martes, 29 de septiembre de 2015

Peloponeso



Hace unos días el Primer Ministro italiano destrató al ex ministro de finanzas griego, el amigo de este blog Yanis Varoufakis.

Un destrato innecesario, un hacer ramas del arbol caído al que nuestra abuelita ya nos desalentaba. Entre otras cosas porque el comedido puede recibir una respuesta inesperada; como la que le dio Yanis Varoufakis en su blog.

La publicamos aquí, no porque nos interese esta pelea de alta peluquería (ah, no, YV es pelado!) sino porque pasa el tiempo y Varoufakis empieza a ponerle palabras a una de esas incógnitas políticas de las que sólo los protagonistas de primera mano tienen las respuestas. Y además tienen blog para publicarlas. No era el caso de San Martín y Bolívar.

Arrimémonos disimuladamente a los pasillos del poder.

El Primer Ministro italiano Matteo Renzi se ufanó de haberse "deshecho de mí" refiriéndose a mi 'eliminación de la escena' como señal de que los 'apóstatas' (los que dividen sus partidos) deben ser la carga sacrificada que se libera. La suya es una ilusión forzada. En julio pasado "ellos" se deshicieron de algo mucho más importante que yo. Aquí está mi mensaje al ministro italiano...

El Sr. Renzi me presenta como un apóstata que dejó Syriza y ahora está en el lado salvaje de la política. La verdad es más preocupante. A diferencia de muchos de mis compañeros, me mantuve fiel a la plataforma Syriza que elegimos el 25 de enero como un partido unido que trajo esperanza a los pueblos europeo y griego. Esperanza de qué? Esperanza de un final definitivo a los rescates tipo “prolonguemos y disimulemos”, que le cuestan muy caro a Europa, que condenan a Grecia a la depresión permanente y que prefiguran políticas fallidas para el resto de Europa.

¿Que pasó? Bajo presión extrema de los líderes europeos, entre ellos el Sr. Renzi (que se negó a discutir sensatamente las propuestas griegas), mi primer ministro, Alexis Tsipras fue sometido el 12 y 13 de julio a un acoso insoportable, un chantaje desnudo, a presiones inhumanas.  Renzi jugó un papel central en la destrucción moral y psicológica de Alexis, con su táctica de "policía bueno", basada en el "Si no rindes, te destruirán - por favor diles que sí".

Alexis y yo nos separamos porque no estábamos de acuerdo en si nos estaban "bluffeando" o no y de si, en todo caso, teníamos derecho moral y político a firmar un nuevo acuerdo inviable de entrega de las llaves de lo que queda del Estado griego a la despiadada troika. Eso fue, y sigue siendo, materia de desacuerdo entre Alexis y yo.

Después del desacuerdo, Alexis forzó un cambio de sentido en la política de Syriza y aceptó aquellos préstamos tipo “prolonguemos y disimulemos” (aceptándolos por primera vez en la historia de Syriza como males necesarios) y, como resultado, una gran parte de los miembros del partido decidieron que podían acompañarlo en ese camino. 

Y no era sólo el sector de la Unidad Popular el que se fue. Era gente como Tasos Koronakis, secretario del partido, yo y muchos, muchos otros, que nunca compartieron la agenda de la Unidad Popular. No éramos apóstatas - sólo camaradas que estaban en desacuerdo en que Syriza se convirtiera en el nuevo PASOK, que se negó a unirse a las filas de los partidos disidentes, como Unidad Popular, que eligieron ser prescindentes en esta triste elección parlamentaria - que no podía y no pudo producir un Parlamento capaz de implementar un programa de reformas viables para Grecia.

Volvamos al Sr. Renzi ahora.


Sr. Renzi, le tengo un mensaje: usted puede regocijarse todo lo que quiera sobre el hecho de que yo ya no sea ministro de Finanzas, ni siquiera Parlamentario. Pero usted no se deshizo de mí. Estoy vivo y coleando políticamente, ya que la gente de Italia me recnoce cuando camino por las calles de su hermoso país. 

No, de lo que se deshizo, al participar en ese golpe cobarde contra Alexis Tsipras y la democracia griega en julio pasado, fue de su propia integridad como demócrata europeo. Posiblemente también de su alma. Afortunadamente esto no es irreversible. Pero hay que hacer serias reparaciones. No puedo esperar a verlo regresar a las filas de los demócratas de Europa.