viernes, 22 de noviembre de 2013

El 18 Brumario



Corre octubre del 68 y estamos en Ibiúna, pequeño pueblo del estado de San Pablo. Hace 4 años que Brasil está gobernado por los militares y tiene lugar la aplicación pionera de la Doctrina de Seguridad Nacional a nivel continental. Las carnicerías de Chile y Argentina están en estado embrionario. Aquí se realiza el trigésimo Congreso de la Unión Nacional de Estudiantes, la cual había sido cerrada y luego incendiada por el régimen, en el 64.

Los estudiantes iban convirtiéndose en Brasil en la voz política de la lucha por el retorno de la democracia y el final de la dictadura. Eran la punta de un iceberg que también incluía campesinos y trabajadores, estos últimos por fuera de la burocracia sindical paulista, de carácter stalinista y regresivo.

El 12 de octubre, día de las acreditaciones, 1000 policías y miembros de la agencia de inteligencia secreta del gobierno llegan al apacible pueblito y lo cercan: 920 estudiantes, la flor y nata de la intelectualidad joven y progresista, son detenidos y obligados a subir a camiones descubiertos, tras lo cual son trasladados por las calles de los pueblos intermediarios hasta llegar a la cárcel de Tiradentes, buscando su oprobio y para mostrarle a la población quiénes eran estos “peligrosos subversivos”.

Uno de estos muchachos tenía 24 años, era estudiante de Derecho y líder en alza de la Union Estadual de Estudiantes. Su nombre era José Dirceu.

El pasado 15 de noviembre, viernes feriado en nuestro hermano por ser día de la Proclamacao de la República, un presidente del Supremo Tribunal Federal decretó la ejecución de la pena de cárcel que pesaba sobre 11 de los condenados por lo que se denominó Acción Penal 470, pero se popularizó como Mensalão, un juzgamiento de excepción llevado adelante por ese cuerpo contra funcionarios de alto rango en el primer gobierno de Lula, en el contexto de una virulenta campaña del establishment brasileño más regresivo y de los conglomerados mediáticos que articulan sus operaciones, centralmente Editorial Abril y su revista Veja, la red mediática O Globo y el matutino Folha de Sao Paulo.

No vamos a detenernos en este blog a dedicarle mucho espacio a las singulares características e irregularidades del juicio antedicho y como se llega a las condenas, Eric Nepomuceno lo describe de una manera cristalina y didáctica en esta nota en Página12. Alentamos su dedicada lectura.

Quizás el pecado del PT haya sido, en pos de una volátil gobernabilidad en minoría allá por el 2004, no quebrar con la oscura y tenebrosa tradición de mover el motor de la política brasileña a fuerza de incentivos pecuniarios, corrupción y la "caja dos" (el nombre con que se conocen las contabilidades paralelas de los partidos), para lograr mayorías en Brasilia. Nada que la virulenta derecha opositora del PSDB o el DEM no conozca al dedillo ni se encargue de alimentar (el caso Alstom en el estado de Sao Paulo y el mensalao tucano en Minas Gerais lo confirman). Pero la hipocresía en política hace escuela y siempre le pide más a los mejores.

Uno de estos hombres tiene 67 años, es un “cuadro intelectual” del Partido de los Trabajadores y fue Ministro de Casa Civil (Interior) durante el gobierno de Lula. Su nombre es José Dirceu.

Un hilo invisible une los hechos del 68 con el 2013. Se trata del odio del rancio conservadurismo brasileño hacia Carlos Marx. Y no por poner en debate su derecho a la propiedad. Sino por ser autor de esa aguda frase que dice que la historia se repite.


Lo de octubre del 68 en forma de tragedia.
Lo del pasado viernes 15 llegó en forma de farsa.