miércoles, 28 de mayo de 2014

Brisa sobre los juncos


Ningún comentario de nuestros sempiternos economistas abonados permanentes a los estudios televisivos del prime time político, sobre lo que ocurre en Europa.

Parece que cuando las condiciones son favorables, Europa debe ser la estrella polar que guía, inalterable, nuestro destino.

Pero cuando los vientos cambian, se convierte en una tierra lejana cuya realidad no nos afecta, ni incide, ni tiene un pizca que ver con nuestro presente y nuestro futuro.

Nuestros gurúes locales no hacen ya ninguna mención de Europa, que no sea la frase Club de Paris, reducto selecto en el que un ministro de economía díscolo y rebelde deberá rendirse para ser luego bautizado en las aguas de la razón ortodoxa.

Lo que no nos dicen es que los intereses que motivaron a sabios doctores a dictaminar la eutanasia de varios estados de bienestar europeos en el último lustro son los mismos que operan aquí, día a día, hora a hora.

Nos invitan a reflexionar: el ajuste fiscal que proponen es el punto de apoyo arquimedeano desde el cual nos apalancarán hacia un futuro maravilloso. Una suerte de “retroceder este paso, para avanzar dos”. Una milagrosa “contracción expansiva”.

Es el mismo paso de danza conque desde 2008 vienen coaccionando a Grecia, España, Portugal, Italia, Irlanda (y la lista sigue).

Las pruebas están a la vista: uno de cada cuatro votos europeos el pasado domingo cayó en manos de la ultra-derecha. 140 de los 750 escaños del EuroCongreso serán de personas que, como si 1939 no hubiera ocurrido, ven a la inmigración y las razas como la causa de sus problemas. Propuestas de gobierno que hacen un eco indisimulable con noches de cristales, botas y brazos en alto hace nada más que 70 años.

En nuestro país los números que estos voceros deben desdibujar son contundentes. Entre 1989 y 2002 el neoliberalismo destruyó 2,5 millones de puestos de trabajo. En la últimos 11 años se revirtió esa tendencia maldita y se recrearon 3,3 millones. 

En los próximos diez años, sin considerar el incentivo inmigratorio que genera un mercado de trabajo con signos de vitalidad, quien gobierne tendrá la misión de crear 2 millones y medio más, sólo debido al crecimiento natural de nuestra población y a una convergencia a una tasa de desocupación aceptable (la actual, sin ser indeseable, dista de ser óptima) del orden del 4%.

Ningún candidato, especialmente en el arco opositor, hace mención a esta tarea y a su instrumentación política, social y económica. No dicen cuáles serán los vectores principales que traccionen al resto. Ni dicen como acallarán las voces que inevitablemente se alzarán por no contar con un silencioso y manso ejército de reserva.

Y si alguien decide no entender de qué estamos hablando, sirva recordar que este lunes y martes, con los resultados de las elecciones en los titulares noticiosos, todas las bolsas europeas mostraron crecimientos significativos: esos aplausos son exactamente lo que opina el capital del asedio a la democracia que se vive en el Viejo Continente.

Los discursos que llegan de más allá de las fronteras pueden sonar seductores, pero en un país como Brasil, que ha construido un tejido industrial envidiable, hace 30 años la manufactura era responsable por más del 26% de la creación de valor. Hoy esa cifra se ubica en el 14%.

Un proceso de primarización y desindustrialización está ocurriendo en toda la periferia mundial, puesto que el Tío Sam ha logrado cambiar su ecuación. Y con ella su discurso. Hace 20 años nos endulzaban los oídos con el cuentito de la inexorable y deseable transición de una economía de producción a una de servicios. Un altar frente al que todos los sacerdotes neoconservadores locales se arrodillaban. "Seamos una economía de servicios" aullaban mientras fantaseaban con privatizar el Banco Nación.

Era el cuento de la zorra y las uvas: un discurso que sólo justificaba el déficit energético que atravesaba la economía norteamericana.

Enormes yacimientos de gas y petróleo shale, oh coincidencia del mismo tipo que tuvimos la fortuna de encontrar en nuestro país, están siendo explotados actualmente en los Apalaches y la cuenca tejana.

Ahora que las uvas están al alcance, dejan de estar verdes. Esa nueva energía disponible es la que motorizará la re-industrialización norteamericana.

No solo representa la desmitificación de un discurso atrapa-zonzos. Significa también significa un desafío durísimo a la estrategia geo-política de todos los países que, con enorme esfuerzo, tratan de reponer la escalera que patean desde arriba. Solos. O preferentemente en bloque sudamericano. O definitiva y sorpresivamente, como parte de un eventual BRICS-A: defender con determinación la inédita recreación de un tejido productivo que nunca debimos permitir que se debilite y se pierda.

Antes de que terminemos de suspirar, también nosotros tendremos a disposición una fuente de energía hoy incomensurable. Le cabe a las fuerzas realmente nacionales y populares de nuestro país garantizar que el rumbo no será el de la vieja Europa. Y le cabe mostrar un camino cierto y seguro para una mejor, más profunda y más efectiva industrialización.


El resto, el resto es sólo brisa sobre los juncos.