domingo, 28 de julio de 2013

Tijeretazos



El presidente de la Sociedad Rural ha lanzado, una vez más, un furibundo discurso en contra del Gobierno, de la presidente y de sus (nuestras) políticas.

Presentó al Poder Ejecutivo un patético pliego de condiciones, cumplido el cual podrían sentarse a fumar la pipa de la paz. Reclamó la “eliminación de las trabas productivas” y dejar que “los mercados funcionen normalmente”. Denunció la “enorme presión fiscal”, pidió la eliminación de controles de precios y las trabas y prohibiciones para exportar. Un decálogo que podría haber sido escrito, sin rasgos diferenciales, en 1820 por Bernardino Rivadavia, en 1860 por Bartolomé Mitre o en 1976 por José Martínez de Hoz.

Acostumbrado a la habitual arrogancia de los de su clase, además hizo uso de los desgastados parches de los tambores que le proveen sus socios en ExpoAgro, Clarín y La Nación. Estremeció a una platea pletórica de prendas de cuero de carpincho, plata labrada y nobleza patricia, con conceptos como la ética, la transparencia, el republicanismo, la justicia y la equidad. Sonarían intimidatorios si no salieran del representante de evasores conspicuos, esclavistas del siglo XXI, estafadores de doble apellido y golpistas consuetudinarios que incitaron a la tortura, la desaparición y la muerte de sus propios compatriotas.

Hagamos foco por un segundo en la cuestión impositiva: no es cultivando el suelo, como dice el eslogan que ostentan estúpidamente en su picadero, que se sirve a la patria. A una patria se la sirve cumpliendo con las obligaciones tributarias. Es suficiente.

En países como el nuestro, con más de 40 millones de habitantes y todavía enormes déficits estructurales, la carga tributaria media (hoy aproximadamente el 38%) no puede ser menor a la europea (media del 36%, pero con países en el 40%), cuya infraestructura está mucho más consolidada. Ni siquiera igual. Quien emite esos conceptos pueriles que dicen que la carga tributaria tiene que ser acorde a los servicios que ofrece el Estado, debe constatar esta presencia en provincias alejadas del micromundo de la zona núcleo.

Pero aún teniendo índices aceptables en general, impuestos regresivos e indirectos asociados al consumo representan el 45% de la recaudación impositiva. Mientras que impuestos progresivos y directos como el impuesto al patrimonio representan el 1.7% de la recaudación.

En Brasil, un país que no se caracteriza precisamente por su igualdad social, el impuesto a la riqueza recauda el 3.4%. Por favor no vayamos a Suecia. Lleguemos sólo a la nueva perla del capitalismo, Corea del Sur: allí ese impuesto recauda el 11%. En Estados Unidos recauda el 12%.

Lo que estamos diciendo es que los negros choripaneros del conurbano, esos que Etchevehere detesta por su sectarismo, pagan 26 veces más impuestos que la aristócracia que lo banca.

Pongamos en perspectiva el nivel de evasión del impuesto a la riqueza: el año pasado recaudó casi 7.300 millones de pesos. Ganancia Mínima Presunta, otro impuesto que afecta inmuebles rurales productivos recaudó 1.400 millones.

Las alícuotas del impuesto patrimonial varían entre 0.5% y 1.25%. Tomemos el promedio. Y asumamos por un segundo que el país no tiene más que tierras y gentes. No hay edificios en los que se reproduzca la riqueza, no hay bienes suntuarios, ni obras de arte, ni tapados de piel, ni acciones de firmas del primer mundo. Asumamos que no hay fábricas, ni cabezas de ganado ni bienes tecnológicos con los que multiplicar los panes. Asumamos que no hay camionetas 4x4 ni concesiones del estado a privados, ni prensas, ni arrozales, ni datacenters ni hipermercados ni cines ni teatros. Ni condominios, ni piletas de natación, ni countries, ni estancias feudales. Es decir un país donde sólo hay tierra y 40 millones de argentinos, de ellos una élite nadando en la riqueza.

Los números dicen, basados en este ejemplo cuyo único objetivo es ilustrar la desvergüenza del Vocero de la Sociedad Rural, que la recaudación de ese impuesto en 2012, tomando un valor promedio de hectárea de 10 mil dólares, representaría que se tributó riqueza por valor de 1.8 millones de hectáreas, el 24% de la superficie de la pampa húmeda. El 6.6% de la superficie del país.

Puede parecer mucho. En el contexto de país pelado donde no hay otra riqueza que la tierra, es NADA.

Pero palos hay para todos. Y todas.

El gobierno, en particular el Administrador Federal, tiene su cuota de responsabilidad en este tema: el umbral de entrada al impuesto, situado desde hace años en 305 mil pesos, además de ser ridículo (ricos de 56 mil dólares???) demuestra que la AFIP o está cazando en el zoológico, o no está haciendo una aplicación conceptualmente correcta y operativamente eficaz del mismo. Esa displicencia no puede esconderse detrás de los festejados incrementos mensuales de recaudación, hijos del aumento de la actividad económica de la cual Cristina es la verdadera autora.

En lugar de incrementos de recaudación, el mérito de Echegaray debería ser mostrarnos cómo putean los dueños de las vaquitas una vez que les cayó la inspección. Eso requiere sintonía fina y trabajo consistente por parte de la AFIP.

Todavía hay muchísima tela para cortarle a los inmorales que discursean parados sobre la bosta de los toros campeones, como si fueran los dueños del país. Y hacer que su llanto sistemático tenga razone$ má$ efectiva$

El señor que maneja las tijeras tiene que poner manos a la obra.