La preocupación por la pobreza, esa nueva arista del debate entre un grupo concentrado de la economía que se verbaliza a través de la Sociedad Rural Argentina y la totalidad de la población que se representa en el Estado y cuyo defensor es el Gobierno, debe haber empezado ese día del 77, cuando los representantes de la SRA publicaron esta solicitada.
Cuando decían "Volvamos nuestra memoria al 24 de marzo de 1976 y comparemos la actual situación con aquella, recordemos etapas similares y veremos que las experiencias pasadas nos indican la inconveniencia de actitudes demagógicas, de aperturas políticas prematuras, que pueden entorpecer o demorar una efectiva recuperación del país en todos los órdenes".
O cuando decían "Debemos desarmar el andamiaje creado por 35 años de una lenta pero sistemática estatización socializante, que en definitiva ha demostrado su fracaso al empobrecernos a todos".
Los pobres de hoy darían lo que no tienen por volver a ser aquellos pobres, antes de que ustedes se avocaran a la revancha clasista, sangrienta y reaccionaria que se encargaron de poner en práctica, y de cuyos frutos y cuya pobreza hoy se dicen "preocupados".
A otro perro con ese hueso.
miércoles, 5 de agosto de 2009
La preocupación empezó acá
Que esos cuantos no lo olviden fácilmente
León Gieco
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martes, 4 de agosto de 2009
Preguntas

La Señora dijo que no son 30.000? Que son 7.954?
Y cómo supo? Los contó?
Y la cuenta incluye a Julio López? O no?
A los argentinos que desaparecieron en países vecinos, producto del plan Cóndor, también los incluyó?
Es cierto que dijo que se debería bajar la condena a represores a cambio de información fehaciente y comprobada, porque así como estamos "no se va a ninguna parte"? Y a qué parte querrá ir la Señora?
Y editó un libro sobre el tema? Un libro que se llama "La historia íntima de los derechos humanos en la Argentina (a Pablo)"?
Un libro que se publica en pocos días? Y las ventas de libros vienen flojas?
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Lo parió!! Algunos Gerentes de Marketing de las Editoras son muy hijos de puta. Y algunas autoras son muy pelotudas.
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DCD: Actualización

No nos olvidamos. Empujando el carro y a los saltos como rengo en tiroteo, no nos olvidamos que de vez en cuando tenemos que refrescar la lista de compras (el corazón de nuestro DCD). Ayer a la nochecita tuvimos un ratito y pudimos: pasaron un poco más de 15 días desde que la habíamos creado, casi 20.
Esta vez la comprita (con sustituciones mínimas de productos por inexistencia) nos hubiese costado 171,50 pesitos. Un aumento porcentual respecto de la lista original de casi 7.5%. Mucho para 20 días, no? El impacto más fuerte lo generan frutas y verduras (esperable debido a la estacionalidad de estos productos?); el otro aumento significativo viene de la carne. No perecederos, higiene y limpieza parecen más o menos tranquilos (en rojo los dos que más crecieron, en azul los dos que más cayeron).
En fin, doble click en la imagen para amargarse... quiero decir para agrandar. Y un mail para mayores datos.
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lunes, 3 de agosto de 2009
A prevenir infecciones

Desde hace años, estamos empeñados en una campaña sanitaria que, lamentablemente, no ha contado con el apoyo estatal y, por el contrario, ha sido sistemáticamente desestimada por los medios de difusión oligopólicos.
Pero la verdad termina por imponerse y hasta los mercaderes de la información se ven obligados a dar un espacio, pijotero es cierto, a los hechos reconocidos por la ciencia.
¡Salud, hermanito!
Eliminar las retenciones

Está en discusión el futuro de las retenciones a los cuatro cultivos más importantes: soja, girasol, maíz, trigo.
Y el Gobierno, otra vez, eligió plantarse en un lugar que probablemente no sea el mejor para defender su postura.
El lugar elegido es la defensa de las cuentas fiscales. Está bien resaltar la importancia del aporte al fisco. Está bien vincular las acciones del Estado reclamadas (incluso por insuficientes) con la necesidad de financiarlas de manera sustentable. Y por ello está bien discutir las retenciones como una herramienta de recaudación fiscal, de financiación de aquellas políticas que reclamamos. Y resaltar que su eliminación requiere el reemplazo del ingreso que generan por otro de igual cuantía. Que, incluso, pueda ser más sustentable en el tiempo, y no tan atado a los ciclos de los precios internacionales de los bienes gravados.
Ahora, una vez asumida esa posición como propia, ¿qué responder cuando se dice que lo que se recauda por maíz y trigo es insignificante, y que se puede eliminar, incluso porque se recupera indirectamente vía recaudación de otros impuestos (IVA, Ganancias)?
No se puede responder nada. Porque la discusión encarada en esa vía, no permite otra argumentación.
El problema principal de la eliminación de las retenciones al trigo, por ejemplo, está vinculado con la primarización del aparato productivo. Hoy, la industria molinera trabaja con un diferencial del 10%. Eliminar las retenciones, o sea, reconocer el inconcebible 0% de retenciones al trigo y a la harina de trigo significa eliminar ese diferencial. O lo que es lo mismo, desactivar cualquier tipo de incentivos al procesamiento de la materia prima. Exportación de la materia prima directamente, sin ningún tipo de agregado. Más todavía: traducido en exportación, cuando ingresa al país comprador el producto elaborado paga un arancel mayor al del producto en bruto.
Retención de 0% (inconcebible número e irrealizable, pero acá nos referimos también a su "equivalente real") significa darle al aparato productivo un sesgo hacia la primarización. Mejor dicho, mantener y exacerbar el sesgo primario de las ventajas comparativas argentinas, y aún profundizarlo arbitrariamente, ya que quedaría sin compensación el arancel de importación, cobrado en el país importador.
Entiendo que la derrota en las elecciones puede haber convencido de que el camino de la comparación entre los "dos modelos" no dio los frutos esperados. Es que hablar de modelos es hablar en abstracto. También Biolcatti, cuando dice que "el campo dejó de ser la mansa vaca lechera que se deja ordeñar para cubrir el costo de la ineficiencia", intenta hablar en abstracto. Por eso, hay que obligarlo a ponerle nombre y apellido a sus palabras: "¿querés que te elimine las retenciones al trigo? Perfecto. Convenceme a los molineros de que no me toquen un sólo puesto de trabajo, a pesar de que el costo de la materia prima les aumente un 20%, y lo hago." No lo va a hacer, porque no le importa. "¿Para qué voy a mantener la ineficiencia de los molinos argentinos? Exporto a Brasil la materia prima, que ellos industrialicen". Eso es lo que piensa.
Para estar en igualdad de condiciones, hace falta hacérselo decir, con todas las letras.
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domingo, 2 de agosto de 2009
sábado, 1 de agosto de 2009
Rocío
Tu mente es tu arma
no la desactivés
soldado que lucha con la imaginación
no le hagás el juego fácil
a los que quieren tu piel
Hoy es hoy
Los Piojos
Esta historia me la contaron ayer mientras esperabamos el camión en la plaza Arlt.
Tiene 21 y un sobrino al que le pusieron Leonel.
Ella no lo podía creer cuando la hermana le dijo que estaba embarazada. Lucía es 2 años más chica. Fue la primera de la familia que se enteró. Eso de ser hermanos, de ser unidos. Esa confianza que otorga la complicidad de haber hecho alguna cagada juntas, de defenderse mutuamente cuando las cosas se complicaban, esa inexplicable sensación de tener un hermano, cuando "hermano" es bastante más que otro hijo de tus viejos.
Por supuesto que al principio, en la soledad de la pieza que ambas compartían, esa noche la cagó a puteadas. – ¿!Vos sos pelotuda Lucía?! No te das cuenta de la forrada que estas haciendo?! Cómo que “querés tenerlo”?! Tenés 17, no te das cuenta?!! - disparó, sabiendo que sus palabras no iban a dar rebote.
Ahora sabe que algo se rompió aquella noche. Cómo explicarlo, quién podría ponerle palabras. El yugo robusto e invisible que unía el camino de ambas parecía desgarrarse y crujir en silencio, en tanto afuera sólo se escuchaba un grillo obstinado. Se le hace un nudo en el estómago cada vez que recuerda todo aquello, hace casi un año, cuando dejó fluir ese río sin recodos ni obstáculos, ese río mezcla de indignación e impotencia que terminó de desagotar en el momento en el que le propuso que abortara.
No midió el tajo que estaba abriendo entre ambas. Como suele pasar, atinó a darse cuenta cuando era demasiado tarde. Lo confirmó con el portazó que Lucía dio cuando salió, en completa desolación. Una bronca profunda y real comenzó a emerger desde muy adentro, un impulso pocas veces vivido que le hizo morderse un nudillo hasta el dolor. Castigo carnal por la daga que acababa de clavar. El golpe de la puerta y el rechinar que hacía cuando rebotó fueron el comienzo de un rosario sin dioses que Rocío aprendió a rezar en los días que siguieron.
Pasaron unos minutos para que sobreviniera la calma y hasta una cierta saciedad. “Por qué me pongo así, si le dije lo que pienso?”. Algunos segundos y Rocío respondía la pregunta que la Rocío anterior había dejado, tan cándida. “Porque soy una boluda, por eso! Pedazo de pelotuda que soy! Quién me manda a meterme donde no me llaman? Cómo voy a poner en duda, enfrente de Lucía, la capacidad de ese nabo para llevar adelante una familia? Como voy a poner en duda, justo frente a Lucía, lo que él siente por ella? Me entreno para pelotuda...”
Y otra vez ese fuego que emergía. Rocío sabía que había dicho lo que no tenía que decir. Y los viejos bueyes amigos que hace 20 años compartían yugo y camino, empezaron a mirarse con desconfianza.
Las semanas y los meses pasaron. Como siempre. Rocío pronto volvió a ser la chica que fue. Alegre. Animada. Arrancó segundo de Comunicación Social en la Sarmiento. Cursa con Nahuel, su novio, casi todas las materias. Él estudia poco y ella sabe que no le va a poder seguir el tren. No está cómodo en esa carrera. Y aunque ella sabe que tiene fecha de vencimiento, disfruta su compañía. Escuchar sus chistes en voz baja, los papelitos que le pasa en complicidad con caricaturas animales de la gorda de Psico o el ayudante de Método.
Y también suma amigos. Todo el tiempo. La distancia de Lucía pareciera cubrirse con nuevos amigos. Nuevas ideas. Esto no es el secundario. Mucho más interesante; siente que ningún día es igual al anterior y está segura que ninguno será igual al siguiente. Bueh, salvo a la mañana, que trabaja en la tienda. Las mañanas son todas iguales. Por es siente que la felicidad es una mujer que camina por los pasillos y los jardines de esa facultad y que le va dejando ofrendas secretas a cada paso: Alecita, Matu, Fer, el Negro, juntarse a estudiar y tomar mates, trenzarse con el Zurdo a discutir sobre política, organizar para encontrarse el viernes en San Miguel para ir a bailar o a jugar al pool. Pero también está la militancia, incipiente: juntarse con amigos a los que trata de "compañeros" para dar una mano en el asentamiento. Cada día, cada plan que se arma, cada proyecto que aparece le dibuja una línea más al horizonte, un trazo firme y nítido.
Hace poquito leyó un afiche en el transparente de Extensión. Esa noche la clase era todo revuelo. Nadie hablaba de otra cosa. Ahí se enteró que lo organizaba el flaco de Comu. “Charla – Debate” decía el afiche. Y abajo, grande y pretencioso “Medios, Humor y Sociedad”. Remataba abajo, más que un renglón parecía una sonrisa: “Con la participación de Diego Capusotto , Pedro Saborido y...” -Mirá, Ale, viene Capusotto - Estás en pedo, boluda - Pero fijate, dice acá... - Debe ser para que venga gente - No creo. No van a mandar algo así si después no viene.- Y en minutos los mensajitos atiborran el teléfono. -Avsle al zrdo q ta cn gripe. O nos mata.- N srio viene Kapstto? - Vas a Capusotto? Cndo es?-
Y otra vez volver a casa. Otra vez tomar el 43. Otra vez caminar esas 4 cuadras benditas. O malditas. Otra vez mirar alrededor, abrir el portón y cerrarlo bien. Otra vez abrir la puerta y otra vez encontrarlo. A Leonel. Otra vez en una cobija tirada en el piso. Jugando. Otra vez y siempre la vieja, ahora abuela, teniéndolo por la espaldita. Otra vez esos ojos expresivos, los de Leonel, los de Lucía, que la miran. Que la confunden por un segundo con la madre. Otra vez darle un beso a la vieja. Otra vez levantarlo en brazos a él. Otra vez la vieja que empieza a contarle todo lo que Leonel hizo esa tarde. Otra vez frenarla. Otra vez “Pará, vieja... después me contás. Dejame disfrutarlo...” Y aprovechar esos segundos: abrazarlo hasta el ahogo. Y besarlo. Otra vez mirar a la vieja como se levanta con esfuerzo, agarrándose de una silla y se encamina hacia el horno donde esperan, tibias, unas milanesas. Y aprovechar ese instante para frenarla. Para que se de vuelta. Para decirle, mientras mira con ojos todavía incomprensivos, -Sabés qué, vieja? Yo nunca se lo dije a Lucía... pero a mí me hace re-feliz que ella haya decidido tener a Leonel-.
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