sábado, 21 de septiembre de 2013

Ángeles Instrumentales



Maaloula es un antiquísimo pueblito a unos 60 kilómetros al nordeste de Damasco, capital de Siria, nuevo foco de la cruzada libertaria norteamericana, cuyo verdadero pero solapado objetivo yace en las napas subterráneas negras y aceitosas del sur iraní.

Maaloula es un hermoso paraje con características únicas: sus antecedentes culturales e históricos lo ponen en una lista de espera de UNESCO, para que la designe Patrimonio Histórico de la Humanidad. Además de ser el lugar donde se erigen los dos más antiguos monasterios cristianos de los que se tenga registro: Mar Sarkis y Mar Takla.

Hasta hace poco un bello reducto donde viven las minorías cristianas de Siria y en el que los ancianos del pueblo hablan arameo, la lengua que se supone hablaba Jesús de Nazareth.

Hablaban. Hoy balbucean el idioma del miedo. Porque desde hace algunas semanas es teatro de operaciones donde las fuerzas revolucionarias de Jabhat alNusra, amparadas en su especial orografía, desplegaron su fuerzas.

Jabhat alNusra es una organización que está listada como terrorista y altamente peligrosa por el Departamento de Estado norteamericano. Esta organización no sólo está convocando a la lucha armada para derrocar a Assad. También tienen el objetivo de forzar a los no musulmanos a convertirse, o irse de ese país uni-religioso al que aspiran.

Lo que sorprende en los videos que los corresponsales de guerra de Associated Press obtienen de operaciones rebeldes es la calidad y brillo reluciente de su armamento. En especial una operación del miércoles pasado en la que los rebeldes ocuparon el hotel Safir, al tope de la montaña homónima, y desde allí, con cañones y ametralladoras a las que lo único que les faltaba era la banderita de las estrella y bastones, amedrentaron a la población civil.

En realidad nada sorprende. Obama ha avalado el armado de las fuerzas rebeldes, sin importar que el factor común que vincula a todas ellas se llama Al Qaeda, la estigmatizada organización islámica que sirvió como coartada para que Estados Unidos mantuviera sojuzgadas durante años a la Irak de las armas químicas nunca vistas, y a la Afganistán que escondía en sus montañas a Osama Bin Laden, que cada noche se iba a dormir plácidamente a Pakistán.

Los demonios de ayer.

Son ángeles instrumentales de hoy.