
Existen algunos mitos y concepciones, que en su masividad y permanencia a lo largo del tiempo, tienden a convertirse en verdades irrefutables. Muchos de esos argumentos permanecen porque son, generalmente, funcionales al orden establecido. Y si bien existen muchos, nos interesa en esta oportunidad mencionar una de esas verdades reveladas que, percutidas de manera sistemática por la prensa hegemónica, le hacen mucho daño a la comprensión pública de una problemática.
Hablamos de la recurrente tendencia de pseudo-periodistas monopólicos, devaluados gurúes del establishment, supuestos empresarios serios a, con total naturalidad, asignarle al dato mensual del IPC que publica el INDEC el valor de variación en el “Costo de Vida”. Aprovechando una sutil confusión, un solapamiento conceptual, los altavoces del poder mediático iteran y reiteran, presentándolo como una grave contradicción a través de la cual buscan descalificar la gestión económica del gobierno.
No sería grave si del otro lado del mostrador observáramos una réplica aclaratoria, sistemática y contundente a esta confusión, una especie de 678 que pusiera cada falsedad estadística en su justo lugar. Pero como el tema arrastra desde su origen estadístico matemático una dosis de complejidad, lo que se escucha de este lado es un silencio que por lo menos suena a consentimiento o, peor, aprobación.
Así que, compañeros, se trata de responder con claridades a esa deliberada confusión: el dato del IPC NO es Costo de Vida. Es Inflación. Son dos cosas distintas. Y vale tener en cuenta esa diferencia: el IPC es un ambicioso índice que busca medir TODOS los precios de los consumos de un hogar. TODOS.
COSTO DE VIDA, sin tener una definición exacta porque no es un índice sino un concepto, se reduce esencialmente a los precios de alimentos y bebidas. Es decir que la diferencia entre IPC y costo de vida es nada menos que la variación de precios de gasto en vivienda (pondera al , indumentaria y calzado, transporte y comunicaciones, gastos para la salud, esparcimiento, educación, equipamiento del hogar y otros.
De manera que cuando Moyano dice que va a utilizar el índice del supermercado para hacer su demanda de aumento salarial, no entra en contradicción. Porque lo que Moyano y sus compañeros compran en el súper son, esencialmente, alimentos y bebidas. Y por eso habla de un 25 a 30 por ciento de aumento: para cubrir a sus representados de lo que aumentarán las cosas en que los trabajadores gastan mayoritariamente su estipendio. Sin embargo este argumento es sistemáticamente presentado por periodistas in-the-pendientes como una flagrante contradicción con el dato de inflación que presenta el gobierno al que Moyano apoya.
Es nuestra responsabilidad, la de los que estamos de este lado y tenemos conciencia del asunto, militar esta aclaración. Sabiendo que nos exponemos a defender la indefendible, por desprolija, intervención del INDEC. Este post no se erige como una defensa irrestricta de la actual gestión del INDEC. Pero claramente no podemos conceder con silencio la payasada de que la inflación ronda el 30%.
Aclaremos entonces que el rubro “Alimentos y Bebidas” ponderan en el IPC por valor del 37.9%. Esto significa, por ejemplo, que si alimentos y bebidas aumentaran en un año el 30% y el resto de los precios de la economía se mantuviera fijo (sólo un ejemplo hipotético, claro), el IPC del período sería del 11.4%.
Y digámoslo claramente, el INDEC no es hoy santo de nuestra devoción, pero las respuestas presentadas por las consultoras supuestamente coaccionadas para abrir al público su metodología de cálculo hacen agua por los cuatro costados. En lugar de escudarse en el derecho a ejercer industria lícita, tienen una excelente oportunidad para mostrar que contratan X encuestadores, que relevan Y negocios y toman nota de Z precios de productos y que el algoritmo que utilizan está aprobado por la Asociación Internacional de Estadísticos Opositores, con sede en Ginebra; pero la verdad, hasta ahora sólo escuchamos zaraza.
El tema reviste una complejidad tal que, aún cuando tomáramos por cierto el dato de estos voceros de la embajadores de la zaraza y concediéramos que la inflación es el doble de lo que dice el gobierno y se ubica en un promedio del 2% mensual, nos preguntamos qué valor tiene acusar ese dato cuando voy un día a comprar acelga y está a 1,50 el kilo y voy al mes siguiente y el mismo verdulero me la quiere cobrar 7 con 40.
En los días venideros reflotaremos nuestra herrumbrada y polvorienta canasta digital cartonera para ponerle algunos números a esta cuestión.
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