lunes, 20 de julio de 2009

IPC



A través del amigo de la casa Mauri k, llegamos al debate suscitado en el gran blog de Olivera, entre el responsable del blog y el comentarista Ricardo Natalucci, sobre el IPC.

La tecnicidad de los conceptos debatidos excede en mucho lo que podamos decir desde acá.
Sin embargo, nos parece apropiado sacar alguna conclusión lateral, para hacerle honor a la feracidad del aludido debate.

En realidad, vamos a reafirmar lo que veníamos diciendo desde hace un tiempo bastante largo.

No es una casualidad ni un capricho de quienes intentan "desviar la atención" (tal lo expresado en algún comentario) que los debates sobre este asunto, el IPC, adquieran carácter técnico y de difícil abordaje para quien no tiene acceso al "saber" en el cual se inscribe el problema.

El IPC (y, por consecuencia, las discusiones sobre su confección) es un número técnico, que tiene finalidades técnicas, que responde a una metodología de carácter técnico, y que suscita debates técnicos.

Entonces, volvemos a hacer hincapié en la existencia de un sesgo fundacional de los debates en torno a él.

Desde los medios de comunicación (sí, tienen responsabilidades los medios de comunicación, no son entes pasivos) se instaló la base sobre la cual se apoyan todas las discusiones sobre el IPC, y que determinan inexorablemente el destino de las mismas. Y este campo discursivo se constituye en torno a la idea, aceptada como parte del sentido común, de que el IPC tiene que ser una descripción exacta de la "sensación térmica" del bolsillo de cada uno de los consumidores. O más y peor aún, que tiene que satisfacer la mala predisposición psicológica de la que queda rehén un consumidor al que le aumenta sustancialmente el precio de un bien a cuyo consumo le asigna una alta utilidad.


Nos detenemos a explicar este punto mediante un ejemplo autobiográfico. En mi dieta personal es altamente valorada la presencia de cantimpalo. Un aumento subrepticio de un (digamos) 30% en el precio del mismo en el local en que habitualmente lo compro me convierte inmediatamente en un ser irreflexivo incapaz de entender explicaciones acerca de que los precios de la economía en su conjunto se movieron en torno a un coeficiente del 0,4%. "No puede ser", exclamo a los gritos. "Vengo del almacén, de comprar 200 gramos de cantimpalo y me lo cobraron a $18 el medio kilo".

Decíamos, entonces, que el debate público está ganado a priori por Olivera, en tanto el mismo se inscribe sobre un campo discursivo que le da al IPC un carácter y una valoración que nunca tuvo antes, no debería tener, y no podría tener nunca. El elemento decisivo, entonces, es apriorístico y desleal.

Todo esto no va en detrimento de los argumentos de Olivera. Pero sí de la traslación que se hace de los mismos hacia ámbitos que no son los adecuados, y que hacen que un debate se cierre antes aún de haber empezado.


Brest Litovsk

Inmediatamente después de las elecciones del 28 de junio, el compañero Sirinivasa publicó una entrada que era sólo un título: Brest Litovsk. La sugerencia era clara para quien estuviera familiarizado con la historia de la Revolución Rusa. Hagámosla explícita para cualquier lectora o lector.

La revolución se produjo cuando Rusia estaba envuelta en la Primera Guerra Mundial.Uno de sus objetivos declarados fue poner fin a la contienda. Sin embargo, para la paz, como para el tango, hacen falta dos. Y Alemania, que venía sacudiendo de firme al endeble ejército ruso, pretendía continuar su avance y, en caso de aceptar la paz, sacar de ella el mayor provecho. El ejército ruso estaba minado por el descontento y el hastío de los soldados. En la afortunada expresión de Trotsky, los soldados “votaron con los pies” a favor de la paz inmediata, abandonando el frente y volviendo a sus hogares. Las fuerzas alemanas siguieron su marcha hasta poner en peligro a la cuna de la revolución, Petrogrado.

Las negociaciones de paz se realizaron en la ciudad de Brest Litovsk. Después de idas y venidas que no vienen al caso en este momento, el naciente Estado soviético ruso aceptó las durísimas condiciones impuestas por los alemanes. Estos conservaban las conquistas territoriales y trenes cargados de trigo y oro debieron marchar hacia Alemania. Era necesario ceder y se cedió. Una sola cosa era innegociable: la subsistencia de la revolución y del Estado nacido de ella.

Hasta aquí los hechos históricos. Volvamos ahora a la analogía sugerida por Sirinivasa. Luego de la derrota electoral, nos dice el compañero, es necesario ceder. Y tiene completa razón. Mi admiración por el Che se detiene ante una de sus frases: ni un paso atrás, ni para tomar impulso. Es un error. En la política, como en la guerra, a veces es necesario retroceder y ceder lo secundario para salvar lo esencial y para retomar la ofensiva en mejores condiciones.

Comprender esto es fundamental, en dos sentidos. Primero, en la necesidad de retroceder todo lo que sea necesario. Segundo, fijar con claridad hasta dónde se puede ceder sin que las concesiones signifiquen la derrota total.

La analogía de Sirinivasa apunta correctamente a establecer la primera cuestión. Es indispensable pensar con mucho cuidado en la segunda.


Foto: no tiene nada que ver pero es decorativa, ¿no? Encontrada en la bolsa de residuos de http://www.visitingargentina.com.ar/

domingo, 19 de julio de 2009

Galería V

El saltador cubano Alex Copello finaliza uno de sus saltos en los Juegos Olímpicos de 2008. Con este salto Copello quedó fuera de la clasificación por 2 centímetros.
Beijing, China - 2008


Autor: Franck Robichon
Medio: European Pressphoto Agency

sábado, 18 de julio de 2009

Seby


A Sebastián le gustaba que le dijeran Seby. Tenia 5 años. Quería ser presidente para pagarle mucha plata a los jubilados. Así le dijo un día a su maestra. Era muy charlatán, pero le daba vergüenza ser abanderado.


Una vez, en el almacén, acompañando a su mamá Rosa, se les acerca una amiga que, en broma, le dice:
- Che pibe... Y nada.
- Che pibe, insistía la mujer, y nada. Seby seguía mudo. Al tercer “Che pibe”, reaccionó y le dijo: “Yo me llamo Sebastián. Además porque me decis che pibe. A vos te gustaría que yo te diga che vieja?”


Era, como todos los pibes de 5 años, maravilloso. Adoraba las Tortugas Ninja y andar en bici. Pero a quien más quería eran Lara y Pamela. Lara era su hermanita, de 10 meses. Pamela era su perrita
Un dia preguntó: - ¿Mamá, dónde esta el abuelo Julio?- En el cielo- Ah, igual que el abuelito José. ¿Y cuándo se van las personas al cielo?- Y... cuando la gente es grande. Se va haciendo viejita y despues el alma se sale del cuerpo y se va al cielo. Pero para irte al cielo tenés que ser muy bueno. -Mamá, y vos...nunca te vas a ir al cielo, no? -No sé, Seby, cuando sea muy viejita, pero falta mucho para eso. -Entonces en ese momento yo voy a estar al lado tuyo, te voy a agarrar el alma y no la voy a dejar subir al cielo y te la voy a poner otra vez en el cuerpo. Así te quedás conmigo.

Hoy 18 de julio, hace exactamente 19 años, Seby se fue al cielo. Cuando caminando por Pasteur al 600 de la mano de su madre, camino al Hospital de Clínicas, fue, junto a otras 84 personas, una víctima más del atentado a la AMIA.

19 años después. Todo el dolor. Ni un sólo condenado. Ni una pista o prueba que haya podido mantenerse a salvo del macabro trabajo de destrucción llevado a cabo por la justicia y las fuerzas de seguridad al amparo de los gobiernos de turno. 




Masturbación en el gobierno porteño

Un decreto del jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, dispone que las empresas radicadas en la Capital Federal deberán proveer una cantidad de informaciones sobre sus empleados.


La ilustración muestra una parte del cuestionario (publicado en el Boletín Oficial) que pregunta, para cada integrante del personal, sobre sus adicciones.

Las alternativas: tabaquismo, alcoholismo, drogadependencia, ludopatía y otras.

No se sabe qué admirar más en estos tipos que gobiernan la ciudad de Buenos Aires: si admirarse de lo hijos de puta o de lo pelotudos que son.

En lugar de ocuparse de resolver alguno, uno aunque más no sea, de los múltiples problemas de la ciudad y sus habitantes, ahora pretenden meterse en la vida privada de los trabajadores en relación de dependencia. Con la mentalidad de buchones que tienen, impulsan a las empresas a hacer lo mismo.

Sería interesante que los funcionarios políticos macristas, sus legisladores locales y sus diputados nacionales contestaran a este mismo cuestionario. Nos enteraríamos de algunas cosas interesantes.

¿Por qué no se preocupan por el irrefrenable onanismo de la administración macrista? ¿Esa no es una adicción?

viernes, 17 de julio de 2009

Inflados: lanzamos el DCD

Lo dicho. Queremos tratar de seguirle los pasos a los precios de canasta básica. Saber si nos pueden decir algo respecto de cómo maduran estos nuevos bellos tiempos políticos de diálogo y consenso. Pero somos cartoneros, unos ratones. No tenemos un mango para contratar una consultora que ponga en la calle 40 encuestadores que releven precios de 800 productos en 150 bocas de expendio a lo largo de todo el ispa. Otros pueden darse ese lujito. A nosotros sólo nos queda la aproximación sesgada y tangencial. Decimos que nos gusta el Audi y juntamos para un viejo Gacel chocado, porque nos dijeron que tienen “el mismo motor”. Damos lástima.




Análisis Metodológico (tomá, eso quería decirlo hace años)




Agarramos 43 productos del sitio de venta virtual del Coto (chivo de carácter gratuito, total les vamos a contar las costillas) con un nivel de arbitrariedad que da vergüenza. Y armamos una listita que el mismísimo sitio cotiza automáticamente (en nuestra vagancia reside nuestra eficacia). Click abajo para ver y agrandar. Pusimos carne, fruta, verdura, almacén, limpieza, higiene personal. Un poco de todo. De nuevo, ningún criterio. Ni en pedo evaluamos cómo se conforma la familia tipo que queremos alimentar ni cuántas calorías consume. No ponderamos cantidades, que fueron tomadas de manera unitaria: 1 paquete de papel higiénico (este trae 4 rollos), 1 sobre de jugo en polvo para preparar, 1 kilogramo de yerba, uno, uno, uno...

Otro factor no medido: el canal virtual de Coto es utilizado por un sector de clase media urbana que tiene los medios y la capacidad para usarlo (banda ancha, espalda financiera para bancar compras grandes, medios de pago acorde, etc.) Por ese motivo los precios del canal virtual podrían estar inflados respecto del canal habitual. Lo que sí es seguro es que esos precios no representa ni de cerca los que paga una familia humilde. Porque las familias humildes compran los kilos de harina de a uno (y que además no van al Coto que te cobra 5 mangos por el delivery) en el almacén del rioba.

La lista de sesgos que propone nuestro método es más larga que el tren blanco y podríamos seguir. Pero no queremos aburrir. Nuestra intención es saber, de primera mano, qué pasa con los precios ahora que la cosa está dialoguista y consensual. Maomeno. Sin grandes aspiraciones. No nos queremos erigir como fiscales del INDEC ni de las consultoras que hacen sus propios relevamientos y estimaciones. Todos muy prolijitos ellos.

Lo nuestro es construir chalecitos con ladrillo de barro: queremos ver qué pasa con los precios de una manera fácil y directa.



La lista al 15 de julio dio 159 mangos con 58 centavos. La actualizaremos quincenalmente (a menos que las condiciones exijan cambiar la frecuencia, vemos).


Ya tenemos los guantes calzados. Deséenos suerte.




Inflados

Pizza con champagne

Los poderes fácticos disfrutan las mieles de una victoria que les es propia en total derecho. Pueden verse algunas caras de sus representantes mediáticos, pletóricas de gozo. Se siente esa sensación de triunfo en algunos titulares de diarios y revistas. En declaraciones públicas de sus adláteres. Y hasta en los comentarios irónicos, minimalistas, de algún que otro habitué de la blogósfera.



De cualquier manera son absolutamente conscientes de que la derrota electoral kirchnerista del 28J es sólo un paso en el derrotero que los conducirá a retomar los hilos de un control social que perdieron el día mismo que Tachuela decidió, dadas las mínimas cosquillas que le hacía De La Sota a las encuestas y los elefantes rosados que Reutemann veía pasar volando después de una apretada secreta, que sus únicas chances de contener el proyecto de dolarización y extranjerización definitiva (que venía a herir de muerte cualquier perspectiva de control del quehacer político y social por parte de la oligarquía diversificada) encarnado por su mascarón de proa La Rata, consistían en favorecer al ignoto gobernador de Santa Cruz.




Sangre y asfalto
Ese derrotero que mencionamos está en pleno desarrollo y pensado para ir directo al corazón del proyecto kirchnerista, al cual buscará aplicarle un electroshock (aunque de objetivo antagónico al de retornar a la vida que le conocemos habitualmente) que efectivizará una eutanasia cuyo costo social, político o económico no desvela en absoluto a quienes lo delinean. Tales factores son parte del costo hundido que representa recapturar el mango de la sartén del proyecto de país exportador de productos agropecuario e industriales primarios que puede contener en su seno, en condiciones aceptables, no más que 15 a 18 millones de personas. El resto de la sociedad está pensado como ejército de reserva de la maquinaria productiva pero aportará, de manera silenciosa y pasiva, el necesario efecto disciplinador que ejerce sobre el trabajador el hecho de saber que detrás suyo se alistan decenas de compatriotas en condiciones laborales contingentes que resignarían mucho de lo que tienen por un conchabo estable que le dé de comer a sus hijos.





Y en el caso que esos ejércitos masivos de invisibles decidieran que el futuro propio y el de sus hijos reside en la acción mancomunada del piquete o, en el peor de los casos, en la acción individual de la delincuencia, entonces y en una carrera contra reloj llegarán las siempre leales fuerzas de seguridad y la justicia adicta, a bajar el rasero de la edad de imputabilidad, a probar los nuevos chalecos y los nuevos escudos anti-revuelta comprados a algún civilizado país europeo, a construir más cárceles, a programar la forma que adquirirá la represión generalizada.

Los poderes fácticos argentinos han demostrado que no tienen escrúpulos a la hora de materializar sus objetivos:



  • son los autores intelectuales de la desaparición forzada de 30 mil compatriotas en la década del 70: el derramamiento de sangre no les preocupa;

  • son los causantes de la hiperinflación del 89, mucho más objetivada en enseñarle las reglas de juego a un candidato presidencial que hablaba de revolución productiva y salariazo que en sacar el pañuelo para despedir a quien se había traicionado a sí mismo en las fiestas pascuales de 1985: la destrucción de la cohesión social tampoco les preocupa;

  • son el núcleo duro del proceso de desguace y robo de las joyas que lenta pero firmemente acumuló la abuela peronista-desarrollista de las décadas previas: el latrocinio y la estafa están entre sus deportes favoritos, no les preocupan sus consecuencias;

  • son los árbitros y principales partícipes del proceso de fuga de capitales que organizó Cavallo en su segundo mandato al frente de la cartera económica, en 2001: les gusta ser los primeros en todo y no les importa violar el reglamento de juego.

Por lo tanto, difícilmente esconderán algún prurito a la hora de cargarse un gobierno que no les gusta, que no eligieron y que preferirían ver recorriendo los estrados judiciales de nuestro país: la única limitación que se autoimponen es la de no soliviantar de manera irrefrenable a la población, a la que quieren ver más preocupada en aumentar la propia productividad que involucrada en la acción política directa de reponer en su sitio una presidente democrática, siguiendo las lecciones que dejó un ya lejano abril chavista en Venezuela y tomando debida nota de lo que ocurre hoy mismo en Honduras con el neo-populista Zelaya.



La victoria que consiguieron el 28J les corresponde. Lentamente, producto de un trabajo fino que incluyó herramientas mediáticas como así también económicas y sociales, van logrando que amplias mayorías que apoyaron al gobierno en su momento vayan cambiando sus preferencias y vayan guardando en un cajón la foto autografiada de los Kirchner, responsables a su vez de una importante lista de errores no forzados que contribuyeron (algunos persisten de manera inentendible) cada día a ese amargo eclipse.



La derrota oficial del 28J, eso sí, impone una dinámica acelerada a los acontecimientos destituyentes que se vienen, algunos de los cuales ya observamos en franco desarrollo. Fundamentalmente apuntar a la base económica del proyecto: la inédita performance de la economía argentina durante los gobiernos K se estructura sobre los así llamados “superavits gemelos”. La destrucción de este eje central como paso previo a la derrota política definitiva del gobierno es el objetivo inconfesable del establishment.



En ese sentido los reclamos por reducción en la alícuota de retenciones agrícolas o su versión más actualizada y con toques de maquillaje: “discutir modificaciones sobre el código aduanero”, que para la oposición se entiende como quitarle al PEN una de sus herramientas fundamentales de política económica para llevarlas al difuso seno del Congreso; la discusión por coparticipación del impuesto al cheque y la declaración de la emergencia agropecuaria que proponen algunos personajes ahora abiertamente opositores; el debate por los “superpoderes” que criteriosamente Mariano comenta en un post previo y otros recortes al superavit federal son, a pesar del supuesto sentido común y republicanismo conque se presente la mordida, medidas tendientes a ahogar al gobierno en materia económica, anularle su capacidad operativa y así, abrir la puerta para un escenario de caos convenientemente amenizado por saqueos y corridas. Nada más deseable para un gobierno no querido que una caída estruendosa, no sólo por el carácter revanchista de la misma sino por las insoslayables señales que irradia en los cuadros políticos que hubieran pensado en un camino soberano y solidario que no tuviera en cuenta a los dueños de la Argentina.



El “programa de desestabilización” enunciado no obsta sino que debe adicionarse a la continuidad del indispensable proceso de erosión de la imagen presidencial, buscando que una parte importante de los más de 5 millones de votantes que apoyaron al proyecto kirchnerista a fines de junio vayan reviendo posturas a lo largo de los próximos meses. Por eso seguirán los títulos de diarios, los zócalos de noticieros televisivos y los conductores radiales mañaneros persignándose ante la orgía diaria de populismo, crispación y porfía que propone el gobierno, sea por un supuesto enriquecimiento producto de la venta de terrenos que ingresan a una declaración jurada a valor fiscal y se realizan a valor de mercado, sea por el número de muertos producto de la Gripe A, sea por las misiones pro-democráticas que emprende la primera mandataria en países del hemisferio.


Inflar la inflación


En este sentido es interesante, por lo paradójico, observar el relato social que ofrece el fenómeno inflacionario: independientemente de las trapisondas imperdonables que puedan ejercerse sobre los índices del organismo a cargo de las estadísticas, gravosas per se, está instalado de manera irreversible en la sociedad un viejo relato que indica que la inflación es responsabilidad intrínseca del gobierno. Sin profundizar mucho en el asunto podemos rápidamente decir que esto es cierto cuando se da una serie de fenómenos simultáneos ninguno de los cuales está presente actualmente en la economía. De manera que si la administración ofrece cuentas claras y especialmente superavitarias, la inflación podrá tener varios otros causales no estrictamente relacionadas con desmanejos gubernamentales.

La complejidad técnica de la cuestión, que está alejada del hombre de a pie (el que encuentra en los gobernantes y en los políticos la causa primaria de todos sus males), es la principal causa de que la inflación sea una herramienta metodológicamente óptima para la desestabilización, en especial cuando los mercados tienen las características de tamaño, concentración y oligopolio que presenta el argentino. Con muy poco esfuerzo, una agenda telefónica actualizada, un poco de sincronización y una dosis de mala leche se puede lograr un efecto en la variación de precios al consumidor, que el votante medio, desconocedor de los intrincados mecanismos del mercado y sometido a incesante propaganda des-explicativa, atribuirá a desmanejos de la administración central. Muchos gobernantes del mundo pueden dar pruebas de los nocivos y directos efectos de la inflación sobre la gobernabilidad.



Si la administración se empeña en ofrecer como imagen defensora del castigado bolsillo del consumidor la de un fantasma largamente perforado por los oligopolios, que la próxima vez que levante un teléfono para putear a un empresario será ninguneado por un pañolero de mantenimiento de planta, la cosa se agrava.

Conocedores de esta realidad, del pasado reciente y tan intuitivos como nos lo pide la lleca, los Cartoneros que escribimos en este blog queremos aportar nuestro granito de arena, para lo cual desarrollamos una herramientita pobre y sencilla con la que pretendemos inaugurar una suerte de “desestabilizómetro cuantitativo digital*” o DCD, que nos ira dando algunas señales de nuestro diagnóstico.

Mientras tanto lo dejamos que vaya a buscar protector bucal, guantes y casco. Nos vemos en el próximo post. Suerte.




*digital porque ingresamos los datos con el dígito índice de cada mano