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miércoles, 2 de junio de 2010

Aulas frías, mentes afiebradas



A ver, alumno Bullrich, pase al frente por favor.
No estudié, señorita.

No importa, alumno Esteban, usted es brillante. Seguro que este problema le va a salir bien.
Como diga, señorita.

Vamos Esteban, escriba en el pizarrón la siguiente consigna: si tengo un aula que mide 4 metros de lado por 6 metros de fondo por 3 metros de altura, cuál es su volumen?
Fácil, señorita, 4 por 6 por 3. O sea 72 metros cúbicos.

Muy bien alumno, Estebitan, muy bien. Ahora supongamos que una escuela tiene dos cursos por cada grado en siete grados y hay que agregar la dirección, la secretaría, la biblioteca, la mapoteca, la cocina, los baños, los pasillos y otras dependencias que representan un 30% del volumen. Cuál es el volumen de una escuela como esa?
Fácil señorita, 72 por 14 más 30 por ciento, o sea 1310 metros cúbicos.

Bien, Estebitan, vió que le dije que iba a poder? Y ahora respóndame, cuantos kilos representan 1310 metros cúbicos de aire si la densidad es de 1.3 kg/m3?
Esa es difícil, seño…

Vamos, Estebitan, que usted puede…
1703.5 kilos de aire.

Pero muy bien, Estebitan. Ahora hagamos otra cuenta. Supongamos que durante la noche la escuela se enfría y que toma la temperatura del exterior. Esta mañana, por ejemplo, 10 grados. Pero a las 7 de la mañana cuando el portero empieza la actividad arranca la calefacción, la tiene que llevar a 21 grados para que todos puedan estar confortables. Cuántos grados tuvo que elevar la temperatura?
Esa es muy fácil, seño, son 11 grados.

Sí, Estebitan, está bien, pero después el portero tiene que mantener la temperatura en ese orden sabiendo que, si la apagara, pierde 3 grados por hora y eso desde las 7 de la mañana hasta las 6 de la tarde que se retiran todos.
Y…eso son como 11 horas a 3 grados por hora, o sea como 33 grados.

Claro, más los 11 grados del inicio a la mañana.
Exacto: 44 grados en total.

Perfecto. Y cuánta energía se necesita para proveer ese calor, Esteban? Lo vimos la semana pasada…
Y, la energía requerida es igual al calor especifico del aire por su masa por la brecha de temperatura que queremos calentar.

O sea?


Muy bien, Estebitan. Vino con todas las luces hoy. Y si lo queremos calentar en, digamos, 10 minutos, qué potencia se necesita?
La potencia es igual a la energía dividida por el tiempo. O sea que si 10 minutos son 600 segundos, tenemos 124.471 watts, que es la unidad de potencia, o 124.5 kiloWatts.

Veo que también estudió las unidades, muy bien. Ahora dígame cuanta potencia se requiere para las 46 escuelas que no tienen gas.
Ese número por 46, o sea 5725.7 kWatts o kilovatios.

Ahá. Y usted se acuerda, Estebitan, de cuál era la potencia de la central termoeléctrica Manuel Belgrano que la presidente inauguró en Campana en marzo de 2008?
Si. Lo estudiamos, seño. La primera fase de la central proveía 400.000 kilovatios.

O sea que el chistecito de su plancito de calentar 46 escuelas con caloventores, producto de la ineficacia de no haber hecho las obras de gas necesarias, representa el uno y medio por ciento de una planta termoeléctrica montada por un gobierno para aumentar la capacidad generadora bastante ajustada de un país.
Pero…

Eso sin preguntarle cuántos caloventores compró, a qué precio y qué va a hacer con ellos cuando ya no los necesite. Siéntese, alumno Esteban. Tiene un dos.




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miércoles, 10 de febrero de 2010

Carne y energía: el problema es la demanda


La disparada de los precios de la carne en este principio de año volvió a propiciar el debate sobre la regulación de los mercados por parte del Estado y la sustentabilidad de modelos ideados con base en esa premisa.

Es muy difícil condensar en un mismo texto ideas que atañen a mercados disímiles, con características propias, sin caer en el riesgo de la simplificación, y tal vez la falacia. Sin embargo, el intento se relaciona con la necesidad de enmarcar la discusión en el modo en que funcionan los mercados, al menos en sus leyes generales, y la capacidad operativa que las instituciones estatales tienen para intervenirlos.

Ocurre que en los mercados señalados se da una situación más o menos aproximada: los productos (descontados impuestos internos) tienen precio de mercado interno inferior al internacional. Esto significa que los agentes dedicados a la producción reciben precio neto de cargas impositivas menor al que recibirían con una simple desregulación del comercio exterior (sin retenciones, sin permisos de exportación). Esta situación es reconocida generalmente, independientemente de lo que el consumidor pague (en el precio que paga el consumidor intervienen otros factores: en la carne, por ejemplo, el accionar de las cadenas de distribución y comercialización y sus márgenes; en los combustibles los impuestos específicos; en todos los casos, los impuestos indirectos).

En el caso de la carne se da una situación desde hace unos años que se puede esquematizar así: demanda externa fuerte, con buenos precios; demanda interna más fuerte todavía, pero con precios menores (lo cual hace que la demanda tienda a crecer más); intervención estatal para corregir el incentivo a la exportación que genera esta situación (intervención sobre los precios netos cobrados, más restricción de las exportaciones a través del otorgamiento de permisos y obligatoriedad de encajes para los frigoríficos). Es decir, prácticamente se obliga a la cadena de producción a atender priomordialmente el mercado interno.

Ante la demanda que crece, incentivada por los bajos precios relativos, del lado de la oferta se presenta un problema. Reinvertir las utilidades necesarias para hacer crecer la oferta a tono con el aumento de la demanda, implica utilizar por debajo del óptimo los recursos productivos. El costo de oportunidad es alto.

Con la energía la situación es más evidente. Las empresas del sector (o de los varios sectores comprendidos), de capitales internacionales, tienen en general tomada la decisión de cuál será su centro de ganancias. Es decir, aquel lugar del mundo donde, previo ajuste de su contabilidad, las ganancias deberán derivarse, con el fin de maximizarlas. Es, por supuesto, un lugar donde los impuestos sobre las mismas sean menores, las tasas de interés más atractivas, la moneda convertible, el mercado de capitales más atractivo, etc.

Operar, entonces, en un mercado que obliga a la maximización de la reinversión de utilidades para atender una demanda firme, con precios que están por debajo del umbral de restricción del consumo, obliga a las empresas a sustraer recursos que, mediante transferencias, compras intra-empresa, y otros conceptos podrían ser derivados a su centro de ganancias. Trabajan por debajo del óptimo. Alto costo de oportunidad.

Pagar millones en subsidios no corrige definitivamente la situación. El "problema" se genera, no porque los ingresos de las empresas sean inferiores a sus costos (efectuado el pago de subsidios no lo son), sino porque la situación las obliga a reinvertir utilidades, a no poder maximizar ganancias de acuerdo a su política global.

Hecho el diagnóstico sobre el cual podríamos llegar a un acuerdo más o menos general, queda evaluar alternativas para la "solución" de estos problemas. ¿Y cuál es la alternativa más "racional"? Precios al consumidor que restrinjan el consumo. Ajuste sobre la demanda.

Cualquier enfoque que se haga de estos problemas terminan por conducir a una misma conclusión: los argentinos consumimos cantidades que están por encima de la capacidad de optimización de recursos de la cadena de producción. Es decir, el nivel de consumo en el mercado interno no les permite a las empresas del ramo maximizar ganancias.

¿Alguien puede, después de arribar a esta conclusión, sostener que las supuestas soluciones serán beneficiosas para los consumidores (sobre todo los más pobres)?

Aún cuando el esquema actual se vuelva insustentable, la alternativa con la cual compararlo es la de haber hecho esto que aparentemente está ocurriendo ahora, hace 6 años. ¿Con qué beneficio? ¿Que no falte carne, o electricidad? Restringir el consumo es convalidar la escasez, hacer que falte.

O sea, la opción era: ser populista o ser "racional". Como siempre, la decisión es ideológica.






viernes, 21 de agosto de 2009

Petrobras



Petrobras es una empresa estatal brasilera, a la que generalmente se postula como modelo de eficiencia. Por varias razones. Primero porque se dedica a una actividad considerada estratégica (energía: petroleo y derivados, y gas). Segundo, por su posición dominante, que permite al Estado el control del mercado y la apropiación de la renta que pudiere generarse. Tercero, por su fortaleza financiera en la que se cuenta el rendimiento de sus acciones. Cuarto, por su capacidad inversora fronteras afuera de Brasil, en igualdad o superioridad de condiciones respecto de firmas privadas.


Una empresa que acompaña el proceso de desarrollo estratégico de Brasil activamente.

Uno de los últimos grandes logros que se le puede atribuir es el descubrimiento de una cuenca petrolera en la plataforma submarina del país vecino. Las acciones desplegadas en torno a la posibilidad de ejercer el control de esta fuente de recursos estratégicos en detrimento de los intereses de empresas multinacionales privadas ha despertado el interés de grandes medios internacionales, últimamente.

Pero lo que nos interesa es ver cómo ha hecho Brasil para descubrir semejante cuenca petrolera, que le brinda a futuro semejante beneficio, gracias al accionar de semejante empresa, que se pelea con sus ex-socios (ejem) por el usufructo del recurso (poniendo en riesgo -qué irresponsables- el abastecimiento de sus propios ciudadanos). La respuesta sencilla es: destinando miles de millones de dólares durante varias décadas a la inversión en exploración a través de su empresa estatal.

Miles de millones de dólares que desde hace muchos años pagan de su bolsillo todos los brasileros, y que recién ahora un poco (y seguramente dentro de unos años mucho) les está dando réditos tales que les hará recuperar con creces el esfuerzo y la inversión realizados. Petrobras fue durante un tiempo prolongado la empresa que actuó como aspiradora de la renta generada por los sectores más productivos de la economía brasilera, para invertir cifras enormes (que pagaron todos los brasileros, repito) en una actividad que tenía un potencial estratégico interesantísimo, pero que podía convertirse tranquilamente en un fiasco.

Y el país vecino tenía (y sigue teniendo, hay que decirlo) “prioridades mucho mayores”, como ser: un nivel de pobreza promediando el 40%, altísimo analfabetismo, precariedad infraestructural en los bolsones de pobreza incluso de los estados “ricos”, una violencia cotidiana atemorizante por la incapacidad estatal para ejercer el control políciaco en ciertos territorios que en la práctica se “independizaron” aún cuando la policía no escatima brutalidad a la hora de hacer las veces de “política pública de contención de la pobreza” (que fue la más eficaz de las que se implementaron).

Así y todo, el estado brasilero a través de la sociedad del estado Petrobras pudo captar renta y reconducirla al desarrollo de actividades estratégicas, con control estatal. Por eso, una vez operados los milagros, es bueno pegarle una ojeada al fino proceso de producción que los hace posibles. No hay batalla en la historia que se haya ganado sin derramar sangre.


La ilustración es de acá.