miércoles, 26 de mayo de 2010

Postales


El pibe está ahí. Tirado en un umbral. Son las dos y cuarto de la mañana y se acomoda su gorra. No tiene más de veinte y espera el colectivo. Se acomoda la visera y mira alrededor, todavía shockeado por las emociones. El ánimo de fiesta y algarabía persiste. No sabría describir de qué se trata. Pero él está ahí. Su travesía todavía no termina: espera un micro que lo lleve a su lugar, allá donde el pantone de su piel no rompe con el del resto de los pibes. Allá donde esperan los viejos, que hasta que no escuchen la puerta no van a conciliar el sueño.

Está casi seguro de que no va a poder explicar que valió la pena. Que él estuvo ahí. Que habían combinado con Lucas. Pero a Lucas se le complicó a último momento, la vieja lo retuvo con no sé que verso… y entonces decidió largarse solo.

No le va a poder contar lo que pasó. Pero sabe que Lucas siente lo mismo. Va a tener que esmerarse en dar detalles, en cosas, en pequeños gestos. Y con un “tendrías que haber venido, boludo” ajustará los detalles. Pero lo más grueso, lo que lleva adentro y lo tiene en vigilia como si fuera las dos de la tarde, eso no lo va a poder explicar.

Nunca le pasó algo así. Porque le vienen gustando un par de minitas. Pero hasta ahora, todavía, no había estado enamorado. Hasta hoy.

Puede sentir que ese calor intenso está también ahí, en manos de otros que como él, esperan el colectivo. Y como él, van a tener que ir a laburar en pocas horas. Va a estar duro, y decide no pensar en eso. Decide no preocuparse por mañana.

Quiere que llegue el bondi y subirse ya. Quiere recorrer la ciudad con ojos nuevos. Quiere caminar esas 15 cuadras desde la estación. Quiere llegar a casa. Quiere sacarse la gorrita y desanudarse la bandera que lleva de capa. Quiere agarrar lo que haya en la heladera y tirarse en la cama hasta que la emoción disipe o hasta que el sueño gane. Mirando al techo con ojos grandes.

Sabe que la mujer que lo ha flechado le es infiel. Con otros millones como él. Y que hará pagar su amor con tristezas y derrotas. Que, como con muchos, esta es una hembra terrible que podría convertir su amor en resentimiento y llevarlo lejos... Podría.

Pero el creé que esta historia, tan suya y tan única, va a ser diferente. Va a ser grande. Que podrá domar a esta mujer enorme, adúltera y brutal hasta convertirla en patria para sus hijos que, como Edipos, también caerán víctimas de su seducción.

Atrás quedan imágenes terribles.
Los muertos en diciembre de 2001 y en Puente Pueyrredón.
Atrás queda el chino en lágrimas, víctima del saqueo.
Atrás queda Barbarita, que le supo explicar a Lanata qué era el hambre por televisión.
Atrás quedan los viejos embaucados con bonos.
Atrás quedan los pibes con zapatillas en las trincheras heladas de Malvinas.
Atrás quedan los gritos de los desaparecidos.
Atrás quedan los que murieron en el exilio.
Atrás queda la desesperación.

Esta vez puede ser distinto.

Dale pibe, arriba! Levantate que ahí viene otro 45!





.

6 comentarios:

Lic. Baleno dijo...

Otra postal. Hoy voy a aun barzucho medio centrico pero no tanto y le digo al quia "que tenes para comer?" "nada" me dice.
-Como nada?
-No. Nada. Ayer estuvimos hasta las 4 de la mañana atendiendo.
-Uy que cagada y ahora que hago?
-Tostados de queso te puedo hacer. Jamon no me quedo.
-Y dale...

El Moncho dijo...

Tostados de queso sin jamón????

Nooooooooooooo, vamos a morir todos de inanición por culpa de esta conchuda y su "Creamfield" patriótica de chori y vino....

Aguante Cristina carajo!!!!!

Luz dijo...

Qué hermoso lo que escribiste...

Me emocionó.

Un abrazo

El Repúblico Javier dijo...

Hermoso texto, Contradicto.

santix dijo...

Muy bueno!

Anisett dijo...

me quiero matar porque solo estuve en la primera fecha del bicentenario y me perdi el resto! soy una pelotuda