). Tienen labia, son prolijos, son abogados exitosos, jóvenes y pintones. Les quedan 40 años por delante, no van a quedar pegados con una estructura que tiene un horizonte de, a lo sumo, 10. Son el futuro de la AFA.
Y tienen derecho a hacer política. El mismo derecho que todos. Todos. Los que nos gustan y los que no.