martes, 25 de diciembre de 2012

Cumprindo promessas II



En esta segunda parte hablemos un poco de cómo llega, políticamente, Lula a la presidencia del país hermano.

Del proceso de apertura inaugurado por el PT se desprende que no llegó al gobierno en soledad, sino dentro de un acuerdo partidario denominado "Base Aliada”, de la que participan varios partidos de extracción izquierdista, mas o menos moderada (el Partido Trabajista Brasilero PTB, el Partido Progresista PP, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño PMDB,  pero fundamentalmente el partido que por su importancia proveyó el candidato a vice, el megaempresario textil minero José Alencar, hoy inexistente Partido Liberal)

En este punto es significativo citar una frase dicha por el mismo Lula una década antes, en 1993: “en el Congreso hay una minoría que se preocupa y trabaja por el país, pero hay una mayoría de unos trescientos pícaros que lo único que defienden son sus intereses personales”. Una definición que tranquilamente podría haber salido de la boca de un, digamos, Germán Abdala.

Quizás premonitoriamente, Lula le dejaba a la posteridad esa definición que ponía en evidencia lo que le estaba pasando a toda la política latinoamericana, el desensamblaje ideológico en el altar de las privatizaciones, la desregulación salvaje, la valorización financiera y los negocios espurios. Como para abandonar cualquier pretensión de que el menemismo fue un rara avis en su época y su continente.

Lo cierto es que el primer gobierno del PT no llegó al Congreso con mayoría propia: su propia Base Aliada lo sometió a proceso permanente y recursivo de negociación para permitirle lograr sus primeros, tímidos, objetivos programáticos. Logros cuya cotización aumentaba en la medida que sus aliados iban constatando la falibilidad política del andamiaje sobre el que el PT se movía. 

Hay que recordar que Lula arrancó su primera presidencia con un fuerte sentido de mantenimiento de la gobernabilidad, por el cual sus primera acciones de gobierno fueron, por ser benévolo, timoratas. El botón de muestra de esta afirmación reside en el nombramiento al frente del gabinete del Banco Central do Brasil de Henrique Meirelles, un neoliberal y ex presidente del Bank Boston que a la postre se convirtió en dirigente del PMDB.

De esta manera, cada obra de gobierno del PT que requería consenso parlamentario, por ejemplo la creación de una región promocionada tributariamente en algún relegado Estado nordestino implicaba el proceso de seducción y convencimiento de todos los diputados y senadores aliados de los estados circundantes. Lo perverso del procedimiento, sumado a la antológica falta de ética de los legisladores federales brasileños, lleva a suponer que más temprano que tarde el PT pisó el palito y se comprometiera en un sistema de prebendas regulares e ilegales destinadas a mantener a la Base Aliada satisfecha (las “efectividades conducentes” de don Hipólito Irigoyen). 

En efecto, al mensalao puntualmente lo gatilla la búsqueda de un acuerdo con el PTB sobre un esquema de control del Correo de Brasil. Ese esquema de mensualidades fijas (mensalao=mensualidad) desde una caja no legítima de fondeo, denominada caja dos (caixa dois), algo que en la tradición política de la derecha brasileña es más común que la caipirinha, para el PT es un doblemente gravoso tiro en el pie, toda vez que este fue un partido que permanentemente renegó de la falta de ética y claridad en las prácticas políticas tradicionales verdeamarelas. Algo así como descubrir que aquí a la inmaculada Lilita Carrió la banca, digamos, un Monsanto, imagínese.

Nuestros avispados lectores imaginan lo que sigue: un día alguien no quedó satisfecho con el sobre recibido y zás! deportes en el recuerdo! la hecatombe!

Basta por hoy. Seguimos otro día.