viernes, 7 de agosto de 2009

Economía norteamericana: se detiene la caiiiiiiiiiiiii

Venimos asistiendo a un fenómeno notable. Uno sabe, desde luego, que la percepción de los hechos sociales está siempre teñida por los intereses, los prejuicios y las ilusiones del sujeto, pero pocas veces esto se observa de una manera tan grosera como ahora.


Hoy, todos los diarios argentinos anunciaron con bombos y platillos que por fin bajaba la desocupación en los Estados Unidos. Ayer, las informaciones oficiales norteamericanas indicaban que en julio los despidos otra vez habían superado a las nuevas contrataciones. Aunque en números inferiores a los meses previos, los pedidos de seguro de desempleo habían vuelto a crecer. ¿Cómo se entiende?



Conocedor veterano de las empresas periodísticas locales, me pareció prudente recurrir a las propias fuentes norteamericanas. Sorpresa: desde Nueva York, informa Associated Press:

"Los empleadores redujeron abruptamente los despidos en julio y la tasa de desempleo disminuyó por primera vez en quince meses, enviando una fuerte señal de que la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial finalmente está llegando a su fin. El último mes se perdieron un total neto de 247.000 puestos de trabajo, la menor cifra en un año. Contrasta con los 443.000 puestos de trabajo que desaparecieron en junio. Y la tasa de desempleo para julio bajó a 9,4% desde 9,5% en junio."

Hice mil cuentas con los dedos, borronée sumas y restas en papelitos varios y nada. Sigue sin dar nada con nada. Hubo 200.000 despidos menos, pero así y todo, fueron a parar a la calle un cuarto de millón de trabajadores más que los que consiguieron trabajo. ¿Si son más los despedidos que los contratados, si son más los que piden el subsidio de desempleo, cómo puede reducirse la desocupación?

Por un momento, pensé en lo peor: ¡Polémico Moreno ha intervenido las estadísticas del Departamento de Trabajo de los EE.UU.! ¡Estos son los frutos venenosos del populismo de Obama! ¡San Biolcatti, ora por nosotros!

Sentir la paternal protección de San Biolcatti, patrono de los pobres, me tranquilizó lo suficiente como para leer algunas líneas más.


"Esto ha sido claramente un viraje hacia la mejoría. En materia de despidos, lo peor ha quedado atrás", dijo el economista Ken Mayland, presidente de ClearView Economics. Da la impresión de que el señor Mayland no teme por su puesto. De lo contrario, no vería con tanta tranquilidad una destrucción de 247.000 puestos de trabajo. Un cómodo sillón tras un enorme escritorio siempre es un buen sedante.

Pero me quedo con las ganas de saber cómo se hace para que haya más desocupados y, al mismo tiempo, se reduzca la desocupación. Tal vez, opere ese fenómeno que caracteriza a los períodos de desempleo estructural: como las estadísticas cuentan como desocupados a los que buscan trabajo, cuando muchos se desalientan y dejan de buscar un puesto imposible de conseguir, dejan de contar en las estadísticas y puede haber, simultáneamente, más desocupados en la calle y menos en las planillas oficiales.


Tarea para el hogar para economistas liberales: entren a las estadísticas laborales de los EE.UU. y el lunes a la mañana quiero ver aquí cinco comentarios explicándome que soy un ignorante y que el prodigio de debe a tales y cuales y recuales cuestiones técnicas.


En todo caso, la baja de los despidos en julio está lejos de anunciar el fin de la recesión. Para que la desocupación norteamericana se mantenga en su ya alto nivel, deberían crearse 125.000 puestos de trabajo por mes. Para que vuelva a un nivel habitual del 5%, deberían crearse 200.000 por mes y harían falta dieciséis meses para alcanzar ese resultado. La información de AP aclara que "Los economistas dicen que puede tardarse hasta 2013 para reducir la tasa de desempleo al 5%".


Amable lectora, amable lector: cuando los medios y los economistas argentinos le anuncien que la crisis mundial ya es sólo un mal sueño, recuerde estos duros números y no les crea una sola palabra.



Foto: Un desocupado revisa el tablero de anuncios en la oficina del subsidio. Perdón, don Bloomberg, no sea así, usted tiene montones de fotos y nosotros no. Le juro que no va a volver a pasar.

Qué idea!!


IDEA, el Instituto para el Desarrollo Empresario Argento, un módico think tank bastante neoliberalote que logró renombre a través de su famoso Coloquio Anual, hizo llegar una gacetilla a nuestra redacción cartonera. Seguramente nos vio abriendo bolsas en su vereda de la calle Moreno y quiso poner en práctica aquello de la denominada "responsabilidad social empresaria" ('caridad corporativa selectiva' en su denominación genuina).


Y nos invita a un desayuno que denominó "Articulación Público-Privada: Jefes de Campaña" en la que los jefes de campaña de Unión Pro y del Acuerdo Cívico y Social* (peronchos abstenerse, como que no da, viste?) "compartirán su experiencia sobre el armado de campañas políticas" (guau!!), "la definición de propuestas políticas para la comunidad y el empresariado" ('tengo un plan', 'alika-alikate', la foto de Gabriela con el triagulito del Pro sin texto... en fin, esa parafernalia de ideas que le coparon a la gente), "la búsqueda de financiamiento" (esa era la más fácil, estaban todos de acuerdo) y, guarda esta, "la incorporación de jóvenes que compartan su visión".



Y ya nos estamos viendo en las próximas elecciones charlando con una fiscal gorila que nunca estuvo en Mataderos y que nos hable de las innumerables ventajas que tiene hacer un posgrado en "economía empresarial en contextos de alta dinámica".

El 11 de agosto a las 9 de la mañana.

Pasaremos. Daremos cuenta de las medialunas. Preguntaremos por el jugo de naranja. Piropearemos a las mozas, seguramente conurbaneras ellas. Y tipo 9.15 nos retiraremos argumentando un fuerte dolorcito acá.


*Queremos alertar desde este humilde espacio a quien pudiera verse tentado de participar, que el jefe de campaña del Acuerdo Cívico y Social podría ausentarse el próximo 11. Para mayores detalles sugerimos monitorear las tapas de las revistas del corazón. Busque datos sobre el divorcio Carrió-Stolbizer

jueves, 6 de agosto de 2009

El tema de la lechería

¿Quién no sabe que la horrorosa política económica kirchnerista condena a la desaparición a la actividad agropecuaria? ¿No lo dicen, hora a hora y minuto a minuto, los dirigentes agrarios, los grandes medios de comunicación, los economistas del establishment y los recién recibidos que aspiran a llegar a ser del establishment y algunos blogueros? ¿Alguien lo pone en duda, dada la reconocida seriedad, objetividad, honestidad y solvencia intelectual de tan altos exponentes de nuestra cultura económica?

Hay, eso sí, un pequeño detalle, pequeño pero incómodo. Lo que nuestros grandes maestros de la economía agraria y de la economía a secas no son capaces de explicar son algunos hechos embarazosos que, por ocurrir fuera de nuestras fronteras, no pueden atribuirse a la maldad de los Kirchner y de Polémico Moreno.

Quien lea los diarios uruguayos suele toparse con uno de esos hechos. La prensa transplatina suele lamentar el mal estado del agro oriental, las dificultades de su ganadería y ¡oh! el estado terminal de la lechería. ¿Hará Kirchner secretos vuelos nocturnos para engualichar las tetas de las vacas uruguayas?

Tal vez por poca familiaridad con el idioma, se comprende que nuestros grandes maestros no sigan asiduamente la prensa brasileña, lo que les evita el disgusto de informarse de similares inconvenientes en la lechería de Brasil (también se quejan por la cuestión de la carne, pero de eso hablaremos otro día). Habrá que pensar tal vez que Polémico Moreno, entre sus múltiples tareas, se ocupa personalmente de inyectar hormonas masculinas a las vacas lecheras que mugen en portugués.

Pero el acabose, el auténtico colmo es la crisis de la lechería norteamericana. ¡Cómo! Un país exitoso, como diría López Murphy, tiene problemas con sus tetas (bovinas, que las humanas parecen conservar toda su lozanía, afortunadamente).

Leamos:
"Como en la Argentina, los tamberos norteamericanos están en crisis y mandan sus vacas al matadero. Es como parte de un programa industrial que busca recuperar los precios de la leche a través del recorte de la oferta láctea. En ese país, es la tercera vez que se desecha producción en nueve meses, según informó la Federación Nacional de Productores de Leche, con base en Virginia; y, el mes pasado, unas 101.000 vacas fueron sacrificadas. La matanza de vacas reducirá fuertemente la producción láctea norteamericana. Los futuros de leche cayeron 31% en el último año en el mercado de Chicago, debido a la sobreoferta."

Mariano T., te lo pido por favor, aliviá esta angustia y explicanos que es todo mentira.

Combatiendo el eufemismo



Escuchamos hablar de recuperar las señales que da el mercado, de márgenes de rentabilidad, de intervenciones que distorsionan la actividad y desincentivan la producción.



Y siempre, aunque la corrección política obligue a la discreción, sabemos que se está hablando de precios.

El tema de la lechería exige que se ponga en claro el asunto. Para que el tambero mejore su rentabilidad tiene que cobrar un precio mejor. A contramano del proceso secular, y en detrimento de la rentabilidad de las usinas, o de los canales de distribución, o de las terminales comerciales minoristas (por no decir supermercados), o (sí señores) del consumidor. Alguien tiene que pagar ese precio mejor para el tambero.



El tema de la ganadería requiere un ejercicio similar. La mejora del precio al productor, o la paga el consignatario, o la paga el frigorífico, o la paga la carnicería, o la paga (otra vez) el consumidor.

El tema energético, otro caso testigo. Para incentivar la exploración (digamos, para obtener gas, o petroleo) hay que pagar un precio mejor al que extrae el producto en bruto. O lo paga la cadena de valor, o (a esta altura es una obviedad) lo paga el consumidor.



El consumidor tiene todos los boletos para que se cargue a su cuenta el aumento, sobre todo cuando la tarea de control de precios se vuelve difícilmente practicable, por las propias características del ámbito en que debería operar.

Se me dirá que la materia prima incide mínimamente en el precio final. Sin embargo, por lo que podríamos llamar puja distributiva, muchas veces el aumento de precio de la materia prima ejerce un efecto multiplicador sobre la variación del precio del terminado a medida que se avanza en la cadena, como reacción de corto plazo. La razón es que todos quieren mantener sus márgenes, o ampliarlos en la misma proporción que el resto de los eslabones.

Aunque también es cierto que el comportamiento de la demanda es el que convalida o no el precio final, y por lo tanto actúa como techo a los márgenes de los eslabones más cercanos al consumidor final. El problema está en que si el piso sube y el techo baja al mismo tiempo, se corre el riesgo de que la pérdida de rentabilidad de las actividades que agregan valor también termine ajustando la demanda, esta vez no en detrimento del consumidor, sino del trabajador (que en abstracto son dos figuras distintas, pero en la práctica son casi siempre lo mismo).


Ahora, más allá de que el mencionado fenómeno multiplicador se produzca o no, con el incremento del precio neto que recibe el productor de la materia prima nos enfrentamos a un cambio en la estructura de precios relativos que, en definitiva, confluye en el nivel del tipo de cambio real.

Entonces, temas como los subsidios a los tamberos, el reparto de la renta en la cadena de valor cárnica, los diferenciales de derechos de exportación, las tarifas de servicios públicos, entre las que se incluyen también los boletos de transporte público, son, junto con muchos otros, temas que afectan a los niveles de rentabilidad general, y de productividad de toda la economía.



No sería conveniente resolverlos por separado, sin ver las implicancias que tienen las modificaciones para todos los sectores.

El Consejo Económico y Social es una herramienta muy interesante en este sentido. El sector que no participe de él perderá una buena oportunidad de conciliar políticas con el resto de los sectores, y corre el riesgo, ciertamente, de quedar aislado en sus reclamos.

Biodiversidad

  • La extinción a machete y fuego era un destino seguro para el maíz salvaje, aquel que los incas adoraban como hijo de la Pacha Mama, hasta que un investigador identificó una característica única frente a sus hermanos civilizados: los genes de esta especie perenne eran especialmente resistentes a las pestes y a las enfermedades que más atacaban y destruían las grandes cosechas. El científico introdujo en la cadena de ADN del maíz doméstico esos genes y permitió motorizar un crecimiento en la producción que hoy se mide en decenas de miles de toneladas.

  • En la cuenca del Amazonas, la franja superior de follaje de los árboles que forman esa fenomenal selva es el techo natural debajo del cual se sostiene un ciclo de agua. Ciclo de agua que le es propio e interno a esa franja de vegetacion. Las llanuras y posteriores plantaciones que crean los fazendeiros nordestinos a fuerza de topadoras y orugas mecánicas empiezan a dar muestras de insustentabilidad: la caída abrupta en la humedad media del terreno y su consecuencia, el crecimiento explosivo en la temperatura, gatillan un proceso de rápida desertificación. Fazendeiros, colonos y autoridades todavía no han comprendido que, frente a la enorme radiación solar a la que está expuesta la región, no hay intermedios: selva espesa o desierto yermo. La naturaleza así lo quiere.

  • Un 40% de las recetas que se nos administran en la actualidad está basado en compuestos naturales o están sintetizados en base a compuestos naturales. Salvan vidas o alivian el dolor. Y generan facturaciones gigantescas a la industria farmacéutica. Aún así, las especies de plantas e invertebrados que han sido analizados buscando potenciales compuestos medicinales no llega al 10% del total. Drogas como la digitalis, que se obtiene de la flor de la "dedalera" sirven para regular el ritmo cardíaco de decenas de miles de pacientes cardíacos; o la quinina, obtenida del árbol de la cinchona en Perú y Bolivia, es una notable cura contra la malaria (y también sirve para fabricar agua tónica, pero esa es otra historia); o una flor norteamericana, la rosita de cinco pétalos, produce dos alcaloides que son altamente efectivos contra la leucemia infantil y el mal de Hodgkin; en fin, la lista sería interminable. Todas estas especies naturales presentan algún grado de peligro de extinción. Otras no investigadas habrán desaparecido ya.


Hasta aquí hallazgos de un valor significativo para nosotros y nuestros congéneres, rescatados del borde de la extinción. Hijos de la diversidad que ofrece la naturaleza. Frente a la que nos comportamos como analfabetos: todavía no terminamos de leer ni entender las conclusiones más importantes.


Respetar la biodiversidad no es una actitud. Es proteger lo que, en última instancia, nos protege.


Cuántas especies habremos dejado ir? Cuántas especies más, cuyo aporte podría ser crítico, podremos perder si no tomamos medidas?


Al igual que una fibra de la seda de la araña, que tomada individualmente es débil e inútil, su eficacia y su aptitud crecen hasta lo impensado cuando aumenta la cantidad de nodos y disminuye la distancia internodal en la que se tejen.


De la misma manera la fuerza, la capacidad para resistir, reside en la naturaleza del tejido. En la cantidad de nodos y en su disposición, pero también en la variedad y la calidad. Digo, del nuestro.


En especial ahora, que ya se escuchan topadoras y orugas mecánicas que vienen a por desmonte. A cubrir todo con una alfombra de soja. Hay que estar preparados. En nuestra diversidad y en nuestra conectividad también reside nuestra fuerza.






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Censura

El equipo del blog ¿Qué te pasa Clarín? ha enviado por mail la grave denuncia que reproducimos a continuación (hemos añadido los destacados). No es la primera vez que el Grupo Clarín emprende acciones de censura contra los blogs y este ataque judicial es un paso adelante en una escalada. Los blogs vienen siendo un medio de comunicación que escapa al control de los grupos empresarios. Clarín, que controla diarios, revistas, radios, canales de televisión, sitios de Internet y una agencia de noticias, extiende sus tentáculos contra los blogs.


Los cartoneros nos solidarizamos con los compañeros de QTPC? y nos comprometemos a trabajar junto con el movimiento bloguero para enfrentar esta ofensiva censuradora.




A la comunidad de lectores y a la blogósfera en general: Debido a acciones legales iniciadas contra este blog por parte de una de las empresas que conforman el Grupo Clarín, nos vemos forzados a limitar el acceso a toda la producción de contenidos que venimos realizando desde hace ya más de tres meses. La intención que tuvimos cuando pusimos en marcha este proyecto fue la de generar un espacio más para aportar al debate que se está dando actualmente -a lo largo y a lo ancho de nuestro país- en lo que respecta a las intenciones de la sociedad de reveer la regulación del espacio radioelectrico, vigente desde la última dictadura militar. Lo hicimos poniendo el foco sobre la empresa multimediática que más se ha beneficiado con el esquema de concentración económica que permite la legislación actual, produciendo información de puro sesgo periodístico, con opiniones editoriales de los autores comprometidos con el proyecto. Hoy nos toca sentir en carne propia que, efectivamente y como lo venimos diciendo, el ejercicio del derecho a la libertad de expresión es un privilegio reservado sólo a unos pocos. Sin ánimo de dramatizar esta situación, solicitamos a la comunidad bloguera que comunique las causas de la baja de este blog y nos comprometemos a mantener canales abiertos de comunicación a los efectos de continuar informando sobre el desarrollo de los sucesos.Sin más, los saluda con mucho cariño,
El equipo de QTPC?


miércoles, 5 de agosto de 2009

¿El fin de un ciclo?

El resultado de las elecciones del 28 de junio ha llevado a muchos a considerar que ese día marcó “el fin de un ciclo” (como son muchos no los citaré puntualmente).

Como es habitual, esto puede llevar a interminables discusiones sobre qué es un ciclo. Eludamos esas discusiones y vayamos a lo sustancial.

¿Cuándo y cómo comenzó el “ciclo”? ¿Ha terminado realmente el 28 de junio? Pido humildemente un poco de paciencia para llegar a ese punto, porque creo que requiere una pequeña explicación previa.

La historia de un país admite (e incluso exige) ser dividida en fragmentos temporales, que presentan rasgos que los diferencian nítidamente de los anteriores y de los posteriores.
No corresponde aquí remontarnos al establecimiento del Virreinato del Río de la Plata y, seguramente, tal pretensión sería superior a mis capacidades. Voy a limitarme a las últimas décadas.

En 1976 se estableció la dictadura militar más sangrienta de una historia nacional que no se caracterizó precisamente por la dulzura de los procedimientos. Pero este carácter sangriento no se agotaba en sí mismo; respondía a dos conclusiones que habían sacado las clases dominantes a partir de la experiencia de la dictadura militar anterior y del gobierno de Isabel Perón:
- que su sed insaciable de ganancias requería una transformación profunda de las estructuras económicas y sociales forjadas desde la crisis del ’30 y profundizadas durante las dos primeras presidencias de Perón;
- que este “reformateo” del país exigía el aplastamiento de la clase trabajadora y sus organizaciones sindicales, e incluso de un recorte de posibilidades de acción de la propia burocracia.

El plan económico de Martínez de Hoz no fue un accidente de la dictadura, sino su propia sustancia. Lo accidental, en realidad, fue que el aparato militar, en tanto que era partícipe y beneficiario del aparato estatal, vacilara en llevar el programa hasta sus últimas consecuencias.
Como ocurrió con el pinochetismo, el plan de la dictadura fue una avanzada de la ofensiva neoliberal que se desató mundialmente a partir de 1979. Se afianzaron la valorización financiera, el predominio de las finanzas sobre la producción y el sometimiento del país a las nuevas modalidades globalizantes de la economía mundial.

Se cerró así el período de industrialización y relativa autonomía económica que los regímenes gorilas de 1955-76 no habían podido (y, en cierta medida, no habían querido) clausurar. Sus estructuras fueron desmanteladas. Y se abrió un nuevo período que, por comodidad más que por precisión, llamamos neoliberal.

La caída de la dictadura no puso fin al experimento. El intento alfonsinista de escapar a la cruel lógica de la valorización financiera fue vacilante y breve. Sin embargo, durante los ‘80 la modificación de las estructuras económicas y sociales tampoco logró grandes avances. A esto contribuyeron tres factores: la globalización neoliberal se concentró en los países centrales y reservó a los periféricos (entre ellos, el nuestro) el papel de tomadores y pagadores de deuda –la “década perdida” de América Latina–; el alfonsinismo mostró la proverbial ineficacia de las administraciones radicales; y hubo una tenaz resistencia de la clase trabajadora, acentuada por el hecho de que el peronismo, en la oposición, no ahorró esfuerzos para quebrantar a un gobierno que no era el suyo.

Estos dos últimos factores se debilitaron enormemente al asumir Menem la presidencia en 1989, a lo que se sumó una ofensiva redoblada de los capitales imperialistas por penetrar y dominar a las economías periféricas. El experimento neoliberal, que nunca se había detenido por completo, retomó velocidad plena en los ’90.

Pero ese experimento tenía una contradicción interna insoluble: para países con economías débiles, bajar sus pocas defensas era jugar a la ruleta rusa. La Argentina (al contrario que Brasil, que siempre encaró el experimento neoliberal con cautelosas reservas) quedó inerme frente a las renovadas epidemias de las crisis financieras mundiales. Así se llegó a la recesión más larga y profunda de la historia económica nacional (1998-2002) y a un colapso económico y social en diciembre de 2001.

Las clases dominantes habían coqueteado con el precipicio, pero no se lanzaron a él. Aceptaron, de mala gana pero con decisión, que se imponía un cambio de rumbo.

Adolfo el Breve declaró el default y Duhalde puso fin a la convertibilidad, que ya no era más que una farsa costosa. A tientas, sin un plan acabado, se fueron desmontando los instrumentos de política económica neoliberales y se fueron adoptando otros, que apuntaban a restaurar el tejido industrial dañado, a contener la insurgencia social mediante mejoras modestas pero perceptibles y a recuperar márgenes de autonomía nacional. La llegada de Lavagna al Ministerio de Economía puso orden en esos intentos descosidos.

El kirchnerismo fue, desde el 25 de mayo de 2003, la continuidad y profundización de este curso. Con la ayuda de una situación económica mundial favorable, logró mejoras indiscutibles en el crecimiento económico y en la situación social. A estos aspectos estrictamente económicos añadió otros de carácter político: durante los primeros tres años avanzó en ampliar los márgenes de autonomía nacional (que pueden simbolizarse en la supresión de la tutela del FMI, pero no sólo en eso), la integración latinoamericana (que, a su vez, puede simbolizarse en el fracaso del ALCA, operado junto con Venezuela y Brasil, pero no sólo eso) y destruyó la leyenda alfonsinista-menemista de los dos demonios, activando los juicios contra los esbirros de la dictadura.
Si hay un ciclo, entonces, éste no comenzó con la presidencia de Néstor Kirchner. Y es dudoso que termine con el fin de la presidencia de Cristina Fernández. Por lo pronto, ese ciclo no ha terminado el 17 de julio de 2008, cuando los empresarios agrarios impusieron la derogación de la resolución 125, ni en la continuidad electoral de esa derrota, en los comicios del 28 de junio de 2009.

El período abierto en las convulsas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 sigue abierto.
No se puede minimizar el debilitamiento que han significado el 17 de julio y el 28 de junio. Se ha desatado una vigorosa ofensiva reaccionaria. No hay más que oír a Llambías reivindicando el odiado apellido Martínez de Hoz, a monseñor Aguer denunciando la educación sexual como “neomarxista” o a Biolcatti rememorando la publicidad videlista de la “vaca mansa”. Hasta alguna momia olvidada hace tiempo se asoma sobre el borde de su sarcófago para rescatar la teoría de los dos demonios y propugnar el perdón a los represores que cuenten algún detalle ya inútil.

Esta ofensiva muestra, sin embargo, una incoherencia en el plano político que desespera a los ideólogos de la reacción, en especial, a los que cada día pregonan desde los medios la necesidad de una oposición unida que dé el último empujón.

La reacción está unida, por cierto, en su odio al “populismo” y el “nacionalismo”. No hay fisuras en el rechazo a los Kirchner, al “poder sindical”, al “desorden piquetero”, a los repudiados lazos con Chávez, Morales y Correa. No hay fisuras en la simpatía hacia el golpe en Honduras. Pero esa unidad no se muestra a la hora de establecer un programa económico claro.

Para malestar de los ideólogos de la reacción, el derrumbe local del neoliberalismo y su desprestigio como causa inmediata de la crisis mundial hacen inviable en estos momentos un retorno a los días de Videla-Martínez de Hoz y de Menem-Cavallo.

Todo lo que las corporaciones patronales (Mesa de Enlace, AEA) y las oposiciones políticas pueden formular son emparches, pero no un plan alternativo. Esos emparches pueden causar mucho daño, económico y sobre todo social. Pero no pueden abrir un nuevo período.
Para la independencia nacional y para los intereses de las clases subordinadas, este es un momento negativo. Pero no es necesariamente el fin. Vale recordar que nada se hace sin atravesar “la seriedad, el dolor, la paciencia y el trabajo de lo negativo”. Nada se hace sin “afrontar la desolación y mantenerse en ella”.

No es hora de lamentaciones ni de depresiones. Es el momento de sacar conclusiones de los errores cometidos; de horadar las contradicciones de la reacción; utilizar sus divisiones; y organizar y movilizar todas las fuerzas sociales que sea posible para la defensa de la independencia económica, los intereses de las clases subordinadas, la integración latinoamericana y los derechos humanos.


Sería un error fijar como único horizonte las hoy lejanas elecciones de 2011. Limitarse a ese horizonte, a hacer pronósticos electorales y a barajar candidaturas es el camino más directo a otra derrota, seguramente peor. La hora exige acumular fuerzas, reforzar, extender y multiplicar las organizaciones por abajo, sostener las posiciones que hoy se tienen y actuar con prudencia y audacia para obtener otras.






Foto: panorámica del acto de la CGT el 30 de abril de 2009.