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miércoles, 26 de agosto de 2009

Coincidencia



En el último párrafo de esta nota, Matías Kulfas demuestra que tiene ideas de avanzada. O que está leyendo un blog donde, si no consigue materia prima para su elaborado pensamiento, al menos aprende algo de fotoyop.

Por supuesto, lo que él dijo en un párrafo nosotros necesitamos siete largos e indigestos posts. Se llama poder de síntesis. Por algo él es Director del Banco Nación y nosotros cartoneros.

Lo único que faltaría ahora, es que la llame a Débora o al Secretario de Industria y les cuente lo que está (lo que estamos) pensando. Lástima que no tenemos el número de teléfono, para seguir colaborando. Es más, del Secretario de Industria no tenemos ni la cara (somos nosotros los flojitos de data o su gestión, crucial en esta instancia, no dice mucho?).

Aunque Matías podría coparse, también, y proponernos para el equipo de asesores. Somos tres. Y muchas otras ideas no tenemos, pero en un rato le dejamos el edificio livianito de papeles y cartones.




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lunes, 24 de agosto de 2009

Cartón for espor VII: Conclusiones y Final


Creemos que lo ofrecido hasta acá (o sea acá, acá y acá) dice bastante sobre el tema exportaciones, quizás demasiado. Pero no queremos privarnos de emitir opinión, concientes de que nos caracteriza nuestra porfía y no nuestra sutileza.

Al analizar los grandes números de las exportaciones podemos ver que las primeras 5 secciones (de las 20 que componen el super-rubro MOI) se llevan el 80% de los 22.200 palos verdes despachados al mundo por la industria argentina a lo largo de 2008. La mitad de ese 80% corresponde a exportaciones de 2 grupos que se identifican con alto valor agregado, muchos de ellos destinados directamente a consumo: “Transporte Terrestre” y “Máquinas, Aparatos y Equipo Eléctrico”. Una rápida indagación de cada grupo muestra que además de automóviles terminados, también van camiones, tractores, locomotoras, equipos auxiliares, conjuntos, autopartes, satélites espaciales, reactores nucleares, tableros eléctricos, etc. Esta es la mitad de las buenas noticias y no ocultamos que, cuando encontramos estas bolsas, pensábamos que nuestra decepción iba a ser mayor.

Ahorremos un comentario seguro: nada hemos dicho sobre las importaciones de insumos y bienes necesarios para esas producciones (motores, máquinas herramientas, electrónica, etc.) Sabemos que, puntualmente, la balanza comercial automotriz es deficitaria pero también sabemos que tanto gobierno como industria están trabajando para, si no revertirla, al menos amortiguarla.

La otra mitad representa la mitad vacía del vaso. Un lugar donde hay mucho por hacer (y se hace poco). Las tres secciones que la integran son los productos químicos, los metales (y sus transformaciones) y los plásticos (y subproductos). Productos en general básicos, mayoritariamente despachados a granel (el acero en bobinas, el aluminio en lingotes, el polietileno en pellets, el PVC en barriles en suspensión, el biodiesel en "bulk", etc.) destinados a alimentar procesos de transformación que se ejecutan en otros países con mayor nivel de desarrollo. Lo que el mundo conoce como commodities. Esta estructura de exportaciones industriales refleja, de alguna manera, nuestro mapa industrial. Complejo, asimétrico, descompensado. La burocracia del Ministerio de la Producción (oia! nao tem link porque nao tem website) podría competir con estos humildes cartoneros y mostrar, en tiempos razonablemente cortos, resultados significativamente sorprendentes.

Reconocemos, sí, que la actual estructura industrial tiene sus causas. Pero no nos alcanza para justificarla; creemos que hay que trabajar para modificarla. Veamos.

Por un lado, nuestro país le ofrece a los productores de bienes un mercado pequeño (además de muy empobrecido en las últimas décadas) comparado con las escalas de producción mínimas rentables que deben atender los emplazamientos productivos modernos. Escalas de producción que, además, crecen con cada nuevo salto tecnológico. Un ejemplo automotriz viene al caso: la vieja planta de General Motors en San Martín (GBA) produjo en 19 años (1959 a 1978) la misma cantidad de automóviles que la actual planta en General Alvear, cerca de Rosario, podría producir en 3.

Esto provoca que las plantas localizadas en el país (tanto para materias primas e insumos como para bienes elaborados) pongan rápidamente su foco de atención en los seductores mercados externos: ellos imponen una demanda firme (y usualmente generosa) que, en algunos casos, además implica colocarse y mantenerse en la frontera tecnológica (bajo costo, productividad, calidad, etc). Simultáneamente, eso sí, se convierten en gigantes del mercado doméstico, al que atienden con un criterio mucho más político que comercial.

Si a esto le agregamos el proceso de destrucción del tejido industrial, aplicado especialmente sobre PyMEs nacionales que se vivió desde 1976 para acá (alguien recuerda la CGE?), el fuerte proceso de transnacionalización de los '90 y la baja eficacia de la acción reconstructiva estatal a partir de 2003, los incentivos realmente existentes para recrear y reforzar el tejido industrial local son pobres. Y, muchas veces, esta falta de protección es el terreno propicio en el que los peces grandes, por opción estratégica o por simple displicencia, operen antagónicamente respecto de los peces pequeños, proponiéndo políticas comerciales y productivas altamente inflexibles (remember el cartel del cemento).

Están tan afianzados en su negocio que no tienen incentivo para adoptar un cambio de enfoque. Y ahí es donde debe llegar el único árbitro que puede domarlos, encamisarlos, contener demandas. Somos nosotros. La sociedad. O su representación, el Estado. ¿Quién, si no?

Hemos aprendido, con el lomo, que a estos representantes del Capital, que prefieren la libertad de empresa como relato hegemónico, se les habla con el bolsillo. Nos lo enseñó el recordado “Zorro” Pugliese, con una demostración por el absurdo.

El Estado debe utilizar, por lo tanto, herramientas de política económica para lograr este propósito. Por ejemplo usando los derechos de exportación (sí, eso, las meneadas retenciones), acompañados por sus hermanos mellizos, los reintegros.

En nuestro país, después de aplicar un esquema de emergencia (5% plano a todas las MOI) que nos permitió apagar el incendio desatado en 2001, el Estado debió haber comenzado un trabajo de sintonía fina que busque reordenar el sistema de retenciones industriales. Nunca es tarde. Un sistema que penalice la exportación de commodities y que premie el agregado de valor (y su usualmente alto aporte de mano de obra, directa e indirecta).

Tomemos, a modo de ejemplo, uno cualquiera de los productos a los que hicimos referencia en esta zaga: pudo haber sido el PVC o el polietileno o el mineral de cobre o el zinc en lingotes, o el rollo de acero crudo laminado caliente, pero arbitrariamente elegimos el aluminio. Argentina lo exportó en 2008 por valor de 1.100 millones de dólares. El 82% de ese monto, nada menos, lo hizo en formatos primarios, los que corresponden a lingotes exportados por el principal (en rigor, el único, por aquello de las escalas productivas) productor nacional, Aluar, desde Puerto Madryn.
El 18% restante es aluminio exportado con mayor o menor grado de transformación. Pero recordemos: tanto los lingotes patagónicos (a unos 1600 dólares la tonelada) como TODOS sus transformados y, aguas abajo, un satélite espacial que pudiese fabricar y exportar INVAP (digamos 0.3 toneladas de aluminio a unos 2 palos verdes) pagan 5% de retenciones.

La realidad es que, de no existir otros incentivos (o restricciones), los peces grandes prefieren pagar ese 5% (bastante menos cuando es neteado de reintegros que se pagan tarde y mal, pero se pagan) pero mantener contentos a sus clientes del exterior. En 35 años de vida, la presencia del pez grande del aluminio en nuestro país no ha garantizado que su presencia haya recreado y reforzado el entramado industrial a su alrededor; por el contrario, todo parece indicar que se debilitó. Lo que hay son individuos y empresas en esfuerzos autónomos, que además se levantan cada mañana dedicando una plegaria para que San Aluar no endurezca sus términos comerciales (o no estamos en una economía de libre mercado?).

A estas asimetrías nos referimos cuando hablamos de involucrar a los grandes en el encadenamiento productivo por la vía de tocarles el bolsillo. Opciones en las que hacer caja (que, dicho sea de paso, es una opción válida) no son la verdadera prioridad. Donde las retenciones se convierten en las herramientas con que la Sociedad ordena las preferencias de los agentes detrás de un objetivo socialmente deseable (lo que nos permite subrayar por enésima vez la importancia de mantener una amplia brecha entre retenciones agropecuarias a la soja y al resto de cereales y oleaginosas, buscando incentivar preferencias en los productores).

Algún agudo comentarista , en capítulos anteriores de esta zaga, hablaba de otras N formas de promoción. Lo decimos, todas son aceptables. La diferencia con las retenciones es que la guita para poner en práctica esas otras opciones, termina saliendo de las arcas de nuestro Estado. Un Estado que todavía no termina de salir de la anestesia aplicada durante 30 años; y que probablemente no tenga la "estructura" para controlar la eficacia con que se aplican esos recursos.

Involucrar a los grandes productores que, en general, se han visto protegidos por prebendas y beneficios especiales desde su creación, es una forma de devolver el esfuerzo en ellos depositado y de continuar (convenientemente actualizado) un proyecto de desarrollo que dejamos trunco en el 76.

Dicho todo esto, alguien nos hará acordar que existe la política, y sugerirá que las restricciones y los alineamientos políticos del momento son demasiado exigentes como para pensar en otro frente de tormenta. Nosotros tenemos nuestra opinión, pero dejaremos el espacio de los comentarios para discutir el punto.

Esto, también, es redistribución del ingreso.

Y lo demás? Lo demás es biri biri.




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jueves, 6 de agosto de 2009

Combatiendo el eufemismo



Escuchamos hablar de recuperar las señales que da el mercado, de márgenes de rentabilidad, de intervenciones que distorsionan la actividad y desincentivan la producción.



Y siempre, aunque la corrección política obligue a la discreción, sabemos que se está hablando de precios.

El tema de la lechería exige que se ponga en claro el asunto. Para que el tambero mejore su rentabilidad tiene que cobrar un precio mejor. A contramano del proceso secular, y en detrimento de la rentabilidad de las usinas, o de los canales de distribución, o de las terminales comerciales minoristas (por no decir supermercados), o (sí señores) del consumidor. Alguien tiene que pagar ese precio mejor para el tambero.



El tema de la ganadería requiere un ejercicio similar. La mejora del precio al productor, o la paga el consignatario, o la paga el frigorífico, o la paga la carnicería, o la paga (otra vez) el consumidor.

El tema energético, otro caso testigo. Para incentivar la exploración (digamos, para obtener gas, o petroleo) hay que pagar un precio mejor al que extrae el producto en bruto. O lo paga la cadena de valor, o (a esta altura es una obviedad) lo paga el consumidor.



El consumidor tiene todos los boletos para que se cargue a su cuenta el aumento, sobre todo cuando la tarea de control de precios se vuelve difícilmente practicable, por las propias características del ámbito en que debería operar.

Se me dirá que la materia prima incide mínimamente en el precio final. Sin embargo, por lo que podríamos llamar puja distributiva, muchas veces el aumento de precio de la materia prima ejerce un efecto multiplicador sobre la variación del precio del terminado a medida que se avanza en la cadena, como reacción de corto plazo. La razón es que todos quieren mantener sus márgenes, o ampliarlos en la misma proporción que el resto de los eslabones.

Aunque también es cierto que el comportamiento de la demanda es el que convalida o no el precio final, y por lo tanto actúa como techo a los márgenes de los eslabones más cercanos al consumidor final. El problema está en que si el piso sube y el techo baja al mismo tiempo, se corre el riesgo de que la pérdida de rentabilidad de las actividades que agregan valor también termine ajustando la demanda, esta vez no en detrimento del consumidor, sino del trabajador (que en abstracto son dos figuras distintas, pero en la práctica son casi siempre lo mismo).


Ahora, más allá de que el mencionado fenómeno multiplicador se produzca o no, con el incremento del precio neto que recibe el productor de la materia prima nos enfrentamos a un cambio en la estructura de precios relativos que, en definitiva, confluye en el nivel del tipo de cambio real.

Entonces, temas como los subsidios a los tamberos, el reparto de la renta en la cadena de valor cárnica, los diferenciales de derechos de exportación, las tarifas de servicios públicos, entre las que se incluyen también los boletos de transporte público, son, junto con muchos otros, temas que afectan a los niveles de rentabilidad general, y de productividad de toda la economía.



No sería conveniente resolverlos por separado, sin ver las implicancias que tienen las modificaciones para todos los sectores.

El Consejo Económico y Social es una herramienta muy interesante en este sentido. El sector que no participe de él perderá una buena oportunidad de conciliar políticas con el resto de los sectores, y corre el riesgo, ciertamente, de quedar aislado en sus reclamos.

viernes, 24 de julio de 2009

Cartón for espor VI: Retenciones

Se hicieron esperar (además de sucio y vago, el cartonero es charlatán), pero siguen a continuación algunos comentarios que nos pareció interesante hacer a la luz de la siguiente tabla que armamos en base a los datos que se fueron extrayendo de la estructura de exportaciones industriales, presentados en capítulos previos de esta zaga (aquí, aquí y aquí)






click para agrandar



Puede verse en ella el tratamiento que reciben partidas representativas de exportaciones industriales significativas, en términos de derechos y reintegros por exportaciones. La tercera columna indica lo que se conoce habitualmente como “retenciones” (técnicamente Derechos de Exportación) que se cobran sobre valor FOB. En la columna siguiente aparecen los reintegros por exportaciones, que aunque pagados en instancias bien distintas del proceso exportador, deben netearse de retenciones para dar cuenta del verdadero coeficiente conque el Estado promueve o castiga determinadas exportaciones. Dicho neto figura en la columna siguiente, como “Neto Retenciones”. A continuación el valor FOB exportado en 2008 para las partidas o grupos de partidas y a continuación el monto neto de retención (o reembolso si el signo es negativo) que afecta a cada grupo.

Técnicamente se habla de grupos cuando algunos productos similares presentan variaciones menores que generan encuadres en partidas arancelarias distintas: los unimos bajo una raíz común, que denominamos grupos (e.g.: polietileno en pellets, polietileno alta densidad y polietileno baja densidad, bajo partidas diferentes que tienen en común los cuatro primero dígitos de la partida polietileno, 39.01).



El orden de la lista es según FOB total exportado en 2008, de mayor a menor.

Rápidamente se pueden sacar las primeras conclusiones: una es que las retenciones para estos productos (recordemos que nos circunscribimos a MOI, manufacturas de origen industrial), con la única salvedad del biodiésel, están afectados por un coeficiente único y plano del 5%. No importa si usted fabrica bobinas de poliestireno en bruto o yates de lujo, glifosato a granel o motores de automóvil, su venta al exterior se verá afectada por el mismo factor en sus exportaciones industriales.

De manera que si uno intentara conocer las preferencias de desrrollo industrial de nuestro Estado, a través de cómo premia (o penaliza) el espectro de exportaciones industriales, podría decir que no presenta ninguna sensibilidad.

Por ejemplo frente a la capacidad generadora de mano de obra que una producción puede representar frente a otra (cuántos empleos, directos e indirectos, afecta la producción de chapa de acero frente a la producción de automóviles por dólar exportado?), el Estado dice “no importa”.

Por ejemplo frente a la importancia estratégica que una actividad industrial representa frente a otra (es lo mismo que se exporte plomo en lingotes que baterías de automóviles o teléfonos celulares?) El Estado dice, nuevamente, “no importa”.

Por ejemplo frente al estadío madurativo que una industria tiene o necesita para alcanzar una determinada productividad, calidad y estabilidad frente a competidores internacionales (es lo mismo una empresa que ha alcanzado la frontera tecnológica en su rubro y hace productos que son considerados los mejores del mundo en su nicho que una empresa que es pionera en su sector pero que está en un estadío previo, menos maduro del proceso de aprendizaje y por lo tanto es mucho más vulnerable a la competencia extranjera?). Nuevamente el Estado dice “da lo mismo”.

Digámoslo ya: tener un coeficiente de retenciones fijo y plano (across the board) para las MOI es sinónimo de NO TENER política industrial.

Los coeficientes aplicados como retención a las exportaciones no sólo son un mecanismo de obtención de recursos, sino la herramienta por excelencia para promover (o penalizar) producciones que tengan un mejor efecto multiplicador de mano de obra, que dicha mano de obra sea más o menos calificada, que el producto le garantice al país participar en una determinada carrera tecnológica con perspectiva de futuro (aeronáutica, espacial, farmacéutica, biogenética, informática, naval, automotriz, etc.)

Alguien podrá decir es que la columna de reintegros la que cumple esa función. Mírela bien: premiamos la producción de tubos sin costura y la producción de alambres de acero; el mismo tubo y el mismo alambre de hace 20 años; las mismas plantas (Siderca y Acindar); la misma cantidad de operarios (o menos en la medida que ciertas tareas van reemplazando al hombre con robots); las mismas amenazas de despidos masivos cuando llega la crisis y cuando empieza la época de paritarias). Esos reintegros se parecen mucho más al resultado de prebendas específicas y capacidad de lobby por parte de determinados capitanes de la industria que al producto de una política industrial selectiva e inteligente.

No jodamos. Política industrial de en serio se hace con el bolsillo.

Entonces, Contradicto devino opositor???

NO. De ninguna manera. Por dos motivos.

Primero. No escuché a ningún opositor presentar una idea a este respecto. El Coro de Niños y Jóvenes Cantores que suele acompañar a la Orquesta de Cámara de la Mesa de Enlace no tiene idea de qué estoy hablando.

Segundo. Este post es una demostración (creo que cabal, pero le voy a dejar los calificativos a los comentaristas) de que las retenciones son mucho más que una herramienta recaudatoria. Esto incluye también las retenciones agropecuarias. Frente a los datos expuestos a lo largo de esta zaga de posts que incluyen este mismo, la pretensión de reducir a cero las retenciones agropecuarias, solapada por la Mesa de Desenlace, es lisa y llanamente una burla al sentido común, además de una idiotez. Como regla general, en Argentina, el piso de las retenciones para productos primarios y manufacturas de origen industrial, salvo excepciones perfectamente justificadas, no debe perforar el techo de las retenciones industriales.

No sólo eso, la aplicación y la capacidad de discriminación del esquema general de retenciones debe ser prerrogativa fundamental y discrecional del Poder Ejecutivo. Esto se llama política económica. Y la movida de llevar esa discusión al Congreso no parte sino de la intención solapada y perversa (denunciada en este blog) de ahogar al Gobierno desde lo fiscal para dar lugar a un escenario de caos y eventual cletización del sillón de Rivadavia.

En el próximo y último post de esta zaga discutiremos la viabilidad de la una política como la que aquí se sugiere.









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viernes, 3 de julio de 2009

Cartón for espor V: Materiales plásticos y el resto

Siguiendo la secuencia de la tabla de grandes secciones presentada hace algunas semanas, la sección a considerar en esta oportunidad debería ser “Máquinas, Aparatos y Material Eléctrico”. La vamos a dejar de lado: su sólo nombre y un ligero análisis de su contenido (e.g.: motores nafta y diesel, sus partes, bombas de líquido y de vacío, sus partes, refrigeradores, etc.) habla de una sección cuyo valor agregado se percibe de manera evidente (los números elegidos para las partidas aduaneras, 84 y 85, confirman el supuesto según el cual su cercanía al número 97, último de la lista, se relaciona con su valor agregado). Se exportaron 2441 millones de dólares en estas máquinas y aparatos. Aplausos: representa el 11% del rubro MOI y en 2008 creció el 24% interanual.


Sólo por ese motivo pasamos directamente a otra sección de contenido más dudoso desde el punto de vista de agregado de valor: los plásticos y sus derivados (partida 39) . Representan el 6.7% de las MOI: 1.486 palos verdes. Toda la sección representa la exportación de polímeros en formatos a granel (la exportación de elaborados va a hacerse a través de los capítulos correspondientes al bien exportado); la siguiente desagregación da un idea de qué polímeros se despachan:

  • 30.2% etileno,
  • 7.7% pvc,
  • 6.3% propileno,
  • 5.6% resinas epoxi y otras,
  • 50.2% otros

Agregado de valor de estos productos: menos que poco. Del pozo petrolero a la refinería y de ahí al barco.


Siguiendo el orden, media a continuación la sección “Vehículos de Navegación Aérea y Marítima”. Productos terminados en una situación aún más deseable que la del primer párrafo en el que se incluían máquinas y aparatos: 816 millones de dólares en barcos y aviones de una sección que suma el 3.7% de las MOI (ya estamos hilando fino). Al interior de la sección aparecen favorecidas las aeronaves de peso superior a 15 toneladas. De pronto nos invaden dudas existenciales que nuestra escasa autonomía de vuelo nos obliga a dejar en ese terreno: ¿33 aeronaves de gran porte exportadas desde nuestro país sin que haya una fábrica de aviones ???.


Si algún lector, con más vuelo que nosotros, nos puede dar una mano, la agradecemos. O se trata del vaciamiento físico de Aerolíneas por parte de Marsans??? Nos corre un sudor frío por la espalda y decidimos pasar de manera urgente al próximo capítulo en importancia.


Piedras y metales preciosos: 796 palos verdes que representan el 3.6% de la partida identificada con el número 71. El 91% es oro en bruto y el 9 restante plata. La pregunta que alguien puede hacerse es “¿y dónde está el proceso industrial?, si van en bruto bien podría tratarse de productos primarios PP, no?”. Nuestra respuesta es que para pasar de mineral con alto contenido (alta ley) de oro-plata (PP) a lingote primario (MOI), se realiza un proceso de refinación. De la mina (a través del tristemente célebre proceso con cianuro que tantos pueblos cordilleranos han combatido) a la refinadora, a pie de montaña, para lograr un lingote de una aleación de oro más plata de baja pureza. Eso es lo que exportamos. Este capítulo exportable ha tenido en el pasado la suficiente ventilación mediática como para profundizar mucho más: lo cierto es que la purificación final y la transformación y posterior elaboración de piezas no se realiza en nuestro país, por si a alguien le queda alguna duda. Y como no tenemos ganas de terminar escribiendo desde Uruguay como López Echagüe, rápidamente echamos un manto de olvido sobre el tema, carraspeamos un poco y mencionamos que el resto de los capítulos sumados (carton, papel, publicaciones, textiles, confecciones, caucho, productos de goma y neumáticos, manufacturas de piedra, yeso y transformados de cantera, cuero y elaborados de marroquinería y zapatería y una larga lista de otros) suman más o menos lo mismo que todo el capítulo con que arrancamos este post, máquinas y aparatos.


Terminamos diciendo que no terminamos... vamos a hacer algunas deducciones más, alguna que otra cuenta y, como este post no sólo es profundamente crítico sino también muy edificante y constructivo, vamos a hacer alguna sugerencia. Antes de renunciar, amigos montoneros, preparen papel y lápiz.

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jueves, 18 de junio de 2009

Cartón for espor IV: Metales Comunes

Le toca el turno a los metales, partidas 72 al 83, representando el 15.6% de las exportaciones industriales del año pasado. Se incluyen metales como el hierro en bruto, el arrabio y la fundición, el acero, el cobre, el aluminio y el plomo. Acá tallan empresas que hace pocos días se quejaban de la decisión soberana de Venezuela de estatizar empresas locales de acero laminado, tubos y otros transformados. Quizás los números a continuacion expliquen un poco lo que el palabrerío esconde: un negocio de volúmenes brutales.


Empecemos por decir que son industrias que trabajan estrictamente en base a la escala. Y que cualquier planta con grado de eficiencia media que trabaja hoy en países como el nuestro sobrepasa holgadamente la demanda local. Es decir que hablamos de un negocio que se monta pensando netamente en la exportación.

Cualquiera sea el argumento de Techint contra una estatización, lo que es claro es que Venezuela no podía darse el lujo de estatizar la producción primaria del producto para luego transferirle esa producción a un privado que transformase en bien de consumo que fuera, a su vez, vendido a un cliente principalísimo (Petróleo de Venezuela PDVSA) de origen estatal. Hubiera sido el colmo del ridículo: estaba claro que el Gobierno Venezolano iba por todo y así lo hizo saber durante las negociaciones por el precio de Sidor (cualquiera sea el argumento de Techint en los medios locales).

Disgresiones al margen, pasamos a la cruel realidad de los números: el 36% de los 3472 millones de dólares exportados en metales comunes y manufacturas en 2008 corresponde a los famosos tubos sin costura que Siderca, la empresa estrella de los Rocca, fabrica en Campana.

Otro 25% de ese monto corresponde a exportaciones de aluminio, mayoritariamente el que se manufactura en la planta de Aluar en Puerto Madryn (familia Madanes).

Lo indicado se lleva el 61% del paquete, pero algo más de un 10% extra se puede agregar en otros dos rubros: el acero plano (diversos tipos y revestidos) exportado por Siderar (Oia!! Otra vez Paolo Rocca... esta vez al mando de Somisa, privatizada en los ’90 por la inefable María Julia por chauchas y palitos) que representa el 7.2% de la sección. Y el 3.6% en alambre y alambrón de acero exportados por Acindar (hoy en manos del grupo anglo-indio Arcelor-Mittal, pero con la infinita conducción local de los Acevedo).

Mire alrededor suyo. Qué objeto importante para su vida cotidiana no es metálico? Aqui están, pues entonces, los Capitanes Metálicos de la Argentina. El parámetro que nos puede dar una pista de cuánto valor agrega este sector industrial sería identificando qué proporción del total de cada metal se exporta en formatos primarios (esto es lingotes, barras, chapas gruesas, que son los formatos en que se solidifica directamente desde el horno de preparación, es decir el único agregado de valor de la fábrica productora). El cuadro siguiente puede ayudar...




Podemos observar que el 98% del zinc y del plomo que exportamos se despacha en bruto (digámoslo de la siguiente forma: un negocio pequeño pero vergonzoso). Nada comparado con los 943 millones de dólares (escuchó bien) exportados por Aluar (el 91% del capítulo correspondiente) en lingotes de aluminio.

Algo similar, en menor escala, ocurre con el acero.

De nuevo, en agregación del rubro Metales Comunes: el 41% de los metales que exportamos se despachan en formas primarias. Tarjeta amarilla y preaviso... seguirán las sorpresas?



martes, 9 de junio de 2009

Cartón for espor III: Industria Química





Siguiendo con lo que veníamos, nos detenemos ahora en la segunda Sección en importancia dentro de las exportaciones industriales: los productos químicos. Representan, como se mostraba en la tabla respectiva, casi el 20% de las exportaciones industriales. No es poca cosa.


Corresponden a los capítulos arancelarios que van desde el 28 al 38. Para quien tenga buena memoria valga recordar que por estar más cerca del capítulo 01 que del 97 (el último), podría interpretarse que son productos con poco valor agregado. La verdad es que dentro del esos capítulos existen subcapítulos que a su vez jerarquizan el material o producto o tipo de bien del que es objeto el capítulo, con números crecientes de acuerdo al valor agregado en ellos. Este es el punto en el que un ejemplo vale más que mil palabras: 76.15, aluminio de uso doméstico (tapitas, foil de cocina, bandejas de rotisería) está acomodado con un subcapítulo posterior a 76.01, aluminio en bruto (lingotes y barras). Todo esto viene a decir que quizás 28 al 38 parezcan una evaluación  "pobre" de un producto, y sin embargo dentro de un capítulo podemos encontrar valor agregado en los números más altos.


Bueh, veamos... más del 20% de los 4350 millones de dólares exportados por esta sección corresponden a la partida 38.24, que tiene un nombre tan largo y complejo que ni siquiera pudimos transcribir acá. Pero cuando las partidas tienen esos nombres, es porque son las que se conocen como “bolsas”, partidas donde se mete todo lo que ha sido imposible de identificar con otras partidas más usuales. En la 38.24 por ejemplo entran aglutinantes de fundición, carburos, aditivos para cementos, oxiranos, sorbitoles y “pentotatios de pototios”. Pero ojo, el que manda acá, el que se lleva todos los méritos es el (suenen cornetines y tambores)... BIODIESEL!! Cha cháaannnn.


El segundo gran jugador de partida, con “sólo” el 14.6% corresponde a la partida arancelaria 30 que tiene el interesante nombre de Productos Farmacéuticos. Parece una buena noticia, exportar productos de una de las industrias que se reconocen como de las tecnológicamente más complejas y económicamente más jugosas.


Después de mirar un poco, nos queda la sensación de que la cosa al interior de esta partida está bastante distribuida sin que nadie se lleve claramente la parte del león. La partida muás jugosa e interesante (suma el 30% del total) está identificada como “farmacéuticos que contengan sicotrópicos y estupefacientes”. Podrá ser dudoso que sigamos siendo el granero del mundo pero parece que vamos camino de convertirnos en el “dealer” del mundo. Atento a extravíos como el del celular de De Narváez, los dobles apellidos mexicanos del Cartel de Sinaloa y los dobles caños de sus escopetas recortadas y para no terminar en un descampado como Forza, me excuso de seguir indagando en estos lugares. Yo no hice nada.


Antes de cerrar presurosa y nerviosamente esta bolsa, me hago la gran pregunta: exportaremos píldoras y pastillas, bellamente empaquetadas en brillosos blisters que van acompañados de explicativos prospectos dentro de sus respectivas y coloridas cajitas? O será que exportamos materia prima e insumos base para fabricar medicamentos que son despachados en barriles y a granel? No quiero saber la respuesta.


Finalmente, tercero en la lista, con un 13.6% de las exportaciones de la Sección, se encuentra el apartado “Herbicidas”. Como no podía ser de otra manera, el ganador aquí es (vuelven a sonar cornetines y tambores): EL GLIFOSATO! 

Sí señor, exportamos un producto que ha sido prohibido en muchos países desarrollados por valor de unos 580 palos verdes año. Mamita.


Lo que no podemos dejar de preguntarnos es qué entramado productivo se teje alrededor de la fabricación de glifosato? Cuántas fábricas hay en el país? Qué materia prima y qué insumos utilizan? Cuánto colaboraron en desarrollar una jugosa red de proveedores y un sistema de canales de comercialización y venta complejo? A cuánta gente emplea el sector? Por qué me huele, de nuevo, que estamos frente a una industria que, en términos de tejido industrial, es bastante pobre (quiero decir que importan insumos, fabrican en dos o tres lugares en el país y exportan a granel el 80% de lo que producen)?


Decidimos no seguir porque ya nos duele un poco la cabeza, sentimos náuseas y un leve mareo.





jueves, 4 de junio de 2009

Cartón for espor II: Grandes Secciones y Transporte Terrestre


Seguimos hurgando entre las bolsas que nos dejó el INDEC y encontramos la tablita que mostramos acá. Agrupadas en lo que se conoce como Grandes Secciones del Sistema Armonizado y ordenaditas por monto, mostramos las exportaciones argentinas 2008, comparadas con las de 2007.



Empezamos a ver algunas cositas interesantes: el rubro líder es el denominado “Material de Transporte Terrestre” y se trata mayoritariamente de autos. Buenísimo. Productos a consumidor final, con muy alto valor agregado, alta generación de ocupación y reforzando una compleja cadena de valor. Una industria que vale la pena cuidar y nutrir, sin sucumbir al permanente llanto prebendario que suelen entonar sus representantes (Ratazzi lagrimista estrella). Pero ahí están, nada menos que 30% de las MOI y 9% de las exportaciones argentinas (!!!) No soslayamos, no somos tan oficialistas, el desbalance que ocurre por el lado de las importaciones.



Pero entendemos el contexto: la reconstrucción de la industria automotriz desde el 2002 para acá se dio sobre la base de un sistema de comercio administrado que buscó favorecer la instalación de terminales y la asignación de nuevos modelos a las plantas en nuestro país. Si usté se pregunta por qué, me veo en la obligación de decirle que, en la fase tecnológica actual, no hay industria automotriz sin terminales (de la misma manera que no hay fiestas sin mujeres). No son grandes generadoras de puestos de trabajo, son sólo grandes armadurías, el resto de la industria las considera un dolor de baja espalda, pero sin ellas el sector va directo al estancamiento. Pero en ese juego de seducción hay que competir con Brasil, que fabrica 5 veces más autos (tendrá una industria desarrollada 5 veces más?).



Eso se logra a costa de relajar el castigo al ingreso de autopartes, en especial las que venían del Mercosur (Brasil). Esa práctica corre entre un piso y un techo: el piso es la necesidad estratégica de recrear y fortificar el tejido sectorial de autopartes que son el verdadero objetivo perseguido al sostener una industria automotriz: por cada puesto de trabajo dentro de una terminal se cuentan entre 2 y 3 puestos en la cadena de valor, un multiplicador de niveles excepcionales. El techo es la presión de las terminales en Brasil para liberar el comercio intra-Mercosur (hablamos de aranceles cero) y así llevar sus negocios a un óptimo de eficiencia: suplo autopartes desde el proveedor que tengo más desarrollado, el más eficiente, seguramente el más tradicional, o sea chau autopartista argento. Por suerte Lula ha entendido el criterio estratégico que primó del lado argentino. Después de todo lo dicho, esta discusión sigue favoreciendo al hermano verde-amarelo: las importaciones totales de la sección arancelaria suman casi 9418 millones de dólares, lo que implica un déficit de cuenta de 2841 millones de dólares. .


Segunda, tercera y quinta secciones (no electorales), alias “Productos Químicos y Conexos”, “Metales Comunes y sus Manufacturas” y “Materias Plásticas y Manufacturas” son tres casos muy interesantes. 43% de las MOI y 13% de las expos totales salen, en suma, por estos “canales”. Es interesante saber de qué se trata y prometemos hacerlo en futuros posts.



Por ahora sólo adelantamos la lógica que sigue el Sistema Armonizado (SA) y cómo leerla en el marco de exportaciones de “material de transporte terrestre”. Los capítulos del SA van del 1 al 97 y siguen una secuencia que viene dada por el valor agregado, la “complejidad” del producto, en orden creciente. Así, por ejemplo, el 01 son animales vivos (el único valor agregado fue alimentarlos y evitar que se enfermen) y el 97 son obras de arte (puro valor agregado que en algunos casos parece un cacho de tela pintada...) Los capítulos de “transporte terrestre” son 86 y 87, numeritos que dan cuenta de su alta complejidad. De manera que no nos meteremos más con ellos: está muy bien exportar por estos "canales". Y esta muy bien profundizar los ya existentes mecanismos (diseñados por esta administración, no por otras) para intentar quitarle asimetría al intercambio comercial de autopartes, en especial con el gigante vecino.



Veremos, seguro que siguen saliendo cosas interesantes.




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viernes, 29 de mayo de 2009

Cartón for espor I: MOI

Si venís con muchas ganas por Perú y llegás hasta Diagonal Sur, te das con el monumento a Roca. Tomada en velocidad, la rotonda que contiene ese monumento infame pone al carro del cartonero en la máxima de las exigencias: chirrían las ruedas, se retuerce todo el fierrerío (a los cartoneros con oficio les gusta decir "el chasis"), las propias alpargatas intentan salir despedidas hacia el mismísimo Cabildo. Pero si podés controlar la situación y atravesar esa encrucijada en esta época del año, enfrente tenés una de las fiestas más importantes del cartoneo: el rezago anual del Indec. Papel y cartón para hacer dulce, sin que se arme ninguna trifulca con los colegas, que hay celulósica para todos.


Ayer fue el día. Metimos mano y revolvimos hasta cansarnos. Las bolsas que en suerte nos tocaron tenían datos de exportaciones y no pudimos resistir la tentación de abrir y quedarnos mirando un rato. Había cosas interesantes. Mirá esto...

Argentina exportó en 2008 por 70.588 palos verdes, de los cuales el 31.5% se clasifican dentro del rubro Manufacturas de Origen Industrial, la célebre MOI. Está en la cota superior de los últimos años, un número bastante bueno. Sí, ya sé, alguno puede revisar y venirme con que en el año 98 ese porcentaje fue del 32.6%, está bien. Pero se debe aclarar que, en términos de monto, ese año bastante representativo del modelo convertible las exportaciones MOI sumaron 8.624 millones de dólares. Y que el año pasado sumaron 20.209, o sea un 134% de crecimiento.

Existe además otra diferencia crucial. Durante 2008 los precios de los agro-commodities vivieron picos históricos. Eso causó un seguro efecto precio sobre dos de los otros tres grandes rubros, me refiero a los productos primarios PP (por donde se exportan granos a granel) y a las manufacturas de origen agropecuario MOA (por donde se exportan aceites y “residuos y desperdicios de la industria alimenticia” que no son otra cosa que el gran orgullo campero: los pellets de soja que alimentan los gripógenos pero felices y rozagantes cerditos pandémicos chinos).

Revolviendo en la misma bolsa, sin hacer mucho esfuerzo, aparecen las series de exportaciones discriminadas en quantum y precio. La discriminación en quantum no deja lugar a dudas: las MOI pasan a representar el 40.5% de las exportaciones argentinas del último año. Lo que equivale a decir que ese sostenimiento en el 31% por ciento indicado arriba es, en realidad, crecimiento cuantitativo.



Acá podríamos mandarnos un largo speech sobre baja en la desocupación, sobre vitalización del entramado productivo, sobre verdadero efecto redistributivo, sobre tipo de cambio y mucha otra conclusión sobre la que este joven blog ya ha empezado a aburrir. Pero sabemos que los sagaces cartoneros que nos leen pueden sacar las propias.

Para nosotros, hasta acá, sirvió para un post. Pero había tanto papel que seguro que vamos a seguir encontrando cosas interesantes.

Fuente: INDEC