jueves, 14 de agosto de 2014

Princesa


Una beba de un año llega a las costas de Tarifa, en la península gaditana española, sola, en un bote inflable.
Morena, hermosa, “sólo lloró cuatro lagrimas” dice María Angeles, la voluntaria sevillana de Cruz Roja que, por ahora, la atiende.

Nosotros, el tercer mundo, la periferia, no tenemos Quinta Flota, ni hipersónicos F16, ni drones, ni guerra de las galaxias. Pero tenemos misiles como este, 11 kilos, morena, pelo mota y hermosísimos ojos negros, al que denominaron “Princesa”.

Hay que tener un enorme callo en el alma, un corazón fitness entrenado para correr 10 kilómetros pero absolutamente disfuncional, insensible y enfermo ante este mensaje inprorrogable que los parias del mundo le mandamos cada día, y todos los días, a la "Civilización".

Cómo se hace para no acusar recibo cuando el sobre del mensaje es un primor que viajó solo en un bote inflable de juguete en altamar?

Imaginemos a esa madre despidiéndose para siempre de su hija, enviándola al mundo de fantasía que, la convencieron, será su mejor sino.
No, mejor no imaginemos.

Qué necesitan el FMI, el Banco Mundial, la Comisión Europea, Rajoy y la Merkel si no es una princesa como esta Princesa, para darse cuenta que sólo están gestionando un desastre humanitario de proporciones galácticas?


Cuán ciego se puede estar?

Imbéciles.