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martes, 15 de noviembre de 2011

Postales de la idiotez




Uno. El carro de Contradicto tiene problemas. El hombre decide la reparación y llama a una casa de repuestos para reservarse la pieza que necesita. –Sí, la tengo. Sale trescientos pesos. – OK – dice Contradicto y putea por dentro. Manso y tranquilo, se va hasta Warnes y se mete en el boliche. A la hora de pagar la gorda que lo atiende empieza a manipular la calculadora con algo que se parece a la fruición. Son 450, le dice. Contradicto se calienta y le recuerda una charla telefónica: nena, 300 me dijeron. – Sí señor, pero usté vio lo del dólar. Se lo tengo que cobrar a 4 ochenta. –Entonces guardala que vuelvo la semana que viene, dice nuestro protagonista.

Dos. Un amigo de Contra labura en turismo. Yuga bastante y por motivos obvios tiene los bolsillos llenos de billetes de los colores y orígenes más variados. Pero necesita pesos para moverse y mover a sus contingentes en Buenos Aires. Entonces junta todos los verdes que tiene y se va a una casa de cambio del microcentro. Antes de entrar, en el baño de un café, hace la cuenta: tiene tres mil. Alrededor puede sentirse ese dulce aroma argentino de lo ilegal, de lo incorrecto. –Cuanto querés comprar- le pregunta la rubia de aburridos ojos color cielo. –No. No quiero comprar. Quiero vender- Eso desacomoda a la rubia que ya empieza a cogotear buscando auxilio. Y nuestro cliente hace la peor pregunta: A cuánto están cambiando? Omitiendo deliberadamente el cartel de pequeñas luces rojas que en la puerta indica 4.25. Consultas secretas van, nervios vienen, la rubia vuelve con una terrible noticia: “sólo te los podemos tomar a 4.65”. –OK. –dice el pispireta –Tres mil. Contento con su hazaña, me llama y nos reímos al unísono bajo el sol de noviembre.

Tres. Una tía jubilada que escucha radios opositoras me lo confirma por teléfono: “es cierto, Contra, lo que están diciendo en la radio? –Que…? –que no venden más de trescientos dólares por persona? Qué vamos a hacer?”



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viernes, 9 de octubre de 2009

Gándala


Nos preocupa la crispación en la que se desarrolla la política y la economía en la Argentina. La incertidumbre. La inseguridad jurídica. Los cambios de reglas permanentes. La falta de diálogo. El mal clima de negocios. La falta de libertad para los empresarios. La enorme carga tributaria. Y la desconfianza que eso genera en los consumidores.

En especial en el sector lácteo. El crucial tema de la lechería, amigo Lucas. Tre-men-do. La desaparición de 3 tambos por hora. La leche podrida de Vicco y Bauzá. El precio del litro a los productores. La falta de políticas sectoriales. La importación de quesos. La desaparición del Serenito sabor banana.


A ellos, evidentemente, no les impolta un calajo.






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