
Está en discusión el futuro de las retenciones a los cuatro cultivos más importantes: soja, girasol, maíz, trigo.
Y el Gobierno, otra vez, eligió plantarse en un lugar que probablemente no sea el mejor para defender su postura.
El lugar elegido es la defensa de las cuentas fiscales. Está bien resaltar la importancia del aporte al fisco. Está bien vincular las acciones del Estado reclamadas (incluso por insuficientes) con la necesidad de financiarlas de manera sustentable. Y por ello está bien discutir las retenciones como una herramienta de recaudación fiscal, de financiación de aquellas políticas que reclamamos. Y resaltar que su eliminación requiere el reemplazo del ingreso que generan por otro de igual cuantía. Que, incluso, pueda ser más sustentable en el tiempo, y no tan atado a los ciclos de los precios internacionales de los bienes gravados.
Ahora, una vez asumida esa posición como propia, ¿qué responder cuando se dice que lo que se recauda por maíz y trigo es insignificante, y que se puede eliminar, incluso porque se recupera indirectamente vía recaudación de otros impuestos (IVA, Ganancias)?
No se puede responder nada. Porque la discusión encarada en esa vía, no permite otra argumentación.
El problema principal de la eliminación de las retenciones al trigo, por ejemplo, está vinculado con la primarización del aparato productivo. Hoy, la industria molinera trabaja con un diferencial del 10%. Eliminar las retenciones, o sea, reconocer el inconcebible 0% de retenciones al trigo y a la harina de trigo significa eliminar ese diferencial. O lo que es lo mismo, desactivar cualquier tipo de incentivos al procesamiento de la materia prima. Exportación de la materia prima directamente, sin ningún tipo de agregado. Más todavía: traducido en exportación, cuando ingresa al país comprador el producto elaborado paga un arancel mayor al del producto en bruto.
Retención de 0% (inconcebible número e irrealizable, pero acá nos referimos también a su "equivalente real") significa darle al aparato productivo un sesgo hacia la primarización. Mejor dicho, mantener y exacerbar el sesgo primario de las ventajas comparativas argentinas, y aún profundizarlo arbitrariamente, ya que quedaría sin compensación el arancel de importación, cobrado en el país importador.
Entiendo que la derrota en las elecciones puede haber convencido de que el camino de la comparación entre los "dos modelos" no dio los frutos esperados. Es que hablar de modelos es hablar en abstracto. También Biolcatti, cuando dice que "el campo dejó de ser la mansa vaca lechera que se deja ordeñar para cubrir el costo de la ineficiencia", intenta hablar en abstracto. Por eso, hay que obligarlo a ponerle nombre y apellido a sus palabras: "¿querés que te elimine las retenciones al trigo? Perfecto. Convenceme a los molineros de que no me toquen un sólo puesto de trabajo, a pesar de que el costo de la materia prima les aumente un 20%, y lo hago." No lo va a hacer, porque no le importa. "¿Para qué voy a mantener la ineficiencia de los molinos argentinos? Exporto a Brasil la materia prima, que ellos industrialicen". Eso es lo que piensa.
Para estar en igualdad de condiciones, hace falta hacérselo decir, con todas las letras.