viernes, 1 de mayo de 2009

Virus

Venía empujando el carro frente al Argerich, suelo pasar por ahí porque un tipo de la guardia me guarda cartones y aislantes que después se venden muy bien. En la vereda, fumando, una mujer con toda la ropa y la pinta de médica, deja pasar el tiempo. Está sola y no la dejan fumar adentro. La saludo. Me saluda. Mientras estoy ahí, en lo mío, me da charla. Están preocupados por el dengue y por este asunto de la gripe porcina. La "gripe chancha", "gripe de chiquero" le replico y se ríe. Curioso como solía ser, le pregunto qué es un virus. Esto es lo que recuerdo que me respondió.

No hay nada más insípido, más aburrido, que un virus suelto, que todavía no encontró un organismo al que atacar. Una esferita compacta y chiquita. Cien veces más chica que una célula humana cualquiera. Estamos hablando de algo muy chiquito. Una bacteria no es lo mismo, una bacteria es una célula única y se ve con un microscopio óptico. Es decir que sabemos de su existencia desde principios del siglo XVIII. Pero un virus es tan chico que tuvimos que esperar al microscopio electrónico, en 1930, para alertarnos de su existencia y así poder explicar un montón de enfermedades que hasta el momento no tenían explicación alguna: la fiebre amarilla, el polio, la rabia, la influenza que es lo que esta ocurriendo en México y en el mundo hoy mismo.

Tuvieron que pasar muchos años más para poder entender cómo funcionan. Son unos turros. De lejos, estas esferitas parecen tener la superficie lisa, pero si te acercás lo suficiente, ves unos pelitos, unos apéndices como las pelusas de una pelotita de tenis. No son pelusas así nomas, no. Son moléculas de un compuesto químico determinado, anexadas a su superficie esférica y son críticas para su supervivencia.

Dependiendo del tipo, algunos virus se bancan el aire libre, otros necesitan un medio fluido que puede ser saliva o sangre para resistir, otros con agua están bárbaro. No todos logran transportarse de la misma forma. El virus de la gripe chancha se banca el aire y por lo tanto, obliga a todos los mexicanos a andar con barbijo. Trata de saltar de persona en persona a través de la tos o de un estornudo y busca entrar en el organismo nuevo por la boca, la nariz, etc. El dengue, para poner otro ejemplo, usa un organismo al que no infecta pero que le sirve de jet particular: es el mosquito y se le llama técnicamente un "vector".

Bueh, decía que así, sin actuar, son bastante inertes e inofensivo: la diferencia entre un virus y un grano de polvo en estos casos es casi nula. Pero una vez adentro del organismo los tipos son increíbles. Empiezan una búsqueda incansable de células cuyo tejido, que también presenta cadenas moleculares superficiales como los virus, tenga cadenas químicamente compatibles. Es una larga y tediosa búsqueda (igual, el virus no tiene ningún apuro, eh?) pero una vez que encontró la célula con esas características, la confunde, haciéndole creer que es una como ella o que es parte de ella. Y si es parte de ella, es tan aceptable que esté del lado de afuera del tejido, como del lado de adentro. La célula, en general bastante zonza, lo acepta, lo “adopta” y lo deja entrar. De la misma zonza manera que uno recibió ese mail enviado desde no se donde por un nombre vagamente familiar, lo leyó y ejecuto el archivo adjunto que tenia toda la pinta de ser benigno y hasta interesante, pero que destruyó la información del disco rígido (se entiende por qué en informática se usa la palabra "virus"?).

Ese es el comienzo del final, decía. Porque a partir de ese momento empieza a tallar lo que está en el interior del virus. Como un caballo de Troya. Ahí adentro viene una cadena molecular de ADN propia del virus que es lo que se denomina su "gen". Como el gen humano pero mucho más simple. Y conteniendo instrucciones que no son precisamente las de construir un ser humano sino sobrevivir y multiplicarse lo mas rápido que pueda en este medio hostil, en el que sabe que tarde o temprano van a venir por él.

Ahí figuran, entre otras cosas, las instrucciones de cómo cooptar la estructura de información de la célula huésped y aprovechar sus recursos, su alimentación, sus conexiones, en beneficio propio. Una de las primeras instrucciones es, naturalmente, la de multiplicarse y empieza una desenfrenada carrera para auto-replicarse. En este punto pueden pasar dos cosas: los nuevos virus creados pueden salir de las paredes celulares libremente y ocupar nuevas células para repetir esta historia o, como el caso de la gripe chancha, van a "saturar" la célula huésped con virus hasta que esta literalmente "explote". Y entonces pasan en cantidades millonarias al torrente celular a repetir su "trabajito" con nuevas células. Cualquier semejanza con la película Matrix le cabe a la imaginación del lector.

Lo único que nos salva, afortunadamente, es nuestro sistema inmune. Una pequeña maravilla, una genialidad más de la naturaleza. Un sistema extraordinariamente complejo que esta todo el tiempo patrullando la actividad celular desde la sangre, desde los glóbulos blancos. Y que salta a la cancha cuando detecta un virus invasor. Cada cepa de virus tiene una configuración molecular de superficie única, me estoy refiriendo a las pelusitas superficiales. Son únicas puesto que definen al virus y a la "cepa".

Una parte de las células blancas, llamemoslos Leucocitos Patrulleros T, identifican estas moléculas y movilizan las defensas corporales. Decenas de miles de contingentes formados por estos Patrulleros T están recorriendo permanentemente el torrente sanguíneo, cada uno de ellos equipado para reconocer un virus determinado. Es la diversidad la que le permite al sistema inmune identificar un vasto espectro de posibles invasores.

Una vez que los Patrulleros T, mucho más eficientes que la Policía Buenos Aires 2, detectaron el despelote, alertan a otros dos glóbulos blancos conocidos como Leucocito B y el ultrapoderoso Leucocito Destructor T, que empiezan a multiplicarse rápidamente. El Destructor T identifica y “separa” las células atacadas por el virus, perforándolas químicamente hasta destruirlas. No duda en sacrificar las células propias en pro de neutralizar el ataque viral. Los Leucocitos B, hacen otro laburito, no menos importante: producen unas moléculas llamadas anticuerpos que se “pegan” a la superficie del virus invasor: el mecanismo es perfecto porque opera sobre la única forma que tiene el virus de encontrar células huésped, su pelusa superficial: la neutraliza.

A esta altura del partido no puedo negar que la charla con la doctora había logrado que se me pusiera la piel de gallina, pocas películas de ciencia ficción han mostrado un argumento tan complejo y tan salvaje.

Pero Patricia, así se llamaba la doc, siguió: después de que el invasor es destruido, el sistema intenta sostener las células B y T que pudieron sobrevivir. Son las denominadas “células memoria“, las que mejor saben cómo defender al organismo de los ataques futuros que ese virus podría intentar. Las células memoria explican un par de cosas: por qué muchas enfermedades virales se dan por única vez, especialmente en la niñez, como el sarampión y las paperas y cual es el sentido de vacunarnos. Una vez que resistieron un primer ataque con exito, las células memoria nos inmunizarán para siempre.

Evidentemente el sistema inmune no es perfecto. Muy eficaz si, pero no perfecto. No siempre puede identificar cada cepa de virus a tiempo para evitar la dura batalla interna que representa una gripe, que nos deja de cama. Fundamentalmente porque esta es una lucha permanente y dinámica en la que los virus también mutan con cambios pequeños o bien grandes su configuración, buscando dificultar la tarea de identificación de los leucocitos. Una buena explicación de porque podemos llegar a resfriarnos más de una vez por temporada.

Quizás lo que la humanidad este viviendo por estos días, lo que tiene epicentro en México y que la tiene tan intranquila no sea otra cosa que eso. Una mutación en las cadenas superficiales del virus Influeza A H1N1. Nuestros sistemas inmunes todavía no lo conocen y la OMS eleva el coeficiente de riesgo a grado 5, riesgo de alerta pandémica, que no es otra cosa que una multiplicación explosiva, generalizada y sin la posibilidad de contraponerle ninguna defensa a la brevedad que no sean las clásicas prevenciones generales.

Atemorizado, con evidentes señales de preocupación, fui terminando mi rejunte. Salude a Patricia, le manguee un faso y empaqueté los últimos cartones. Ella también estaba nerviosa. Volví a empujar y a seguir mi camino por Avenida Brown buscando Parque Lezama para juntarme con Andrés y Mariano, ahora si con un tema para conversar.

Pero mis preocupaciones eran otras. Mi cabecita, siempre dispersa, iba juntando pensamientos y tratando de identificar la cantidad de veces que nuestro pueblo, las organizaciones nacionales que defienden los intereses populares habían sido capturadas por virus extraños y perversos.

Algunos casos son evidentes, actuales y hasta un tanto patéticos: el virus DNVZ intentando mostrar que es como nosotros. Comprando su acceso al peronismo. Mostrando una pelusa superficial que trate de asemejarlo al gen peronista, al gen nacional y popular. En este caso las cadenas moleculares tienen el signo pe$o$ y las ha activado de una manera obscena. Pero una vez que este virus que anduvo buscando las células adecuadas para generar su eclosión de supervivencia y las encontró en el pro-peronismo, una vez que vea que esta firmemente amarrado, ahí desenrollará su verdadero ADN, y quizás sea demasiado tarde.

Pero también pensaba en otras situaciones peores. En lo nocivas que son las células MNM que han modificado secretamente su código interno y que "si hubieran dicho lo que iban a hacer abiertamente, nadie las hubiera votado".

O el virus Tachuela, que es lo más parecido que yo haya visto a un peronista, pero guarda adentro de esa cabezota mayúscula la información codificada que le transfieren algunas multinacionales industriales. Y me felicité por lo eficaz que es el cuerpo humano para detectar los virus biológicos, mientras nosotros seguimos viendo si Macri es o no peronista.

Pensé en las células que no tienen capacidades para identificar los códigos internos de los que se les acercan con cantos de sirenas. Que pueblan los grandes centros urbanos y tienen sus necesidades básicas satisfechas. Y que a veces parece que desearan, que las excitara la idea de ser cooptadas por estos virus con cara de Eduardito Buzzi.

Me pregunte si nuestro cuerpo de antígenos, evidentemente mejorado y reforzado en los últimos 6 años de avances, había recuperado sus capacidades de identificación y denuncia. Pensé en Manolo y sus leucocitos ideológicos del conurbano. Pensé en nuestras usinas intelectuales. En lo necesario que es que se expresen de manera menos hermética si realmente quieren ayudar a aislar estos virus que nos cooptaron durante casi 30 años.

Pensé "Pobres los mexicanos y los infectados si no se encuentra pronto una vacuna!!" Y luego, casi inmediatamente, pensé "Pobres de nosotros si no desarrollamos nuestras vacunas políticas en época de vacas gordas!!"

Al rato estábamos tomando mate con Andrés y Mariano en un escondite que tenemos en Parque Lezama.


2 comentarios:

Ana C. dijo...

Mirá que era didáctica la doctora esa que te lo consiguió explicar así de bien para que lo divulgaras igual de bien.

Con respecto a la asociación libre, el tema es que los países en las épocas de vacas flacas se parecen a los nenes desnutridos: los agarra cualquier peste. Pero cuando una dice que hay que guardar para el invierno la tratan de derechosa. En fin. Algún día se aprenderá también en Argentina que el populismo es pan para hoy y hambre para mañana.

Saludos, Contradicto, siempre un placer leerte.

El viejo vizcacha dijo...

Algunos virus entran en latencia y pueden sobrevivir en el espacio, asi que que no te extrañe que dentro de poco aparezca la fiebre plutonica.

http://elviejovizcacha.blogspot.com/

pasa que hay un video de choripunk! El ultimo grito de la moda peronista y algunos videojuegos y fotomontajes