
Algo debe haber pasado en el medio.
A la mañana, la noticia era que se había levantado el corte de la 9 de julio. Y la vergüenza era que el Gobierno hubiera esperado tanto tiempo para ceder y ponerse de acuerdo (en ese orden) con las "organizaciones sociales".
A la noche, en cambio, Silvestre se indignaba por la forma en que los grupos piqueteros se financiaban, cobrándoles una "cuota" a los beneficiarios de planes (que va desde los 5 pesos, reconocida por los propios dirigentes). Y la vergüenza era que el Gobierno haya capitulado ante "las presiones de estas estructuras burocráticas que se aprovechan de las necesidades de los humildes".
Ahora, el debate es: ¿son necesarias las "estructuras burocráticas"? ¿ejercen el rol organizativo, que potencia colectivamente expresiones individuales que sin contención organizativa se manifestarían dispersas y por eso débiles? Porque si realmente son necesarias (aunque fuera como participantes activos de disputas corporativas), de alguna forma deben financiarse.
Podemos pegarle una ojeada a cómo funcionan otras "estructuras burocráticas", como los sindicatos, o (por qué no?) las asociaciones empresarias, y comparar.
Los sindicatos financian su imprescindible actividad con el aporte de sus representados. De esta forma mantienen en funcionamiento una estructura que consigue que se pauten condiciones laborales colectivas con la patronal (para darse cuenta de que son mejores para los empleados que lo que sería la media, si las condiciones se pautaran individualmente, basta con mirar el circuito del empleo en negro).
La asociaciones empresarias, por su parte, tienen roles muy diversos. Representan a la patronal en paritarias, organizan reuniones, coloquios, y demás, a los que invitan a personalidades "caras" (sí, a las que tienen que pagarles fortunas por hablar media horita), hacen lobby ferozmente, efectivizan el pago de retornos y se cargan al hombro las negociaciones con algunos funcionarios, eluden multas y controles, ponen a disposición de sus representados cuerpos de abogados y contadores avezados en un servicio muy valorado en el rubro: la evasión impositiva (a la que le asignan nombres muy elegantes, como consultoría tributaria, por ejemplo), "encuadran" (epa! clientelistas) a comunicadores sociales y referentes de la prensa para que desde sus columnas diarias o sus espacios radiales o televisivos traten con benevolencia, directa o indirectamente, sus causas.
En general, una misma empresa aporta a distintas asociaciones, que cumplen funciones complementarias (algunas tienen representación segmentada al rubro de producción y servicio, otras tienen un espectro más abarcativo).
Y eso que no me quiero poner quisquilloso, porque haciendo un razonamiento sencillo, las empresas miembros de estas asociaciones financian dichas actividades con aportes que, en última instancia, retacean del presupuesto para pagos de salarios, y cargan el costo en el precio del producto que paga el consumidor.
Entonces, es cada vez más evidente que toda la crítica a las organizaciones sociales responde únicamente a prejuicios clasistas y racistas.
En la foto, "Garpani" y Méndez, un rato después de mostrarse acongojados por la pobreza, y un rato antes de incorporarse unos canapés de caviar, regados con champú francés.












