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domingo, 17 de enero de 2010

Post-umo: Belleza XVI (Pintura y Dibujo)

Hace ya un tiempo, Andrés había dejado en la "parrilla" este post que, con el número 16 le ponía fin a una Serie que había iniciado unos meses antes sobre la belleza y la subjetividad en las artes visuales.

Quedó allí. Esperando a que nuestro amigo tocara el botón que dice "Publicar". Lo dejó para lo último por motivos que el lector encontrará mientras lo leé.

Publicarlo es el mejor homenaje que este blog, del que supo ser el "cartonero estrella", le puede hacer.

Y creer que haberle cambiado el título (para agregar ese juego de palabras) para provocar otra de sus sonoras risotadas, es algo que nos arrogamos sin explicaciones.

Que lo disfruten.

Este blog retoma su viaje.








En 1884, el pintor Henri Toulouse Lautrec (1864-1901) se mudó al departamento del matrimonio que formaban René y Lily Grenier.




Allí vivió alrededor de dos años y en su abundante obra hay muchos retratos de Lily y también de su marido.



Lily Grenier era una mujer de belleza imponente, una pelirroja alta y corpulenta, que gustaba de disfrazarse y de la buena vida.



El retrato que aquí se reproduce, y que se conserva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, se llama Madame Lily Grenier en quimono por razones que no hace falta explicar.


Aparentemente, Madame Grenier unía a su belleza una loable preocupación por aportar algo de felicidad al torturado pintor que tenía el tamaño de su talento en razón inversa a la longitud de sus piernas.

Así lo sugiere este explícito dibujo ( se exhibe en la Biblioteca Nacional de París), en el que Toulouse Lautrec se representa a sí mismo y a la adorable Lily. Obsérvese la sonrisa de comprensible satisfacción en el rostro del artista.


No existe dato alguno para asegurar que la obra representa un hecho realmente sucedido o una fantasía de Toulouse Lautrec.




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sábado, 14 de noviembre de 2009

Belleza XV (Pintura)



Prilidiano Pueyrredón (1823-1870) dedicó parte de su actividad como pintor a retratar desnudas a sus sirvientas.

Esta obra, casi obviamente titulada La siesta, representa a dos mujeres dormidas. Las caras, en el caso de una de ellas, apenas está esbozada y en el de la otra queda oculto.

El centro de la pintura está en los cuerpos rotundos.

Pueyredón fue hijo de Juan Martín, quien combatió en las invasiones inglesas y más tarde en la guerra de la Independencia. Fue también el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata que facilitó a San Martín los medios para preparar el Ejército que cruzaría los Andes.

Prilidiano era muy joven cuando su familia se trasladó a Europa, donde su padre se dedicó a vender cueros argentinos. El joven estudió ingeniería y arquitectura en París, conocimientos que aplicó a su vuelta a la Argentina. Proyectó y dirigió la construcción de plazas, paseos y edificios, uno de los cuales, la quinta de Azcuénaga en Olivos, terminó siendo la actual residencia presidencial.

Prilidiano Pueyrredón, que también pintó un retrato de su padre, paisajes y escenas gauchescas, fue largamente olvidado después de su muerte. No fue hasta la década de 1930 que su obra volvió a ser valorada como uno de los pasos iniciales decisivos de la pintura argentina.

La siesta está en el Museo Nacional de Bellas Artes.




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sábado, 7 de noviembre de 2009

Belleza XIV (Foto)


Esta imagen no es una pintura, ni una escultura, ni un dibujo, ni siquiera una fotografía artística.

La obra de arte, en este caso, es la fotografiada. Se ha ganado la ubicación en esta serie porque la palabra belleza se acomoda con exactitud y precisión a su aspecto.

Su nombre es Ximena Capristo. No podría explayarme sobre sus dotes de actriz, bailarina o cantante. Ni falta que hace.

Encontré la foto casualmente y decidí que sería una injusticia dejarla fuera de la serie tan sólo porque no figura en un museo.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Manos



Contenido. 5 dedos, 27 huesos, 29 articulaciones, unos 123 ligamentos, 35 músculos para mover el conjunto: 17 de ellos en la mano y 18 en el antebrazo, 48 nervios: 3 de ellos principales, 24 sensoriales y 21 musculares, 30 arterias. Todo funcional. Todo distinto. Todo imprescindible.

Articulación.Cuatro de sus dedos tienen la habilidad del movimiento prensil. El quinto, en un lateral, está controlado por un conjunto de órganos prácticamente independiente de los restantes: es traccionado por 9 músculos que a su vez son controlados por los 3 nervios principales y que le permiten la libertad de 6 movimientos diferentes, además del prensil, común a los otros cuatro. Pueden rotar sobre su eje longitudinal 90 grados hasta quedar enfrentado a los otros cuatro. Esta es una gran característica, pero no es lo que la diferencia del resto de las especies, ya que otros primates también la tienen. La verdadera diferencia se encuentra en los otros dos dedos en el extremo opuesto, el meñique y el anular, que también pueden rotar en la palma para encontrarse con el pulgar en un movimiento denominado “oposición ulnar”. Esto se debe a una extraordinaria capacidad de las articulaciones que los forman, para dar lugar a una amplísima variedad de movimientos que, como en ninguna otra especie, incluyen una notable capacidad para el agarre recto (un raqueta de tenis), el agarre oblicuo (una lapicera) y el movimiento de ajuste circular (ese que ejercemos, por ejemplo, cuando queremos girar una perilla o generar una torsión en alguna pieza). Sólo un homo sapiens puede lograrlo.

Complejidad.Una cuarta parte de la corteza cerebral que contiene las habilidades motoras de todo el cuerpo está dedicado exclusivamente al movimiento de la mano, lo que da la pauta de su complejidad. Le va a permitir habilidades motoras de las gruesas, pero también las habilidades finas, que se refieren a aquellas donde no sólo intervienen los movimientos básicos sino también la sensibilidad de los dedos. Por ejemplo, esa tensión exacta con la que los dedos toman una pieza frágil, con firmeza, pero sin llegar a lastimarla. Como aquella fatídica escena del replicante Batty, como lágrima en la lluvia, tomando cuidadosamente a la paloma mientras un clavo atraviesa sus falanges, tiempo de morir.

Sensibilidad. En las yemas se agrupan las más ricas densidades de terminales nerviosas que, en conjunto con una piel sin vellosidad y firme pero sensible, dan lugar a la más importante expresión del sentido del tacto. Yemas que pueden diferenciar texturas de muchos grados diferentes, apreciar diferencias de temperaturas casi inapreciables para otras regiones de la epidermis, percibir el contacto de las mínimas excitaciones tales como pelusas, rugosidades micrométricas (como la identificación de billetes para ciegos) o sensibilidad a excitaciones mecánicas ínfimas (como la que maximiza el ladrón de cajas fuertes).

Sentido.Una mano es una maravillosa obra de la naturaleza que, creo, nunca será igualada por ningún engendro artificial. Sus capacidades, acariciar, comunicar, instrumentar alguna destreza, sea música o pintura, transmitir un sentimiento, nunca van a dejar de sorprenderme.

Nunca podré dejar de admirar las manos que levantan una bandera de todos. Las que se unen con las de otros para defenderse del embate de las bestias que arteramente golpean con otras manos. Las que buscan para abrazar. Las que secan lágrimas. Las que construyen y moldean. Las que tejen. Las que escriben. Las que aplauden. Las que amparan. Las que dicen cuando danzan. Las que hablan por boca de mudos y las que leen por ojos de ciegos. Las que pueden servir para matar al que nos oprime.

Nunca podré dejar de admirar las manos de mi hija, las de mi mujer. Nunca podré dejar de admirar mis propias manos.

Nunca podré dejar de admirar las manos del David. Pero mucho menos podré dejar de admirar a las manos que hicieron a las manos del David. Soy un hombre afortunado.


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La política no es la mente. La política no es el corazón. La política no es la boca ni son los ojos.

La política es la mano, con sus cinco dedos, cinco características, factor fundamental de la acción.










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sábado, 31 de octubre de 2009

Belleza XIII (Pintura)






Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) iluminó la última parte del siglo XVIII y la primera del XIX en España.

Pasó del barroco tardío de sus comienzos al romanticismo y realismo de sus obras de madurez, pasando por el neoclasicismo.

Fue pintor, grabador, dibujante y trabajó cartones para tapices, todo con igual maestría.

Hizo retratos de corte y paisajes luminosos. (Al ver los retratos de los borbones de su tiempo, uno se pregunta cómo le pagaban por eso y no lo mandaban ejecutar. Por lo visto los retratos eran parecidos a los originales, lo que les impedía percibir el sarcasmo de la pintura.)

Pero también, y sobre todo, descolló en la representación de la violencia y la crueldad. Las primeras pinturas en las que muestra bandoleros en acción prefiguran sus obras sobre la represión francesa en el Madrid sublevado y sus magistrales Desastres de la guerra. Hasta hoy, sus escenas de tauromaquia siguen inigualadas.

Goya, cuya amargura y malhumores no se contraponían con su vitalismo y al contrario se alimentaban de él, no fue indiferente al encanto femenino, lo que se puede observar en su obra. La maja desnuda es la segunda de dos obras que representan a la misma bella mujer, en la misma postura, con la sola diferencia de que la primera versión se llama, justificadamente, La maja vestida.

Nada seguro se sabe sobre las circunstancias de las pinturas y sobre su hermosa modelo. El hecho de que las tuviera en su gabinete el ministro Godoy hace suponer a algunos que la mujer representada era su amante y después esposa. Otra versión afirma que la modelo fue la duquesa de Alba, que por algún tiempo habría sido amante del pintor.

Este halo de misterio agrega un adicional al encanto de la pintura. ¿Quién era la señora de tan hermoso cuerpo?

¿Y qué me cuentan de esta maja?

sábado, 24 de octubre de 2009

Belleza XII (Foto)



Mata Hari (1876-1917)

El 15 de octubre de 1917, en plena Primera Guerra Mundial, un pelotón de soldados franceses ejecutó a una bella mujer vestida de negro y con un gran sombrero del mismo color. El oficial a cargo del pelotón le disparó el tiro de gracia. Testigos del fusilamiento revelaron que la fusilada, momentos antes de que se diera la orden de fuego, mandó un beso con la mano a los soldados. Hay constancias de que sólo cuatro de los doce tiradores dio en el blanco.

La fusilada de ese día era Margaretha Geertruide Zelle, de origen holandés. Pero se la conocía más como Mata Hari, bailarina exótica, desnudista, aficionada a los hombres en general y a los uniformados en particular y acusada de espía. Su pudorosa vestimenta del día del fusilamiento contrastaba con la generosa exhibición de sus encantos que se puede apreciar en la fotografía.

Todos los estudios posteriores indican que la bella Margaretha, si realmente practicó el espionaje, lo hizo modestamente y que nunca tuvo acceso a grandes secretos. Incluso se estima que su tráfico de informaciones era de doble mano: parece que brindó datos sobre los franceses a los alemanes y viceversa.

Pero Francia había hecho un papel deplorable en la guerra. Las bajas se contaban por centenares de miles y no pocas eran debidas a la implacable política de fusilar soldados como castigo por deserción o por supuesta cobardía en el combate. Culpar a una mujer (y una mujer "de mala vida") por los desastres era una manera de entretener al pueblo, justificar las derrotas y estimular un patriotismo de opereta. Armado con estas consideraciones políticas, el tribunal la condenó con pruebas débiles y dudosas.

Mata Hari había nacido en Holanda en 1876 y a los 18 años se casó con un militar mucho mayor, con quien viajó a instalarse en la actual Indonesia, entonces colonia holandesa. La muerte de su hijo varón fue un duro golpe para el matrimonio. El marido se dio a la bebida y Margaretha se dedicó a aprender danzas locales y artes amatorias orientales que practicaba fuera de un matrimonio destruido.

El marido, borracho pero rencoroso, consiguió el divorcio y la guarda de la hija que les quedaba. Margaretha se vio literalmente en la calle. Aprovechó los rasgos orientales heredados de su madre y su conocimiento de la cultura javanesa para dedicarse en París al espectáculo, como bailarina exótica (y escasamente cubierta). Al éxito de esta actividad sumó una activa vida sentimental, que algunos pagaban con amor y otros con dinero. El día que la detuvieron y le comunicaron las acusaciones, exclamó: "¡Puta sí, pero traidora nunca!"

Su vieja pasión por los militares encontró un amplio terreno con la guerra, que hizo proliferar el número de uniformados. Sus andanzas con militares de toda nacionalidad disponible la hicieron sospechosa y la llevaron ante el pelotón.

Quedaron de ella abundantes fotos semidesnuda, vestida y en plena danza de los siete velos (una de sus especialidades). Y una leyenda de espía intrépida que, junto con sus perturbadoras imágenes, capturaron la imaginación del adolescente que fui alguna vez.

(Agradezco a la Museóloga que me haya traído a la memoria a Mata Hari con un documentado post en su blog.)

sábado, 17 de octubre de 2009

Belleza XI (Pintura)



Había una vez una ciudad en el centro de Europa, capital de un imperio anacrónico y decadente, que vivió una auténtica explosión intelectual y artística.


Esa ciudad era Viena, en el período que va desde las guerras napoleónicas hasta la Primera Guerra Mundial. Un siglo en que la ciudad de los Habsburgos fue la vanguardia de cambios vertiginosos en la música, en las artes plásticas, en la arquitectura, en la literatura, en la psicología y en el pensamiento social.



En esa ciudad y en ese período floreció un pintor de gran originalidad: Gustav Klimt (1862-1918). De familia humilde, pudo obtener una beca para estudiar pintura y diseño de interiores. Se lo considera integrante del modernismo y, dentro de esta escuela, participó en el movimiento de la Secesión vienesa, agrupamiento de los pintores ajenos a la academia.


Klimt logró en sus obras un poco frecuente y seductor maridaje entre un erotismo poderoso y un manejo de símbolos que atenuaba el impacto sobre los más pacatos. Tal vez influyó en este logro el escandalizado rechazo que sufrieron sus pinturas para el Aula Magna de la Universidad vienesa, consideradas "pornográficas". Así produjo obras en las que casi sólo con insinuaciones, produce una fuerte impresión erótica, tales como las dos Judith. Otra de sus obras que transmite erotismo es El beso.


Aquí se reproduce Dánae, obra pintada en 1907 y que pertenece a una colección privada en Viena. ¿Quién puede permanecer indiferente ante ese relumbrar de muslos vigorosos?

sábado, 10 de octubre de 2009

Belleza X (Pintura)


Gustave Courbet (1819-1877) fue un influyente pintor realista en la Francia del siglo XIX. Una de sus obras más importantes, Entierro en Omans, tuvo tanta significación en el paso del romanticismo al realismo, que el mismo Courbet sostuvo: "El Entierro en Omans fue en realidad el entierro del romanticismo". Omans era su pueblo natal y casi todos los habitantes aparecen retratados en la enorme tela, tal como asistieron al funeral de un tío abuelo del pintor.


Sus paisajes, sus retratos y sus obras eróticas tienen algo en común: representan la vida común, sin artificios ni pretensiones de elegancia.





Courbet fue un espíritu libre, que se describió de esta manera: "Tengo cincuenta años y siempre he vivido en libertad; déjenme terminar mi vida en libertad. Cuando muera, que digan: no pertenceció a ninguna escuela, a ninguna iglesia, a ninguna institución, a ninguna academia y, especialmente, a ningún régimen que no sea el régimen de la libertad".




Consecuente con estas ideas, fue un militante convencido durante la Comuna de París y su actividad en esa insurrección le valió la cárcel y el exilio.




Cárcel y exilio que sufrió también, de algún modo, una de sus pinturas más representativas, El origen del mundo, que representa con el mayor realismo los genitales de una mujer. Cárcel y exilio, porque esta pintura, hecha en 1866 nunca fue exhibida en público ¡hasta 1988! Hoy se la puede ver en el Musée d'Orsay de París.




Durante los últimos veinte años de su vida, Courbet, famoso por sus paisajes y retratos, profundizó el sesgo erótico en su obra. Esta bella Mujer en las olas es un testimonio de ese período de su pintura. La obra se encuentra en el Metropolitan Museum de Nueva York.

sábado, 3 de octubre de 2009

Belleza IX (Foto)





E. J. Bellocq, John Ernest Joseph Bellocq (1873 – 1949) fue un fotógrafo profesional que trabajó a comienzos del siglo XX en Nueva Orleans. Se ganaba la vida haciendo fotografías comerciales para empresas, pero en sus ratos libres registraba escenas de los numerosos fumaderos de opio de la ciudad. Y, sobre todo, pasó años fotografiando a las mujeres de los prostíbulos que abundaban en el barrio de Storyville.


Bellocq apareció como personaje en la película Pretty Baby, de Louis Malle, en la que fue interpretado por Keith Carradine.


Cuando Bellocq murió, gran parte de sus trabajos de los bajos fondos de Nueva Orleans fue destruida. Posiblemente, esta fue una decisión de su familia y, en especial, de un hermano que era sacerdote jesuita.


En 1970, escondidos dentro de un sofá, aparecieron numerosos negativos de Storyville que habían escapado al fuego purificador. Un año más tarde, el fotógrafo Lee Friedlander presentó la primera muestra de las obras de Bellocq.


Las fotos de Storyville son invariablemente imágenes de mujeres, tanto desnudas como vestidas. A veces, aparecen con la cara cubierta por máscaras. En otros casos, los negativos han sido raspados en las caras. Se supone que Bellocq trató así de proteger a algunas de las mujeres, pero no está claro por qué no lo hizo con las otras, que quedaron a cara descubierta.



sábado, 26 de septiembre de 2009

Belleza VIII (Pintura)


Jacopo Comin (1518-1594), pintor veneciano, es más conocido como Tintoretto, apodo que recibió por ser hijo de un tintorero. Aclaremos, en esa época se llamaba así a los artesanos que teñían telas, no a orientales dedicados a la limpieza de la ropa ni a parientas de funcionarios macristas beneficiadas por reglamentaciones supuestamente protectoras del medio ambiente.

Fue discípulo de Tiziano, de quien aprendió el manejo de luces y sombras y del color. Pero Tiziano le tomó antipatía y el alumno debió abrirse paso sin ayuda. Para obtener encargos, a menudo Tintoretto trabajó por muy poca remuneración e incluso gratis. Esto le permitió abrirse camino, pintando para palacios de las familias ricas de Venecia, para edificios oficiales y para las llamadas scuola, asociaciones mutuales de los gremios o de los barrios de la ciudad. De su actividad salieron gran cantidad de cuadros y murales. Las pinturas que realizó para el edificio de la Scuola di San Marco le dieron renombre.

Como sus colegas de la época dedicó una buena cantidad de sus obras a temas bíblicos. La bonita señora de la ilustración es precisamente un personaje bíblico. La historia de Susana tenía todos los ingredientes para atraer a los pintores. Susana, una hermosa mujer, se estaba bañando cuando fue espiada y admirada por dos ancianos de gran prestigio, que habían sido elegidos jueces. Los viejitos verdes se tiraron un lance y Susana los rechazó, argumentando que aceptarlos sería un pecado. Enojados, los ancianos la acusaron públicamente de adulterio y Susana estuvo a punto de ser condenada a muerte. El profeta Daniel pidió que lo dejaran interrogar a los acusadores por separado. Como un experto de Scotland Yard, les preguntó detalles que ellos no habían incluido en su relato del supuesto adulterio y, por supuesto, los viejos se contradijeron. Caso cerrado.

La pintura se exhibe en el Museo de Historia del Arte de Viena.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Belleza VII (Pintura)



Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669) está considerado como el mayor pintor de Holanda. Los críticos no solamente elogian su manejo de las formas, colores, luces y sombras, sino la simpatía humana con que presenta a los personajes de sus cuadros y grabados.
Sus retratos tuvieron un gran éxito comercial. La burguesía holandesa, en aquel tiempo la más poderosa del mundo, pagaba de buen grado para eternizarse en un óleo de Rembrandt.
El que ilustra esta entrada se llama Betsabé e ilustra un episodio bíblico. Betsabé era la esposa de uno de los generales del rey David. Cuando el marido estaba en campaña, el rey vio a la bella mujer bañándose e, impresionado por su hermosura, mandó a buscarla y se acostó con ella. Para repetir el acontecimiento y evitarse complicaciones con el marido, hizo que lo mataran y después, por supuesto, se arrepintió, lloró y pidió perdón a Dios. Esta historia está relatada en el Segundo Libro de Samuel, capítulos 11 y 12, para escarmentar a los adúlteros y adúlteras, aunque no se ha percibido que surtiera mucho efecto en los tres mil años transcurridos desde entonces.
La obra se exhibe en el Museo del Louvre.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Belleza VI (Pintura)

Tiziano Vecellio (1477-1576) no se destacó solamente por haber vivido casi cien años. De todas maneras, y aunque su talento se reveló desde su juventud, una vida tan larga le permitió pasar por varios estilos. Especialmente, porque comenzó su aprendizaje artístico a los diez años y pudo seguir pintando hasta el final de sus días.

Giorgio Vasari, que viajó a Venecia para entregarle una distinción de la Academia de Artistas de Florencia, señaló que "aunque era muy viejo, lo encontré con los pinceles en la mano".

Pese a los cambios de estilo, el manejo de la luz y el color fueron una constante de su pintura.

Recorrió temas religiosos, mitológicos, retratos de personajes de la época y paisajes, y en todos dejó pinturas de gran calidad.

Sus desnudos tienen una carnalidad que puede bien apreciarse en esta Venus Anadyomene que se conserva en la National Gallery of Scotland.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Belleza V (Escultura)

Paulina Bonaparte fue la hermanita menor y la preferida de Napoleón. Era la única que se atrevía a discutir decisiones de su famoso hermano y también la que siguió apoyándolo cuando cayó en desgracia.

Los cronistas que escribieron sobre ella, así como los pintores y escultores que la representaron, dejaron testimonio de su enorme hermosura. Era bella hasta hacer doler los ojos.

No es extraño que, antes, durante y después de sus dos matrimonios, haya tenido infinidad de amoríos.

Murió a los 44 años, todavía joven y hermosa.

El escultor Antonio Canova la plasmó semidesnuda en mármol, como Venus Victrix (Venus vencedora), en esta bella escultura que se puede admirar en la Galería Borghese de Roma.

viernes, 4 de septiembre de 2009

O baijinho

Ayer cumplió años el viejo. 69 para ser exactos.

Mañana juega Argentina con Brasil en un nuevo clásico sudamericano. La clasificación argentina para Sudáfrica 2010 está en duda y mañana vence otra cuota del boleto.

Los cartoneros, amantes del buen fútbol, metimos todo eso en la licuadora y sacamos este copy&paste... menos mal que “o baijinho” não joga.

Ojalá mañana los verdeamarelos estén tan poco inspirados como hoy nosotros cartoneros.



Venido desde quién sabe qué región del aire, el tigre aparece, pega su zarpazo y se esfuma. El arquero, atrapado en su jaula, no tiene tiempo ni de pestañear. En un fogonazo, Romario asesta sus goles de media vuelta, de chilena, de volea, de chanfle, de taco, de punta, o de perfil.


Romario nació en la miseria, en la favela de Jacarezinho, pero desde niño ensayaba la firma para los muchos autógrafos que iba a firmar en la vida. Trepó a la fama sin pagar los impuestos de la mentira obligatoria: este hombre muy pobre se dio siempre el lujo de hacer lo que quería, disfrutón de la noche, parrandero, y siempre dijo lo que pensaba sin pensar lo que decía.



Ahora tiene una colección de Mercedes Benz y doscientos cincuenta pares de zapatos, pero sus mejores amigos siguen siendo aquellos impresentables buscavidas que en la infancia le enseñaron el secreto del zarpazo.


“Romario”
Eduardo Galeano






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lunes, 31 de agosto de 2009

Panteón



La entrada anuncia que Marco Agrippa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, fue su autor. Ya antes de ingresar te das cuenta que estás frente a algo grande. Algo importante que hoy quedó un poco perdido entre las callejuelas romanas. Rodeado, cercado para decirlo mejor, por construcciones y caseríos. Pero cuando lográs encontrarte con la plaza de la Rotonda, lo observás y lo comenzás a recorrer, te deja sin aliento.


Marco Agrippa, quien encargó su construcción, se lo dedicó a los Siete Dioses. Pocos añós después tuvo que ser reconstruido, estan Adriano al frente del Imperio. Este se lo dedicó a los ciudadanos de Roma e instruyó que su nombre no figurara en ningún lugar del edificio.


Y la gran pregunta es cómo. Cómo fue posible que contando sólo con ladrillos, pesados mármoles, un hormigón de baja calidad y cemento, los tipos se mandaran hace dos mil años un edificio con una cúpula autoportante de 43 metros de diámetro.


Empecemos por decir que construyeron un grueso cilindro hecho de columnas de hormigón y muros de ladrillo que llamaban opera latericia. El cemento se iba depositando en capas finas que se iban alternando con filas de ladrillo. Cuanto más capas por metro de altura, mejor. El fraguado y los ciclos térmicos a los que iba a estar sometida la estructura eran su principal amenaza. El enemigo estaba en sus propias entrañas y consistía en un fraguado incorrecto que permitiera la aparición de pequeñas fisuras que pueden tardar años en hacerse visibles, pero que una vez abiertas pondrían en peligro toda la estructura. Hasta hoy, dos mil años después, nunca ocurrió.


Ese primer cilindro portante tiene una altura equivalente al radio de la cúpula. Y lo que se montó encima es una semiesfera. Perfecta y maravillosa. La combinación de ambas geometrías, cilindro y semiesfera, da razón estética a la obra: que la semiesfera superior tiene el espacio exacto para replicarse en el cilindro inferior y por lo tanto, puede decirse que hay una esfera completa, formada por dos hemisferios, el superior -la esfera celeste- y el inferior -la Tierra que pisamos los mortales-.


Puestos a diseñar la semiesfera superior, utilizaron el mismo criterio que utilizamos hoy para dividir el globo terráqueo: meridianos y paralelos. Paralelos estos, que se van apoyando uno encima del otro y que van disminuyendo su carga en la medida que ganan altura, hasta llegar al “óculo” en el extremo superior: un ojo de nueve metros que dejará que ingrese la luz del sol en los días azules, pero también la lluvia en los grises.


El alivianamiento requerido a medida que se gana altura no sólo estará dado por el hecho de que los anillos concéntricos disminuyen su espesor (seis metros el meridiano inferior, hasta metro y medio el meridiano superior) sino también por que el material con el que están construídos se va modificando (empieza con un denso travertino abajo y finaliza en la porosa piedra pómez arriba).


Tuvieron que pasar quince siglos, tuvo que llegar el Renacimiento, para que ingresara al Panteón, el templo de Todos los Dioses, un hombre nuevo que viniera a desafiar los límites. Un renacentista, como no podía ser de otra manera. Para entender primero y para replicar más tarde esa monumental idea.

Un tal Brunelleschi, que volvió a su ciudad, capital cultural de la época, Florencia, y puso en práctica su aprendizaje en el duomo de la basílica mayor: Santa María dei Fiori.


Desde allí la obra, el concepto, ganó vida propia y volvió a repetirse otras veces: de nuevo en Roma, en la Basílica de San Pedro; en Nápoles, en la Basílica de San Francisco de Paula; en Charlottesville, en la Universidad de Virginia; en Washington, en el Capitolio; en Melbourne, en la Biblioteca del Estado de Australia.


Y en un edificio en una esquina periférica del planeta. Más exactamente en Entre Ríos 51, Buenos Aires.


Sus creadores, los de la generación del 80, se la dedicaron a la noble tierra, a los granos y al ganado que los enriquecía.

100 años más tarde, tendremos nuestro propio Adriano, que con humildad y vocación convierta ese edificio y su imponente cúpula de bronce en uno dedicado genuinamente al Pueblo?

Y sus moradores circunstanciales, entenderán que esa devoción al Pueblo será, en última instancia, funcional a sus propios intereses cuando, el día de mañana, les toque gobernar y se vean liberados del yugo de grandes corporaciones que ellos mismos ayudaron a desarticular?




Foto: el óculo dibuja un esfera de luz en la cúpula del Panteón






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sábado, 29 de agosto de 2009

Belleza IV (Foto)





La señorita de la ilustración responde al dulcísimo nombre de Rachel Weisz, es una actriz inglesa y lamentablemente, el autor no recuperó la respiración a tiempo como para ilustrarse sobre otros detalles eruditos, de esos que tanto visten a una entrada sobre arte.


El fotógrafo es James White y la obra forma parte de una exposición que tiene lugar en el Museo Thyssen Bornemisza, de Madrid.


Ah, también hay una serpiente.


sábado, 22 de agosto de 2009

Belleza III (Velázquez)


Una reproducción de este cuadro adornaba el comedor de la casa de unos tíos cuando yo era chico. Así que se podría decir que la Venus del espejo de Velázquez fue mi primer amor y tal vez el más duradero.

Diego Velázquez (1599-1660) fue contemporáneo de Rubens y exponente de la misma escuela pictórica. También compartía con él el gusto por las mujeres de formas rotundas, aunque el español no cultivaba el brutal realismo del flamenco y omitía algunos detalles, como se puede observar en la tersura de las nalgas de la diosa.

Los más entendidos en pintura han de festejar la luminosidad del cuadro, característica que también se puede observar en obras como Las hilanderas o Los borrachos.


La obra se exhibe en la National Gallery de Londres.

sábado, 15 de agosto de 2009

Belleza II (Anónimo)

Esta entrada es una provocación. Al publicarse Belleza I (Rubens) un comentarista anónimo nos increpó: "si a ustedes les gustan las gordas...".


Doble injusticia. Hacia mis compañeros de blog, que son inocentes de la expresión de mis gustos personales. Y, sobre todo, e intolerable, hacia las mujeres que, sin ser gordas ni mucho menos, son tildadas de tales por la moda anoréxica.


Ante semejante grosería, aquí va la provocación. La belleza en este caso no está en una pintura, sino en una escultura. Pero olviden a la Venus de Milo o a la maravillosa Paulina Bonaparte, en mármol trabajado por el cincel de Antonio Canova. Se trata de la Venus de Doli, una cerámica realizada por un artista anónimo hace entre 27.000 y 31.000 años en una aldea situada en lo que hoy es la República Checa.


Es una de las más interesantes muestras de las llamadas "venus neolíticas", representaciones femeninas talladas en piedra o, como en este caso, realizadas en cerámica. El rasgo común a todas ellas es que se exageran aquellos rasgos que distinguen al cuerpo femenino como tal: senos torrenciales y caderas anchísimas. La antigüedad de estas obras permite considerarlas como indicadores de la noción de belleza menos influida por factores culturales, la más cercana a lo "natural" que se pueda encontrar entre seres tan poco "naturales" como los humanos.

sábado, 8 de agosto de 2009

Belleza I (Rubens)

El pintor flamenco Peter Paul Rubens (1577-1640) se destaca por la luminosidad de sus obras. Pero no es eso lo que más me interesa destacar (o lo que más me interesa a secas). Las mujeres que pinta están alejadas de ese modelo anoréxico que hoy se impone desde los medios de difusión.


Las tres gracias es una de sus obras más conocidas y buen ejemplo de lo que decimos. Las tres bellas no parecen preocupadas por la dieta, el yogurt descremado y la bicicleta fija. Lucen sin complejos sus abundancias e incluso rollos y celulitis que no disminuyen, muy por el contrario, su encanto. No es el único cuadro de Rubens en que se encuentran mujeres así. Basta con recordar El rapto de las hijas de Leucipo o El tocador de Venus.
En la pequeña serie que empiezo hoy bajo el título común Belleza se verán mayormente hermosas de este tipo, salidas de otros pinceles magistrales o de fotógrafos de buen ojo.






Museo del Prado, Madrid.