jueves, 15 de octubre de 2009

Cambios


Es probable que hace alrededor de trece millones de años, este planeta verde y azul, con mayor actividad volcánica y geológica que el que nosotros conocemos, haya vivido un ciclo de sequía. En ese caso tendría que haber sido un ciclo de sequía largo y permanente. No estamos hablando de un par de meses. Estamos hablando de decenios y hasta, quizás, de siglos.

Una situación que obligara a unos primates a pensar que, si querían subsistir, sus días en los árboles estaban contados. Y todos lo sabemos: la pulsión por la supervivencia es la más fuerte de todas. Es probable que la contracción y el empobrecimiento del bosque en el que se movían haya sido mayúsculo para que algunos tomaran una decisión.

No obstante y sin que ellos lo supieran, la serie de eventos que iban a gatillar con esa decisión no sólo los alejaría del bosque. También los iba a alejar de la naturaleza y de sus ciclos permanentes. Para nunca más volver.

Existen huellas fosilizadas, descubiertas en el África Oriental y que datan de algo más de tres millones de años, que fueron indudablemente dejadas por humanos. Nos dicen que ya para entonces estos primates descarriados habían divergido, en su evolución, de los grandes simios. Son huellas que corresponden sin duda a una criatura parada en dos pies.

Este cambio, esta modificación en el andar que los llevó a erguirse, debe haber generado una mayor confianza en la visión y debe haber liberado las extremidades anteriores. Para hacer con ellas cosas tan básicas como arrastrar grandes pesos.
Pero también es probable que ese evento disparara a la vez otro, tan o más importante que el primero: un dedo pulgar enfrentando a sus cuatro hermanos. Prénsil. Mirate la mano. Ahí reside la única diferencia importante respecto de tu mascota.

Erguirse, decíamos.
Todo el cuerpo sufrió cambios. El peso, previamente sostenido mayoritariamente por los miembros delanteros, fue a dar a los miembros posteriores y la pelvis se vio obligada a crecer para soportar el peso del torso superior.

Pero algunos cambios son lentos.

Si lo sabrán nuestras hembras, que además debieron ensanchar la estructura pélvica para parir con dolor crías cada vez más inmaduras.

Si lo sabrá mi cintura, que después de tres millones de años se queja cada vez más seguido.

Algunos cambios son lentos.

Pero una vez que las condiciones están dadas. Es imposible detenerlos.

Por suerte.





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