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lunes, 12 de octubre de 2009

10 de última



Introduje los dedos en los bolsillos superiores del saco, cruzándome los brazos
robé bolsillos traseros del pantalón, acercándome de espalda, tranquilo
robé el dinero guardado en el bolsillo interior de las carteras de mujer
y hasta robé el bolsillo interior del saco
en “estafas” menores, con los naipes, trabajé de informante
en hurtos basados en la prestidigitación y la confusión, me encargué de distraer con mi charla
qué puerta, qué caja fuerte, qué cajón no se me rindió
cuando robaba, ingresando en viviendas vacías, utilizando la ganzúa larga.

Pero ahora, enfermo de los pulmones
en la calle, casi muerto y abandonado como un tonto
sólo espero a la Muerte que, de paso,
me sacuda su guadañazo y me empuje al sarcófago

Le crucé el auto al personaje más rico
el truco del fajo falso y el del cambio de falsos por buenos eran mi especialidad
me defendí bien cuando me ví amenazado
sin necesidad de un abogado porque conozco los rudimentos
viví dentro del casino, me gustaban mucho los dados
me porté bien con los amigos cuando el hambré los maltrató
en las situaciones más peliagudas no me puse nervioso ni recibí una herida
y por una tontería fui condenado a Usuhaia



Y, la verdad, queda bastante shomería. Pero si lo dejás al troesma, te lo deja en lunfa, mucho mejor.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El otro país

En una de esas reuniones en las que solemos juntarnos estos cartoneros, buscando la mirada y el abrazo de otrosiguales, otrospropios, otrosnuestros, un desconocido descerrajó una pregunta que como un primer rayo quebró un cielo encapotado. Preguntó y yo sentí, no sé bien por qué, que ME preguntó: dónde están, dónde abrevan, dónde se juntan los otros. Preguntas que en realidad deberían haber caído sobre esos otros.

Pero respondí, sin ser preguntado, y hablé de dos países.

Algunas horas después me encontré a mí mismo, emocionado por una interpretación de aquella tonada que habrá gastado cabezales y púas hace un par de décadas.

Acá está. Vaya despacio.

He visto el otro país
Descalzo en el arenal
Con ojos de cunumí
Preguntándonos por la dignidad

He visto el otro país
Vestido de soledad
Durmiéndose en el andén
Sin tener a qué puerta golpear

He visto el otro país
Pidiendo la libertad
De aquellos que encarceló
Sin explicación, tanta impunidad

Lo he visto jugándose
Entero por los demás
De blancos pañuelos va
Déjenlo pasar, déjenlo pasar

Lo miré soltar su esperanza al viento
Como una pandorga de sol en vuelo
Lo miré volver del trabajo incierto
Con el puño alzado lo sigo viendo.
Lo miré pelear defendiendo un sueño
Lo miré en tus ojos, che compañero
Tan intensamente lo sigo viendo
Lo sigo viendo.

He visto el otro país
En nuestros hijos mi amor
En la tremenda ilusión
De creérmelo, de creérmelo

Me duele debo decir
En la cantora que soy
En la maestra de ayer
Una y otra vez,
una y otra vez

He visto el otro país
Buscándose el porvenir
De adolescente lo ví
Por la primavera queriéndose
En tantos vuelve a nacer

Me gusta sentirlo así
Que nadie pueda con él
Déjenlo vivir, déjenlo vivir

Lo miré soltar su esperanza al viento
Como una pandorga de sol en vuelo
Lo miré volver del trabajo incierto
Con el puño alzado lo sigo viendo.
Lo miré pelear defendiendo un sueño
Lo miré en tus ojos, che compañero
Tan intensamente lo sigo viendo
Lo sigo viendo.

He visto al otro país…

No sé. A veces me parecen extraños y ajenos los lugares que elijo para reencontrarme.



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miércoles, 19 de agosto de 2009

Dos Argentinas

Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.

Antonio Machado



Una que mira a Miami. Y si es necesario se muda a vivir allí, para seguir con “los negocios”. Para asegurar fortuna.
Otra que se queda, que entiende de raíces y permanece. Y, cuando viene la buena, se compra una mansión que no quede lejos de la casa de los viejos, allá en Valentín Alsina.

Una que intenta ser disciplinada, protocolar, prolija y bien peinada. – Un encanto de chico – dirán las potenciales suegras.
La otra que será locura y ardor. Movimientos de cintura importados que humedecen bombachas locales. Cigarrillos a escondidas de mamá.

Una que, de partida, estará del lado templado. Del lado seguro. Cantando canciones prolijas en El Club del Clan, todos los sábados. Para que después lo comente la tía Emilse.
Otra que romperá los moldes a patadas de creatividad. Jugando la apuesta de cantar rock and roll en castellano, sin miedo al ridículo. Sin perder la insolencia que lo parió.

La primera crea para conformar, para contener. Para distraer a la distraída clase media cuando los falcon verdes salen de cacería.
La segunda. La segunda rompan todo. Es rock. Es melódico. Es balada. La nota se la puso Javier Martínez: “(...) es un verdadero maestro del rock, y eso poca gente lo sabe, porque después se dedicó a otro género, que lo hace muy bien también. (...) pero fue un gran maestro para todos nosotros”

La primera, treinta años después , se travestirá a la política en su forma más obscena. Acompañando a La Rata traidora y sobreactuando una liturgia política con la mismas artes con las que engañan los vendedores de autos usados.
La segunda, treinta años después, siempre en el escenario, que es su terreno natural, realizará un recital que denominará “30 años de magia”. Sin estridencias. Deberá repetirlo en otras diecisiete oportunidades, convocando unas 60.000 cachorras: sus “nenas”. En cada oportunidad el escenario terminará cubierto de flores, de fotos, de prendas íntimas y de amor sin consumar.

Los que nos leen ya saben a quien saludamos en este día.

Feliz cumpleaños, Sandro! Y que sean muchos más!




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martes, 18 de agosto de 2009

La canción que pasó sobre los frentes de guerra

Durante la Segunda Guerra Mundial, una canción, originariamente emitida por la radio que la Wehrmacht dirigía a las tropas, logró una difusión que nada hacía esperar, dados sus modestos orígenes. Pese a la opinión adversa de los jerarcas nazis, la exigencia de los soldados hizo que la radio militar pusiera la canción todas las noches. Y, atravesando los frentes de batalla, la misma canción cautivó a los soldados de todos los ejércitos en pugna. Antes de terminar la guerra, prácticamente había versiones grabadas en todos los idiomas de los países beligerantes e, incluso, la actriz y cantante alemana antinazi Marlene Dietrich había hecho su propia versión en alemán. Aunque no fue su título original, se la conoció y se la conoce hoy día como Lilí Marleen.


La historia de esta melancólica canción muestra cómo, muchas veces, la suerte o infortunio de una obra no depende sólo de sus méritos o deméritos, sino de la forma en que se inserte en un momento determinado y responda a sentimientos profundos y ampliamente extendidos.



Un soldado alemán movilizado en la Primera Guerra Mundial, Hans Leip, escribió en el frente oriental una poesía, recordando a su novia Lili. En realidad, en los versos, la llama Lili Marleen, circunstancia que ha sido explicada de diversas maneras: que Leip sufría una forma de indecisión aguda que le hacía tener dos novias (Lili y Marleen) y recordarlas con igual nostalgia; que Marleen era una enfermera que había conocido en el frente; o que usó el nombre de la novia de un amigo para completar las sílabas de sus versos. Como quiera que sea, la añorada muchacha pasó a llamarse Lili Marleen. Pero Leip tituló a su poema Canción de un joven soldado de guardia. Con semejante título, no iba a ir muy lejos y, efectivamente, no fue muy lejos. La poesía permaneció olvidada por dos décadas.


La rescató en 1937 un músico relativamente conocido, Norbert Schultze, que le puso música a los versos de Leip, pero dio a la canción otro título: La muchacha bajo el farol, pues el poema se refería justamente a los encuentros debajo de un farol de la calle.



En 1939, grabó el tema una cantante de cabaret llamada Lale Andersen. Como había ocurrido con el poema original y con la música de Schultze, el disco tuvo poca suerte. Una de las pocas copias vendidas, sin embargo, iba a cambiar el rumbo y convertir a la canción en un éxito como pocos.



Ya en 1940, en plena guerra, un suboficial que tenía el disco se lo hizo escuchar a sus compañeros, a quienes les gustó tanto que adoptaron la canción como emblema de su compañía. Un teniente de ese grupo fue enviado al año siguiente para encargarse de la Soldatensender Belgrad, la radio militar para las tropas instalada en la Belgrado ocupada. Llevó el disco de Lale Andersen, que fue emitido por primera vez el 18 de agosto de 1941. El éxito fue instantáneo. La nostalgia de la canción tocaba directamente a los sentimientos de hombres metidos en la matanza de la guerra, que no sabían si volverían a ver a la mujer querida (o a cualquier otra mujer).




Desde todos los frentes de combate llegaron pedidos para que se repitiera la emisión de la canción, que ya todos llamaban Lili Marleen, sin la menor preocupación por su título oficial. La popularidad del tema llegó a oídos del ministro de Propaganda hitlerista, Josef Goebbels, que pidió que se lo mandaran para evaluarlo. Casi le dio un ataque; la canción era nostálgica y melancólica y el ministro la consideró nociva para la moral combatiente de las tropas. Pretendió sacarla del aire y se topó con la dura realidad: soldados, suboficiales y oficiales reclamaban todas las noches su ración de nostalgia, en la voz de Lale Andersen y los versos de Hans Leip. Goebbels no tuvo más remedio que ceder y Lili Marleen siguió sonando todas las noches en las radios militares. La que pagó el pato fue la cantante, que no pudo actuar durante nueve meses, como castigo por haber grabado la incómoda canción (también influyó en el castigo la amistad de Andersen con un artista judío).




Pero la radio no reconoce fronteras ni frentes de batalla. Las tropas aliadas también escuchaban la radio alemana y también reconocieron sus propios sentimientos en la canción. Con más pragmatismo que Goebbels, los generales anglonorteamericanos y rusos adoptaron la canción y la hicieron traducir a sus idiomas.



Así fue como Lili Marleen se convirtió en la canción más escuchada por todos los soldados de la Segunda Guerra Mundial y una de las más famosas canciones de amor en el mundo.


Para escuchar la grabación original de Lale Andersen en 1939, hacer clic aquí.


(La foto muestra una escultura que representa a la cantante Lale Andersen bajo el farol, como en la letra de la canción. Se encuentra en Langeoog, donde la intérprete vivió después de la guerra.)


martes, 26 de mayo de 2009

Civilización y Cumbia Villera


El 25 a la noche, durante el festejo del 199 aniversario de la Revolución de Mayo que organizó el Gobierno de la Ciudad en un escenario montado para tal fin en la 9 de Julio, y que incluyó la presentación de varios grupos y bandas musicales populares, el ecléctico Kevin Johansen se unió a un cartonero seguidor de este blog, Pablito Lezcano, de Damas Gratis, para interpretar una versión cumbia villera del Himno a Sarmiento.

La interpretación mereció una nota aparte en la versión online de la Tribuna de Doctrina pero nosotros nos dedicamos a darle una mirada a los comentarios de sus lectores. Destacamos a continuación algunos que nos parecieron llamativos:


Comentó "marianofavia": Estudiar, capacitarse y ser justo es la unica salida para este país para que estas cosas no vuelvan a pasar (sic).


Comentó "mondi22": Realmente vergonzante, no quiero que mi hijo crezca en un país así ni ninguno de mi familia. Totalmente una calamidad (sic) y como bien dice el comentario, totalmente transgresora a la versión original. Coincido con lo expresado por Marcelo (1), es un país bananero, por tanto ahora permitan que el Himno Nacional de cante como cumbia, La Marcha de San Lorenzo, etc. etc. Adelante Argentina! La ignorancia te invade.


Estos y otros comentarios denotan una situación de amenaza. Algo parece estar en peligro.

Nuestra mirada es la contraria. Justamente Kevin y Pablo están, consciente o inconscientemente, abriéndole a la figura del prototipo del educador argentino (en otro post discutimos cómo, por qué y en manos de quién llegó ahí) las puertas del lugar que se pretende reservado a las mayorías incultas e incorregibles de la Barbarie: la cumbia villera.

Qué es lo que está en peligro? Cuál es la amenaza en ciernes? Acaso se trata de la estructura de clases en la que sostienen sus valores republicanos y patricios?
En este blog no podemos dejar de imaginarnos, con infinita alegría, a don Domingo Faustino con tres botones de su camisola abiertos, un poco transpirado debajo de la luz de algún reflector, latita de cerveza en una mano y las dulces caderas de una morocha en la otra, disfrutando el repicar del sintetizador de Lezcano sobre el mejorado de la placita central de la Villa 31.



Manzanaaaa.....