lunes, 24 de diciembre de 2012

Cumprindo promessas I



Este post es la materialización de una promesa hecha a Gerardo y a los compañeros del programa radial El Vermucito, al que con Guille acudimos de vez en cuando con la secreta intención de arruinarlo definitivamente, hasta ahora sin éxito. 

Conociendo como operan los grandes conglomerados de medios y como se comportan los vasos comunicantes cuando se trata de transferir información internacional, sabiendo como se sesgan y se modifican los hechos cuando cruzan las fronteras, nos pareció atinado que los oyentes del programa y nuestros pocos pero fieles lectores tengan una versión diferencial de la situación política en Brasil. 

Puestos a recopilar información y datos, nos dimos cuenta de la cantidad de material que se ha acumulado y su tratamiento excedería los tiempos radiales. De manera que en este post (y si cabe en algunos futuros), van  algunos puntos de vista que ayuden al lector argentino a tener una perspectiva de la situación por fuera de los circuitos usuales.

Empecemos por decir que es imposible hablar de la actualidad política brasileña sin incluir al denominado mensalao. El centro del ring político brasileño está hoy, lamentablemente, en manos del astutamente denominado PIG (traducido, el Partido de la Prensa Golpista, según el famoso bloguero Paulo Henrique Amorim), que propone al mensalao como plato único del menú. 

Y para hablar de mensalao antes hay que hablar de cómo llega Lula al poder en el año 2003.

Lula es el líder natural del Partido de los Trabajadores, un partido de izquierda que está mucho más cerca de Gramsci que de Lenin y que, siempre con Lula como candidato, perdió 3 elecciones presidenciales (1989, 1994 y 98) antes de su primera victoria en el 2002, cuando el neoliberalismo ya se convertía para Brasil y para Latinoamérica en un lastre insoportable.

Lo primero que el lector argentino debe tratar de hacer (y no sabemos si es fácil) es sacar al peronismo del espectro político. El PT es un partido de tradición izquierdista y como tal, con un enfoque dogmático de la política, un sistema asambleario de decisiones, un programa de gobierno riguroso y criterios de pertenencia determinados. Mientras esta forma de abordaje de la política se mantuvo rígida (y se le pidió muestra de sangre con presencia de hematocritos marxistas a los trabajadores que buscaban afiliarse) sus resultados electorales no fueron exitosos. Entrados en el nuevo siglo y cansados de sumar derrotas, la mesa directiva del PT decidió un cambio de estrategia y un ablandamiento ideológico que lo puso más cerca de sectores sociales que hasta entonces le eran refractarios. 

Quizás aprendieron algo del peronismo y, aunque la palabra cause escozor en ciertos ámbitos, se convirtieron en un paritido popular y populista y un tanto catch all (nunca en el exagerado estilo de nuestro peronismo que lo único que exige es que en postulante sepa los primeros cuatro versos de la marchita).

Este “ablandamiento”, este giro hacia el pragmatismo no sólo ocurrió en el nivel micro (el de las bases) sino también en el nivel macro, el de las alianzas interpartidarias. Y seguramente estas innovaciones fueron responsables de la potenciación electoral y del arribo a la presidencia del primer presidente sin título universitario de la historia democrática de Brasil, el primer presidente oficial tornero mecánico (como sensiblemente lo dijo en su discurso de asunción en 1 de enero de 2003). 


Suficiente por el momento. La seguimos otro día.