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lunes, 13 de julio de 2009

Versos y noticias




El señor de la foto es José Manuel González-Páramo, integrante del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE). Ayer se publicó un reportaje en el diario madrileño El País, que es interesante por algunas de las opiniones que González-Páramo expone allí.


Los señores de la otra foto son desocupados.



Este funcionario del segundo banco central del mundo, por el volumen de la economía en la que actúa, hace cumplido honor a la segunda parte de su apellido. Según la Real Academia, páramo es "1. m. Terreno yermo, raso y desabrigado. 2. m. Lugar sumamente frío y desamparado."

Quien recorra con cierta frecuencia los blogs económicos argentinos sabe que no faltan los entusiastas a quienes un par de días de bolsas en alza los convencen de que la crisis mundial es cosa del pasado (aquí no se ponen enlaces para no mostrar a nadie con el dedo; el que quiera polemizar en favor de esas ilusiones, lo hace asumiendo el riesgo).



Páramo nos dice algo muy distinto. La economía, en su opinión, es un "terreno yermo, raso y desabrigado". A la pregunta del periodista responde:



– ¿El BCE percibe síntomas de recuperación en Europa?


– El último trimestre de 2008 y el primero de 2009 han sido excepcionalmente negativos y las previsiones son que en los próximos las tasas negativas se reducirán. Algunos países tendrán crecimiento positivo a partir de junio de 2010, pero todo está rodeado de una gran incertidumbre.



Obsérvese que el señor Páramo nos anuncia que en los próximos trimestres "las tasas negativas se reducirán". En castellano de la calle, eso quiere decir que va a seguir cayendo la economía, pero no tan rápido como se hundió durante los últimos nueve meses. Le preguntan por Europa, pero está claro que su "parámico" pronóstico coincide con las previsiones que los economistas de los países centrales hacen sobre los EE.UU. Y quien habla de Europa y los EE.UU. está hablando de la economía mundial.

De paso, el señor Páramo responde, sin conocerlos, a los economistas, periodistas especializados y blogueros económicos que se empeñan en desconocer el panorama económico mundial y el de los países vecinos, para adjudicar toda, completa y absoluta responsabilidad de las dificultades económicas en la Argentina a las políticas seguidas desde 2002. Naturalmente, a la cabeza de la fila se encuentra un charlatán como Cachanovsky, quien engalana con sus idioteces las páginas de La Nación. Pero detrás de este abanderado se encolumnan legiones de curanderos dispuestos a presentar sus recetas para la cura de todos los males económicos argentinos.



Lo notable es que Páramo, miembro del BCE desde hace cinco años y, por lo tanto, partícipe necesario en la banda de criminales que prepararon la crisis mundial, no saca mayores enseñanzas de sus errores pasados. Sólo el mayor realismo para leer la realidad económica internacional lo separa de nuestros compatriotas. Por lo demás, es igualmente negado para comprender las raíces del desastre.



Ante la pregunta sobre la forma en que España podría salir de la crisis actual, Páramo vuelve a la fórmula ya abundantemente aplicada durante más de treinta años: "El mercado de trabajo necesita mucha más flexibilidad". Nuevamente, hay que traducir al castellano de la calle: hay que explotar al máximo a la fuerza de trabajo. Páramo fundamente su receta con algunos balbuceos acerca de la necesidad de aumentar la "productividad".


Seamos castizos en la respuesta: gilipolleces, mamón. Si los habituales turistas que alimentan el principal sector de la economía hispana no tienen plata para irse de viaje, no importa cuánto aumentes la "productividad", porque lo mismo no tendrán plata. Reventando a los trabajadores, mamón, lo único que conseguirás es empeorar una de las causas de la crisis mundial (y de la española): la incapacidad del consumo de los trabajadores para absorber la mayor cantidad de productos que permiten los aumentos de productividad. No seas gilipollas, tío.


La monserga de la flexibilidad laboral tiene su correlato en nuestros entrañables lobbistas de la devaluación. Compiten entre sí para ver quién la tiene más grande (la propuesta de devaluación, claro). Rezongan que ir manteniendo el tipo de cambio real gradualmente es insuficiente y traba nuestras exportaciones. Lo que ninguno de ellos puede explicar es 1) cuánto mide, demostrado con números, el atraso del tipo de cambio respecto del real o del euro, para poner como ejemplo a los principales compradores de productos argentinos; 2) si la demanda mundial no está en condiciones de absorber los productos , de qué serviría bajar sus costos. Para intentar algún comienzo tímido de explicación, deberían dar cuenta de la baja de las colocaciones externas de Brasil, por ejemplo, en los rubros coincidentes con los de las exportaciones argentinas. No lo hacen, porque saben o sospechan que es inútil intentarlo. Porque saben o sospechan que de lo único que se trata es de bajar los salarios, sin ningún provecho para la producción nacional, pero mucho para las ganancias empresarias.


Gracias, don Páramo. Usted es un buen caso testigo para medir a nuestros propios especialistas. En las diferencias y en las coincidencias con ellos.