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lunes, 16 de noviembre de 2009

Sobre el sindicato del subte


La demora en la inscripción del nuevo sindicato del subte y los paros hechos en reclamo de una resolución del Ministerio de Trabajo han abierto una discusión sobre el problema de fondo, la inscripción, y los modos de reclamarla.

En distintas tomas de posición se adoptan distintos puntos de vista, que conviene separar.

La primera cuestión es el derecho de los trabajadores a darse su organización y sus dirigentes. La función de la organización sindical es la defensa de los intereses de cada sector de la clase trabajadora y ese debe ser el principio rector en todos los casos. Y quien debe juzgar si determinado sindicato y determinados dirigentes cumplen con ese objetivo son los propios interesados.

En este sentido, debe dejarse de lado un preconcepto que hace estragos en cierta izquierda, pero que es compartido fuera de ella. Se trata de la idea de que los trabajadores, en realidad, son unos tontos que se dejan manipular por dirigentes con miras aviesas. Poco importa que desde esa izquierda se atribuya la manipulación a los burócratas y que desde otros sectores de le atribuya a los zurdos. La idea básica es la misma.

Por supuesto, los trabajadores son seres humanos y se equivocan. Pueden ser manipulados durante un corto tiempo. Pero no son tontos. Descubren más temprano que tarde quienes son los que efectivamente defienden sus intereses y quienes no. Lo hacen guiados por un criterio que surge de la propia condición del trabajo. A pesar de que estaba excluido de toda política activa y relativamente aislado como castigo por su actuación en la revolución húngara de 1956, Lukács era enormemente respetado por los dirigentes comunistas de Hungría. Conscientes de que el estado del país y del propio partido era insatisfactorio, pidieron en 1971 a Lukács su opinión sobre la situación política. (El texto no fue publicado hasta 1990.) Entre otros temas, la respuesta desarrolló esta cuestión: los obreros, dice Lukács, distinguen el trabajo bien hecho del trabajo mal hecho; respetan al primero y desprecian al segundo.

Aplicado a este caso, podemos decir que el sindicato y los dirigentes que hacen bien su trabajo gozan de respeto, por encima de sus inclinaciones ideológicas o de los defectos que puedan tener. Cuando determinados dirigentes logran la adhesión de una gran mayoría de sus compañeros y la conservan durante años, ese es un criterio más importante y más seguro que cualquier opinión emitida desde afuera, por bien intencionada y bien argumentada que sea.

Otra argumentación se basa en la necesidad de la unidad sindical. Cualquier trabajador sabe la importancia de la unidad. Pero la unidad es un medio para el fin, que es la defensa de los intereses propios, el aumento de los salarios, la mejora de las condiciones de trabajo y los servicios sanitarios, turísticos, educativos, etc., que permiten una mejor calidad de vida. La unidad no puede ser un fin en sí misma, aunque es uno de los medios más importantes, si no el más importante.

Y, por otra parte, si la unidad no viene de parte de los trabajadores, es una falsa unidad. ¿Qué clase de unidad es la de un sindicato al que los trabajadores no se afilian o, incluso, se desafilian, porque no lo perciben como un instrumento de defensa de sus intereses? Basta formular la pregunta para encontrar la respuesta.

Pero, además, en el caso del subte, los hechos no demuestran que la enorme mayoría de los trabajadores y sus delegados hayan tenido la tendencia a romper la unidad. Al contrario, durante bastante más de una década se mantuvieron dentro de la UTA, sin perder la cabeza ni siquiera ante las matoneadas de la conducción. Ante la última renovación de delegados, fue la propia conducción de la UTA la que los excluyó, impidiendo que se presentaran a las elecciones. Fueron los dirigentes de la UTA los que rompieron la unidad, con la pretensión de imponer a la base delegados que no eran los que la base quería. Ante esto, no les quedó a los trabajadores del subte otra vía que formar un sindicato, so pena de quedar fuera de todo encuadramiento sindical.

Llama especialmente la atención cuando compañeros peronistas rechazan la posibilidad de formar nuevos sindicatos, cuando los viejos se muestran inservibles. Porque fue así, precisamente, como nacieron en 1944 y 1945 organizaciones como la UOM, la AOT o la UOCRA. Se fundaron pese a que existían antes la Federación Obrera Metalúrgica, la Federación Obrera Textil y la Federación Obrera Nacional de la Construcción. Fueron fundados esos nuevos sindicatos por camadas obreras que no se reconocían representadas por los viejos sindicatos. Supongo que nadie dirá, como Fukuyama, que llegó el fin de la historia y que la estructura sindical debe quedar congelada para siempre.

Además, que se lo cuenten a Moyano, que impulsó la organización de un sindicato de empleados de autopistas, cuando posiblemente lo normal hubiera sido que se afiliaran al de Vialidad.

Finalmente, un argumento que ha sido utilizado por mi estimado amigo y cobloguero Mariano. Sostiene que sería inútil que el ministro Tomada firmara la inscripción del sindicato del subte, porque los delegados de todas maneras seguirían haciendo paros porque se proponen la toma del poder. Esta argumentación tiene, a mi juicio, tres agujeros.

Primero, como ya he señalado, los delegados del subte llevan bastante más de una década bregando por los intereses de su sector y nunca han hecho un paro que no fuera por sus reivindicaciones económicas, de condiciones de trabajo o de defensa de su organización. Esto les permitió, por una parte, lograr conquistas significativas en materia salarial, la recuperación de la insalubridad, la incorporación de trabajadores tercerizados, etc. Y, por otra parte, les ha valido la adhesión de la base. De todas maneras, no todos los delegados del subte son militantes de organizaciones de izquierda, ni mucho menos.

Segundo, si ocurriera que los delegados perdieran de vista los intereses de sus compañeros y pretendieran arrastrarlos a aventuras locas de “toma del poder”, sin duda encontrarían rápidamente un correctivo por parte de la base. Siempre puede aparecer una cabeza caliente, pero el conjunto de los trabajadores es sensato.

Tercero, la inscripción del sindicato no puede estar condicionada por la ideología de algunos de sus dirigentes. Los delegados del subte no han intentado tomar el poder (la idea misma es un poco extraña) ni puesto su actividad sindical al servicio de alguien que intentara tomar el poder. A falta de hechos, lo único que hay es la deducción de que su ideología los va a impulsar, en algún momento, en esa dirección. Con lo cual, nos encontramos con un criterio muy peligroso, que podría esgrimirse para excluir de todo tipo de cargos sindicales a quienes profesen ideologías sospechosas. Pienso que Mariano no ha querido extraer esta conclusión, pero su argumento deja abierta una puerta peligrosa que muchas veces se abrió en el pasado.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Algunas consideraciones sobre "el subte"



El conflicto en el subte puede ser visto como el emergente más notorio de una situación de más amplio alcance, que abarca varios ámbitos de la organización gremial y la política.

Entonces, primero, intentemos encuadrarlo, haciendo una declaración de principios básica.

Si alguien alguna vez pensó que el gobierno iba a propiciar algo parecido a la propiedad colectiva de los medios de producción, hay que hacerle saber urgentemente que estaba equivocado. No está de más hacer esta aclaración, que parecerá obvia para algunos, pero que resulta necesaria, a la luz de algunos reclamos que se escucha acerca de cómo se maneja este tipo de conflictos.

El gobierno no tiene prurito en sentarse a negociar con los patrones o con los trabajadores y no asigna prioridades, simplemente porque sus funcionarios no se identifican ideológicamente con el clasismo, no son “facilitadores de revoluciones obreras”, y encima tienen una responsabilidad coyuntural, con muchos apremios, que les impide elegir con quién sentarse y con quién no. Ser presidente de la Nación, no es ser presidente de un centro de estudiantes.

Por el otro lado, los delegados del subte no tienen la más mínima voluntad de que el conflicto derive en que Tomada firme el dictamen que les otorgue la personería gremial.

Porque, en el caso de que esta hipótesis (que sería la de máxima en la coyuntura actual) se realizara, usarían la personería como una herramienta para la escalada que tiene como objetivo final la toma del poder por los trabajadores (así, con esa visión de largo plazo, por descabellada que parezca, funcionan las organizaciones que se autodenominan “clasistas”). El que diga que si Tomada firma se acaban los paros, miente.

El conflicto en sí mismo es estratégico para los delegados combativos del subte (ex - delegados, según la visión oficial), y tácticamente seleccionan el motivo para llevarlo adelante en la coyuntura (el motivo del paro, a inicios de esta semana parecía ser la situación del comedor de Morón donde trabajan los hijos de Segovia, ¿o estoy equivocado?).

Entonces, es falsa la sentencia “que Tomada firme y se termina todo”.

Más allá de eso, en el terreno político, se presenta una encrucijada bastante compleja.

La encrucijada está dada, tanto porque el gobierno demora intencionadamente el acatamiento de los fallos que respaldan el reclamo coyuntural de los delegados combativos del subte, como porque tampoco puede avanzar sobre ciertos derechos que estos trabajadores están ejerciendo en su reclamo (como el derecho a huelga) si quiere resguardar el poder acumulado por los sindicatos en general.
Esto, para el que tiene dudas todavía, marca una diferencia sustancial con la década del 90, en que los alineamientos eran más claros.

Para la patronal, en cambio, la situación es más sencilla. Le pide al Gobierno que avance sobre los trabajadores díscolos, sabiendo que ese avance sería, por elevación, un duro golpe a la “burocracia sindical”, un enemigo menos encarnizado mediáticamente, pero más poderoso y peligroso para sus “colegas”.

Viendo la cosa desde esa óptica, nos encontramos con que: la patronal y los “burócratas” tienen un enemigo común, que son los delegados díscolos, a los que quieren limpiar de uno y otro lado. Pero con diferencias, porque los “burócratas” saben que la represión y el cercenamiento de ciertos derechos, sería abrir la puerta para que los limpien a ellos después (o los hagan capitular, que es más o menos lo mismo; Moyano queda afuera de ese esquema en el que avanzan algunos que hoy están adentro y otros que hoy están afuera, por ejemplo Cavalieri y Barrionuevo).

Finalmente, como se desprende de lo anterior, también los delegados troskistas, clasistas y combativos comparten tácticamente con las diversas patronales, el objetivo de encerrar a los “burócratas”, a la conducción actual de la CGT, en un movimiento de tenazas con presiones combinadas por izquierda y por derecha.

Una duda que surge: qué posibilidades tienen los delegados combativos de mantener la amplia representatividad y el alto acatamiento de las medidas que convocan, en el caso de que las posiciones se endurezcan, y, para beneplácito de las diversas patronales, en 2011 asuma un gobierno que “no tenga las manos atadas”, y pueda reprimir.

Simultáneamente, en las orillas, aparece el mentado “clima social”. Con tipos que se molestan porque les paran el transporte, que despotrican contra el gobierno porque “no hace nada”, y que, el día que se vaya la diktadura, van a mirar para otro lado cuando recontrarecaguen a palos a los revoltosos, que los K dejaron crecer.

Sospecho que de los compañeros trabajadores del subte que hoy apoyan todos los reclamos, van a quedar muy poquitos resistiendo hasta el final.

Ese día los dirigentes clasistas van a poder decir cualquier cosa, menos que no estaban avisados.



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lunes, 5 de octubre de 2009

Conferencia de las Iberias



Supongamos que La Nación organiza una conferencia, que la modera Mariano Grondona y tiene, entre otros visitantes, la presencia de Rajoy, líder del PP Español.

El tipo es la oposición realmente existente al gobierno de Zapatero y defiende posiciones bien de derecha, sin miedo a que lo tilden de conservador y hasta de un poquito retrógrado.

Pero viene a la Argentina. Está en otro país y sabe que la platea a la que se dirige incluye líderes políticos pero también empresarios, tercer sector, etc.

Dígame. Con franqueza. Usté lo ve a Rajoy diciendo “existen en Europa visiones endogámicas de algunos gobiernos, que así se van quedando aislados"?

Lo ve diciendo que en España "desaprovechamos los últimos años, a pesar del crecimiento general" y cuestionando duramente las políticas del gobierno español hacia, por ejemplo, el sector turístico?

Usté lo ve a Rajoy decir "para terminar con la crisis en España, se necesita ser un país previsible, con reglas claras, instituciones sólidas e integrado a los mercados"?

Y, representando la misma ala política que gobernó al país durante los años del Aznarismo, lo ve diciendo "cuesta entender ese nivel de crisis en un país con tantos recursos naturales y humanos"?

Ve a un líder político español diciendo, afuera de España, que no hay tal cosa como el modelo español, que el modelo lo representan Francia o Alemania?

Yo no.

Porque Rajoy será todo lo opositor que quiera, pero aspira a gobernar España y aspira a estadista europeo. Y preciándose de tal sabe que los trapos sucios nacionales se lavan de Barajas para adentro.

Y sabe que si el moderador se pone muy insistente, se puede permitir algún comentario de coyuntura, relacionado con su posición respecto del actual gobierno español, que le es contrario. Pero asume que eso lo sabe todo el auditorio y no necesita convertir ese estrado en tribuna proselitista.

Siempre moderado, porque el auditorio no vino a escuchar la interna española. Y sin hacer mucha polvareda porque, en la Argentina, difícilmente consiga el voto decisivo a favor del PP en las próximas elecciones peninsulares. Sabe que vinieron a escucharlo contar qué pasaría si el PP subiese al gobierno, no a ser convencidos de que España va rumbo al desastre.

Eso es lo que sabe Rajoy.

Macri no.




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lunes, 15 de junio de 2009

Brasil se cae del mundo: Lula se volvió confrontativo


¡Qué mal! Los pésimos ejemplos cunden y contagian hasta a los más razonables. Tal vez influido por el estilo confrontativo de los Kirchner, de Chávez, de Morales y de Correa, el presidente brasileño Lula da Silva ha sucumbido al pecado de criticar a los organismos financieros, a los bancos, a las calificadoras de riesgo y, como si esto fuera poco, sostiene que la crisis afecta hoy a los países ricos. ¿Brasil se cae del mundo? ¿El mundo se cae del mundo? ¡Alguien que vigile ese balcón, che, que se cae todo!



Informa la agencia alemana DPA: "El izquierdista presidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva lanzó el lunes un ataque contra varios aspectos clave de la economía liberalizada, incluyendo la desregulación de mercados, los productos financieros, las agencias calificadoras de riesgo y las organizaciones de Bretton Woods. Hablando en Ginebra, Lula dijo que los mercados financieros especulativos están detrás de la crisis económica global y llamó a una mayor cooperación entre los países más pobres".


Según la agencia alemana, Lula profirió las siguientes insolencias:

- "La crisis financiera nació de la desregulación de las economías más ricas";

- "No podemos vivir con un sistema financiero que especula con papeles sobre papeles, sin generar ni un solo empleo, sin fabricar ni un tornillo, un calzado o una corbata";

- "Las agencias calificadoras de riesgo no se detuvieron a pensar y calificar los riesgos de sus propios países";

- "Durante las crisis en los 80 y los 90, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial tenían soluciones prefabricadas para los países pobres. Ahora, cuando la crisis ocurre en los Estados Unidos, Japón y Europa, ni el FMI ni el Banco Mundial tienen propuestas para resolver la crisis";

- "Sabían como interferir con los países pobres de Africa y América Latina. Los mismos señores que sabían todo hace poco tiempo, ahora no saben nada".


¿Lula no era el buenito, el comprensivo, el amigo de los mercados libres? ¿Qué contagio horrible le ha dado? Antes fue el dengue, después la gripe A (ex porcina), ahora el populismo agresivo y confrontativo.

Foto: AFP.