miércoles, 24 de julio de 2013

La murga y el futuro



Empiezan a percibirse señales de retomada del camino de crecimiento e inversión con tasas altas, especialmente en sectores como Construcción e Industria. Pero deben ser leídos con mesura: faltan elementos para confirmar que volvemos a picar como en 2011.

Ante esa perspectiva, vale la pena enmarcar con más detalle el contexto y las coordenadas en que esto ocurre: miremos un poco el bosque.

Contra las predicciones voluntaristas de Atilio Borón (la izquierda tiene gurúes igual de predecibles pero el doble de aburridos que nuestros shamanes de la derecha) la Crisis Financiera de los Activos Tóxicos no fue el último estremecimiento de un Capitalismo agónico, sino más bien un sacudón con que el poder financiero internacional al mismo tiempo se sacó de encima el lastre de ciertos Estados de Bienestar europeos cuya existencia había dejado de ser funcional a sus intereses, al tiempo que reconfiguró el mapa del poder en los países que sentados sobre las reservas de petróleo y gas más importantes del mundo.

Queda por ver si la sociedad norteamericana se banca convivir con niveles de desocupación que duplican los previos a la crisis de 2008, único indicador fuera de estándares de una economía que se ha recuperado con vitalidad comparada con otros afectados.

Por estas pampas el interés de las usinas neoconservadoras busca poner en debate el modelo kirchnerista de desarrollo: nada más pertinente cuando de lo que se trata es de esconder la debacle neoliberal del 2001 con amargos augurios de una inminente crisis del populismo, inminente desde hace una década, y desautorizada por los hechos.

Pero como no hay peor enemigo que el propio éxito, es oportuno poner en evidencia algunos cambios en la carta de navegación que estamos seguros la capitana está teniendo en cuenta:

-El impulso externo de las commodities perdió fuerza y firmeza basado en que su principal impulsor, China, está empezando a reorientar el foco, pasando de crecimiento rampante a una fase más moderada de desarrollo inclusivo. Por suerte los chinos y también los indios tienen una costumbre maravillosa: un par de veces al día se detienen a ingerir proteínas e hidratos de carbono, esperemos que no decidan una integración vertical plena fronteras adentro de su país. Pero el dato inevitable es que el comercio mundial va a ralentizarse.

-El otro dato importante es que el principal destino de las exportaciones chinas, que antes de la crisis no era Estados Unidos sino Europa, respira con dificultad al tener el cuello atrapado en manos de tecnócratas ortodoxos que dejaron atrás viejas dicotomías izquierda vs. derecha y las han variado a una versión mucho más moderna y funcional: ajustadores vs. fiscalistas. Nada deseable cabe esperar de este harakiri en cámara lenta que se aplica el Viejo Continente y en el que hasta la última joya inmaculada alemana se declara en recesión. Nada deseable porque de un harakiri la consecuencia inexorable es sangre. Resta verificar si en dosis nazis o en formato de caos social.

-La otra economía que nos atañe es la brasileña, que ha entrado en camino de encrucijada y cuyas próximas respuestas no pueden venir de la modificación de alguna palanca económica sino de la política. El establishment brasileño le está diciendo al Dilma, a Lula y al PT que la confrontación ha llegado al límite de lo que la cuerda se puede tensar y que si pretenden seguir, no será sin romper algún jarrón. La década transcurrida, que ha sido pletórica de asistencia social y mejoras para sacar brasileños de la miseria, lamentablemente no ha sido aprovechada para generar el parteaguas que le permita a Lula alzarse con mayorías deseosas de acabar de una vez y para siempre con el destino periférico al que la atan sus elites de poder económico concentrado. En este blog y no sin tristeza, dudamos de la capacidad de un movimiento de genética marxista estricta en reconvertirse en un régimen populista y cortar de raíz la lógica perversa a la que el establishment brasileño lo ha atado.

La novedad interna es la aparición de un adversario que, con un discurso pastoral de cambio de época, venía a comerse los kirchneristas crudos. La realidad es que resulta difícil presentarle batalla a un gobierno que tiene una vitrina atiborrada de copas y trofeos nacionales y populares obtenidos limpiamente ante adversarios que no hacen de la ética y el fair play un culto.

Pero también es cierto que no hay nada más triste y desmotivador que entrar a un viejo club social, decadente en el que un viejito amigable, con sus ojos bañados de lágrimas, nos muestra una vieja medalla. Las sociedades son bestias infernales que no dudarán en comerse a quien no les regale la promesa de un futuro mejor. Cuanto más realista sea el camino a ese parnaso, mayores las posibilidades de cautivarla y mantenerla encantada. Ese es el verdadero desafio del oficialismo: dejar de rezar el rosario de los logros pasados y empezar a describir el paisaje en el que ocurrirán los futuros. También es cierto que eso no necesita las inocentes formalidades de un plan de gobierno.

A nosotros, los racionalisas, nos queda olvidarnos de la sintonía fina, de los planes quinquenales y de cualquier ingeniería hija de una forma lógica europeizante y acartonada. Nos pintamos la cara, nos sumamos a la murga y somos cada vez más latinoamericanos.