martes, 16 de febrero de 2016

Cuentos. Y voluntades.



Los historiadores Suetonio y Dion Casio fueron los cronistas más cercanos, a ellos debemos los relatos de la siguiente historia:

Cuentan que Incitatus había nacido en la provincia Hispánica y fue instruido y entrenado para convertirse en un gran corredor, un glorioso campeón.

Cuentan que en pocos años su fama creció de manera tal que su nombre pronto llegó a los oídos de otro aficionado a las carreras, nada menos que el Emperador Romano, quien lo convocó para conocerlo y gozar de sus servicios.

Cuentan que al verlo, el Emperador quedó deslumbrado. Y que esa amistad perduraría muchos años.

Cuentan que su llegada a Roma fue triunfal y su estadía transitó por los máximos lujos y placeres de los que un campeón podía disfrutar. Que el Emperador le construyó una posada de mármol con un pesebre de marfil, pero luego amplió su generosidad y le regaló toda una villa con jardines y 18 sirvientes.

Cuentan que sus sábanas eran, como la toga imperial, de color púrpura, un color que sólo se conseguía mediante el Caracol Púnico, por el que cientos de buzos recolectores esclavos dejaban su vida cada año en Cártago.

Cuentan también que llevaba collares de perlas y que prefería alimentarse con copos de avena. Y que bebía el mejor vino y la mejor miel del Imperio. 

Cuentan que su hembra no era de su raza, se llamaba Penélope y era una hermosa mujer romana que el emperador había elegido para él.

Cuentan que la noche previa a cada carrera, el Emperador decretaba el silencio absoluto a una milla a la redonda de donde Incitatus dormía, castigando con pena de muerte a quien rompiera esa paz.

Cuenta también Suetonio que después de algunas temporadas el Emperador decidió que Incitatus debía ser nombrado Senador. Y cuentan que esto causó un enorme estupor entre los Senadores ya que nunca en la historia del Senado, estos hombres habían tenido por colega a un caballo; que si no lo hemos dicho hasta aquí, Incitatus era un equino.

Y cuentan que después de algunas vociferaciones y reclamos, Incitatus fue nombrado Senador con los mismos honores y derechos que sus pares. En tanto Calígula, el Emperador, se vanagloriaba frente al cuerpo de ancianos dicéndoles “En política, TODO es posible. TODO es posible. Sólo depende de la voluntad”.

Cuentan que un par de milenios después y muy lejos de allí, otro Emperador pensó algo demasiado parecido. Pero aseguran que no contó con las suficientes voluntades como para llevarlo adelante.

Eso sí, cuentan que no se privó de nombrar a un sospechado de delincuente al frente del tesoro. Y a una banda de dudosas credenciales a controlar y gestionar los bienes más preciados del Imperio.


Se confirman las palabras de aquel Emperador: TODO es posible, depende de la voluntad. De LAS VOLUNTADES, agreguemos.