Desde hace algunas semanas en tuiter y en este blog venimos
hablando de autocrítica.
Apenas esa palabrita, o conceptos afines tales como “asunción
de responsabilidades”, emerge, el campo al interior del FPV rápidamente se
divide. Entre quienes aplauden. Y quienes entran en zozobra.
Notablemente, la via de salida a esa zozobra momentánea ante
este intrascendente bloguero que les reclama reflexión, replica la secuencia de
respuestas que kirchnerismo siguió frente a cada dilema político del último
lustro: (1) indignación seisieteochista, (2) negación esférica, (3) acusación sobre
el mensajero, anclada en cargos de candidez, ignorancia o, en último grado,
traición, (4) desestimación automática del reclamo basada en su génesis (cándida, ignorante o traidora), (5) continuidad de la celebración épica, ahora
reducida en número por la partida de los cándidos, ignorantes o traidores que participaban instantes antes.
Tómese cualquier tema políticamente sensible de la batalla
comunicacional de los últimos años: “inflación? Pero qué decís? Cuál inflación?
Te referís al deslizamiento de precios? No sabés de lo que hablás! Seguro que sos un topo de Urtubey! O de Magnetto! Para qué vamos a actualizar el piso de ganancias, si no
hay inflación? Rajá, salame! Cristina acá tenés los pibes para la revolución, menos el salame que recién habló de inflación!”
Repítase este procedimiento por N críticas, en M ámbitos geográficos,
frente a L tópicos, y el resultado te pasa por encima como una locomotora:
rodás desde el 54 al 37% en la preferencia electoral y, peor, perdés las
elecciones frente a un Tilingo cuyo mayor activo político es un color.
Y una vez que la derrota electoral te pasa por encima como
un inesperado tsunami veraniego, dejándonos desnudos, ridículos, parece que ahora
la autocrítica no es oportuna, porque exhibe un flanco de debilidad frente a esta derecha adrenalínica. Un nuevo argumento para negarnos la reflexión, como sistemáticamente los últimos 7 años.
Y así vamos, derecho a convertirnos en una
minoría intensa, movilizada, acrítica, que sólo suma voluntades gracias a la
acción residual de una derecha cuyo única posición en el termostato dice “salvaje”.
Desde estas líneas no se propone la autocrítica, la
resposabilización analítica de errores como un simple ejercicio masoquista y perverso, enfocado en golpearnos la autoestima. Sinceramente nos interesa poco y nada saber cuánto sangramos.
Por el contrario, estamos convencidos de que en el actual escenario la autocrítica es
el camino más rápido y más directo a la reconstrucción robusta de autoridad política. Persistir en el reclamo vociferado, en la
movilización indignada por las formas macristas, es continuar la trayectoria
precedente: sus resultados están a la vista.
En términos urbanos, el kirchnerismo es esa administración de
consorcio a la que la asamblea de propietarios acaba de pegarle una patada en
el culo por ineficaz. Íntimamente sabemos que la nueva administración compite en calidad delincuencial con la Banda del Gordo Valor. Pero pararnos en la vereda del
edificio como adolescentes despechados a criticar al Gordo y a los “pelotudos” que lo votaron, es el camino
más largo e improbable a un retorno, basado en los errores del contrario, que
vendrán como después del verano viene el otoño.
Si ese es el camino elegido, será un robustecimiento sin
autoridad. Y no hay garantías de que ese retorno sea neto y completo al FPV: el camino de
vuelta estará a partir de ahora modulado por el canto de las sirenas
Urtubeyistas, DeLaSotistas, Massistas, que se autodenominarán la “tercera vía”, superadora del salvajismo agropecuario y de la soberbia kirchnerista. Sus tamices ideológicos capturarán al desengañado votante macrista por el tamaño de su idiotez política.
Cuando el argumento de la pertinencia de la autocrítica es
finalmente aceptado, hace su aparición una segunda FALACIA: la autocrítica debe ser interna y consumarse entre cuatro paredes.
Nos repetimos por enésima vez, aburriéndonos de nosotros
mismos: el 34.12% que votó a Macri en Elecciones Generales podría ser asumido como votos propios macristas. El excedente de 17.3% que completa el 51.4% amarillo del
ballotage son votos PRESTADOS.
Análogamente, el 11.5% que va desde 37.1% de Generales a 48.6% de Ballotage de Scioli
también son PRESTADOS.
La suma de votos prestados es de casi 29% del padrón. Ese y no otro es el verdadero campo
de batalla. Ellos son quienes están esperando un volantazo kirchnerista en la lectura e interpretación de la realidad, en su aceptación.
Los 100mil movilizados del 9 de diciembre en Plaza de Mayo, los 30mil por la
Ley de Comunicación Audiovisual en Plaza de los Dos Congresos o los 10mil de ayer en Parque Centenario son, aunque algunos se emocionen, un
dato anecdótico. Una referencia secundaria que los poderes fácticos hoy, en un bloqueo
informativo que es y será cada vez menos plural, simplemente soslayan (no
alcanza con revisar la agenda informativa de los medios bajo control de Cristóbal
López?).
Por el contrario la proyección pública y masiva de Cristina Fernández de Kirchner, cargada de
reflexión solitaria, genuina, profunda, recorriendo
los hitos negativos que llevaron al triste desenlace del 10 de diciembre tiene
mayor poder simbólico que todos los millones de movilizados que el kirchnerismo logre en los próximos meses.
Y como nos gusta jugar, ahora jugamos a imaginarnos un reportaje televisivo,
por un periodista prestigioso y experimentado en el arte de la entrevista (nos
gustan el Gato Sylvestre o Marcelo Zlotogwiazda, ponele) en un ambiente bucólico, calmo, reconcentrado, apto para la repregunta no guionada, para la charla franca, yendo ambos al hueso de cada cuestión.
Y no dudamos en garantizarlo: un escenario de este tipo en
este contexto es una patada directa a los testículos de Magnetto. Porque
humaniza a la conductora, porque la saca de la inercia equivocada previa y porque reubica la centralidad de su figura. Como beneficio colateral desintegra
descalificaciones usuales de soberbia, autoritaria o hermética, y juega en el terreno de lo
que el kirchnerismo mejor hace: la sorpresa, el cambio de ritmo, la dinámica de lo
inesperado.
Y porque se convierte en el punto focal a partir del cual se
invierte el circulo vicioso de la derrota para convertirlo en el punto de apalancamiento de la
reconstrucción del movimiento nacional y popular.
Termina con eso? Para nada.
Pero allí empieza. Los pasos siguientes son sensibles e
igualmente críticos: nos gustan pequeños actos en todos y cada uno de los pequeños
pueblos a los que la década ganada les cambió la historia.
Eso sí: sólo puede convencer el convencido: el telespectador, el oyente ha aprendido
a leer a la ex presidente y la posibilidad de un mensaje difuso, o peor, capcioso,
sería contraindicado.
Buscar con fruición, diseccionar e identificar las causas de
la derrota es un trabajo conjunto que CFK debería llevar adelante con su
equipo. Enormes dosis de honestidad intelectual son imprescindibles. Un mensaje genuino de autocrítica sólo puede darse si ha
madurado adecuadamente en la mente y el corazón del emisor.
El baño de humildad solicitado en mayo a la dirigencia del FPV es, hoy, la tarea de una dirigente inteligente e interesada en el destino de
su pueblo.
Nota aparte, en estos días, detrás de estas inquietudes, he sido
descalificado por el kirchnerismo emocional, sensibilizado por la derrota y al borde del knock out. Soy
kirchnerista desde el 14 de mayo de 2003 a las 11 de la mañana. No necesito ni
una selfie con Máximo, ni una remera con al cara de Néstor ni un tuitero pelotudo
que ponga en tela de juicio mi pertenencia.
Soy un abuelo sabio y comprensivo de muchos de los que
entraron al kirchnerismo por la infinita fila de acceso a la ceremonia fúnebre
improvisada en Casa Rosada la fatídica semana del 27 de octubre de 2010, 7 años después que yo.
Pueden seguir negando la autocritica y las responsabilidades todo lo que quieran. Vuestra negación
sólo opera en contra de centenares de miles de argentinos que mañana se
levantarán, como cada día a las 5 de la matina y sólo volverán de sus dos o tres laburos cuando
los pibes ya están durmiendo.
Son a quienes, después de haber llevado al fifty fifty a patadas en el ojete, hemos decidido soltar en las fauces de una derecha que acumula 12 años de venganza.
La suerte del kirchnerismo me interesa menos que la suerte de mis compatriotas. Que son los únicos a los que les debemos
explicaciones. Explicaciones que no han llegado.
Calma, serenidad y pases cortos me pidió el compañero
Baleno.
En estos párrafos describí al Barcelona.