
Ahora el problema de la ley mordaza K de control de medios para impedir el libre y lógico tránsito de la información, es decir de pocos a muchos y de arriba hacia abajo, como enseñara el compañero Dios en aquel bíblico episodio en que le otorgara al compañero Moisés las Tablas con los mandamientos, es que les abre las puertas de la operación de TV por suscripción a las telefónicas.
Porque parece que había algún proyecto alternativo en ciernes que estaba destinado a impedir explícitamente la participación de las telefónicas en el triple play (prohibición que pesa actualmente, por contrato de privatización).
Parece que a algún revolucionario ocasional se le ocurrió que las telefónicas, a pesar de contar con una infraestructura instalada impresionante para hacer más rápida y eficaz la promoción del triple servicio (TV por suscripción -digital-, teléfono, internet), no deberían participar de ninguna manera del futuro negocio. Lógicamente no han explicado cómo compensarían las pérdidas de tomar una decisión tan anti-económica (que resultaría en encarecimiento del servicio múltiple, que pagaría el consumidor).
Sinceramente, creí que esa cuestión ya estaba saldada, y que seguramente se vería complementada con la anulación paulatina del derecho de interconexión que hoy por hoy las telefónicas hacen valer, por ejemplo, ante Telecentro. Es decir, las telefónicas tienen que responder a esto: querés entrar al cable para ofrecer el triple play? me liberás la telefonía, para que los que hoy dan cable e internet puedan dar teléfono también, sin obstáculos.
Pero no, el hecho de que las telefónicas puedan acceder al negocio de la TV por suscripción parece que, lejos de ser la garantía de robustecer la competencia en el múltiple servicio del triple play, se ha convertido en el caballito de batalla economicista de los opositores "más de izquierda".
Y también de algunos progresistas que sospechan maniobras disparatadas. Por ejemplo, darle a Telefónica la posibilidad de operar cable la obligaría a vender Telefé, por lo cual "ahí aparecería algún amigo del gobierno y la compraría".
Muchachos, hay que dejar de pensar como si el poder político de turno (de 4 años de turno) fuera una fuerza permanente. Que el gobierno cambia en 4 años está garantizado por ley. Y por ley se podría garantizar ahora que, aún haciéndose algún empresario amigo dueño de un canal de televisión, no podría llegar a tener posición dominante de mercado ni constituirse en monopolio, o parte de un oligopolio.
Además, si son de izquierda deberían saber que el capital y los sentimientos de amistad son incompatibles, muchachos. La guita no tiene amigos. En todo caso, cualquiera que compre Telefé, o Telecom, o se asocie con Telefónica para cumplir con el 60% de participación accionaria nacional impuesto por ley, será una empresa que podrá si quiere revalidar su "amistad" cada cuatro años con el "poder de turno". Somos grandes, viejo. Ah, y miren qué contento está el diario El país con esta "concesión" que se les hace a sus socios. Deben estimar como una "concesión mejor" la que no se les hizo a pesar del lobby: adoptar la norma europea para la televisión digital, y no la japonesa abrasilerada que eligieron los "concesivos". En definitiva, lo que está en juego como factor principal es que el que tiene licencia de cable operador no pueda tener licencias de medios de comunicación audiovisuales. La situación actual, en la que un mismo grupo es soporte físico y medio es la que genera conflictos de intereses y ventajas competitivas desleales, tanto en el rubro cable-operador, como en el rubro canales de cable, por lo cual corregirla debería ser la prioridad.
Lo peor es que el proyecto alternativo que deje afuera a las telefónicas, no podría impedir que el negocio del triple play surgiera de todos modos, porque lo hará por propio peso del avance tecnológico. Pero lo haría, eso sí, con un marco regulatorio inexistente por culpa de una ley que, al igual que la actual, no estaría preparada para acondicionar las estructuras de la manera más adecuada. Parece que esa falta de regulación es "progresista" a juzgar por algunos.
No busquen más porque no hay. Es ahora o probablemente nunca.
La opción, lejos de épicas y románticas, es entre tener una legislación propia de un capitalismo desarrollado, o de un país bananero. Parece mentira que algo tan sencillo cueste tanto.