Lo dicho. Queremos tratar de seguirle los pasos a los precios de canasta básica. Saber si nos pueden decir algo respecto de cómo maduran estos nuevos bellos tiempos políticos de diálogo y consenso. Pero somos cartoneros, unos ratones. No tenemos un mango para contratar una consultora que ponga en la calle 40 encuestadores que releven precios de 800 productos en 150 bocas de expendio a lo largo de todo el ispa. Otros pueden darse ese lujito. A nosotros sólo nos queda la aproximación sesgada y tangencial. Decimos que nos gusta el Audi y juntamos para un viejo Gacel chocado, porque nos dijeron que tienen “el mismo motor”. Damos lástima.
Análisis Metodológico (tomá, eso quería decirlo hace años)
Agarramos 43 productos del sitio de venta virtual del
Coto (chivo de carácter gratuito, total les vamos a contar las costillas) con un nivel de arbitrariedad que da vergüenza. Y armamos una listita que el mismísimo sitio cotiza automáticamente (en nuestra vagancia reside nuestra eficacia). Click abajo para ver y agrandar. Pusimos carne, fruta, verdura, almacén, limpieza, higiene personal. Un poco de todo. De nuevo, ningún criterio. Ni en pedo evaluamos cómo se conforma la familia tipo que queremos alimentar ni cuántas calorías consume. No ponderamos cantidades, que fueron tomadas de manera unitaria: 1 paquete de papel higiénico (este trae 4 rollos), 1 sobre de jugo en polvo para preparar, 1 kilogramo de yerba, uno, uno, uno...
Otro factor no medido: el canal virtual de Coto es utilizado por un sector de clase media urbana que tiene los medios y la capacidad para usarlo (banda ancha, espalda financiera para bancar compras grandes, medios de pago acorde, etc.) Por ese motivo los precios del canal virtual podrían estar inflados respecto del canal habitual. Lo que sí es seguro es que esos precios no representa ni de cerca los que paga una familia humilde. Porque las familias humildes compran los kilos de harina de a uno (y que además no van al Coto que te cobra 5 mangos por el delivery) en el almacén del rioba.
La lista de sesgos que propone nuestro método es más larga que el tren blanco y podríamos seguir. Pero no queremos aburrir. Nuestra intención es saber, de primera mano, qué pasa con los precios ahora que la cosa está dialoguista y consensual. Maomeno. Sin grandes aspiraciones. No nos queremos erigir como fiscales del INDEC ni de las consultoras que hacen sus propios relevamientos y estimaciones. Todos muy prolijitos ellos.
Lo nuestro es construir chalecitos con ladrillo de barro: queremos ver qué pasa con los precios de una manera fácil y directa.

La lista al 15 de julio dio 159 mangos con 58 centavos. La actualizaremos quincenalmente (a menos que las condiciones exijan cambiar la frecuencia, vemos).
Ya tenemos los guantes calzados. Deséenos suerte.