viernes, 20 de junio de 2014

"disminuir a NYC como centro financiero mundial..."



Como para no quedarse con la rigurosa y objetiva opinión de los econochantas vernáculos, que primero diseñan un sistema de salvataje y fuga de divisas para nuestras aristocracias y 10 años después apuntan con el dedito al único gobierno que propugnó un camino inverso al endeudamiento en décadas (sí, @fedesturze, a vos te hablo), se ofrece a continuación una traducción propia de la totalidad del editorial publicado ayer por el New York Times.

No compartimos muchas de las opiniones vertidas a continuación. Pero su publicación sirve para tener una idea de lo disruptiva y políticamente sesgada que ha resultado la decisión de la Corte Suprema. Léalo con calma, y para mayor comprensión, trate de ponerse por un segundo en los pantalones de los carpinteros y plomeros norteamericanos, que es a quienes está destinado este periódico.

Los juicios difíciles, se ha dicho siempre, crean leyes erróneas.

Es lo que pasó esta semana. La Corte Suprema de Estados Unidos, ignorando los pedidos de los gobiernos de numerosos países incluyendo el propio Estados Unidos, puso al mundo de reestructuración de deuda soberana de cabeza.

Y al hacerlo, la corte seguramente dañó el status de Nueva York como capital del mundo financiero. Hizo bastante improbable que países con problemas genuinos de deuda puedan reestructurar sus deudas. E incrementó el poder de los inversores –muchas veces, aunque no siempre, fondos de cobertura que compraron bonos desestimados con enormes descuentos sobre el valor nominal- para arbitrar sobre reestructuraciones necesarias.

El caso se refirió a una apelación de Argentina, un país al que la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Estados Unidos llamó, con amplias razones “un deudor recalcitrante único”. Es un país que ha hecho del default un hábito nacional en los últimos dos siglos, gatillando la pregunta de por qué alguien le sigue prestando.

Los próximos 10 días se pondrá el foco de atención en si Argentina tendrá éxito desafiando las cortes norteamericanas. El 30 de junio hay un pago de intereses programados sobre un conjunto de bonos argentinos que su gobierno quiere pagar. Pero las cortes dicen que no puede a menos que pague todo lo que debe en bonos defaulteados hace años, algo que Argentina dice que no puede ni va a hacer.

El plan de Argentina es convertir bonos sobre los que quiere pagar en nuevos bonos que no sean sujeto de legislación de la jurisdicción Nueva York.

Pero el destino de Argentina, o de sus acreedores, es lo que hace este caso importante, y quizás desastroso.
Para entender por qué, considere la forma en que los defaults soberanos y las reestructuraciones han sido gerenciadas en el pasado.

No hay equivalente a la ley de quiebra para deudores soberanos. Cuando Walter Wriston, el líder de Citibank entre 1967 y 1984 dijo “los países no quiebran”, fue interpretado significando que los países no se funden y por lo tanto no defaultean sus deudas. Pero no era eso lo que dijo.

No hay procedimiento legal para resolver las deudas de países en quiebra. No hay corte que apruebe un plan de reestructuración que barrerá algunas deudas y convertirá otras en capital, como sí lo hay para empresas.

En su lugar, ha habido un sistema algo dificultoso denominado “altamente laborioso” por Anna Gelpern profesora de derecho internacional en Georgetown. Los países en dificultades negocian con sus prestadores, antiguamente bancos y más recientemente bonistas, para reestructurar deudas. Esas reestructuraciones podrían significar reducir el monto debido, reducir la tasa de interés, extender la duración de la deuda o alguna combinación de esas tres ideas.

El FMI quedaría involucrado, aportando fondos de emergencia sujetos a reformas gubernamentales necesarias para poner al país en un camino financieramente sustentable en el futuro. Se supone que el dinero del FMI, similar a los préstamos a firmas en convocatoria de acreedores tipo “financiamiento sindicado” ranquea superior a las deudas previas.

Los bonistas pueden, y de hecho lo hacen, mantenerse fuera de la restructuración. Pero enfrentan el riesgo de que quienes acuerdan reciban pagos, mientras que ellos no reciben nada.

A veces, si hubiese un pequeño número de holdouts, el gobierno podría elegir pagarles para evitar problemas futuros. En caso opuesto, los holdouts pueden ir a la justicia. Qué jurisdicción depende de las cláusulas de los bonos. Si fuese en las cortes del país que tomó la deuda, los acreedores están en peligrosa desventaja. Pero si fuera en Nueva York los holdouts podrían normalmente obtener una orden directa del país para que pague.

El truco está en que el fallo de la justicia es usualmente inaplicable. Los países tienen inmunidad soberana sobre muchos de sus activos externos. Un país en default podría tener una embajada o una propiedad valiosa en Washington, pero queda fuera de aquellos límites.

En el caso argentino, los fondos que enjuiciaron al país han tratado, mayoritariamente en vano, de encontrar activos que se puedan retener. Trataron con éxito temporal de tener control sobre un barco argentino en Ghana, pero fue liberado.

Fue, dice la Sra. Gelpern, un “sistema informal que funcionó razonablemente bien y que ha permitido a la mayoría de los gobiernos reestructurar sus bonos a un costo más o menos razonable.”

Ahora cambió, al menos para países que emiten bonos bajo la ley de Nueva York.

La mano de los buitres ha sido reforzada enormemente. Tras el fallo de la Corte de Apelaciones de Estados Unidos Segundo Circuito, los hold-outs no pueden ser cotizados peor que aquellos que los hold-in, e incluso pueden lograr mejores términos. La Corte Suprema norteamericana ha declinado una apelación de tales fallos.

Si ese fallo puede ser exigido, puede no haber forma de reestructurar deuda soberana.

Y puede ser forzado su cumplimiento? Quizás sí.

La corte dice que el Bank of New York, agente pagador de los bonos, estaría en falta si le paga a hold-ins sin pagarle también a hold-outs. Y la corte quiere extender el criterio alrededor del planeta. Euroclear, una firma con sede en Bélgica, dice que la ley requeriría transmitir cualquier pago que un cliente ordene. Pero la justicia norteamericana dice a Euroclear que no se debe hacer eso para Argentina.

La Sra. Gelpern dice que “ahora los proveedores de servicios al mercado financiero son también agentes de cumplimiento de deuda soberana”.

Es por lo menos posible que la opinión del Segundo Circuito pudiese, en el futuro, ser usada para restringir al FMI de cualquier posición prioritaria sobre holdouts en cualquier reestructuración que ocurra.

El gobierno norteamericano le ha dicho a las instancias inferiores que esto crearía un enorme problema. Podría llevar a que los países elijan la ley inglesa en lugar de la ley de Nueva York, y de esta manera disminuir el rol de Nueva York como centro financiero mundial. Eso, dice el gobierno, podría tener un efecto detrimental en el rol sistémico del dólar norteamericano.

El fallo, agrega el gobierno, “habilitaría a un acreedor individual minoritario a bloquear la implementación de un plan de reestructuración soportado internacionalmente y por lo tanto minaría décadas de esfuerzo norteamericano dedicadas a alentar un sistema cooperativo de resolución de crisis internacionales de deuda.”

La opinión del Segundo Circuito, en boca del juez Barrington Parker, barrió tales conjeturas, sugiriendo que Argentina ha sido un deudor singularmente malo y diciendo que su cumplimiento haría de Nueva York una sede más atractiva para prestadores. Y, agregó, la mayor parte de los bonos internacionales emitidos durante la última década tienen “cláusulas de acción colectiva” que permiten que una mayoría de bonistas fuerce a los holdouts a aceptar una reestructuración, sugiriendo que el problema ya ha sido solucionando.
Países como Brasil, Francia y México le han dicho a la Corte Suprema que eso es ridículo. Primero, hay todavía montañas de bonos sin tales cláusulas. Segundo, las cláusulas de acción colectiva operan emisión por emisión. De manera que puede ser posible para holdouts comprar cantidades suficientes de una emisión para bloquear una reestructuración completa apoyada por una mayoría aplastante de acreedores.

Y entonces qué ocurriría? En un despacho sometido a la Corte Suprema, Joseph Stiglitz, profesor de la Universidad de Columbia y ex jefe de economistas del Banco Mundial, da una visión: “Sin posibilidades de reestructurar, los gobiernos que defaulteén quedarán permanentemente aislados del mercado internacional de deuda, con consecuencias adversas en el desarrollo económico y de crecimiento”

Qué pensó la Corte Suprema de esos argumentos? Evidentemente no mucho. Declinó escuchar la apelación argentina e incluso pedir opinión al gobierno de Estados Unidos.

La corte decidió un caso relacionado, pero menos importante. Esa decisión hará más fácil para los buitres forzar a Argentina a revelar información en activos que poseé en el mundo, en esperanza de encontrar los vulnerables.

Es difícil mostrar simpatía por Argentina, que eligió forzar un plan de reestructuración brutal años después de defaultear, cuando pudo haber sido más generoso. Pero es probable que esta decisión lastime países cuyos problemas financieros son mucho más serios. Llevará a que muchos de ellos traten de escapar de un sistema legal norteamericano que parece comprometido con el equivalente siglo 21 a una prisión para países deudores que sufren un desmanejo financiero opresivo.


No es la visión del juez Parker. “Creemos, dijo, que el interés en mantener el status de Nueva York como uno de los centros financieros –ampliamente compartido en la comunidad financiera- está sentada en requerir a los deudores, incluso los extranjeros, de que paguen las deudas”.


1 comentario:

lucas carrasco dijo...

NY ya estaba perdiendo poder financiero, pero en manos de los muy republicanos comunistas Chinos, que tienen la plaza financiera hoy principal del mundo. Estos pleitos menores en el capitalismo financiero globalizado no son ni nuevos ni tendrán las consecuencias que Pág12 inventa.
Es muy simple: continuarán depreciándose los salarios argentinos vía inflación para ¡llenarles la cara de dólares!
Las peleas políticas contra la Tía Fiestera del Clarín yanqui, son otro cantar y hacerse ilusiones de que esto deriva en un crak de la deuda soberana europea es sencillamente, estar chiflado