lunes, 25 de mayo de 2015

Cuaderno de Notas II


A riesgo de asimilarnos a Chauncey Gardiner, el inefable “jardinero” de la novela de Jerzy Kosinski, es pertinente elegir la metáfora botánica. Lo hemos hecho antes, pero según Mirtha el público se renueva.

Crear condiciones de desarrollo aceptables y sustentables para un país semi-industrializado como el nuestro es una tarea muy parecida a la de un buen jardinero.

Nuestra producción, nuestras especies, son inicialmente brotes vulnerables e indefensos. Necesitamos defenderlos y esta es una tarea activa, deliberada y en lo posible, planificada. Aquí aparecen las primeras disidencias con las teorías ortodoxas, que desde otras geografías y otras historias omiten toda dependencia de su presente con su pasado y nos proponen como solución mágica que hagamos lo mismo que ellos hacen ahora, soslayando (inocentemente?) lo que ellos hicieron antes. Ilógico.

Nuestros brotes, nuestros primeros y frágiles plantines requieren algunas condiciones que nadie discutiría en un vivero: por ejemplo disminuir la agresividad exógena que representan las inclemencias meteorológicas; pero también minimizar la agresividad endógena que representan especies existentes en el entorno, ya desarrolladas, que compiten por los mismos recursos que nuestras especies objetivo: es improbable que una especie incipiente subsista si tiene, desde su partida, que competir con arbustos y malezas expertos en obtener recursos.

Así, podría decirse que la creación de un invernadero, un vivero cubierto, que permita la entrada de grandes dosis de luz pero no el sol directo que podría quemar plantines jóvenes, que sea una barrera resistente a los eventuales vientos y tormentas que podrían ocurrir al exterior de sus membranas, que genere condiciones de ventilación, humedad y temperatura óptimas para el círculo virtuoso de la fotosíntesis.

Este invernadero es, en nuestra sencilla metáfora, la infraestructura provista por las reglas y políticas MACROeconómicas del modelo. El trabajo del Ministro de Economía, que en rigor podría denominarse Ministro de Políticas Macroeconómicas, es atender y promover condiciones para que ese microclima que se creó al interior del vivero, se sostenga en el tiempo. Y, no menor, ir leyendo los sucesos en el exterior para actuar preventivamente (correctivamente si la lectura no fue acertada, o si el fenómeno tiene la urgencia de la catástrofe) en el interior: si la lluvia y la humedad en el exterior se prolongan inesperadamente, convendrá airear, “secar” el interior durante ese lapso. O al revés.

Kicillof y su equipo, por personalizarlo, serán encargado del mantenimiento de ese vivero. Diseñar el sistema de riego, la ventilación, la estructura portante, las características de la membrana protectiva, etcétera.

Si se presta atención, no hemos hablado sobre tareas específicas sobre los productos (plantas, plantines, germinaciones) de nuestro vivero. Si sólo atendiéramos a la creación y construcción del invernadero propiamente dicho, dejando que en su interior la producción ocurriera de manera autónoma y descontrolada, lo más probable es que nuestra sorpresa y decepción fuera instantánea en cualquier visita posterior: especies inútiles y probablemente viciadas, dueñas de las mejores áreas y recursos, ausencia de especies nuevas que no pudieron subsistir, yuyos, maleza improductiva y un largo etcétera. Lo sabemos: también es posible crear un terreno baldío al interior de un avanzado y desarrollado invernadero. Será porque no nos hemos preocupado por las tareas productivas que, siendo “menores”, son esenciales y específicas.

Los jardineros y botanistas recorriendo el interior del vivero son tan (o más) importantes que el encargado de mantenimiento de la infraestructura. Elegir las especies sobre las que se brindarán los máximos cuidados y se convertirán en las protagonistas de nuestra producción futura (nuestras “orquídeas”), darles espacio y condiciones mínimas a las que surgen naturalmente y se venden con facilidad (nuestras “vacas lecheras”), dedicarles tiempo y pensamiento a las que no sabemos cómo se comportarán (nuestras “incógnitas”) y actuar decididamente eliminando especies amenazantes que generen competencia ociosa por recursos.

En la entrada anterior lo anticipábamos: no hemos emprendido después de 12 años esta tarea medular con dedicación y ahínco. Se llama MICROeconomía. Otros le dicen política industrial (horizontal o vertical, no es momento de rigurosidades). Debería ser llevada adelante de manera coordinada, pero con mascarón de proa en el Ministerio de Industria.

Es imprescindible empezar esta tarea cuanto antes: nuestro pasado alcohólico no nos permitiría pasar por una nueva frustración. Los enormes esfuerzos que la sociedad en su conjunto ha realizado para crear y sostener con éxito el invernadero presente no nos habilitan a sentarnos a descansar. Lo más importante está por venir. Y no estamos preparados para una futura decepción. No le vamos a regalar ese escenario a los enemigos de siempre.

Vale subrayarlo: no es un trabajo neutral. Nada que atemorice al kirchnerismo, que ya tiene el cuero duro y resistente de disciplinar a los que hace décadas hacían lo que les venía en gana. Significará disciplinar actores que hasta el momento no han sido interpelados. Es una cancha donde el kirchnerismo se desenvuelve con presteza.

No es menor. Está en juego el país de nuestros hijos y nietos. 

Es hora de arremangarse y llenarse las manos de tierra. Y es ahora.