domingo, 14 de julio de 2013

La tieta


La despertará el viento
de un golpe en los postigos,
es tan larga y ancha la cama
y las sábanas tan frías
Con los ojos entrecerrados
buscará otra mano,
sin encontrar ninguna
como ayer, como mañana

La soledad es su amante fiel,
que conoce su cuerpo
pliegue a pliegue,
palmo a palmo
escuchará el maullido de un gato
capado y viejo
que duerme en sus rodillas
sus largas noches de invierno.

Hay un misal dormido
encima de la mesa de luz,
y un vaso de agua medio vacío
cuando se levanta la tía.

Un espejo roto que le dice:
Ya estás grande,
cómo ha pasado el tiempo!
cómo han volado los años!
cómo se han perdido por las calles
los sueños de juventud!
cómo se arruga la piel,
cómo se hunden los ojos!

La portera, a su paso,
dibujará una sonrisa:
es el orgullo del que tiene
alguien que le caliente la cama.

Cada día lo mismo:
tomar el colectivo
para trabajar en el despacho
de un abogado zorro
con quien en otro tiempo
ella se hacía la estrecha.
De eso hace tanto tiempo...
ni lo recuerda la tía

La que siempre tiene un plato
cuando llega Navidad.
La que no quiere a nadie
si un buen día cae enferma.
La que no tiene más hijos
que los hijos de sus hermanos.
La que dice:«Todo va bien».
La que dice:«¡Qué más da!»

Y el Domingo de Ramos
le comprará a su ahijado,
un palmón largo y blanco
y un par de calcetines;
y en la iglesia los dos
harán lo que hace el cura
y alabarán a Jesús
que entra en Jerusalén.

Y le dará veinte mangos
para abrir una libreta:
hay que ahorrar el dinero,
como siempre hizo la tía

Y un día se ha de morir,
más o menos como todos.
Se la llevará una gripe
al agujero profundo.
Entonces ya habrá pagado
el nicho y el ataúd,
los salmos de los sacerdotes,
las misas de difuntos

y las flores que acompañarán su entierro;
son cosas que a menudo la gente olvida.
Y son tan bonitas las flores
con crespones negros colgando,
y detrás unos amigos,
descubiertos hace un instante;
y una esquela que dice...
«Ha muerto la señorita
descanse en paz. Amén»

Y olvidaremos a la tía.