domingo, 30 de diciembre de 2012

Farsacracia



Nuestro cartonero revolvedor de basura del primer mundo, enviado especial a los containers de plástico verde de Washington, nos envía un sugestivo casete con la inscripción “Recontra secreto”, en la que según nos dice está registrada una conversación en 2011 entre la periodista KT McFarland, enviada exclusivamente a Afganistán representando al presidente de Fox News, Roger Ailes, con el entonces general David Petraeus, famoso comandante en jefe de las operaciones en Irak, a quien tantea para chequear las intenciones de enfrentar a Obama en la carrera presidencial de 2012, representando al Partido Republicano.

Lo dicho no sería material para un post cartonero si no fuera porque el tanteo del que hablamos es en realidad algo más: la periodista lleva consigo una de esas propuestas imposibles de rechazar  para Petraeus, de parte del jefe de Ailes, el inefable y corrupto Rupert Murdoch. En la conversación hay una evidente presión a Petraeus para saltar a la arena política, con la promesa de Murdoch de bancar económicamente el total de los gastos de su campaña presidencial y, por supuesto, apoyo mediático de su gigante mediático Fox News, tout court.

El general americano, desconocemos sus razones, se excusa y agradece la generosa oferta. Pero este no es el punto. En el diario competidor del grupo Fox, el conservador Washington Post, la nota fue publicada en la sección “Lifestyle”, algo así como nuestra revista dominical.

Como dice nuestro cartonero gringo, lo que esta historia revela es la farsa del juego electoral norteamericano, en el cual una o varias poderosas corporaciones en la elite manipulan el sistema mediante dinero y percusión mediática para que los votantes sientan la fresca y digna libertad de votar por uno de dos candidatos que están de acuerdo en el 80% de la agenda política, y cuando esas diferencias se hacen ostensibles o irreconciliables, esos mismos factores de poder se encargan de plancharlas detrás de bambalinas mediante grupos de lobby, de manera pública mediante campañas de prensa o de manera solapada mediante la coerción económica que ejerce Wall Street.

Que Rupert Murdoch es un peligro para la democracia no es la noticia. La noticia es la absoluta dominación de lo que los votantes de la democracia más robusta y visible del planeta ven, escuchan y degluten todos los días y de cómo esa papilla es amasada por los grandes concentrados mediáticos.

Por suerte nosotros, habitantes de esta imperfecta y joven democracia del sur debemos quedarnos tranquilos, ya que estas manipulaciones a escala gigantesca aquí difícilmente ocurran. 
Aquí son las crisis las que “causan dos nuevas muertes”.