miércoles, 28 de agosto de 2013

MLK


Un discurso posible.
Quizás hoy mismo, 50 años después.
Quizás en la Sala de Audiencias de nuestra Corte Suprema.
Quizás con la misma pasión, la misma llama
Llama del fuego rebelde y místico que nos hace negros.

Llama que, como Martin Luther King Jr,
no queremos que se apague.


Hace casi doscientos años, un grupo de patriotas cuya sombra nos ampara hoy, firmó la Declaración de la Independencia. Ese hito fue una inmensa antorcha iluminando la esperanza de millones de negros yerrados por las llamas de una árida injusticia. Ese día llegó como gozoso punto de quiebre a su larga noche de cautividad.

Sin embargo, dos siglos más tarde los negros todavía no son libres. Dos siglos después la vida completa del negro, sus acciones, todavía son controladas por los invisibles lazos del moldeo informativo. Dos siglos más tarde los negros vivimos en una isla de ignorancia y prejuicio, en el medio de un vasto océano de conocimiento y potencialidad. Dos siglos después los negros somos destinados a los lúgubres rincones de la sociedad argentina, viviendo un exilio en nuestra propia tierra. Así que hemos venido a dar testimonio de nuestra dramática condición.

En el sentido de que hemos venido a la Corte Suprema a cobrar el cheque. Cuando los arquitectos de nuestra nación escribieron las palabras de la Asamblea del Año XIII, o las de la Declaración de la Independencia, o la Constitución Nacional de 1853, ellos estaban liberando un cheque para cada argentino. Este cheque era una promesa, a cada argentino, negro o tilingo, de que tenía derechos inalienables a la vida, a la libertad y a la persecución del conocimiento y la felicidad.

Hasta hoy Argentina ha defolteado su cheque, por lo menos en lo que a los negros nos concierne. El cheque que los negros fuimos a cobrar dice “fondos insuficientes”.

Pero nos negamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos negamos a creer que no hay fondos en las jugosas arcas de la oportunidad y el saber que ofrece esta nación. Así que hemos venido a cobrar ese cheque que nos dará las riquezas de la libertad de prensa y la seguridad de creer en nuestra justicia.

Y hemos venido a este sagrado lugar que es la Corte Suprema a recordarle a Argentina la insoslayable urgencia del Ahora. No es el momento de involucrarse en los circunloquios del enfriamiento o de tomar la tranquilizadora droga del gradualismo. Ahora es el momento de hacer efectiva la promesa de Democracia. Ahora es el momento para abandonar el oscuro y desolado valle de la manipulación informativa y caminar hacia la multitud de voces. Ahora es el momento para levantar a nuestra nación de las arenas movedizas de los monopolios y llevarlas a la roca firme de la multiplicidad. Para nosotros. Y para nuestros hijos.

Sería fatal para la nación desestimar la urgencia del momento. Este caluroso en que los negros mostramos nuestro descontento no pasará hasta lograr un otoño de libertad e igualdad de voces. 2013 no es el fin, sino el comienzo. No habrá más tranquilidad ni descanso en nuestra tierra si al negro no se le garantizan su derecho a la formación. Y a la información. Los huracanes de la revuelta mental en la que el negro está sumergido sacudirán las fundaciones de nuestra nación hasta que la igualdad emerja. La maravillosa militancia que ha mancomunado a la comunidad de negros no debe llevarnos a desconfiar de los tilingos, ya que muchos de ellos son nuestros hermanos, como puede verse gracias a la presencia de algunos hoy aquí. Y han podido ver que nuestro pedido de libertad informativa está inextricablemente unido al suyo.

No podemos caminar solos.

Y no podemos volver.

Están los que nos preguntan: y cuando estarán satisfechos?

Nunca mientras las mentes de los negros sean manipuladas, sus verdaderos intereses confundidos, sus alianzas naturales eclipsadas.

No mientras los negros sufran pobreza, opresión, falta de trabajo y humillación, en una tierra que sólo tiene para ofrecer riquezas, libertades, pan y trabajo dignificador.

No mientras los negros no podamos aspirar a una vida digna porque nuestras mentes de negros han sido distorsionadas por ingenios humanos diseñados para nuestro sometimiento.

No mientras haya carteles en los que nuestros negros hijos lean: Tilingos Solamente.

No mientras un negro no sepa qué se juega con su voto, aquí, en Formosa o en Tierra del Fuego.

Por eso les digo, hermanos negros, no caigamos en el tortuoso valle de la desesperación.

Así sólo veamos las dificultades del hoy y el mañana, aún tengo un sueño. Un sueño enraizado profundo en el sueño argentino. Tengo el sueño de que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero sentido de su credo: todos los hombres somos iguales Tengo el sueño de que un día, desde las lomadas correntinas, los negros hijos de antiguos negros y los hijos de negreros podrán sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Tengo el sueño de que un día incluso en el cordón norte de la provincia de Buenos Aires, un estado nadando en la injusticia, peleando en el calor de la opresión, se transformará en un verdadero oasis de libertad de información y de pluralidad de voces.

Tengo el sueño de que mis hijos un día vivirán en una nación donde no se los juzgue por sus ideas políticas, por lo que dicen o escuchan, sino por el contenido de sus acciones.

Tengo un sueño hoy!

Y cuando ese sueño se haga realidad y cuando la libertad de información sea algo sólido, cuando la veamos en cada pueblo y cada villa, en cada provincia y en cada ciudad, ese día será posible que cada niño, no importa cuál sea su color de piel, cual sea su Dios, cuál sea su amor, podrá tomar las manos de otros niños y cantar juntos la vieja zamba.