
jueves, 16 de julio de 2009
Una señal de recuperación en la economía mundial

¡Coño!

* (Menos mal.)
Foto: Diario El Telégrafo
miércoles, 15 de julio de 2009
¿Qué te pasa Crítica? ¿Estás miope?

Superpoderes

martes, 14 de julio de 2009
Análisis Electoral II

y la compañía vale soledad
siempre vale la agonia de la prisa
aunque se llene de sillas la verdad
La risa y el llanto
En las elecciones del 23 de octubre de 2005, las fórmulas oficialistas recibieron el apoyo de 6.65 millones de votantes. Eran las elecciones en las que las figuras en pugna en el candelero nacional se disputaban, como habitualmente, la provincia de Buenos Aires: Cristina versus Chiche. Eran elecciones legislativas, es decir, el tipo de elecciones en las que una parte de la ciudadanía decide darse el "lujito" de votar a alguien que nunca elegiría para un cargo ejecutivo, pero al que se le pone alguna ficha para que genere unos lindos despelotes televisados en la cámara de representantes. “Total”, se piensa, “su capacidad de fuego en una cámara legislativa queda acotada a debates y discusiones, y el efecto que tenga sobre la vida diaria de la población está atado al consenso que logre.”
Dos años más tarde, en octubre, llegaron las presidenciales y le tocaba nuevamente a la presidente ejercer la candidatura. Arrasó: 8.65 millones de votos. Un caudal que ni siquiera requirió de una “segunda vuelta” para confirmarla en el cargo de presidente. Todo parecía indicar que el proyecto se afianzaba. Que la ciudadanía había entendido la naturaleza de lo que estaba en juego y qué significaban, en términos de nuestro futuro y el de nuestros hijos, cada uno de los modelos en pugna.
Pasaron tan sólo 19 meses (ni siquiera los usuales 24, adelantamiento mediante), para que las elecciones de “medio término” del actual período presidencial nos arrojaran el baldazo de agua helada que significó la caída a los 5.34 millones de votos del 28J. Un 38% menos que en las últimas presidenciales. Un 20% menos que en las legislativas de 2005. Una sangría de 3.31 millones de votos en 19 meses.
Otros menearon la hipótesis de la traición. Que vendría a ser ejercida por jugadores clave en la estrategia electoral oficial de concentrar el poder en los frentes del segundo y tercer cordón del conurbano, en los que se suponía una capacidad de fuego mayor de la que se confirmó efectivamente ese amargo domingo.
Y también están quienes apuntan sus cañones a lo que podría describirse como el “Manual de Estilo Kirchnerista”, que más allá del efectivo escollo que le interponga al demandado diálogo y consenso, ha llegado a la población filtrado por el dispositivo mediático opositor como responsable de una larga zaga de negatividades, de arbitrariedades y de caprichos; y de esta forma ha permeado en sectores importantes de la población, en especial aquellos que se bañan de manera permanente en el río de la información provista por las grandes cadenas de medios, sus más importantes portavoces, sus titulares y sus nunca inocentes copetes y bajadas.
Este diagnóstico no descarta la cuota de responsabilidad que cada uno de esos mesurados causales, hechos por gente con más datos, mejor información y más vuelo intelectual, haya de aportar sobre una explicación sin duda compleja. El único activo que detenta quien suscribe son las diarias recorridas empujando el carro por barriadas humildes, manteniendo un imprescindible diálogo con gentes de a pie, basado mucho más en la modalidad de escuchar que la de decir, todo sazonado por una dosis de audacia e intuición.
Y la población, permítaseme el uso del griego, estaba muy caliente. A nuestros ojos, lo que se vivió la jornada del 28J es lo que en mi barrio se conoce como voto castigo. Que se hizo patente como respuesta al manejo de la crisis desencadenada por la protesta patronal agrosojera (incluyendo su desmedida represalia desabastecedora sobre la población) y que provocó una altísima cuota de indignación en la sociedad. Una indignación que no encontró en las veredas oficiales un relato que explicara la naturaleza del problema, que descubriera la extemporalidad del reclamo de la Mesa de Enlace y la identificación última y definitiva de los verdaderos responsables de que, cuando iba al almacén, el consumidor de bajos recursos no encontraba harina o encontraba el sachet de leche sin su correspondiente etiqueta de precio, producto de los incesantes aumentos aplicados durante esas semanas de lockout. No sólo eso: encontró que el mayor y más asiduo exponente del relato oficial dejaba por momentos las cámaras y los micrófonos para ir a la Plaza a recibir puteadas de los más genuinos y retrógrados agrogarcas para responderlas con mamporros televisados y repetidos hasta el hartazgo.
Y una parte importante de la población, permeable a ese discurso de hostigamiento permanente, penalizó la debilidad argumental del gobierno. Sin que realmente importe a quién se beneficia cuando se está castigando: en esta oportunidad cosechó la miel de la victoria un ignoto De Narváez. Podrá creer que es un gran estratega del marketing. Alguien deberá ir a decirle que, gastando la mitad de los recursos, hubiese tenido un resultado similar. En marketing eso se llama ser un nabo. No nos preocupemos. Pronto el PJ se lo va a hacer saber de una manera bastante cruda, como acostumbra.
lunes, 13 de julio de 2009
Versos y noticias

El señor de la foto es José Manuel González-Páramo, integrante del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE). Ayer se publicó un reportaje en el diario madrileño El País, que es interesante por algunas de las opiniones que González-Páramo expone allí.Los señores de la otra foto son desocupados.
Obsérvese que el señor Páramo nos anuncia que en los próximos trimestres "las tasas negativas se reducirán". En castellano de la calle, eso quiere decir que va a seguir cayendo la economía, pero no tan rápido como se hundió durante los últimos nueve meses. Le preguntan por Europa, pero está claro que su "parámico" pronóstico coincide con las previsiones que los economistas de los países centrales hacen sobre los EE.UU. Y quien habla de Europa y los EE.UU. está hablando de la economía mundial.
De paso, el señor Páramo responde, sin conocerlos, a los economistas, periodistas especializados y blogueros económicos que se empeñan en desconocer el panorama económico mundial y el de los países vecinos, para adjudicar toda, completa y absoluta responsabilidad de las dificultades económicas en la Argentina a las políticas seguidas desde 2002. Naturalmente, a la cabeza de la fila se encuentra un charlatán como Cachanovsky, quien engalana con sus idioteces las páginas de La Nación. Pero detrás de este abanderado se encolumnan legiones de curanderos dispuestos a presentar sus recetas para la cura de todos los males económicos argentinos.
Lo notable es que Páramo, miembro del BCE desde hace cinco años y, por lo tanto, partícipe necesario en la banda de criminales que prepararon la crisis mundial, no saca mayores enseñanzas de sus errores pasados. Sólo el mayor realismo para leer la realidad económica internacional lo separa de nuestros compatriotas. Por lo demás, es igualmente negado para comprender las raíces del desastre.
Ante la pregunta sobre la forma en que España podría salir de la crisis actual, Páramo vuelve a la fórmula ya abundantemente aplicada durante más de treinta años: "El mercado de trabajo necesita mucha más flexibilidad". Nuevamente, hay que traducir al castellano de la calle: hay que explotar al máximo a la fuerza de trabajo. Páramo fundamente su receta con algunos balbuceos acerca de la necesidad de aumentar la "productividad".
Seamos castizos en la respuesta: gilipolleces, mamón. Si los habituales turistas que alimentan el principal sector de la economía hispana no tienen plata para irse de viaje, no importa cuánto aumentes la "productividad", porque lo mismo no tendrán plata. Reventando a los trabajadores, mamón, lo único que conseguirás es empeorar una de las causas de la crisis mundial (y de la española): la incapacidad del consumo de los trabajadores para absorber la mayor cantidad de productos que permiten los aumentos de productividad. No seas gilipollas, tío.
La monserga de la flexibilidad laboral tiene su correlato en nuestros entrañables lobbistas de la devaluación. Compiten entre sí para ver quién la tiene más grande (la propuesta de devaluación, claro). Rezongan que ir manteniendo el tipo de cambio real gradualmente es insuficiente y traba nuestras exportaciones. Lo que ninguno de ellos puede explicar es 1) cuánto mide, demostrado con números, el atraso del tipo de cambio respecto del real o del euro, para poner como ejemplo a los principales compradores de productos argentinos; 2) si la demanda mundial no está en condiciones de absorber los productos , de qué serviría bajar sus costos. Para intentar algún comienzo tímido de explicación, deberían dar cuenta de la baja de las colocaciones externas de Brasil, por ejemplo, en los rubros coincidentes con los de las exportaciones argentinas. No lo hacen, porque saben o sospechan que es inútil intentarlo. Porque saben o sospechan que de lo único que se trata es de bajar los salarios, sin ningún provecho para la producción nacional, pero mucho para las ganancias empresarias.
Gracias, don Páramo. Usted es un buen caso testigo para medir a nuestros propios especialistas. En las diferencias y en las coincidencias con ellos.
Gordo
–Che, Gordo, contale cuando conociste a Discépolo...
–Tenía dieciocho años. Discépolo me contrató para hacer una gira.
–¡Seguí, Gordo!
–Pero, viejo... no sé. ¿Qué más? Contale vos.
–Discépolo quería hacer una gira por el extranjero y pidió un bandoneón. Pero no cualquier bandoneón. Alguien que representara a la raza, a los porteños. Este tenía dieciocho años; morocho, gordito, peinado al medio.
Troilo riendo: “Sí, Discépolo estaba acostado. Me dijo: ‘tocá’.Y le gustó.”
–¿Le gustó? Quedó loco. Le contó a Tania. Un tipo de macho argentino, de esos que enloquecen a las mujeres.
–¡Cómo te gusta hacer ese cuento!
–La cosa fue que Discépolo quiso cerrar trato enseguida... pero el prototipo de macho, porteño, morocho y de raya al medio, le dijo: “Bueno, pero le tengo que pedir permiso a mi mamá”.
Extractado de la entrevista que le concedió a la periodista uruguaya María Esther Gilio.
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